Ramón Menéndez Pidal, [La Coruña, 13 de marzo de 1869-Madrid, 14 de noviembre de 1968] Introducción a la Historia de España, Madrid, 1947, pág. XXIII
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● “España es tierra de precursores, que se anticipan para luego quedar olvidados cuando su innovación surge después en otro país más robustamente preparada, mejor recibida y continuada”.

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Aquella feria del libro


Si hay un recuerdo del pasado que guardo con sumo agrado es la Feria del Libro de Madrid en las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado. 


Carmen García Guadilla y el silencio de los abedules

|||||||  Carmen García Guadilla, seguidora de Curioson en Venezuela ha triunfado este año (2026) en la 85º Feria del libro de Madrid con su novela "El silencio de los abedules".

Entre 1970 y 1975 asistí en el mes de mayo al patio de coches de Retiro para descubrir los libros a los que nunca pude acceder durante el largo bachillerato en los Maristas de Palencia. Estábamos en plena dictadura, de lo que puede colegirse que miles de libros seguían prohibidos, eso sí, los ganapanes que constituían la famosa censura franquista, generalmente falangistas iletrados de los de prietas las filas, permitían libros verdaderamente avanzados. ¿Por qué lo hacían? Muy sencillo, porque la incultura de aquellos prohombres les impedía distinguir en ocasiones libros válidos para el régimen de otros libros incompatibles con la España franquista. En aquellos años ya no estaban prohibidos los libros de Baroja, Pérez Galdós, Unamuno y compañía, pero se intentaba que las ediciones fueran breves y de difícil acceso, salvo aquellos en que el protagonista era algún cura procaz o desalmado, como ocurría con Doña Perfecta (Pérez Galdós), Ad maiorem Dei Gloriam (de Pérez de Ayala) y muchas otras, que eran sencillamente eliminadas de bibliotecas y librerías. En 1970 recuerdo haber leído Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox, de Pío Baroja. Uno de los protagonistas, sacerdote, vivía en un piso de vecindad, en donde reunía a feligreses para orar al Señor. Cuando muchos años después releí la obra en una moderna edición, sin censura, descubrí que el cura de turno no recibía a los feligreses en su piso para rezar sino a diferentes mujeres para que calmaran sus concupiscencia y libidinosis pecaminosas. Sirva esto para comentar con sorna la estupidez de aquellos censores del régimen, quienes , además, permitían la exhibición en los puestos de la feria libros de Federico Engels (El origen de la familia…), El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo (de Lenin) o La revolución sexual y La función del orgasmo, del psicoanalista marxista Wilhelm Reich, entre muchos otros. Los reprimidos censores, los policías de la brigada político-social franquista se conformaban con que la feria permaneciera tranquila, y vaya que lo conseguían con sus caballos y sus tanquetas; lo que ignoraban los muy necios es que, mientras vigilaban concienzudamente a la gente, en las casetas se vendían multitud de libros prohibidos, como La guerra civil, de Hugh Thomas, en Ruedo Ibérico o publicaciones de Marta Harneker y otros rojos peligrosos. El final del franquismo se manifestaba en muchos aspectos de la vida social, sobre todo en la penetración paulatina de la literatura antifascista, libre, de Europa y América. La censura quedaba postergada por la ineptitud de sus miembros y por las ansias de saber de las nuevas generaciones de obreros y estudiantes. La primera vez que leí Los cachorros, de Vargas Llosa, descubrí precisamente en una caseta de la feria, que el verdadero título de la novela era Pichula Cuéllar. Pichula, en Perú, significa lo mismo que picha en España, o sea, pene. Fíjense en qué tonterías se restregaban los sesos aquellos falangistas iletrados, mientras ignoraban que la feria del libro iba creciendo a velocidad de crucero en libros habituales en Europa y restringidos aquí.

