Toda mi vida tuve siempre muy pendiente que cada trabajo de los que he realizado tenga vida, aunque algunos de ellos no se muevan. Todas las tallas o esculturas no respiran, pero hay que hacer ver en ellas que su corazón se mueve.
El autor ante su obra más laboriosa
Alfonso Santamaría Diez
Las piezas creadas por Herminio Revilla no respiran, pero cada una consigue que se aprecie y admire el ingenio del maestro, cuyas manos prodigiosas han dado vida a las obras que se pueden ver en su museo, todo un lujo para la Montaña Palentina y la provincia de Palencia. Pocos artistas dedican por entero su vida a su obra, Herminio lo ha hecho durante más de 60 años, en compañía de Carmen Gómez su inseparable mujer.
El autor con Herminio y Carmen
La primera vez que visité el Museo de Herminio Revilla llamó mi atención que el escultor enseñase su museo ataviado con su mono de trabajo, como si el artista hubiera parado sus labores de taller para enseñar su obra al público. Herminio, con mono o sin él, engancha al visitante con sus explicaciones de un maestro que enseña y explica con pasión lo que sus manos crearon, además de trasmitir sencillez, cercanía, y confianza, y provocar admiración por la calidad de sus trabajos. Quien le escucha siente el privilegio de poder ver la obra de un escultor único e irrepetible, para Herminio “disfruta más de la belleza quien la descubre, que quien la posee”. Las maquetas nos trasladan al pasado, en un encuentro claro por rememorar actividades que quedaron para la historia, piezas y maquetas llenas de ingenio, un reflejo vivo de la Montaña Palentina, de la provincia de Palencia, y de nuestro pasado.
“Arte en madera y movimiento” es el lema del Museo Casa-Taller al que Herminio y Carmen dedicaron su vida. Ahora les preocupa que el futuro se les echa encima, y alguien tiene que hacerse cargo de su obra, necesitan ayuda de la Junta de Castilla y León, y de la Diputación de Palencia para que continúe funcionando este original museo, que a pesar de ser privado se ha convertido en uno de los iconos de la Montaña Palentina, y de los de mayor atractivo turístico de la provincia, gracias a la entrega y sacrificio de estas dos personas, merecedoras de que las administraciones valoren su legado para que no se pierda.
Herminio Revilla explica la pieza dedicada al minero.
“Yo voto desde aquí porque se invite a la presidenta de la Diputación, a los alcaldes de la zona, al presidente de la Junta, a todos los que tengan algo de representación, para que conozcan al artista, para que conozcan su historia, que es la viva historia de nuestra tierra. Estoy convencido de que si esto pasa, si estos representantes de nuestro pueblo vienen, no dejarán que se corte el camino que lleva a la historia de una tierra tan bien contada por un artista irrepetible”.
Froilán De Lózar. La Madeja. Diario Palentino 3 de febrero de 2023
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El artista de Villabellaco y sus maestros.
El niño que no jugó con otros niños.
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El autor, académico de la Tello Téllez, es bien conocido por su producción literaria y periodística. Estas Hojas de otoño es el octavo libro de su producción lírica y en él, el autor continúa su meditación sobre el transcurso de su vida en perfecta correlación con sus libros anteriores. Especialmente con las dos primeras trilogías de las que parece una culminación muy explícita en el título.
Carmen Casado Linarejos
Lo explica con total claridad cuando, al hablar de su obra, escribe: ”..creo que es una poesía coherente, es decir, desarrolla un iter en el que están estrechamente vinculados el sustrato vital y la producción literaria”. No es ninguna novedad la afirmación, tan repetida, de que toda obra literaria es la biografía sentimental de su autor. En el caso de Miguel de Santiago, las secuencias que construyen su trayectoria vital vienen a estructurar la base de las dos anteriores trilogías: la infancia, en la primera, con fundamental presencia del ambiente rural y el recuerdo de la casa paterna. En la segunda, la aceptación de su vocación religiosa, la lucha interna consigo mismo que aquella decisión provoca que proyecta una intensa tensión en los poemas de este segundo ciclo. El poeta proyecta en sus poemas el dolor y sufrimiento que produce la muerte de sus padres, pero también la difícil renuncia que supone la elección de la vida sacerdotal. En el año 2019, el autor nos sorprende con un libro que parece, si no romper, al menos desviarse de aquel camino que recorre cronológicamente las etapas de su vida. El libro titulado Contemplar para orar con la naturaleza es de una bella factura, con ilustraciones y variado colorido que hacen de él un objeto de agradable contemplación y muy en consonancia con su contenido.
