100 DOSIS DE AMOR [91] Froilán De Lózar [Para Sawabona, el amor de su vida]

Por más amigos y familia que uno tenga, está solo en muchas ocasiones. Sólo y sin saber a dónde dirigir sus pasos. Sólo frente a un mundo agitado, donde crecen cada día los sinsabores, donde te exigen celeridad para acabar lo que estás haciendo y meterte con la misma prisa en otra cosa. Hacer muchas cosas, no importa el resultado. A veces, un beso, una caricia, valen tanto como el resto del tiempo. Es un minuto, es un instante, pero es todo lo que necesitas para enfrentarte a la jornada o a la vida. Y no hay prisa por darlo. Y no hay prisa por desligar las bocas que lo anhelan y se recrean en el acto. Y no hay soledad en el Amor que no te lleve a un sueño. Y no hay sueño en soledad que no te muestre un camino cuando alguien te lo demuestra cada día, a veces con un ligero guiño, a veces con los gestos. Entonces, aquella sensación de soledad desaparece y nace un tierno canto.









Como el Covaterio


Estos últimos años no he dejado de viajar por el norte. Y cuando llegas a un pueblín como Piasca, al final del valle cántabro de Liébana, valle al que nos asomamos a menudo los palentinos desde Piedrasluengas, aquello es un regalo para los sentidos.


Como el Covaterio_Piasca (Cantabria)

Como el Covaterio_Piasca (Cantabria)

Como el Covaterio_Piasca (Cantabria)

Piasca se encuentra a diez kilómetros de Potes y el viaje que me sugiere Margarita incluye la intención de conocer su iglesia. Allí el maestro Covaterio esculpió un beso. Y ella siempre le ve una explicación a esos misterios porque ha estudiado mucho y se conoce casi todos los secretos que atesora nuestro románico. Es una misión complicada esta de buscarle la explicación a los detalles de los maestros que tallaron las caras: ¿hombre y mujer? Maestro y alumno? Por las memorias de un caniche que se llamaba Mongui, he sabido que quienes viajan mucho entre románico suelen polemizar sobre los detalles, sobre los siglos, sobre los autores y, a veces, sin quererlo, le ponen veto a las escenas, como el crítico apuntilla sobre el orden de un capítulo en una novela de los autores más reputados. Dice Margarita: “Si extrapolamos a ambos jóvenes de sus respectivas dovelas ,parecen la misma persona o al menos el mismo modelo: imberbes, larga melena lisa sobre los hombros y raya al medio”. Yo soy torpe para esto. Cualquier arte me toca, pero no me imagino a un artista de aquellos siglos elaborando su escultura antes de hacerla, quiero decir, con un borrador ante sus ojos que, sin duda, existían, pues es obvio que los maestros tenían su librillo y de ahí la similitud de tantas obras en los pagos cercanos, en la ermita de Vallespinoso de Aguilar, en Pozancos y ya tocando tierras burgalesas, en Rebolledo de la Torre, donde el maestro estampa por fin su firma, como visionando la exclamación de sus fans muchos siglos más tarde.

Lo que llama la atención es el silencio y la intensidad con la que se volcaban en sus trabajos. Por cuatro maravedíes, elaborando una obra de arte que durase milenios, y que siguiera dejando dudas entre ese largo reguero de rendidos amantes. Qué diferencia con tantos niñatos de hoy emborrachados de éxito, que no saben hacer la o con un canuto.

Actualización may2026 | 💥+606👀

Froilán De Lózar






La Madeja
Diario Palentino


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