Era un verdadero placer saludar a escritores consagrados, que solían recibirnos con simpatía. Recuerdo a un sobrio Buero Vallejo, represaliado con la cárcel en pleno franquismo, hablándonos de teatro y de libertad de pensamiento. Lo hacía con sigilo, porque la feria estaba infestada de soplones del régimen que no hacían sino acrecentar nuestros deseos de conocer lo que desde niños se nos había ocultado. Otro día visité con unas compañeras de clase una caseta en la que firmaban ejemplares Carmen Conde, la primera académica de la RAE, y Gloria Fuertes, la eternamente niña poeta. Yo me quedé fascinado por su cercanía natural, sin alharacas, en absoluto fingida, nos leyeron dos o tres poemas y nos preguntaron por nuestra facultad. Seguidamente las invitamos a venir a nuestra aula en la Complutense y, premio, una semana después entraron en nuestra clase y mantuvieron un coloquio extraordinario con los cien alumnos que allí estábamos. La feria del libro nos abrió sus puertas y nosotros lo aprovechamos. Un fuerte aplauso las despidió con un sentido hasta siempre.

Ya en los primeros años de la democracia pude saludar personalmente a Rafael Alberti o a Vicente Aleixandre sin temor a ser fichado. Recuerdo la firma que me dedicó una joven Rosa Montero en su novela Crónica del desamor. Siempre que encontraba a Javier Marías para que me firmara Los dominios del lobo o El hombre sentimental, entre otras novelas, le preguntaba por aspectos de sus padres, los filósofos Julián Marías y Dolores Franco, ambos discípulos de Ortega y Gasset. Solía contarme que su padre, católico y persona ponderada, hubo de exiliarse en los Estados Unidos porque el régimen franquista, enemigo de todo lo que significara libertad de pensamiento, lo despojó de su cátedra en la Complutense y le prohibió ejercer como intelectual que era. Y lo pasó mal, económica y personalmente. En fin, aquellos años de distensión cultural sirvieron para que los españoles tuviéramos la posibilidad de abrirnos a otros foros ya asentados en Europa y América. Los Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Saramago habían llegado para no volver a irse jamás. Y en estas estamos, disfrutado de su maravillosa literatura. Los que nos consideramos lectores nos movemos en comandita con los verdaderos escritores, porque nadie puede considerarse escritor si carece de lectores, en tal caso sería un mero escribidor, que no es lo mismo.

Junio de 2026
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🔗El silencio de los abedules



🚩Curioseando por la red, descubro a un apasionado lector que dice conservar en su biblioteca ejemplares de todos estos libros prohibidos. Desde luego, la lista de libros censurados, incluso en tiempos de "aparente libertad" sería interminable y es por ello que a partir de la lista que este curioso lector nos ofrece en su sitio, me apetece ampliar la información sobre los libros que se citan, curioseando por cientos de páginas que hablan de lo mismo. En unos casos, críticas; en otros, un resumen del libro en cuestión, en otros un comentario del propio autor...

Por Curioson 
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3 comentarios en el blog:

  1. Alfonso Santamaría Diez01 julio, 2026 18:31

    Me alegro que Carmen García Guadilla haya triunfado en Madrid, un triunfo que en su ausencia de Venezuela ha temblado dos veces la tierra, ocasionando tanta pena y tristeza.
    Recuerdos de la Feria del Libro de Enrique de Guzmán, que me hacen recordar aquella asignatura de Formación Política y Social, en tiempos de dictadura.
    Importante su encuentro con escritores de tanta talla que se han hecho inmortales, cómo Buero Vallejo, Gloria Fuertes, Vicente Aleixandre, Rosa Montero y Javier Marias.
    De Guzmán lector, cómo buen profesor se formó con la lectura de los clásicos de su época, qué también son inmortales.
    Interesante relato lleno de cultura y recuerdo de una época y de los maestros de la literatura.