Este nuevo libro que hoy leemos, Hojas de otoño viene a recoger las características de los anteriores, pero con interesantes novedades, especialmente formales. De las trilogías mantiene la correlación itinerante que, como ya he dicho, queda explícita en el título y que resume en el Preámbulo cuando dice que este nuevo libro “tiene como referencia las hojas que ya amarillean, como las que el otoño va descolgando lentamente de los árboles”. Como en su anterior libro de 2019, la edición es de factura muy cuidada. Cada poema viene ilustrado con bien escogidas fotografías que inducen al lector a dar al texto una dimensión visual que lo complementa. Son ilustraciones que recogen escenas de la naturaleza cuya belleza exaltan y son el soporte plástico de esa vibrante emoción que produce su contemplación como una forma de concentrar el espíritu en un proceso de meditación. Es este un modo de orar que nos hace profundizar en el autoconocimiento de nuestro yo más íntimo y, en el caso del cristiano, acercarnos a Dios. Ya lo dijo el autor en el título de su anterior libro y en este se ratifica: “me reafirman, aún más, en que los que siguen son poemas para orar al encuentro con Dios”. Es inevitable el recuerdo de nuestros místicos del Siglo de Oro que también oraban al contemplar las hermosuras de la Creación.
Como es habitual en los libros de poemas de Miguel de Santiago, la lectura de los versos comienza con lo que él llama Introito, consistente en cinco citas de otros poetas, él entre ellos, que tienen en común la presencia de la naturaleza a cuya contemplación se abandonan. La última cita son cuatro versos de un Salmo bíblico (Salmo 102,12-13) en el que se contrasta el carácter finito de la naturaleza con la infinita presencia divina. Este Introito nos conduce directamente a una colección de ochenta y un poemas, de los que los seis primeros ya nos anuncian las claves del libro: los cuatro elementos, tierra, agua, aire y fuego, cada uno de los cuales va precedido de palabras como extasiado, embriagado, arrobado y asombrado. Es la contemplación y el resultado emocionado de la misma, para, a continuación, escuchar la voz de Dios en el silencio de la naturaleza. De tal manera es así, que la naturaleza se transforma, si se sabe contemplar, en el medio perfecto a través del cual Dios nos habla y nos hace llegar su mensaje de vida. A meditar sobre ello nos invita el autor en cada uno de los poemas. Sobre la correspondiente fotografía, el autor ha recogido citas bíblicas que dan trascendencia e inundan de espiritualidad esa bella unidad que constituyen poema, fotografía y cita bíblica.
La principal novedad de este libro consiste en la forma métrica elegida. Si ya nos habíamos acostumbrado al uso de un metro y una estrofa, la silva impar, aquí el poeta se expresa mediante los poemas en prosa. En el Preámbulo ya nos confiesa su predilección por esta técnica expresiva cuando dice que siempre le han gustado los libros escritos en esa forma. Cita al respecto alguno de esos libros como los de Juan Ramón Jiménez, Bécquer, Luis Rosales o Luis Cernuda. Es evidente la aparente contradicción que expresa el término poema en prosa, pero, como dice Miguel de Santiago, este tipo de textos contiene todos los elementos propios del poema en verso, como son los recursos retóricos y también el cuidado riguroso del ritmo, la musicalidad y expresividad que caracterizan el lenguaje poético. Es la razón por la que la lectura de los poemas en prosa de este libro, sus recursos estilísticos, el tono de sus reflexiones y, de modo muy especial, la construcción sintáctica elegida nos hace inequívocamente reconocible a su autor, aunque no se exprese con el metro y la estrofa habituales en él.
