100 DOSIS DE AMOR [51] [SAWABONA]

Quiero hacer una reflexión en el ecuador de este diario. ¿Se han dado cuenta que en la tierra viven 7.300 millones de personas? Desde luego, en esa cifra caben diferencias, colores, lenguas... millones y millones de sensaciones diferentes. Millones de historias que nos sorprenderían. Y en cada una de esas historias, de entre todos esos millones de millones de personas, se han dado cuenta ustedes que sólo una te mueve el corazón hasta perderte por un segundo, por unos días, por unos años, tal vez, quién puede atreverse a negarlo, por una vida entera. ¿No es maravilloso?

Para el amor y la muerte no hay cosa fuerte


Esta verdadera igualdad ante la ley, la explica Sancho, como no lo hicieran ni el mejor filósofo, ni el mejor orador de la democracia.




«No ocupa más pies de tierra el cuerpo del Papa que el del sacristán, aunque sea más alto el uno que el otro, que al entrar en el hoyo todos nos ajustamos y encogemos, o nos hacen ajustar y encoger, mal que nos pese, y a buenas noches.»

—Para el amor y la muerte no hay cosa fuerte

Dice otro adagio, y otro, nos sale con la embajada de que:

—Antes de mil años todos seremos calvos.

Calvos dicen el Marqués de Santillana y la Colección de Zaragoza. Canos, como se lee en Iriarte, me parece un desatino, y salvos, como dice la Academia, copiando a Hernán Núñez, pudiera dar pie a una interpretación herética, bien que la Academia haya sorteado perfectamente la dificultad dando al refrán una interpretación a mi modo de ver algo arbitraria, tomándose buen cuidado de advertirnos que seremos salvos de las miserias de esta vida. No ha de quedar para simiente de rábanos, dice también el adagio a los que suelen olvidarse de que algún día han de morir. Este refrán tendría que abolirse a no ser pura broma lo de la ciencia moderna, porque según los últimos datos de esta ciencia, el señor Suñer, el doctor Mata, un servidor de ustedes, o quienquiera, pudiéramos haber sido, lo mismo que osos o jumentos, rábanos o zanahorias. A los que cuando ven morir a alguno andan buscando el porqué, no en las incesantes advertencias de la Sagrada Escritura, sino en las de la Química, Física e Higiene pública y privada, echándoles el muerto, como es uso y costumbre, al médico, o al boticario, o al aire colado, les pregunta el refrán con mucha sorna:

—¿De que murió mi padre? Y contesta: De achaque.

Concluyamos este artículo de réquiem, con las consoladoras y cristianas palabras de don Quijote, nada loco por cierto cuando le daba el naipe por hablar de esta guisa: «Y esto que ahora le quiero decir, llévelo en la memoria, que le será de mucho provecho y alivio en sus trabajos, y es, que aparte la imaginación de los sucesos adversos que le podrán venir, que el peor de todos es la muerte; y como esta sea buena, el mejor de todos es el morir.»
 
  Actualización mar2026 | 💥+202 👀



  Los Refranes del Quijote

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