100 DOSIS DE AMOR [38] [SAWABONA]

En muchas ocasiones me he preguntado, si por algún extraño efluvio a mí se me hubiera negado el derecho a ser feliz, y un día, no hace mucho, encontré en una tiendecita un cartel que rezaba: "Atención, la felicidad existe". Me lo compré encantadísima, como si fuera un seguro a todo riesgo, y con esa misma ilusión lo coloqué una mañana en mi despacho; ese mismo día, no creo que lo olvide jamás, recibí la primera cuenta de un rosario de desgracias que me abatieron, y he llegado a la armónica conclusión de añadir a mi cartel reivindicativo que sí, que la felicidad existe, pero que se vende muy cara. Es posible que con el amor ocurra igual."

La gran nevada de 2015


Febrero de 2015 fue uno de esos meses que no se olvidan jamás. Yo estaba en la Montaña Palentina cuando llegó aquella gran nevada, y todavía hoy, al recordarla, siento el mismo silencio blanco envolviéndolo todo.


La gran nevada de 2015 en La Pernía

La gran nevada de 2015 en La Pernía

La gran nevada de 2015 en La Pernía

Imágenes de Estalayo en el entorno de Las Peñas de la Hoz, cerca del puerto de Piedrasluengas

La gran nevada de 2015 en La Pernía

En la instantánea de José Luis Estalayo, entrando al pueblo de Piedrasluengas

La gran nevada de 2015 en La Pernía

Estalayo nos muestra la calle de Santamaría de Redondo

La gran nevada de 2015 en La Pernía

La gran nevada de 2015 en La Pernía

La gran nevada de 2015 en La Pernía

La gran nevada de 2015 en La Pernía

Imágenes de nuestro seguidor en San Salvador, Pumar59

La gran nevada de 2015 en La Pernía

Imagen de nuestro seguidor y amigo Toño Gutiérrez desde San Salvador

Durante días no dejó de nevar. La montaña entera, desde las cumbres del Curavacas hasta las laderas de Peña Labra y Tres Mares, fue quedando sepultada bajo un manto que parecía no tener fin. En los pueblos la nieve superaba el metro, y en las alturas alcanzaba los tejados y los muros como si quisiera borrar los caminos. Vi cómo lugares como Salcedillo, Triollo, el Santuario de Nuestra Señora del Brezo, Piedrasluengas o San Juan de Redondo quedaban completamente aislados. Las carreteras desaparecieron, convertidas en largos túneles de nieve, y muchas veces solo se podía pasar en tractor o a pie, abriendo paso con pala. Yo mismo tuve que salir a limpiar la nieve una y otra vez. Los tejados crujían bajo el peso, y cada día había que subir a quitarla para que no se vinieran abajo. El frío mordía fuerte; las noches caían por debajo de los diez grados bajo cero, y el hielo lo cubría todo. Recuerdo a los ganaderos luchando contra la nieve para llegar hasta el ganado. Abríamos surcos blancos hasta las cuadras para llevar comida y agua a las vacas y a las ovejas. Algunas puertas quedaban enterradas, y entrábamos por las ventanas o por los tejados. Y aun así, en medio de aquella dureza, la montaña estaba más hermosa que nunca. Los bosques, los pueblos de piedra, los ríos como el Carrión y el Pisuerga, todo quedó cubierto por un blanco puro que parecía detener el tiempo. Por las noches solo se oía el crujido de la nieve y el viento bajando de las cumbres. Aquellos días nos devolvieron a lo esencial: la lumbre, el silencio, el cielo estrellado sobre la nieve y la sensación de estar aislados del mundo, pero protegidos por la montaña.

La gran nevada de febrero de 2015 no fue solo una tormenta: fue una prueba de resistencia, y también un recordatorio de lo que es realmente la Montaña Palentina: dura, hermosa y eterna.


El video

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José Luis Estalayo





Un rincón en la Montaña

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5 comentarios en el blog:

  1. Impresionantes imágenes y vídeo de aquella gran nevada de 2015, Estalayo. La recuerdo, que no dejaba de nevar día tras día, por lo que la nieve en la Montaña alcanzó esas proporciones tan exageradas. Y que para despejar las carreteras en determinadas zonas hubo que traer máquinas especiales de las que se usan en las estaciones de esquí, porque las habituales de otros años no conseguían hacer mella en las grandes montañas heladas de nieve de gran altura. Fue tremendo, visto desde la capital, así que vivido y sentido in situ tuvo que ser de espanto. Saludos.

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  2. Llegué a Cubillo de Ojeda en febrero de 1963...En junio, aún había nieve apilada a ambos lados de la carretera...Pero la belleza de la nieve alimenta nuestros recuerdos por encima de cualquier esfuerzo. Añoro aquellas nevadas en Palencia cuando estaban nuestros hijos deseando llegase el domingo para subirte al monte para hacer fotografías tumbados en aquel manto blanco. Cuentas muy bien tú experiencia del 2015.
    Y tus hermosas fotografías deslumbran tanto o más que la nieve en sí misma. Gracias por tu aportación. Para quitarse el sombrero...

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  3. Antonio Riaza (wassap)23 febrero, 2026 21:19

    Reviso Curiosón del 22 de febrero porque no lo quiero dejar pasar pues el tema Historias-Montaña-Palentina tiene para mi un regustillo especial. Y vuelvo a apreciar el valor de las hemerotecas y de las imágenes archivadas. Por un lado, vuelven a renacer recuerdos de la infancia y adolescencia y, a veces, hace recordar a olvidadizos recuerdos del pasado aunque éste no sea tan lejano y que tratan de olvidar. Y como he dicho en otras ocasiones, una imágen vale más que mil palabras, el video del blog es espectacular. Para guardar.

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  4. Alfonso Santamaría Diez23 febrero, 2026 23:10

    Difícil de olvidar aquella Gran Nevada de febrero de 2015, que llegó a la capital, a la provincia, y a buena parte de España. Nevó mucho, para lo poco que suele nevar en la capital, pero en la Montaña Palentina, muy acostumbrados a las nevadas, fue algo excepcional. Conocíamos las imágenes de Ricardo Cajigal de la Gran Nevada, que, con mucho acierto, Froilán De Lózar incorporó a su libro: “Montaña Palentina. Tiempo de silencio”. Conocemos en estas Historias de la Montaña Palentina, las fotografías que nos brinda José Luis Estalayo, que nos recuerda “La gran nevada” en estas impresionantes imágenes que nos parecen aún más espectaculares, si además visionamos el video. Imponen las fotografías de Estalayo, pero también la narración, como protagonista y testigo a pie de obra de esa Gran Nevada “que parecía no tener fin”.
    La nieve, con esa abundancia es negra, para los pueblos, algunos incomunicados, para sus habitantes, para los ganaderos y ganados.

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  5. Una nevada que sorprendió por su parecido con aquellas que teníamos cuando siendo pequeños nos imposibilitaba salir de casa y acudir a la escuela durante unos días; Barruelo quedaba bloqueado hasta que despejaban las vías del tren y la carretera que nos comunicaba y comunica con Aguilar y el resto del mundo.
    Las hermosas fotografías hablan por sí solas. Gracias, José Luis por este ejemplar y espléndido post que nos regalas.
    Un abrazo.

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