Cada uno de los ochenta y un poemas del libro posee una estructura muy clara, acorde con la intencionalidad de su autor. Son poemas formados por dos o tres párrafos, a modo de estrofas, de los que el primero nos señala la dirección de su mirada: El ocaso, la noche, la lluvia, los astros, los geranios, el río, los niños...que no describe, sino que sugiere la emoción que dicha contemplación provoca en su estado anímico mediante un cuidadísimo lenguaje poético y una sabia selección de las figuras retóricas propias de la poesía. En el preámbulo, el autor explica el procedimiento con toda claridad.
La estructura del poema es muy clara: un primer texto que aporta brevísimos datos sobre el momento en que tiene lugar la contemplación ( el amanecer, la tarde, el ocaso...). A continuación, un siguiente párrafo en que describe las emociones que la contemplación le provoca basándose de modo muy especial en subrayar la belleza de lo contemplado, con especial atención a la variedad cromática de una naturaleza estilizada. Sentimientos y sensaciones como la serenidad, el gozo de la paz interior que le desencadenan un torrente de recuerdos del pasado como melodías de dulzura.
La tercera parte es el cierre de la contemplación y la meditación como una oración interior que le lleva a afirmarse en su profunda fe en la trascendencia de todo lo creado. Son poemas rebosantes de espiritualidad y de belleza que nos aportan serenidad y llenan nuestro corazón de amor por cuanto rodea lo creado. La vertiente religiosa de estas meditaciones no impide al lector que no comparte la fe del autor, a recrearse en la lectura de estos poemas. Como dice él mismo: “pueden leerse ( los poemas ), no obstante, en clave no estrictamente religiosa. De ahí que vayan dirigidos también a un público más amplio”. Y es que toda obra de arte lleva implícito el pensamiento de su autor y su concepto de la vida inevitablemente expresados en su escritura.
El último texto, que lleva el número 81 y como título In memoriam A. Á. S. y, a su vez, dividido en cinco apartados. Es un texto elegíaco dedicado al poeta y periodista Antonio Álamo Salazar, fallecido en accidente hace ya más de veinte años. La elegía sigue la estructura y características del género clásico: Una primera parte en que se expresa el dolor por la pérdida del amigo. Dolor aliviado por la esperanza que la fe nos ayuda a sobrellevar. En la segunda parte el autor reflexiona sobre el misterio de la muerte, iluminado su pensamiento por el recuerdo y la convicción de que el amigo se encontrará en la presencia divina. La tercera parte está centrada en el poeta que fue Antonio Álamo y los valores de su personalidad: Su cercanía y carácter abierto y expansivo que facilitaban el trato personal. En la cuarta parte glosa al periodista humilde y modesto muy querido en Palencia por la facilidad que tenía para hacer llegar su mensaje a todo tipo de lectores.
Finalmente, en la quinta y última parte, el poeta se centra ya en el recuerdo dolorido del amigo, el poeta y el periodista que ya está celebrando la Navidad con su Creador. De este modo manriqueño, Miguel de Santiago cierra este su último libro dejando, una vez más, constancia de su personalidad literaria y su riqueza expresiva. Su lectura conmueve y nos invita, sea cual sea el modo de pensar del lector, a reflexionar serenamente sobre nuestro papel en el mundo y nuestra relación con esa naturaleza actualmente ideologizada y mezquinamente utilizada políticamente.
Despojémonos de prejuicios de toda índole y gocemos con la lectura de un hermoso libro con la profundidad y claridad con que está escrito.
Publicado en 2022 por PPC Editorial y distribuidora, S. A. ISBN: 9788428838702 Fecha publicación: 03/06/2022 Encuadernación: Rústica Núm. páginas: 192
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LA AUTORA
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Carmen Casado Linarejos, palentina y alumna del instituto “Jorge Manrique”, se licenció en Filología Inglesa en la Universidad de Salamanca y obtuvo el grado de Doctor en la Complutense, de Madrid. Regresó a Palencia para desempeñar la Cátedra de Lengua y Literatura Españolas en el Instituto “Jorge Manrique”, hasta la jubilación. Entre sus publicaciones: La sociedad peruana en las novelas de Ciro Alegría. Tesis doctoral publicada por el servicio de publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid; Antología comentada del relato hispanoamericano, publicado por Ámbito en Valladolid; La poesía de Marcelino García Velasco, Diputación de Palencia; La poesía de José María Fernández Nieto, Diputación de Palencia; La poesía de Miguel de Santiago Rodríguez, Diputación de Palencia. Carmen es autora de prólogos a poemarios de distintos autores y es colaboradora de "El Norte de Castilla" y "Diario Palentino".
