Edén en Rejas de San Esteban
Me dijo que este pueblo soriano lo volvía loco. Loco por su románico y por su denominación, pues adoptaba como apellido el nombre del protomártir y, sin embargo, sus dos templos románicos pasan de hacer referencia ni advocación a San Esteban, pues el primero está dedicado a San Ginés y el segundo a San Martín.
Templo de San Ginés
Rejas de San Esteban | Soria
Así que en noviembre de 2011 me “esposó” con arnés y… ¡ allí que fuimos! con el siempre generoso y servicial vecino que se presta orgulloso de enseñarnos su pueblo y su historia.
Principiemos por el templo de San Ginés.
Con dos naves separadas por arcos de medio punto sobre pilastras, su nave se cubre con techumbre mudéjar reforzada con tirantes.
La cabecera de cúpula hemisférica de yesería y presbiterio con cañón con pila bautismal en planta.
Espadaña barroca que aprovecha ventana románica aspillerada.
De la original obra románica, en la restauración del siglo XVIII sólo se conserva su galería porticada meridional.
Protege su portada de medio punto con tres arquivoltas de rosetas la interior, central con baquetón y la exterior con entrelazos y bolas de cruces que apoyan sobre jambas coronadas con roleo.
La cubre un tejaroz con alero de bolas y ocho canecillos: Rollos, Centauro, Liebre, Pareja, Acantos, Lector.
La galería con cinco arcadas de medio punto apoyados sobre columnas decoradas con capiteles. Una pareja de aves de largo cuello entrecruzados intentan liberar a su compañera.
Una embarcación, mitad humana, mitad pisciforme que contiene tres personajes y que algunos expertos interpretan como símbolo del viaje del alma y mi mascota se inclina por el pasaje bíblico de Jonás en el vientre de la ballena en los tres días de su transfiguración metafísica hacia la divinidad. ¡Cosas de éste!
Sansón en su único trabajo: desquijarrando..
En el lado oriental, el primer capitel muestra cuadrúpedos afrontados
El siguiente presenta a un personaje maniatado, desnudo que yace sobre una especie de parrilla y es sometido a suplicio por un personaje con especie de atizador o pala.
Atribulados en su interpretación, a mi mascota humana no se le ocurrió otra cosa que ponerse a cantar una jota aragonesa que había aprendido de su inestimable Chis:
San Lorenzo, en la parrilla
le decía a los judíos:
“¡dadme la vuelta, cabrones,
que tengo los huevos fríos”.
San Lorenzo, en la parrilla
le decía a los judíos:
“¡dadme la vuelta, cabrones,
que tengo los huevos fríos”.
Seguimos con dos figurillas y un monstruo con el maligno empecinado en pesar sus almas.
Acaba con el último capitel donde un cordero es atacado por lobos ante la impotencia de su buen pastor.
Y prosiguiendo el camino para visitar el del próximo martes, un paseo por sus encantadores rincones.





























