100 DOSIS DE AMOR [91] Froilán De Lózar [Para Sawabona, el amor de su vida]

Por más amigos y familia que uno tenga, está solo en muchas ocasiones. Sólo y sin saber a dónde dirigir sus pasos. Sólo frente a un mundo agitado, donde crecen cada día los sinsabores, donde te exigen celeridad para acabar lo que estás haciendo y meterte con la misma prisa en otra cosa. Hacer muchas cosas, no importa el resultado. A veces, un beso, una caricia, valen tanto como el resto del tiempo. Es un minuto, es un instante, pero es todo lo que necesitas para enfrentarte a la jornada o a la vida. Y no hay prisa por darlo. Y no hay prisa por desligar las bocas que lo anhelan y se recrean en el acto. Y no hay soledad en el Amor que no te lleve a un sueño. Y no hay sueño en soledad que no te muestre un camino cuando alguien te lo demuestra cada día, a veces con un ligero guiño, a veces con los gestos. Entonces, aquella sensación de soledad desaparece y nace un tierno canto.









El burkini, toca madera

“El patriarcado atroz y extremo encuentra otro cauce de subyugación”


El radicalismo musulmán crece exponencialmente desde los últimos treinta años_Elisa-Docio


No es un debate baladí, los argumentos sobre libertades y tolerancia centrados en que Europa debe ceder y tolerar para hacer honor a su bandera de valores no tienen en cuenta que desde la otra parte la permisividad con las costumbres occidentales es de cero rotundo. Para los hombres musulmanes las que vestimos pantalón corto y bikini somos directamente putas, date un paseo por el Jan el–Jalili en El Cairo y verás cómo te ponen.

El radicalismo musulmán crece exponencialmente desde los últimos treinta años cuando las jóvenes de países africanos del entorno mediterráneo vestían a la occidental con toda normalidad. Ahora es imposible, hasta la europeizada Turquía de Kemal Ataturk marcha hacia atrás. Nawal Al Saadawi, escritora egipcia de 84 años, dice: ‘Mi madre era más libre que mi hija’. De hecho, entre las propias jóvenes radicalizadas se increpa a las que no se atienen a la rigidez del vestuario. La presión social interna no permite diferenciar las mujeres que se cubren por voluntad de las que lo hacen bajo coacción.

En el torticero argumentario se pretende comparar la vestimenta musulmana con la de las monjas católicas, pero en el Islam se cubre a las niñas desde los doce años que aún no tienen libertad de elección. Las monjas se bañan en lugares públicos con bañadores al uso no con sus hábitos, y los eligen en edad adulta, ninguna presión social incide en su decisión ni a todas se nos obliga a vestir de monjas. También hay comparaciones del burkini con un traje cualquiera de neopreno, solo que éste no tiene simbolismo religioso ni propagandístico y su función es protectora, en una piscina resultaría antihigiénico.

Mujeres intelectuales y cultas musulmanas, activistas del feminismo, diputadas, juristas y profesoras consideran ‘el burkini un retroceso, una degradación para la mujer y una falsa libertad bajo un patriarcado impuesto’. Véase la singular confusión sufrida por la inventora del burkini, Aheda Zanetti: ‘Me gusta ir detrás de mi marido, porque yo soy el motor, y elijo serlo. Quiero que él se lleve todo el crédito porque yo soy una triunfadora silenciosa.’ y ¡Olé!

Cualquier novedad restrictiva de la libertad de las mujeres es contagiosa y nefasta a la larga para todas, y en el Islam hablar de libertad de las mujeres, aunque sea para vestirse suena a chiste de humor negro.

Imagen: La Vanguardia

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