Cerca de Villarcayo, en el punto más oriental del Valle de Manzanedo, en plenas Merindades burgalesas, se encuentra el pueblecito de Incinillas presidido por su parroquial románica rural del siglo XII asentada sobre la ladera del monte.
1. m. Peldaño de una escalera. [SRVP: Santibáñez de Resoba.]
Pasantada
1. f. Ingen. Serie de pasantes. El avance se va haciendo por medio de "pasantadas" [...], en las paredes donde haga falta, pero, especialmente, en la niveladura de la galería. [EPCL: Barruelo.]
Pasante
1. f. Pasante. Pieza transversal interna de la caja del carro. [CLPA: Cillamayor.]
Pasantes
1. m. Ingen. Piquetes, tablos o escudos afilados que se meten inclinados por encima de la trabanca o soporte seguro en las estayas, hasta encontrar terreno firme. [EPCL: Barruelo.]
Paseíto
1. m. Paseo corto y placentero. Dudaron, y al fin decidieron en qué iban a ocupar la tarde festiva. Se darían un paseíto hasta el pueblo vecino. [APDV: Otero de Guardo.]
Pasieguería
1. f. País o territorio propio de los pasiegos. Tienen gran protagonismo las albarcas de madera y el cuevanuco a la espalda, en una escena que pretende situarse en algún lugar de la pasieguería, si bien los pasiegos no llegaron nunca a bailarlo. [CPPC: La Pernía.]
Pasillo
1. m. Marranera doméstica. [ALCL: Villalba de Guardo.] 2. m. Patio. [ALCL: Villalba de Guardo.]
Pasmado, da.
(Del part. de pasmar). 1. adj. Pasmado. Dicho de una persona: Alelada, absorta o distraída. SIN: amomiado, apamplado, chopo, panojo. [DRAE: s.v.]
P
1. m. Juego infantil consistente en saltar un niño, desde una raya marcada en el suelo, sobre otro agachado que cada ronda se aleja un pie de la raya, hasta que el primer participante que no consigue saltar, ocupe su lugar y se vuelve a empezar. [SRVP: Santibáñez de Resoba.]
Pastear
1. tr. Guardar (el ganado). [ALCL: Pomar de Valdivia.]
Pata | a la ~ coja
1. loc. adv. m. Pata. (Andar) a la pata coja. SIN: a la pata coja, a pimpiricojo, a pipirincojo. [DRAE: s.v.]
Patagallina
1. f. Ranúnculo. Planta herbácea anual, con tallo hueco, ramoso, hojas partidas en tres lóbulos, muy hendidos en las inferiores, y enteros, casi lineales, en las superiores, flores amarillas y fruto seco. (Ranunculus repens). [GMAT: Matabuena.]
Patagansa
1. f. Ganso bravo. Su compañero de pupitre se aplicaba, escribiendo con buena caligrafía y pluma de patagansa, en un cuaderno, unas estrofas que versaban sobre el tema explicado. [SVDS: Barruelo.]
Patarrete, ta.
1. adj. Patizambo. Que tiene las piernas torcidas hacia afuera y junta mucho las rodillas. [AYVB: Barruelo.]
Patas
1. f. pl. (Nuez) Vana. [ALCL: Villalba de Guardo.]
Patateja
1. m. Patata. -Pues... no -se relamió éste dándose por vencido, pensando en la patateja con costillamen de cerdo que constituye el plato típico campurriano. [SFBV: Barruelo.]
La fotógrafa de la Montaña palentina Piedad Isla Gómez (1926-2009) fue una mujer que hizo frente a las vicisitudes de la vida para dedicarse en cuerpo y alma a su gran pasión: la fotografía.
