Recuerdo de Federico García Lorca a los 90 años de su muerte
Federico García Lorca, poeta y hombre bueno, nació en 1898 en un pueblo de la vega de Granada y murió asesinado en el barranco de Víznar en la madrugada del 19 de agosto de 1936.
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||||| En 1936 acaba la que será su última obra, La casa de Bernarda Alba, que no se estrenaría hasta 1946. | Parte de una imagen vista en Cervantes Virtual. |
Y aunque se intentó disimular y silenciar su desaparición, la figura de Lorca se agiganta con el paso de los años y desafía el poder de sus asesinos y el de la misma muerte, que tanto miedo le inspiró siempre. Rafael Alberti, amigo y compañero de generación, afirmaba que
«había magia, duende, algo irresistible en él».
Otro compañero del grupo poético del 27, Jorge Guillén, decía que
«cuando Lorca aparecía no hacía frío ni calor, hacía Federico».
Ian Gibson, que logró penetrar en su obra como pocos sostiene que
«leer a Lorca es recordar que formamos parte de la Naturaleza y estamos rodeados de misterio. También es desear vivir intensamente el tiempo que nos quede».
Federico era el hijo mayor en una familia formada por un rico labrador y una madre culta y sensible que era maestra, y el recuerdo de todo lo vivido en contacto con la naturaleza en aquellos años, quedó fijado para siempre en su memoria, así como el profundo amor a su familia.
«Amo la tierra. Me siento ligado a ella en todas mis emociones. Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor a tierra».
No es de extrañar, por tanto, que muchas de las imágenes poéticas que usará posteriormente en sus poemas, tengan sus raíces en la naturaleza. Siempre persistirá a lo largo de su obra la nostalgia del poeta por los años pasados en aquel paraíso perdido. Por otro lado, uno de los rasgos más característicos de Lorca era la compasión que siempre sintió por los más desprotegidos, primero los niños que iban a pedir a su casa cuando era pequeño y, posteriormente, los gitanos, o los negros, cuando conoció la marginación de sus vidas en Nueva York. También llevaba Loca la música en la sangre, tocando admirablemente el piano e incluso improvisando y componiendo algunas piezas breves. Pero aunque sus padres le buscaron un profesor de piano, se negaron a que siguiera ese camino por parecerles inseguro.
Federico vivió en Madrid de 1919 a 1928, en la Residencia de Estudiantes. Empezó las carreras de Filosofía y Letras y Derecho, licenciándose en Derecho en 1923, no porque le interesase demasiado el estudio, sino a instancias de su padre. Curiosamente, a Lorca lo suspendieron varias veces en caligrafía y él confiesa haber fracasado en las asignaturas de Literatura, Preceptiva, Historia de la Lengua Castellana...
Llegados a este punto, es necesario decir que Lorca escribió poesía lírica y teatro, y también aquí vemos su genialidad en el hecho de que ambos géneros se confunden y se mezclan constantemente, porque su poesía es profundamente dramática e incluso trágica, y su teatro está teñido de lirismo. Además, su obra dramática posee la magnitud de las tragedias griegas, pues su mirada es la de un trágico que hace cruzar a sus personajes ante él como huracanes llenos de pasión, dándonos la impresión de que su destino los trae y los lleva sin que puedan hacer nada por cambiarlo; actúan de forma impulsiva siguiendo la llamada de la sangre, porque para Lorca la fuerza de la tierra y la materia de la que estamos hechos, es la esencia de todo. Esa fuerza es la que mueve a Yerma a luchar desesperadamente por tener un hijo, o a la novia de Bodas de sangre a huir con Leonardo, abandonando al novio en plena boda. Por eso el teatro de Lorca deslumbró y deslumbra a los espectadores de los más diversos países, y al hablar de pasiones auténticas y universales, logra atraer a la vez al gran público y a la minoría. Los temas que trata Lorca en sus obras son los temas eternos que preocupan al hombre: el amor, la muerte, el vacío, la búsqueda de plenitud, la libertad...
Su homosexualidad fue, sin duda, una fuente de penas y vacíos en aquella sociedad en que un homosexual era considerado un enfermo del que era preferible alejarse. Ya metido de lleno en el mundo de la Literatura, empezaron las publicaciones poéticas y los estrenos de sus obras teatrales. En 1927 se estrenaba Mariana Pineda, obra basada en un hecho histórico, en la heroína que en la Granada del siglo XIX se atrevió a bordar una bandera liberal y fue ejecutada por ello. Al año siguiente se publica el Romancero gitano, con huellas de la poesía arábigo-andaluza medieval y el «cante jondo». La obra refleja las penas de un pueblo perseguido que vivía al margen de la sociedad, y es un canto también a la gallardía y la fuerza de sus hombres, y un reflejo del hostigamiento y el desprecio de que eran objeto entonces simbolizado por el enfrentamiento de las navajas y las armas de los guardias civiles.
En 1929 Lorca viajó a Estados Unidos para estudiar inglés y superar una profunda crisis personal, y allí entró en contacto con la gran ciudad deshumanizada en la que no entendía nada. Fruto de lo vivido allí es su obra Poeta en Nueva York, en la que se nos describe la gran urbe como «geometría y angustia», y donde encontramos numerosos elementos surrealistas. Vuelve a España en 1931 y da a conocer un nuevo proyecto que le entusiasmaba: La Barraca (Un grupo de teatro formado por universitarios que iban por los pueblos representando obras de teatro clásico).
Siguieron los estrenos y los éxitos: en 1933 Bodas de sangre, en 1934 Yerma... En ese mismo año muere toreando su amigo Ignacio Sánchez Mejías, que se había retirado y volvió a los ruedos desoyendo el consejo del poeta. Fruto del fuerte impacto, Lorca escribe el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, obra impresionante dividida en cuatro partes, y cuyo final bien podríamos aplicarlo al propio poeta:
«Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos».
En 1936 acaba la que será su última obra, La casa de Bernarda Alba, que no se estrenaría hasta 1946. Bernarda, la protagonista, aísla del mundo exterior a sus hijas amparándose en el luto por su segundo marido, y las paredes de su casa serán el límite de la represión y las obsesiones que ahogan a las cinco jóvenes. De nuevo la libertad y la rebeldía que conducen a la muerte. Lorca ganó bastante dinero con su teatro, y con él tenía la ilusión de poder construirse una casa a orillas del Mediterráneo. Pero el clima político se había enrarecido en España, y con él la lucha entre las derechas y las izquierdas. Los intelectuales, en su mayoría de izquierdas, representaban un peligro para los sublevados en julio del 36, y Lorca era uno de los más destacados. Por eso, tras una vergonzosa e ilegal detención, en la madrugada del 19 de agosto fue fusilado el poeta junto a un olivar situado a las afueras de Víznar, cerca de la Fuente Grande o de las Lágrimas, cantada siglos atrás por los poetas musulmanes granadinos.
Los últimos momentos debieron de ser terribles, y es muy probable que su miedo atroz se viese acrecentado por la burla y acaso la tortura. Alguno de sus asesinos lo proclamó después por Granada, vanagloriándose de ello.
Todos los poetas y todas las personas de bien lloraron su muerte...
Actualización jun2026 | 💥+171 |👀
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