Ramiro de Maeztu [Vitoria, 4 de mayo de 1874-Aravaca, 29 de octubre de 1936]
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● “Me ha ocurrido que cuando la alabanza inglesa absorbía mi personalidad, alejándome de los vínculos espirituales que me ligan a la patria, he abandonado Londres más que de prisa, para ir a España ¡No, no!; ¡antes que nada, soy español!”

Sobre España y los españoles | +2.585👀



Navidad en la Residencia


Sor Carmen, la religiosa de San Vicente de Paúl atiende a las personas mayores que viven en la Residencia del Hogar San Telmo. Sabe que en estas fechas un aire de melancolía -preludio de tristeza- se cuela por puertas y ventanas. Sucede, y ella lo sabe, que los recuerdos levantan las capas del corazón y de la memoria, toman fuerza y se hacen presentes, reviven en formas especiales pues muchas de las residentes son gentes de pueblo y recuerdan sus navidades de postguerra cuando, la mayoría, eran niños que salían, a pesar de todo, revoltosamente alegres de la escuela y saboreaban por anticipado el esplendor de los días grandes con su turrón casero de higos secos rellenos de nueces, aquel arroz con más agua que leche y no mucho dulzor y el incansable canto de villancicos que se entonaban acercándose al calor de la hornacha.


Navidad en la Residencia_Aguilar-Campoo

Y recuerdan también, aunque borrosamente, seguro que por el paso del tiempo, las imágenes de aquella familia que se convirtió en hilo de luz para volar al cielo, la soledad en el pueblo y el ingreso en esta casa en la que el cariño es moneda diaria, inagotable.
      —¡Ay hijas, y qué calladas os veo! Parecéis, ¡quién lo diría a vuestros años!, unos pichoncitos caídos de su nido. Luego no querréis cenar y soltaréis alguna lagrimilla.
     —¡Ea! Vamos a ver si consigo que olvidéis penas y en esta noche soñéis con algo bonito, que los sueños son cosa de todos no sólo de los niños. Pues oídme:
     —Ocurrió cuando yo era pequeña y vivía con mis abuelos en una casa de campo a siete Kms. del pueblo donde nací. Era por la tarde y mientras mi abuela movía los bolillos de palo de naranjo que, sobre la mojailla y prendida la labor con alfileres de colores, daban como resultado un hermoso encaje. Yo jugaba con una muñeca de trapo que ella había hecho para mí.
     Entonces, oímos el sonido de una carreta que al poco tiempo orilló junto a nuestra casa. Nos asomamos a la puerta y vimos a una familia gitana, un matrimonio y varios niños que no paraban de jugar y correr. Nos saludaron y pidieron agua y  lugar donde pasar la noche.