Con su cámara captó un tiempo que hoy apenas permanece en la memoria de nuestros mayores. Los cambios económicos, culturales y sociales acontecidos en los últimos 70 años han sido tan vertiginosos que sus fotografías constituyen un legado de incalculable valor desde el punto de vista documental, estético, etnológico y antropológico. Pese a la importancia de su obra y su decisiva aportación a la montaña palentina, existe un vacío historiográfico considerable sobre su figura y su labor, sobre todo, si se compara con algunos fotógrafos varones de su misma época como Catalá, Roca, Masats, Cuallladó, Gómez, Ontañón, Joan Colom y un largo, etc. La poca documentación existente hasta la fecha -catálogos expositivos, entrevistas que le realizaron o incluso la reciente retrospectivas-, tienden a repetir la misma idea sin aportar nuevos matices, que ayuden a comprender mejor su labor. Este artículo dentro de sus limitados dimensiones, pretende contribuir a solventar es a la una histórica y hacer justicia su figura. Al tratarse de una semblanza, el texto incorpora no solo lo que Piedad Isla manifestó en las entrevistas que concedió, sino también la voz de aquellas personas que conocieron y compartieron una parte de su vida con ella. Finalmente, se ha intentado ilustrar de forma gráfica su trayectoria, como si estuviésemos visionando una pequeña parte de su propio álbum, foto biográfico o, al menos, leer su vida en imágenes.
Historias de la Montaña Palentina Eliana Alvoz Aruz ediciones, 2022
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Historiadora del Arte con máster en Estudios Avanzados en Arte Español y máster en Patrimonio Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid. Ha participado en Congresos, mesas de debates y publicado diversos artículos dedicados al cine, patrimonio y recientemente a la fotografía. En la actualidad estudia en FP de Turismo, al tiempo que reescribe su tesis inédita que versa sobre la vida y obra de Piedad Isla. (Foto: Gabriel Luengas)
La Sierra de Béjar es uno de los espacios naturales más bonitos de Salamanca, situada al sureste de la provincia, forma parte del Sistema Central, y se extiende a las provincias de Ávila y Cáceres.
Destaca por su gran altitud y extensión de terreno, 600 km que la convierten en la alineación montañosa más elevada de la provincia, lo que justifica que sean frecuentes las nevadas y que posea varios circos glaciares. La parte salmantina de la Sierra de Béjar está formada por 32 bonitos pueblos serranos, con predominio de pastizales en las zonas más altas, y bosques de roble, castaños y nogales en la parte más baja. También posee gran cantidad de lagunas así como montañas de una belleza espectacular que superan los 2000m, entre ellos picos como el Canchal de la Ceja, el más alto de la sierra y de la provincia con sus 2.428 m, o el Calvitero, entre Salamanca y Cáceres. Debido a esta altitud y las frecuentes nevadas, la Sierra de Béjar posee la única estación de esquí de la provincia: La Covatilla, con 24 pistas de diferentes niveles, caracterizadas por su amplitud en suave pendiente. Por toda su diversidad biológica, la Sierra de Béjar, junto con la Sierra de Francia, fueron declaradas por la UNESCO Reserva de la Biosfera, en el año 2006.
Los 32 pueblos serranos comparten peculiaridades comunes, como el pintoresco sistema de construcción popular adaptado a las condiciones climáticas y en gran medida a la típica gastronomía de la zona, relacionada con los productos chacineros. Sus casas parecen de la Edad Media, su estructura y dinteles son de piedra de granito, siendo de cal todo lo demás. Béjar, Candelario y Montemayor del Río son conjuntos históricos de la comarca y ofrecen la posibilidad de realizar una interesante ruta cultural si tenemos en cuenta también que la emblemática Calzada Romana de la Plata atraviesa la zona.
El predominio de picos, valles y circos glaciares, desde donde bajan numerosas corrientes de agua hacia los pueblos serranos, hace que esta sea un elemento muy característico, y todos ellos alberguen numerosas fuentes. Y no olvidemos que, dado que es muy frecuente observar casi todo el año las laderas de sus cumbres cubiertas con un manto blanco de nieve, siendo el único paisaje glaciar de la provincia de Salamanca, facilita que el esquí y el montañismo sea una actividad de ocio que ofrece varias rutas de escalada y senderismo en un espacio de enorme e increíble belleza.
La autora uruguaya, Premio Cervantes en 2021, vuelve a la editorial Menoscuarto con un libro fundamental dentro de su narrativa breve.
«La obra de Cristina Peri Rossi ha sido audaz y provocadora desde que publicó sus primeros libros.»
