Pío Baroja [San Sebastián, 28 de diciembre de 1872-Madrid, 30 de octubre de 1956]
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● “En España siempre ha pasado lo mismo: el reaccionario lo ha sido de verdad, el liberal ha sido muchas veces de pacotilla.”

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Camino del campo a segar


Era verano y, el sol, situado a aquellas horas de la tarde en su punto más elevado, apretaba de lo lindo aquellos días, lo que en esas fechas empujaba hasta límites insospechados a la canícula más asfixiante del momento.


Camino del campo a segar

|||||   José Luis Estalayo

Y así día tras día, cuando el reloj marcaba indefectiblemente las tres o las cuatro de la tarde, y sin telediario ni novela televisiva (la televisión aún no había llegado al pueblo) que llevarse al tiempo tras la comida, que permitiese un pequeño relax de unos cuantos minutos a la sombra del interior de la casa. Porque lo que obligatoriamente debía ejecutarse a aquellas horas intempestivas de la tarde era “enganchar” las mulas a la máquina segadora y tomar a continuación alguno de los caminos de salida del pueblo hacia el campo; con todo el calor de los rayos de sol aplanando cada uno de los instantes de la tarde. Y, en la práctica, enfrentados a aquel sol a cuerpo gentil; eso sí con nuestras cabezas cubiertas por un sombrero que, en el mejor de los casos, llevaría ya varios veranos con nosotros; para tratar de mitigar en lo posible el calor tan asfixiante de aquellas horas.

Por ello, los pasos en el camino devenían excesivamente lentos. A la par, el silencio en el campo, contra lo que pudiese pensarse, no parecía ser total. Pues al ruido que ya de por sí emitían nuestros pasos y el de las mulas, junto al de las ruedas de hierro de la máquina segadora al desplazarse, se unía el de las incansables chicharras al borde del camino. Y, de vez en cuando, el que producía algún pájaro que se veía en la necesidad de abandonar precipitadamente la sombra que le proporcionaba la maleza del camino o algún árbol de mediana altura. Nuestras miradas, sobre todo las de los chavales que acompañábamos a la familia tratando de ayudar en las diferentes faenas agrícolas, se mostraban cansadas y como perdidas en la lejanía del horizonte; con el pensamiento quizás embebido en los juegos que retomaríamos en la calle una vez regresásemos al pueblo. En cambio las de los mayores, firmes en un punto del fondo del camino y pensando en la mejor manera de encarar la próxima faena, para tratar de finalizarla antes de que la noche hiciese acto de presencia.

Llegados a la finca objeto de la siega, cada uno de nosotros teníamos ya definido el cometido que nos tocaba y a él nos aplicábamos con presteza. Paso a paso, la máquina segadora iba depositando en el suelo la mies cortada, que pronto los ayudantes convertíamos en una serie de morenas o montones de mies dispuestos ya para un ulterior acarreo de la misma hasta la era. Y, entretanto, el sol, por su parte, continuaba proyectando con una inusitada fuerza sus rayos más potentes sobre todos nosotros, que nos veíamos en la necesidad de tomar algunos minutos para el descanso; aprovechando entonces para dar el correspondiente tiento al botijo que guardaba aún fresca el agua recién recogida en la fuente del pueblo antes de la salida, lo que nos permitía un cierto respiro momentáneo al sentir cómo dentro de nosotros parecía mitigarse un tanto el calor. Concluida la faena agrícola, con la canícula ya desaparecida en gran parte coincidiendo en esencia con el final de la tarde, el camino de regreso a casa resultaba con diferencia mucho más gratificante que el de ida. Para los mayores, porque se había podido finalizar el trabajo programado y esperaba en casa el merecido descanso; y para los más pequeños, porque volveríamos en breve a coincidir en la calle con el resto de amigos del pueblo para retomar a nuestro aire los primeros juegos de las siguientes horas, hasta bien entrada la media noche.


