100 DOSIS DE AMOR [43] [SAWABONA]

No sé si somos conscientes de que la vida es un instante. Que la vivimos mal, atropelladamente, con una buena dosis de inconformismo. Y esa insatisfacción, buscando siempre más arriba, más lejos, más de todo, aunque todo nos sobre para vivir este instante de nada que vivimos, nos hace infravalorar esas pequeñas cosas con las que salvaríamos con buena nota nuestro paso por ella, que es lo que me aconseja siempre mi fiel seguidora y amiga Marga en su sección "mi dios de las pequeñas cosas". Para justificarlo, digo con Pablo Neruda: "Bien vale haber vivido si el Amor me acompaña."

Fragmentos de la vida: La felicidad y la mariposa


Alguien dijo una vez que la felicidad podía asemejarse a una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella vendrá y, suavemente, se posará sobre tu hombro.



|      Mariposa, por José Luis Estalayo


Claro, llevando este argumento a distintas situaciones concretas de la vida de cada cual, se me ocurre en mi caso una muy específica vivida en aquellos años 60 en el interior de un internado en un Colegio de frailes –como se decía entonces-. Donde cabría preguntarse si nosotros, aquellos chavales de en torno a 12, 13, 14 años que estábamos internos en el Centro, éramos felices o no; allí alejados por completo de nuestras familias, y viviendo día a día bajo una disciplina restrictiva y limitadora de ciertas libertades en muchos órdenes de la vida. La pregunta que surgiría entonces es, si a pesar de todo aquello, era posible que fuésemos felices en nuestro diario existir en aquellos años. Pensando de otra parte en que, de manera general, a esas edades se es feliz porque sí, casi por definición.  Si hoy en día, gozando de toda la libertad de movimiento de la que somos capaces, hay momentos en los que, debido a determinadas situaciones personales de la vida, no llegamos a ser totalmente felices; qué podría pensarse entonces de aquellos años en los que nos movíamos cada día bajo el peso de una marcada disciplina restrictiva.
La respuesta inmediata que habría que dar sería que, probablemente y según en qué momentos, no fuésemos todo lo felices que cabría aplicarse a unos chavales de aquella edad; o no del todo siempre. Comparando esta situación con otra que rondase la plena libertad en cualquier otro ámbito diferente fuera de aquel recinto colegial. Pero claro, en aquellos años éramos todavía unos pre adolescentes que, mayoritariamente, encontrábamos en los juegos, libre y particularmente elegidos dentro de un orden, buena parte de esa felicidad, al menos en los momentos en los que estos se estaban ejecutando, libres de cualquier otro pensamiento. Porque luego, en el día a día del resto de las realidades que debíamos afrontar dentro de unas pautas de comportamiento y de restricciones muy marcadas en el proceder, la situación era muy otra; aunque, lógicamente, a cada uno de nosotros nos afectaría aquel proceder de una manera diferente. Y es que, restringirle a alguien de manera casi permanente ciertas conductas, ciertas normas de relación y convivencia, o una libertad de movimiento, a pesar de una tan corta edad como era la nuestra, qué duda cabe que marca muy mucho y hace que se desarrollen tanto el carácter como la personalidad de una o de otra manera. Claro que, a renglón seguido, lo que vendría a continuación sería analizar si todo eso pesaba lo suficiente en nuestras vidas como para que, nosotros en aquel entonces, no fuésemos todo lo felices según el grado esperable, que debiera corresponder a nuestra corta edad.

Ahí estaría el “quid” de la cuestión y el verdadero punto de discusión al respecto.

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3 comentarios en el blog:

  1. Evidentemente, amigo Terán, los frailes en aquella época cercenaban nuestro deseo de libertad y nos dominaban por acoso y derribo. No accedíamos a lecturas interesantes porque los grandes autores eran pecaminosos. Nos perdimos a Galdós, al arcipreste de Hita, a Baroja, a Valle Inclán y a muchos otros porque sí, porque le daba la gana a la Iglesia. Nos metían miedo con lo de la masturbación (el vicio feo) y el infierno. A pesar de todo, éramos felices frente a esa represión terrible, teníamos la fortaleza necesaria para disfrutar con nuestros amigos, con el deporte, y la prueba es que reíamos y reíamos incluso cuando nos castigaban. Somos unos supervivientes,, amigo Terán, y nadie nos arrebatará nuestros buenos momentos.

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  2. El anterior comentario es mío, salió "anónimo" por error mío.

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  3. Muchas gracias, Enrique; totalmente de acuerdo con tu exposición al respecto, así ocurría de manera, pienso, que bastante general. Y me quedo con tu último párrafo del comentario, por aquello de darle una cierta positividad a la situación de aquellos años. Saludos.

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