Wilfredo Penco | Presidente de la Academia Nacional de Letras de Uruguay
Un personaje pierde el punto final que le permitirá terminar la historia vivida con su pareja; un hombre sufre la vampirización virtual de una mujer, a la que debe cargar a la espalda y termina adhiriéndose a él como una costra; otros protagonistas, enfermos de soledad, utilizan las puertas como confidentes, envían cartas que nunca reciben respuesta, lanzan un grito de ayuda en recuerdo de pasados tiempos gloriosos... Los relatos que integran este volumen exponen con ácida ironía los esfuerzos y esperanzas frustrados de los hombres contemporáneos, habitantes de ciudades artificiales y alienantes, en las que han sido atrapados por las fuerzas de la represión política, las convenciones sociales, la rutina o las propias neurosis.
El museo de los esfuerzos inútiles se inscribe en la mejor tradición del absurdo en el cuento hispanoamericano, allí donde habitan, entre otros, Julio Cortázar o Felisberto Hernández.
El museo de los esfuerzos inútiles
Menoscuarto Ediciones. Palencia, 2023 ISBN: 978-84-19964-02-1 192 páginas - 210 x 140 mm PVP: 17,30 €
El día 9 de octubre en librerías
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CRISTINA PERI ROSSI (Montevideo, 1941) es una de las autoras más destacadas de la literatura en castellano. Ha conseguido, entre otros galardones, el Premio de Poesía Loewe, el Ciudad de Barcelona, el NH Mario Vargas Llosa de relatos y el Quijote concedido por la Asociación de Escritores de España; en 2019 obtuvo el Premio Internacional José Donoso por toda su obra. Ha cultivado todos los géneros y ha sido traducida a más de veinte idiomas. Entre sus novelas destacan La nave de los locos (1984 y Menoscuarto, 2022), El amor es una droga dura (1999), Todo lo que no te pude decir (Menoscuarto, 2017) y La insumisa (Menoscuarto, 2020). Peri Rossi ha sido también una sobresaliente escritora de narrativa breve, como lo ratifican sus libros publicados en este mismo sello, Habitaciones privadas (2012) y Los amores equivocados (2015). En 2021 le concedieron el Premio Cervantes como reconocimiento a su brillante trayectoria.
Definitivamente, parece que no formamos parte de esta tierra. El reciente parcheo de la carretera que nos lleva al límite con Cantabria es la última burla de quienes nos representan en la Junta de Castilla y León, o de quienes controlan en Palencia, que ya no sabemos dónde están, ni si son conscientes de lo que sucede, o si pasan olímpicamente de todo y de todos.
Valsemana | Pumar59
Ya hemos perdido la cuenta, yo creo que vamos camino de los cuarenta y cinco años sin ver un acondicionamiento de la única vía que tenemos para comunicarnos. Nos quitaron la escuela. Bueno, era lo suyo, no se puede mantener un maestro para tres niños. Nos quitaron el médico. Bueno, somos pocos, no hay muchos médicos que quieran vivir en estos lugares tan apartados. Nos limitaron el paso por el puente de Vañes. Bueno, pero nos dejaron pasar con un semáforo. Y así, una tras otra, vamos justificando la muerte paulatina de eso que ahora llaman la España vaciada. A la contra, quienes tienen algo que vender relacionado con los pueblos, se hacen preguntas más amables, que responden, lógicamente, con planteamientos felices. ¿Qué se siente vivir en un pueblo?, ¿Cuál es el mejor pueblo para vivir en España?, ¿Qué ventajas y desventajas tiene vivir en un pueblo? Si usted mete cualquiera de esas preguntas en el buscador le arrojará unos resultados alentadores, bien lejos de la realidad en la que viven quienes todavía resisten en estos apartados rincones de Castilla. Aquí no caben más preguntas, porque ya se ha preguntado mil veces sobre todo y nadie ha contestado. Tampoco esperamos las respuestas, siempre adornadas con justificaciones que no cuadran. El semáforo sigue regulando el paso por el puente de Vañes y se ha tirado graba en varios puntos, como quien tira arroz en una boda, empeorando todavía más la situación del firme. Una parte de la barandilla se está desprendiendo y se acabará cayendo el puente antes de que los responsables se dignen en venir a verlo y, lo más importante, en venir a repararlo. Y aunque estén trabajando cuando salga este artículo, no importa. Siguen llegando muy tarde las respuestas.