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  2. Fue en 2025 cuando animé a Carmen García Guadilla, palentina de nacimiento, (su padre trabajó en Diario Palentino) a venir a Palencia. Yo había leído su novela que me envió a la Librería Amarilla y vino acompañada de otras dos, una para Carmen Centeno para que le hiciese la crítica literaria pero dio la casualidad de que se jubiló unos días más tarde y no pudo hacerla, la otra se la di a Carmen Casado Linarejos que le hizo una estupenda presentación en el Casino. Comimos en la Plaza Mayor y fue un día muy agradable. Desde entonces nos escribimos. La amistad no conoce fronteras. Vinimos a casa y se emocionó ante la fotografía de Marcelino que me regaló Javier Marín, y tengo en su mesa de trabajo. Fue uno de esos días que no se olvidan. También le conté que Marcelino intervino en el acto que se celebró en San Pablo, para inaugurar el monumento a la Universidad. Ella es una persona que domina todo el mundo de la Cultura y lo vive intensamente. Cuando su padre se marchó a Venezuela para trabajar en otro periódico dejó a las hijas internas en las Angelinas. Luego estudiaron en Venezuela. Carmen se graduó como psicóloga y obtuvo títulos de magister en Stanford University, USA y de doctorado en la Université René Descartes, Francia. Investigadora del Cendes/UCV y consultora internacional. Tiene publicados ocho libros y ha recibido importantes premios por alguno de ellos. Ha sido fundadora de la cátedra Andrés Bello, en la Universidad para la Integración, Brasil; y coordinadora regional del estudio Pensamiento Universitario Latinoamericano, de Unesco. Sus libros y datos de la autora pueden consultarse consultarse en su Blog Académico. Ahora está muy afectada porque su apartamento en La Guaira colapsó. Se salvó porque no había bajado a la playa desde Caracas, donde vive habitualmente, ya que tenía bronquitis. La vida tiene esas casualidades, para bien. Enrique, he leído lo que publicas en Curioson. Un día hablaremos de libros prohibidos, porque, efectivamente, había escasez de miras, más bien cultura de los correctores.

    Blog Académico de Carmen García Guadilla

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  3. Muy interesante tu post, Enrique, recordándonos esas vicisitudes por las que pasó la famosa Feria del Libro de Madrid del parque del Retiro en aquellas épocas del pasado, cuando el régimen franquista imperaba en nuestro país y la censura en todos los espacios culturales campaba por sus respetos. Porque se trataba de que la gente no fuese culta, con lo que nada, ninguna acción emprenderían contra el régimen al mantenerse en la ignorancia y el desconocimiento de las cosas.
    Feria del Libro de Madrid de amplísima repercusión internacional. Saludos.

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📒 Una de las personas que actualmente está luchando para que nadie se olvide de la construcción románica es otro hijo de la tierra de la Ojeda, Amando Vega. Desde hace tiempo viene investigando el abandono, «creo que fue a finales de los años sesenta, pero la iglesia en el año 1975 estaba en perfecto estado. En esa época no faltaron gamberros y ladrones oportunistas que forzaban sistemáticamente puertas y ventanas para ver que había». © curioson 👇

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🔻 Antonio Robledo, barbero
📒 Alfonso Santamaría Diez | Castrojeriz (Burgos). Vive y escribe desde Palencia

📒 Antonio Robledo Gómez, es el último barbero-peluquero de la capital palentina que, a pesar de haber cumplido 79 años sigue al pie del cañón por apego a su oficio y a sus clientes: “No valgo para pedir, nunca he pedido nada, siempre he corrido con mi riesgo. Ahora mismo no trabajo por dinero, sino porque disfruto cortando el pelo y tengo contacto con la gente” © curioson 👇

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🔻 Arthur Rimbaud, mito de la literatura moderna
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📒 Compuso a los diez años su primer poema, y dejó de escribir a los diecinueve, cuando se encontraba en la cumbre de su genio; pero antes, a los ocho años recién cumplidos, escribía en su cuadernillo de notas: “¡Diantre! Yo seré rentista. No tiene nada de agradable eso de gastar los pantalones sobre los bancos de la clase...” © curioson 👇

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📒La particular situación geográfica en la que se encuentra el norte de Palencia es una de las principales causas de la gran cantidad de iglesias románicas. Palencia es el nexo de unión entre la extensa y llana Tierra de Campos y la escarpada Cordillera Cantábrica. Su cercanía con el mar será también muy importante e influirá en la concentración de románico. © curioson 👇

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🔻 Calmar la ansiedad
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