Edén en Roda de Isábena
Era marzo de 2018 cuando, por cuarta y última vez en mi vida mortal, acompañé a mi mascota humana a este bellísimo lugar.
Puente, Catedral y Capilla de San Agustín
Roda de Isábena | Huesca
El meandro del río Isábena rodea esta singular localidad oscense confiriéndole un aspecto inexpugnable a su asentamiento sobre la aislada aguja rocosa cuando el caudal atraviesa el puente de lomo de asno a través de su único ojo.
La ascensión de la empinada cuesta que da acceso a su plaza permite gozar de miradores naturales al valle y a las montañas del Pirineo Central.
El primer templo mayor de Roda de Isábena se construye en 819 para acabar convirtiéndose en sede episcopal en 956 que desaparecería en 1006 cuando el hijo de Almanzor Abd el Malik la destruyera por completo. Será el rey Sancho Ramírez y el obispo Ramón Dalmaz quienes en 1010 la restauran, implantan la regla agustiniana y favorecen que sea el obispo de San Sernín de Tolouse, Raimond Guillame, quien fije su esplendor y que, tras su canonización, acabara con sus restos descansando en la cripta de esta minúscula pero interesantísima catedral.
Instalado en la plaza, el lienzo meridional se abre con portada de acceso, construida en el siglo XII, conformada por un gran arco de medio punto al que enmarcan seis arquivoltas con baquetones y guardapolvos decorado con puntas de diamante.
Se apoya en tres pares de columnas y otras tres semicolumnas que albergan capiteles historiados representando escenas de la vida de Jesús: Anunciación, Nacimiento, Visitación, Epifanía, Huida a Egipto, Presentación en el templo, San Miguel con el pesaje de almas, al obispo San Ramón, Sacrificio de Isaac y hombre luchando con león.
Rodeando el exterior, una cabecera lombarda de tres ábsides quebrados por arquillos ciegos y divididos en paños por lesenas que permiten la iluminación del templo catedralicio con pequeñas ventanas abocinadas.
Entras al interior tras consultar la tabla de horarios y pagar el precio establecido.
Se trata de un templo de planta basilical con tres naves, la central de mayor altura y anchura, que rematan en ábsides semicirculares precedidos de presbiterio.
Cada nave con cuatro tramos separados por arcos formeros de medio punto separados por pilares.
En el segundo tramo de la nave del evangelio, la portada que comunica con el claustro y en la nave de la epístola, un gran retablo renacentista, la silla de San Ramón, su mitra episcopal, sandalias y un guante, rescatados del robo que en 1779 realizara Erik el Belga.
Se accede a la zona alta de la cabecera por escalera del lado de la epístola. El ara del altar presenta esculturas de cuatro ángeles portadores de prótomos del Tetramorfos.
Bajo el presbiterio y altar, en tramo más elevado, las criptas de la que la más destacada es la de San Ramón edificada en 1125 y que, organizada en tres naves cubiertas por bóveda de arista, rematan en cabecera circular separadas mediante pilastras, acoge el sepulcro de San Ramón profusamente decorado: en su lateral derecho la Huida de Egipto; en el frontal escenas de la vida de Cristo y en el izquierdo, San Ramón obispo.
La otra del subsuelo, más pequeñas, ejerce de sacristía.
En la bóveda, pinturas murales del siglo XIII con Cristo en Majestad rodeado del Tetramorfos.
En la parte inferior, un encantador calendario agrícola de precioso costumbrismo.
En los muros laterales, el Bautismo de Jesús y el pesaje de las almas de San Miguel.
El claustro es pequeño, cuadrangular, arcadas de medio punto en todo su contorno y decoradas con capiteles geométricos, vegetales y tres con animales
En el centro, el aljibe o pozo característico del lugar. Impacta el gran número de inscripciones funerarias de los cimacios y en las pandas.
A la sala capitular se accede desde el claustro mediante cinco arcos apoyados sobre columnas rematadas en capiteles vegetales en cuyo intradós hay laudas funerarias sumamente curiosas que esta gente se encargó de estudiar.
En el lado septentrional del claustro radicaba el antiguo refectorio de planta rectangular y cubierto de bóveda de cañón apuntada, hoy reconvertido en restaurante donde mi mascota no se privó de hacer los honores.
Desde la sala capitular se accede a la parte más antigua de todo el conjunto monumental: la Capilla de San Agustín, antiguo oratorio del castillo, de una sola nave con bóveda y cabecera en cuarto de esfera que conserva frescos del siglo XII muy deteriorados, pero que permiten su identificación en el Pantocrátor y episodios hagiográficos de diversos santos.
Si te quedaste con ganas de ver más, visita la página del grupo "Salud y Románico":
Lucifer en el Románico



