En mi Velillas del Duque, pueblo de mi niñez y adolescencia, en aquellos años cuando chavales, corriendo los años 60 del siglo pasado, para allegar el agua a nuestras casas teníamos que trasladarla desde una fuente cercana situada en un lateral del pueblo, mediante cubos o mediante aquellos familiares cántaros hechos de barro. Fuente a la que desde siempre se había acudido porque el agua que proporcionaba era de una pureza y frescura extraordinarias.
Velillas del Duque | @JJavier Terán
Y ganando adeptos sobre todo durante el verano, por esa frescura tan única que nos proporcionaba el agua que dicha fuente arrojaba desde su interior; en especial cuando la recogíamos y almacenábamos en aquellos populares botijos de barro que no faltaban en ninguna de las casas, y luego en las duras y prolongadas faenas del campo y de la era. Andando el tiempo y con los primeros signos de modernidad, descubriríamos las importantes ventajas que nos proporcionaría posteriormente a las familias el agua del pozo artesiano recién construido en aquellos años en un lateral del pueblo, junto a la escuela.
Pues aunó en sí tres necesidades que se cubrieron de pronto de aquella manera: fue muy útil para el consumo de las personas, sirvió también para proporcionar el agua a los animales de tiro en el abrevadero anejo que se construyó al lado y evitó también que para lavar la ropa en las casas hubiera que desplazarse hasta el río, pues junto al pozo se construyó a la par un lavadero para estos menesteres. Incluso el hecho mismo de la construcción del pozo, aparte de ser todo un éxito al haberse conseguido muy pronto que el agua brotase con fuerza al exterior desde las profundidades de la tierra, significó también un antes y un después en la vida del pueblo, que de repente se modernizó anticipadamente unos cuantos años.
Para su construcción, se desplazó hasta allí una pesada y novedosa maquinaria, antes nunca vista en el lugar, encargada de la prospección. Al frente de la cual se encontraba un famoso pocero (que así se le llamaba) que ya había hecho prospecciones similares con éxito en otros pueblos del contorno y que, por ello, era muy conocido. Uniéndose a ello el pequeño espectáculo en el que sin duda se convertiría aquel hecho, al suponer una especie de revulsivo en la monotonía habitual, pues los días que se tardó en perforar el suelo hacia abajo, hasta que brotase la corriente de agua desde las profundidades, resultaría todo un continuo ir y venir de las gentes hasta el lugar a la espera de resultados positivos. Y también para nosotros, los chavales, que esperábamos con ansias el final del horario escolar, tanto en la mañana como en la tarde, para poder acudir raudos al lugar y observar igualmente las tareas de aquella gigantesca prospección. Y por fin un día, cuando quizás más descuidados estábamos, el agua brotó con fuerza desde las mismas entrañas de la tierra y todo el pueblo se puso a aplaudir aquella gesta, sabiendo lo mucho que nos iba a todos en aquella empresa.
Y algún tiempo después, el día que por fin, una vez construido en su totalidad todo el conjunto del pozo, lavadero y abrevadero, se procedió a su inauguración de manera oficial, fue una fiesta grande en el pueblo. Desplazándose desde la capital hasta Velillas del Duque, a tal fin, las primeras autoridades provinciales: gobernador civil y presidente de la Diputación, entre otros, con sus respectivos séquitos. A los escolares nos dieron vacación especial en la escuela aquel día y acudimos todos en masa hasta la entrada del pueblo, junto a las autoridades locales y comarcales, a recibir a los recién llegados desde la capital; agitando con insistencia todos nosotros, a modo de calurosa bienvenida, unas pequeñas banderitas de papel sujetas a un pequeño palo, que previamente nos habían repartido.
Había que agradecer de alguna manera el que aquellas autoridades que ahora nos visitaban, nos hubiesen posibilitado los medios y los dineros para la construcción de aquel pozo artesiano y sus unidades satélites para el mayor bienestar del pueblo. Y es que, en efecto, todo aquel conjunto de construcciones supuso un gran avance en pos de una modernidad que ansiábamos conquistar cuanto antes como habitantes del pueblo, en lo que era nuestro constante día a día.