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Escritoras en la historia

A lo largo del tiempo nos encontramos con un hecho evidente: los hombres mantuvieron durante siglos sometidas, encerradas, calladas y privadas de libertad a las mujeres.



La invisibilidad ha sido la condición obligada de la mujer a lo largo de la historia. Sin embargo, hoy se sabe que hubo muchas mujeres trabajando en los “Scriptoria” de los monasterios medievales, en los talleres de pintura del Renacimiento, en las cortes de los príncipes del Barroco, en las calles y barrios de los artistas bohemios del siglo XIX...


Hubo muchas mujeres escribiendo en los conventos y fuera de ellos, componiendo piezas musicales, pintando..., pero la mayoría de ellas se vieron obligadas a permanecer ocultas tras el nombre de sus padres, maridos o hermanos, que eran los que cobraban el dinero y los que recibían la gloria.


También hubo algunas mujeres que lograron el reconocimiento y la fama, pero fueron olvidadas. Ellas tuvieron que librar una fuerte lucha contra los prejuicios y las presiones en su contra, los desprecios, insultos, calumnias, etc. Sus vidas personales se vieron afectadas por su vocación artística (muchas de ellas, por ejemplo, renunciaron a tener familia).


La inferioridad de la mujer se basaba en teorías teológicas, filosóficas y científicas. Desde el punto de vista religioso, la forma en que fue creada indica su inferioridad ontológica, pues la mujer fue creada para que el hombre no estuviese solo y para ayudarlo.


Santo Tomás afirmaba que “la mujer es compañera del hombre, pero sólo en la tarea de procrear, pues para el resto, el hombre encontrará ayudantes más válidos en otros hombres.”



Beatriz Quintana Jato
Catedrática de Literatura, Miembro de la Institución Tello Téllez de Meneses.

Este gran “feminista” afirmaba también que “la mujer está menos dotada que el hombre, también en lo que respecta al alma”, frase que nunca he comprendido muy bien, pero que parece atribuirnos un alma “menor”... La actitud misógina de la Iglesia influyó innegablemente en la valoración de la mujer, aunque también es necesario recordar que en los siglos medievales la mujer sólo tenía dos opciones: casarse o meterse monja, y paradójicamente disfrutaba de mayor libertad en el convento, donde podía estudiar y escribir, librándose de matrimonios impuestos.

Salvo raras excepciones, las mujeres que ocuparon un lugar de relieve en la literatura medieval, lo hicieron entre los muros de un convento.

Hildegarda de Bigen


Hildegarda de Bigen (siglo XII), por ejemplo, fue consejera de algunos reyes con sus cartas llenas de sabiduría, y dejó escritos varios tratados de medicina.

Algunos siglos antes, en Al-Ándalus, las únicas que tenían libertad de movimiento eran las bailarinas y las esclavas, que podían asistir a las tertulias donde se recitaba poesía y se escuchaba música. Muchas de ellas también componían canciones y poemas, transmitiendo la lírica más antigua producida en suelo hispano. La voz de las mujeres de Al-Ándalus es la primera que nos ha llegado, de las muchas que resonaron sin duda en la Península Ibérica.

Cristine de Pizan


Cristine de Pizan (siglos XIV-XV), fue la primera escritora que se ganó la vida con sus libros al enviudar y tener que cuidar de su familia, y también fue una de las primeras que alzó su voz a favor de las mujeres. Su obra principal, La ciudad de las damas es un libro escrito en defensa de la capacidad intelectual y la dignidad de las mujeres (“la excelencia o la inferioridad de los seres no reside en sus cuerpos según el sexo, sino en la perfección de sus conductas y virtudes”).

El Renacimiento traerá nuevas ideas de modernidad: se instaura el valor de la inteligencia y el pensamiento científico, se valora la belleza por sí misma, y aunque la mujer empieza a despegar del oscurantismo de tantos siglos, su situación no cambia sustancialmente. Es como si no hubieran existido. No figuran en los libros de texto, ni en los catálogos de las editoriales. Y sin embargo existieron y escribieron...