      Mi abuela era mujer de buen corazón, pensó que los niños tendrían hambre y los invitó a entrar en casa. El fuego, encendido en medio de la cocina, calentó sus cuerpos menudos y oscuros.
      Mientras hablaba con los padres, cogió un pan del escriño y fue migándolo en rebanadas finas. Puso en una cazuela que acercó al fuego, leche, azúcar y almendra molida, con un palito de vainilla. Cuando la leche empezó a hervir, la separó del fuego y añadió el pan. Dejó pasar unos minutos, mientras buscaba tazones y cucharas para todos y una cacilla para servir. Los niños abrían los ojos esperando el momento de ver los recipientes llenos con aquella sopa dulce, mi plato favorito en aquellos días de invierno, cercana ya la Navidad.
     Al anochecer llegó mi abuelo Antimo, de la finca de Los Hornillos, que distaba  dos Kms. de la casa. El señor Carpio, así se llamaba el gitano, le contó a mi abuelo que venían desde Évora, en Portugal, y buscaban trabajo en la recogida de la aceituna por la Sierra de Gata.
      Mi abuelo los contrató. Yo ese invierno disfruté de lo lindo con tantos amigos para jugar, cuatro varones y una  niña, cuando volvían del trabajo pues ellos también “apañaban” la aceituna, cogiéndola en cestas chiquitas que luego echaban en el montón recogido por los padres. Días más tarde se llevaría a la almazara de Perales del Puerto para su molienda tras la que se obtendría el aceite.
      A mi abuela le llamó la atención que los niños fueran tan morenos de pelo y rostro, ofreciendo un gran contraste con la niña, de piel pálida con ojos y cabello claro, tirando a rubio.
     La confianza que se iba afianzando con el trato diario, le dio a mi abuela  ganas de preguntar y pudo así satisfacer su curiosidad.
     —No es hija nuestra-, dijo el señor Carpio. Su padre fue un gitano portugués que se había casado con una muchacha paya, rubia y blanca como la leche, de nombre Elena. Se habían conocido en una hacienda de Évora donde la chica trabajaba en el servicio de la casa y él en el campo. Pero tuvieron mala suerte. Elena murió al dar a luz a la pequeña y el marido no pudo resistir el dolor, dejó a la hija con la abuela y se marchó lejos, a Galicia, para olvidar.
      Melquíades, así se llamaba el padre de la niña, pasaba sacos de café desde Portugal a España, atravesando el río Miño, alguien, una noche, avisó a la Guardia Civil y hubo dos muertos. Uno era Melquiades. 
     La niña, Elena, como su madre, vivía con la abuela paterna en Évora. La abuela iba haciéndose mayor y quería encontrar a los familiares payos de su nieta antes de morir. Al enterarse de que nosotros veníamos a trabajar por acá, me pidió, en nombre de la Hermandad Gitana, que la trajésemos con nosotros. 
     La buena mujer estaba mal de salud y no quería que la pequeña se encontrase sola si algo le ocurriese a ella. Nos habló de que su nuera había nacido en San Martín de Trebejo, un pueblo cercano a la comarca donde pensábamos buscar trabajo.
     Mi mujer es de ánimo alegre y dijo que “churumbel más o menos, poco peso…” Creo que le gustó la idea de peinar a una niña, pues ella siempre soñaba, al quedar embarazada, que iba a tener una, y ya ve usted, señora Nati, dijo dirigiéndose a mi abuela, que sólo tenemos varones.
      —Mejor para ustedes, contestó mi abuela. Los niños enseguida arriman el hombro.
      —Tiene usted razón. 
     Mi abuelo escuchaba atentamente sin despegar los labios. Aquella noche, sin decir nada a nadie, ni siquiera a la abuela, tomó la decisión de buscar a la familia de la pequeña Elena.
     Al día siguiente se acercó con su caballo hasta Acebo, el pueblo donde vivían sus hermanos. Les habló de la niña y luego se dirigió al cuartelillo para hablar con el sargento y contarle el caso. Todos le prometieron colaborar en aquella tarea.
     Pasaron varios días. Una noche, cuando ya los pequeños estábamos acostados, llamaron a la puerta. Era la pareja de la Guardia Civil. Y le dieron a los mayores buena información: en la feria de caballos de Coria, en el mes de junio pasado, corrió de boca en boca la historia de aquel matrimonio entre paya y gitano. Así como el trágico desenlace de sus amores. Se dijo también que una hermana de la madre de Elena había buscado a la pequeña en todas las ferias de los alrededores en las que participaban muchos gitanos. Pero no tuvo suerte y nadie supo darle ninguna pista acertada.

     Gracias al alcalde de San Martín de Trebejo, que hizo todo lo posible por averiguar el paradero de la tía de la niña se supo que se había casado y vivía en Sevilla. Las gestiones oportunas dieron buen resultado. Y, al fin, para todos llegó una buena noticia, tras unos días de espera, tía y sobrina iban a encontrarse.
      Cuando al despertarnos al día siguiente, nos advirtieron de la posibilidad de la llegada del familiar de Elena, nos quedamos quietos y mudos. Los niños la querían como a una hermana y la separación les iba a resultar difícil. También a mí, a pesar de que la había conocido pocas semanas antes. El juego nos había unido y aquella noticia, en vez de alegrarnos, la verdad es que nos llenó de pena.
      Pero no siempre las cosas son como se piensan. A la semana siguiente llegó la tía de la niña; era muy parecida a Elena: el mismo pelo, los mismos ojos, el tono blanquísimo de su piel. La emoción del encuentro, y el abrazo y los besos con los que la pequeña era estrechada y querida, hicieron que todos los presentes nos sintiéramos felices. Y, sobre todo, jamás he olvidado las dulces y serenas palabras de mi abuela Natividad:
     —¡Bendito sea Dios!-. Esta es la mejor Navidad que recuerdo.
      Sor Carmen se para, recorre con la vista al grupo, da una palmada fuerte y dice:
     —¡Vaya! Solo os habéis dormido dos. Pero son los años, que pesan mucho, ¿verdad?
     Pues a moverse, a cantar villancicos, como si fuerais niños por las calles del pueblo dándole aire a las castañuelas, a las panderetas, a la zambomba, a la cuchara rascando la botella de anís, a ver si no dejamos dormir al Niño y que nos mire.
     “Campana sobre campana…”

Actualización feb2026 | 💥+2002 👀





Sentir de la palabra

SOBRE ESTA BITÁCORA

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Esta bitácora nace en noviembre de 2008 con el ánimo de divulgar historias curiosas y entretenidas. Son 19 años acudiendo diariamente a la llamada de amigos que vienen de todo el mundo. Con +9.412.500 visitas, un mapa del románico abierto a finales de 2023 que ya ha recibido +1.408.500 consultas y +6.100 artículos en nuestra hemeroteca, iniciamos una nueva andadura. Comparta, Comente, síganos por nuestros canales de Facebook y Wasap. Y disfrute. ¡Es gratis!