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Historias Cercanas

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8 comentarios en el blog:

  1. Froilán De Lózar03 julio, 2026 10:26

    En esta memoria tuya yo me acuerdo de lo que se decía más arriba: “Dónde irá el buey que no are? A Piedrasluengas” –dice el refranero que rescataba en estas mismas páginas el escritor palentino Germán Barrio–. Pero, aunque parezca increíble, también el buey araba en aquellas pendientes donde los terrenos arcillosos de nuestra tierra van encogiéndose para dar paso al microclima de la Liébana. Gracias, Javier por esta historia, tan cercana y tan lejana a un tiempo.

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    1. Pues sí, Froilán, tan cercana por un lado la historia, porque hay muchas personas que lo vivimos en diferentes comarcas de nuestra provincia y lo pasamos a pleno sol esos veranos que parecían interminables; pero, a la vez, tan lejanos, porque no en balde pasaron aquellos años y poco a poco la modernidad se fue instaurando en nuestros campos con las nuevas maquinarias que nos acompañaban a reducir el trabajo y las horas de permanencia bajo el sol. Así que, como dices, la historia es cercana, pero también lejana. Saludos.

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  2. José Javier, excelente tu artículo "Camino del campo a segar". El gran protagonista de tu relato es ese sol agobiante que parecía caer a plomo sobre quienes trabajaban la tierra.
    Mientras lo leía, tenía la sensación de que estabas describiendo también mi pueblo. Solo cambiaría algunos detalles: donde tú hablas de bueyes, en mi tierra había vacas tudancas; y donde aparece la máquina, nosotros utilizábamos el dalle, pues ya no segábamos el trigo con la hoz.
    Pero había algo que era exactamente igual en ambos lugares: ese sol apabullante que ponía a prueba la resistencia de quienes, con esfuerzo y dignidad, vivían del campo.

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    1. Sí, José Luis, primero fueron los bueyes y las vacas y luego las mulas, que yo cito en el relato; lo que favoreció el que los trabajos agrícolas se hiciesen más de prisa y se pudiesen abarcar más tierras de labor. Pero, en esencia, los trabajos eran lentos y a pleno sol, tanto en el campo como luego en la era. Aquellos sí que eran veranos de sol por doquier. Saludos.

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  3. Fundación Herminio Revilla03 julio, 2026 15:52

    El artículo va sobre las siega en nuestro pasado mundo rural, en el cual sobre todo Javier nos ha dejado un buen historial de lo que fue ese duro trabajo. No mucho me tocó practicar algo en mi niñez, pero tanto tú como Estalayo tenéis el recuerdo como yo de que por aquí, en principio, antes de que llegaron las segadoras, se segaba a dalle o guadaña tanto la hierba como el cereal. Eran trabajos muy duros, el mes de prados y a continuación la cosecha del cereal y la trilla a pleno sol, acababa la gente en aquella época totalmente agotada. Muy lentamente empezó a llegar la maquinaria y se fue mejorando, pero a nuestros antepasados les tocó llevar una vida muy esclava.

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    1. Sí, Herminio, todos eran trabajos duros y largos en el tiempo, y a pleno sol; y así un día tras otro, sin que ningún día se hiciese fiesta o descanso (y es que hasta el cura del pueblo permitía que los domingos no se cumpliese con el deber de ir a misa y se permitía hasta trabajar los días de fiesta....). Muy duros los trabajos, en efecto; y cualquier mano que llegase a la casa era por bien recibida; también la de los chavales, como éramos nosotros. Saludos.

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  4. Alfonso Santamaría Diez03 julio, 2026 17:28

    Recuerdos de mis abuelos me traen estas siegas que cuentas, José Javier, de tu pueblo, con la diferencia, de que lo que yo conozco, la siega se hacía temprano, en cambio se acarreaba al alba para llevar la mieses a la era y comenzar la trilla en esos tórridos días de julio en el que el sol “calentaba” como nunca durante todo el día, y en especial después de la comida, de tal manera que era mejor dormir un rato la siesta en la era, a la sombra del carro, para ponerse después a trillar. Recuerdo haber ido a acarrear muy temprano, y quedarme dormido en el trillo mientras las mulas daban vueltas y más vueltas para retirar el grano de la paja.

