La condición es la igualdad
La condición de toda verdadera libertad es la igualdad. Esta santa idea de la igualdad natural de todos los hombres ha sido desconocida, negada en la historia antigua, en la antigua sociedad. La casta, por largo tiempo ha rebajado a la humanidad, ha dividido la familia, que Dios creó una en esencia. Existió primero la casta de las razas, pues unos nacían para el poder, otros nacían para la esclavitud, según la cuna que al nacer los había recibido en su seno. Existió después la casta de la patria.
El que había nacido en Roma ó en Atenas, era hombre; los que habían en otras regiones del mundo nacido, eran bárbaros. Existió después, cuando ya el cristianismo habla sonreído en la conciencia humana, la casta de la propiedad. El que poseía inmensos territorios, fuertes y murados castillos, era hombre; sus trabajadores eran siervos. La injusticia mudaba de forma; pero quedaba como una gota de veneno en el fondo de todas esas trasformaciones de la sociedad. La casta de la familia fue la forma social del Oriente; la casta de la patria la forma social del mundo clásico, y la casta de la propiedad la forma social de la edad media.
La desigualdad humana fue predicada por los genios mas hermosos del mundo antiguo; fue sancionada por los filósofos mas grandes. Homero justifica la esclavitud; ¡Homero! que andaba pobre y desvalido por los campos y los pueblos, y dice en su lenguaje sublime que todo hombre, al caer en la servidumbre, deja en manos de Júpiter la mitad de su alma. ¡Ay! al menos, comprendía el poeta que solo robando al hombre su alma, puede condenársela a la deshonrosa esclavitud. Platón, el genio mas grande, sin duda, de la antigua Grecia; Platón, dado a extasiarse en la contemplación del mundo oriental, predicó la desigualdad humana y organizó en castas su República. El error mas grave de Platón fue querer dar a las castas, no el fundamento de la conquista, ni de la diferencia de las familias, como en Oriente, sino un fundamento psicológico. En todo hombre hay una razón que manda, una voluntad que es el ministro de la razón, y sentimientos que obedecen a la voluntad y a la razón.
En toda sociedad debe haber, según el filósofo, razón, voluntad y pasiones. La razón debe estar representada por los filósofos, nacidos para mandar; la voluntad por los guerreros, nacidos para hacer valederas y coercitivas las órdenes de los filósofos; y las pasiones, por los artesanos, por los labradores, por los jornaleros, nacidos para obedecer. ¡Tremenda injusticia, negar la pasión al filósofo y la razón al jornalero! Platón comprendió que, para admitir esta diferencia de categorías sociales, era necesario admitir también la diferencia de las almas. ¿Y cómo había de llegar a este principio tan bárbaro el gran filósofo que había visto bajar las almas de Dios y las ideas de Dios? Sin embargo, Platón admite que el alma del filósofo tiene mezcla de oro, el alma del guerrero mezcla de plata, y el alma del artesano mezcla de hierro. Ved a lo que conduce un gran error social: Platón, para fundar su República, necesitó destruir los fundamentos capitales de su filosofía, la unidad del hombre, la inmaterialidad del alma. Pero no solo Platón se engaña; también se engaña Aristóteles.
La esclavitud es de derecho natural, según el gran maestro de Alejandro; el esclavo no tiene, no puede tener la misma inteligencia que el hombre libre. Parece imposible: "el discípulo , conquistador, comprendió mejor la naturaleza humana que el maestro, sabio y filósofo. Cuando el gran Alejandro, centelleante de gloria, arrastrado por sus triunfantes ejércitos, llevando en sus manos la lira griega y en su joven pecho inmenso y divino amor, estrechaba contra su corazón palpitante de entusiasmo todas las razas del antiguo Oriente, las hacia partícipes de su gloria y de su vida, celebraba sin duda, en medio de su oriental campamento, el primer festín, la primera alborada de una nueva humanidad, fundiendo el vencedor con el vencido, el esclavo con su amo, el griego con el bárbaro, el Oriente con el Occidente', el mundo entero en su inspirado pensamiento.

Actualización Oct2026 | 💥+155 👀
La desigualdad humana fue predicada por los genios mas hermosos del mundo antiguo; fue sancionada por los filósofos mas grandes. Homero justifica la esclavitud; ¡Homero! que andaba pobre y desvalido por los campos y los pueblos, y dice en su lenguaje sublime que todo hombre, al caer en la servidumbre, deja en manos de Júpiter la mitad de su alma. ¡Ay! al menos, comprendía el poeta que solo robando al hombre su alma, puede condenársela a la deshonrosa esclavitud. Platón, el genio mas grande, sin duda, de la antigua Grecia; Platón, dado a extasiarse en la contemplación del mundo oriental, predicó la desigualdad humana y organizó en castas su República. El error mas grave de Platón fue querer dar a las castas, no el fundamento de la conquista, ni de la diferencia de las familias, como en Oriente, sino un fundamento psicológico. En todo hombre hay una razón que manda, una voluntad que es el ministro de la razón, y sentimientos que obedecen a la voluntad y a la razón.
En toda sociedad debe haber, según el filósofo, razón, voluntad y pasiones. La razón debe estar representada por los filósofos, nacidos para mandar; la voluntad por los guerreros, nacidos para hacer valederas y coercitivas las órdenes de los filósofos; y las pasiones, por los artesanos, por los labradores, por los jornaleros, nacidos para obedecer. ¡Tremenda injusticia, negar la pasión al filósofo y la razón al jornalero! Platón comprendió que, para admitir esta diferencia de categorías sociales, era necesario admitir también la diferencia de las almas. ¿Y cómo había de llegar a este principio tan bárbaro el gran filósofo que había visto bajar las almas de Dios y las ideas de Dios? Sin embargo, Platón admite que el alma del filósofo tiene mezcla de oro, el alma del guerrero mezcla de plata, y el alma del artesano mezcla de hierro. Ved a lo que conduce un gran error social: Platón, para fundar su República, necesitó destruir los fundamentos capitales de su filosofía, la unidad del hombre, la inmaterialidad del alma. Pero no solo Platón se engaña; también se engaña Aristóteles.
La esclavitud es de derecho natural, según el gran maestro de Alejandro; el esclavo no tiene, no puede tener la misma inteligencia que el hombre libre. Parece imposible: "el discípulo , conquistador, comprendió mejor la naturaleza humana que el maestro, sabio y filósofo. Cuando el gran Alejandro, centelleante de gloria, arrastrado por sus triunfantes ejércitos, llevando en sus manos la lira griega y en su joven pecho inmenso y divino amor, estrechaba contra su corazón palpitante de entusiasmo todas las razas del antiguo Oriente, las hacia partícipes de su gloria y de su vida, celebraba sin duda, en medio de su oriental campamento, el primer festín, la primera alborada de una nueva humanidad, fundiendo el vencedor con el vencido, el esclavo con su amo, el griego con el bárbaro, el Oriente con el Occidente', el mundo entero en su inspirado pensamiento.
La América, 24 de abril de 1860

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