5 comentarios en el blog:

  1. Aunque no es normal en esta bitácora curiosa, ver relatos tan largos, los doce años de trayectoria casi nos lo pedían. Y tú nos has llevado por ese mundo del relato que dominas, al filo de este 2020.
    ¡Feliz Navidad y próspero año!

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  2. Gracias Froilán por esta publicación. La fotografía perfecta. Ellas, lindísimas, como nietas del abuelo. Buen año y que sigas con tantos seguidores en tu blog. Fue estupendo contactar con Carmen garcía Guadilla.
    Un abrazo Carmen Arroyo

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  3. perdón por la prisa..."García"

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  4. Felicitaciones Carmen Arroyo por ser tan talentosa, no en vano tienes tantos éxitos y premios y los que vendrán, gracias por ser como eres, toda bondad y amor..Feliz año.

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  5. ¡Hola Marta! Ya veo que desde Argentina sigues recordando nuestra amistad de largos años y me alegra. La vida se nos va pero los recuerdos permanecen en ese lugarcito de la memoria que reservamos siempre para las personas que nos quieren o nos quisieron pero que ya no están con nosotros. Pienso que mientras podamos asomarnos a ese espacio íntimo y personal, el mundo seguirá siendo hermoso y es lo que te deseo de corazón. Salúdame a Adriana y para ti mi cariño de siempre. Carmen

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🔻 El Balcón derruido de La Ojeda
📒Marta Redondo | Periodista | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒 Una de las personas que actualmente está luchando para que nadie se olvide de la construcción románica es otro hijo de la tierra de la Ojeda, Amando Vega. Desde hace tiempo viene investigando el abandono, «creo que fue a finales de los años sesenta, pero la iglesia en el año 1975 estaba en perfecto estado. En esa época no faltaron gamberros y ladrones oportunistas que forzaban sistemáticamente puertas y ventanas para ver que había». © curioson 👇

De la sección de la autora: Una Mirada al Pasado +1066👀



🔻 Antonio Robledo, barbero
📒 Alfonso Santamaría Diez | Castrojeriz (Burgos). Vive y escribe desde Palencia

📒 Antonio Robledo Gómez, es el último barbero-peluquero de la capital palentina que, a pesar de haber cumplido 79 años sigue al pie del cañón por apego a su oficio y a sus clientes: “No valgo para pedir, nunca he pedido nada, siempre he corrido con mi riesgo. Ahora mismo no trabajo por dinero, sino porque disfruto cortando el pelo y tengo contacto con la gente” © curioson 👇

De la sección del autor: Palencia en mis recuerdos | +1.301👀



🔻 Arthur Rimbaud, mito de la literatura moderna
📒 Beatriz Quintana Jato | Catedrática de Literatura

📒 Compuso a los diez años su primer poema, y dejó de escribir a los diecinueve, cuando se encontraba en la cumbre de su genio; pero antes, a los ocho años recién cumplidos, escribía en su cuadernillo de notas: “¡Diantre! Yo seré rentista. No tiene nada de agradable eso de gastar los pantalones sobre los bancos de la clase...” © curioson 👇

De la sección de la autora: Autores de Nuestra Historia | +818👀



🔻 Concentración de románico en Palencia II
📒 Cristina Párbole | Historiadora | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒La particular situación geográfica en la que se encuentra el norte de Palencia es una de las principales causas de la gran cantidad de iglesias románicas. Palencia es el nexo de unión entre la extensa y llana Tierra de Campos y la escarpada Cordillera Cantábrica. Su cercanía con el mar será también muy importante e influirá en la concentración de románico. © curioson 👇

De la sección de la autora: Románico curioso | +1.360👀



🔻 La Bella Dama de La Peña Redonda
📒 Eduardo Gutiérrez | Escritor y Fotógrafo nacido en Guardo | Escribe desde Palencia

📒Dibuja orgullosa su alargada sombra proyectando su perfil sobre el horizonte montañoso del norte palentino; un lugar de ensueño, jalonado con el legado patrimonial y cultural que la historia le ha otorgado. El templo, bendecido a la Virgen de la Asunción, ofrece en agradecimiento a estas tierras de gentes austeras, sobrias y trabajadoras, siempre hospitalarias, su más imponente imagen, acuñada en tiempos del tardorrománico rural palentino. © curioson 👇

De la sección del Autor: Dentro de mi mochila | +2.160👀



🔻 Calmar la ansiedad
📒 Fernando Martín Aduriz | Psicólogo | Alma del Ateneo de Palencia

📒El intento es siempre singular, pero hay usos colectivos. Se trata de burlar la espera tanto como apaciguar ese tormento interior que a tantas personas impide hacer vida normal (si es que existe tal cosa). © curioson 👇

De la sección del autor: Mejor no comprender | +484👀



📒 EN PORTADA | UNA RUTA CADA DÍA +646👀

El anillo de Picos

El Anillo Vindio, la menos exigente de las opciones del Anillo de Picos, recorre el Macizo Occidental o Cornión, por parajes espectaculares....