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  5. Sí, Alfonso, en el momento de la siega se madrugaba bastante (al igual que en el tiempo del acarreo de la mies posteriormente), pero luego por la tarde también había que ir a segar las tierras de trigo porque si no no daba tiempo a tenerlo dispuesto luego en la era para trillarlo; y ahí era donde el calor era exagerado. Y claro, los chavales de la casa también colaborábamos en las faenas del campo en la medida de nuestras posibilidades. Y de ahí mis recuerdos en el momento de la siega y también de la trilla en la era; donde, como tú dices, muchas veces las mulas se nos salían de la mies si no estábamos atentos a tirar de la correa para que ellas girasen también con el trillo donde nosotros íbamos montados, o incluso nos dormíamos por momentos. Saludos.

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📒Marta Redondo | Periodista | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒 Una de las personas que actualmente está luchando para que nadie se olvide de la construcción románica es otro hijo de la tierra de la Ojeda, Amando Vega. Desde hace tiempo viene investigando el abandono, «creo que fue a finales de los años sesenta, pero la iglesia en el año 1975 estaba en perfecto estado. En esa época no faltaron gamberros y ladrones oportunistas que forzaban sistemáticamente puertas y ventanas para ver que había». © curioson 👇

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🔻 Antonio Robledo, barbero
📒 Alfonso Santamaría Diez | Castrojeriz (Burgos). Vive y escribe desde Palencia

📒 Antonio Robledo Gómez, es el último barbero-peluquero de la capital palentina que, a pesar de haber cumplido 79 años sigue al pie del cañón por apego a su oficio y a sus clientes: “No valgo para pedir, nunca he pedido nada, siempre he corrido con mi riesgo. Ahora mismo no trabajo por dinero, sino porque disfruto cortando el pelo y tengo contacto con la gente” © curioson 👇

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🔻 Arthur Rimbaud, mito de la literatura moderna
📒 Beatriz Quintana Jato | Catedrática de Literatura

📒 Compuso a los diez años su primer poema, y dejó de escribir a los diecinueve, cuando se encontraba en la cumbre de su genio; pero antes, a los ocho años recién cumplidos, escribía en su cuadernillo de notas: “¡Diantre! Yo seré rentista. No tiene nada de agradable eso de gastar los pantalones sobre los bancos de la clase...” © curioson 👇

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🔻 Concentración de románico en Palencia II
📒 Cristina Párbole | Historiadora | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒La particular situación geográfica en la que se encuentra el norte de Palencia es una de las principales causas de la gran cantidad de iglesias románicas. Palencia es el nexo de unión entre la extensa y llana Tierra de Campos y la escarpada Cordillera Cantábrica. Su cercanía con el mar será también muy importante e influirá en la concentración de románico. © curioson 👇

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🔻 La Bella Dama de La Peña Redonda
📒 Eduardo Gutiérrez | Escritor y Fotógrafo nacido en Guardo | Escribe desde Palencia

📒Dibuja orgullosa su alargada sombra proyectando su perfil sobre el horizonte montañoso del norte palentino; un lugar de ensueño, jalonado con el legado patrimonial y cultural que la historia le ha otorgado. El templo, bendecido a la Virgen de la Asunción, ofrece en agradecimiento a estas tierras de gentes austeras, sobrias y trabajadoras, siempre hospitalarias, su más imponente imagen, acuñada en tiempos del tardorrománico rural palentino. © curioson 👇

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🔻 Calmar la ansiedad
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📒El intento es siempre singular, pero hay usos colectivos. Se trata de burlar la espera tanto como apaciguar ese tormento interior que a tantas personas impide hacer vida normal (si es que existe tal cosa). © curioson 👇

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