100 DOSIS DE AMOR [41.6] [SAWABONA]
Tu y yo, desnudos un momento/
nos fundimos a un tiempo en el tiempo/
y nacieron los años, los meses y las horas,/
nacieron los momentos./
Tu eres la paloma y yo soy gavilán./
Tu palomita blanca que vuelas a la par donde yo vuelo./
Yo gavilán feliz/
que en locas acrobacias te muestra su contento.
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Refranes-Del-Quijote
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A salíos de mi casa y qué queréis de mi mujer no hay que responder
—A salíos de mi casa y qué queréis de mi mujer no hay que responder.
Una sola vez cita Sancho este refrán, pero sin darle aplicación ninguna, bien que a renglón seguido se encarga él mismo de descifrarnos el sentido:
«A lo que dijere el Gobernador no hay que replicar, como al salíos de mi casa y qué queréis con mi mujer.»
Cuando llevado de la ira manda alguno despóticamente y vierte palabras descompuestas y mal sonantes, la prudencia aconseja no contradecirle, y dejarle. Sancho reclama con este proverbio la obediencia pasiva; pero la verdad es que encierra una enérgica protesta contra toda clase de despotismo, sin excepción del democrático.
—A palabras locas, orejas sordas.
Actualización: abr2026 | 💥+303👀
Tantas letras tiene un no como un sí
Este refrán, al contrario del que antecede, aconseja abierta y descaradamente la mentira. Por descontado que donde goza de más crédito y estima es en los lupanares, cárceles y presidios.
No es decir que repugne a los grandes diplomáticos, ni que tampoco le hagan ascos los periodistas.
En aquella famosa aventura en que el liberalísimo don Quijote reintegró a los galeotes en el pleno dominio y posesión de sus mermados derechos individuales, uno de los guardas dice al preguntón caballero: «A este pecador le dieron tormento y confesó; su delito era ser cuatrero, que es ser ladrón de bestias y por haber confesado le condenaron por seis años a las galeras, amén de doscientos azotes que ya llevaba a las espaldas: y va siempre pensativo y triste, porque los demás ladrones que allá quedan y aquí van, le maltratan y aniquilan y escarnecen y tienen en poco, porque confesó, y no tuvo ánimo de decir nones: porque dicen ellos, que tantas letras tiene un no como un sí, y que harta ventura tiene un delincuente, que está en su lengua su vida o su muerte, y no en la de los testigos y probanzas: y para mí tengo que no van fuera de camino.»
Cortadillo en aquel rigoroso examen de filosofía germánica que no olvidará jamás la Historia, calando con aquella su intuición asombrosa todo el fondo de la Moral independiente, dijo, hace mucho más de dos siglos:
«Ya sabemos, señor Monipodio, qué quiere decir ansias, y para todo tenemos ánimo porque no somos tan ignorantes que no se nos alcance que lo que dice la lengua paga la gorja; y harta merced le hace el cielo al hombro atrevido (por no darle otro título}, que le deja en su lengua su vida o su muerte, como si tuviese más letras un no que un sí.»
Cortadillo, que tan penetrado estaba de que lo que dice la lengua paga la gorja, no es probable que ignorase aquel otro adagio de
—No diga la lengua lo que pague la cabeza.
—No diga la boca lo que pague la coca.
—Al gallo que canta le aprietan la garganta.
Actualización Mar2026 | +177👀
Para el amor y la muerte no hay cosa fuerte
Esta verdadera igualdad ante la ley, la explica Sancho, como no lo hicieran ni el mejor filósofo, ni el mejor orador de la democracia.
Tan presto se va el cordero como el carnero
Nada vale que los médicos adelantados desde las alturas del ministerio y de la ciencia moderna hayan declarado guerra a muerte a los reyes, a la tisis y a Dios.
El hombre pone y Dios dispone
En éste, además de reconocerse y acatarse la intervención divina, se reconoce y afirma la libertad humana negada asimismo por más de cuatro pelafustanes y más de cuatro filosofastros de los que más libertades se toman y vocean.
«Ocho días, o diez ha, hermano murmurador, exclama Sancho, que entré a gobernar la ínsula que me dieron, en los cuales no me vi harto de pan siquiera un hora: en ellos me han perseguido médicos, y enemigos me han bramado los huesos, ni he tenido lugar de hacer cohechos, ni de cobrar derechos: y siendo esto así, como lo es, no merecía yo, a mi parecer, salir de esta manera; pero el hombre pone y Dios dispone, y Dios sabe lo mejor y lo que le está bien a cada uno:
—Cual el tiempo tal el tiento.
—Nadie diga desta agua no beberé.
—Donde se piensa que hay tocinos no hay estacas.
—Dios me entiende.
En la Gitanilla usa también Cervantes este adagio. Algunos dicen propone en lugar de pone, y en la Colección de Zaragoza se usa del plural en lugar del singular, diciendo con menos elegancia:
—Los hombres ponen y Dios dispone.
AI freír de los huevos lo verá
Al ver Sancho a don Quijote hecho una furia por lo de la cabeza del gigante y lo de la trasmutación de la princesa Micomicona, le dice así:
«Vuestra merced se sosiegue, señor mío, que bien podría ser que yo me hubiese engañado en lo que toca a la mutación de la señora princesa Micomicona, pero en lo que toca a la cabeza del gigante, o a lo menos a la horadación de los cueros, y a lo de ser vino tinto la sangre, no me engaño, vive Dios, porque los cueros allí están heridos a la cabecera del lecho de vuesa merced, y el vino tinto tiene hecho un lago el aposento: y si no, al freír de los huevos lo verá, quiero decir que lo verá cuando aquí su merced del señor ventero le pida el menoscabo de todo.»
Con este refrán se amenaza, anunciando las malas consecuencias de una acción que por de pronto parece no tenerlas.
Generalmente se dice:
—Al freír será el reír.
En las colecciones del Marqués de Santillana y de Zaragoza leemos:
—Al lavar de los cestos haremos la cuenta.
Cuando los argonautas revolucionarios nos trajeron el vellocino de oro, y lo que es más, la honra, los incrédulos al tener que tragarse aquel ardiente y patriótico grito de entusiasmo que resonó en todos los ángulos de la Península, se contentaban con hablarnos del lavar de los cestos y del freír de los huevos. Será lo que tase un sastre. Pero ¿Qué sastre?
El mal que se vaya, el bien que se venga
Paréceme sumamente oportuno el dar comienzo á los refranes del Quijote con este pequeño prólogo con que Sancho Panza encabeza las consejas.
En el Quijote de Avellaneda se leen los dos siguientes, demasiado picaresco el segundo:
—Érase que se era, en buen hora sea, el mal que se vaya, el bien que se venga.
—Érase que se era, que en buena hora sea, el bien que viniere para todos sea, y el mal para la manceba del abad, y calentura para la amiga del cura, dolor de costado para la ama del vicario, y gota de coral para el rufo sacristán; hambre y pestilencia para los contrarios de la Iglesia.
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