En los países protestantes la situación cultural de la mujer fue mejor. La educación era obligatoria, y la soltería voluntaria de muchas de ellas hizo surgir verdaderas sagas de mujeres intelectuales, que por necesidades económicas se integraron en la vida activa y profesional, y acabaron propiciando los primeros movimientos sufragistas y feministas.



Teresa de Jesús


En el siglo XVI es necesario recordar a Teresa de Jesús, la primera mujer que vio publicada su obra, a pesar de los problemas que tuvo con la Inquisición y con la envidia y la incomprensión de muchos. Fue una mujer fuerte que se rebeló contra lo establecido, en busca de un ideal de pobreza y de paz interior, y aunque nunca se mostró feminista en el sentido actual, vivió como si lo fuera y nadie logró detenerla nunca.

No fue mejor la situación de las mujeres a lo largo del siglo XVII, en que uno de sus más geniales escritores, Francisco de Quevedo, mostraba así su “aprecio” por ellas: “Las mujeres son hechas para estar en casa, no para estar vagando. Sus gustos han de ser los de sus maridos, participados, no propios... El llevarlas a las fiestas mueve tal vez al que las ve, si son feas, a desprecios, y si hermosas, a concupiscencia...”

En este siglo se produce un gran incremento de la prostitución en España, y de los maridos consentidores “cuyas mujeres eran las fincas más rentables”, llegando a comerciar sexualmente con ellas si les era ventajoso para sus negocios. También en este siglo terrible hubo varias epidemias de peste, atroces sequías, y una serie de gobiernos despóticos y corruptos que dejaron destrozado el país. Aumentaron considerablemente las diferencias entre las clases sociales, y la mujer seguía sin poder acceder a la cultura, las del pueblo porque el trabajo se lo impedía, y las damas de alta cuna porque dilapidaban los días entre las fiestas y sus arreglos personales.

Juana Inés de la Cruz


En este siglo destaca sobre todas las demás la mejicana Sor Juana Inés de la Cruz, mujer solitaria, inteligente, hermosa y altiva que antepuso su deseo de saber a cualquier otro y fue una intelectual adelantada a su época, algo que la sociedad no le pudo perdonar, sobre todo por el hecho de ser mujer. Ingresó en un convento buscando refugio para poder realizar su deseo de leer, aprender, pensar... En su celda tenía un telescopio y varios instrumentos musicales y científicos que sabía manejar, además de unos cuatro mil quinientos libros. Escribió obras en prosa y en verso, y también comedias y tratados mitológicos, llegando a ser considerada la “Décima Musa” en Méjico. Tuvo varias acusaciones por soberbia y rebeldía, y solía utilizar como argumento la idea que siempre defendió: “Deben callar sólo los que no tengan que decir, hombres y mujeres”. Al final fue juzgada y se vio obligada a abandonar la literatura y a desprenderse de sus libros. Se dedicó a la penitencia y la mortificación hasta que fue contagiada de peste al cuidar a sus hermanas del convento, y murió en 1695. La modernidad de su actitud está también en la defensa que siempre hizo del derecho que la mujer tiene a ser ella misma, llevándolo a la práctica con la gran dignidad de ser mujer que ella siempre mostró.

En el siglo XVIII, siglo del Racionalismo y la Revolución Francesa, tampoco la mujer adquiere aún una importancia social relevante, a no ser como objeto de admiración por su belleza en los salones literarios y en la Corte.

Será, por fin, en el siglo XIX, cuando algunas escritoras liberales y progresistas desarrollarán, además de su obra literaria, una gran actividad política, manifestando sus opiniones en Asociaciones y periódicos.

Carmen de Burgos


Entre ellas destaca Carmen de Burgos, autora de numerosos artículos periodísticos y la primera mujer que realizó trabajos como corresponsal de guerra en España, cuando “El Heraldo de Madrid” decidió enviarla a Marruecos para que informase de la marcha de la guerra. Colaboró en varios periódicos españoles y extranjeros, y siempre defendió a la mujer, pero no contra el hombre. Reclamó una y otra vez la igualdad de la mujer ante la ley y su derecho al voto, y fue una gran defensora de la educación laica.


Concepción Arenal


Creo justo recordar también a otra gran mujer que vivió en este siglo, y que estudió la carrera de Derecho pero tuvo que asistir a clase vestida de hombre, publicando sus artículos con el nombre de su marido hasta que éste falleció (tal era la situación de la mujer todavía en España). Hablo de Concepción Arenal, que ocupó el cargo de Visitadora de Prisiones de Mujeres de forma ejemplar, aunque precisamente por eso y porque siempre decía la verdad, su presencia resultaba molesta y fue cesada.

Escribió varios libros en los que demostraba la no inferioridad del sexo femenino, y criticaba las leyes españolas por ser discriminatorias con la mujer.


Emilia Pardo Bazán


Emilia Pardo Bazán fue otra mujer admirable que consiguió tener una increíble cultura de forma autodidacta, y que luchó siempre por los derechos de la mujer e insistió en que “educarla” no debe consistir en “domarla”, como se hacía entonces, pretendiendo de ella sólo la obediencia y la sumisión. Fue la primera mujer que ocupó una Cátedra en la Universidad de Madrid, y fue la autora de la primera novela naturalista en España. Tuvo que enfrentarse a numerosas dificultades a lo largo de su vida por el hecho de ser mujer, pero nunca se acobardó. Lo más importante de esta autora, es que sus logros y triunfos ella los disfrutaba como logros de todas las mujeres, abriendo el camino para que nos resulten normales muchos de los derechos que hoy podemos disfrutar.

Clara Campoamor


Clara Campoamor fue una de las primeras feministas españolas, y la primera mujer en ejercer la abogacía. En 1931 obtuvo un escaño en el Parlamento, con un acta de diputada.

El 1 de octubre de 1931, las Cortes españolas, con ausencia del 40% del total de parlamentarios, aprobaron por 161 votos a favor y 121 en contra, el derecho a voto de las mujeres, y en 1933, por primera vez en la historia de España, las mujeres pudieron acudir a las urnas.

Pero es necesario recordar que el ambiente era hostil hacia las mujeres que querían escribir, pensar o hablar en público.

La práctica de encerrar en manicomios a las mujeres díscolas, fue una costumbre común en todo el mundo en los siglos XVIII y XIX.

Y llegamos al siglo XX...


A lo largo de este siglo, y a medida que la mujer se iba incorporando a la vida social y reclamando su lugar, iban surgiendo muchas y muy buenas escritoras en España, sobre todo en el campo de la novela.

Muchas de ellas reflejan la problemática de la Guerra Civil y sus consecuencias.

Carmen Laforet


Carmen Laforet fue la primera mujer en ganar el Premio Nadal en 1944, pero a pesar de los innegables avances, muchas escritoras de medio siglo fueron silenciadas aunque algunas de ellas habían visto publicadas sus obras e incluso habían recibido premios.


Isabel Allende


Aunque sería imposible nombrarlas a todas, muchas de ellas reflejan en sus obras sus propias vivencias, como por ejemplo Isabel Allende, que en su novela Paula nos habla de la muerte de su hija y escribe como una forma de desahogo. Y también en su primera novela La casa de los espíritus, en que aparece la figura paterna tratada con dureza como un recuerdo de su propia infancia sin padre, se le desliza esta reflexión:

“Los hombres pasan y se van, pero las mujeres no se mueven, son como árboles anclados en el suelo firme. En torno a ellas giran los hijos propios y otros allegados, se hacen cargo de los viejos, los enfermos, los desamparados, son el eje de la comunidad”.

Fanny Rubio señala como síntoma de la marginalidad literaria de la mujer, la nula presencia femenina en las fotos generacionales del 98, del 27, e incluso del 50.
Queda todavía mucho camino por recorrer, aunque algunos espejismos nos hagan creer que ya se ha llegado a la meta. Y en mi opinión, la actuación de algunos grupos feministas radicales y violentos no hacen ningún favor a la mujer en su camino hacia el respeto y la libertad.

Ilustraciones:
Carmen Pérez Robles, Isidro Fernández, Oriel Manet

Conferencia en Cevico de la Torre, el 4 de agosto de 2019





Sección para "Curiosón"
de Beatriz Quintana Jato.

1 comentario:

Jose Carlos dijo...

Hemos avanzado mucho en la igualdad, pero todavía nos queda mucha educación y concienciación sobre el tema.
Muchas gracias por compartir esta información.

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