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Edén en Agüero | Curiosón

Edén en Agüero

Gran Guía de Templos Románicos

Templo de Santiago | Agüero



Reconozco que mi carácter un poco gruñón, propio de mi raza y pedigrí, a veces me asalta haciendo estallar en añicos las elementales normas de educación canina. Cuando eso ocurre, las normas del mejor amigo del hombre desaparecen y despotrico a mis anchas contra este humano que me tocó en adopción. Digo esto, creo, que impulsado por la lista de deseos que solemos hacer en período vacacional, donde el hacer régimen, ir al gimnasio y dejar de fumar se unen a progresar en un sentido de comprensión y mayor cariño a la gente que te rodea. Por eso hoy no os contaré las barrabasadas a que me somete mi pareja adoptiva, sino alguno de los "detalles" que en mi vida mortal me ofreció.

No puedo precisar si fueron los efectos del anís del mono o una sentencia favorable lo que motivaron que aquella mañana de abril de 2010 decidiera invitarme a una excursión de esas de todo incluido.  Así las cosas, acepté encantado la propuesta y... ¡ carretera y manta!.

En el confín occidental de la provincia de Huesca, que mira a Zaragoza, se encuentra el pueblo de Agüero situado en un cerro al pie de una montaña de conglomerado terciario que forma caprichosas agujas o mallos, como por allí los llaman.


El paisaje y el lugar un lujo y el recibimiento mejor, pues fui recibido por la nutrida charpa de esos "excursionistas" de los que os he venido hablando que dicen que se dedican a estudiar y descubrir asuntillos del románico mientras se pegan unas ágapes y merendolas de órdago.


Me los encuentro a mesa y mantel puestos en la puerta de un templo del siglo XI,  levantado sobre un montículo donde existió un castillo, que tiene planta basilical, rectangular y triabsidial con tres naves de 13 metros la central y 8,50 de ancho y alto, y de 10,50 metros de largo y 6,60 de ancho las laterales, según oí comentar a Xavi, el técnico en arquitectura de la panda, que se dedica a medir hasta las porciones de longaniza ( que no hay que confundir con butifarra, ¡home!) de los platos de la mesa.


El lugar elegido para la comilona es precioso. Está en el lado sur donde se abre la puerta de ingreso y formada por cuatro arquivoltas de medio punto, en gradación, apoyadas sobre fustes cilíndricos con zócalo y capiteles interesantes que van dando cobijo a un tímpano con la escena de la Epifanía. Encima, seis canes historiados que sujetan el tejaroz y más arriba otros ocho en el muro.


En esto estaba yo cuando uno de estos tragones románicos se propuso contabilizar los signos lapidarios que abundan en el templo y mientras todos engullían exquisitos manjares, me encomendaron que fuera señalándolos con ladridos. De las aproximadamente cincuenta que hay, me centré en una curiosa de ANOLL. Creía que las había contado todas y en un descanso de esfínteres desahogué mi vejiga en una basa interior donde Baruk descubrió otra no catalogada hasta entonces.


Ya dentro, comprobé la factura inacabada del templo y sus modificaciones del siglo XIII. Y digo inacabada porque la doble imposta que corre los ábsides se interrumpe al muro de pie, más tosco y el arco de la capilla del Evangelio descansa sobre el muro y no en pilar.


Pero lo mejor fue lo de la llave. No, lo de la llave de entrada no, que esa ya la teníamos,


sino la que existe grabada en sillares y que ha sido objeto de tan descabelladas teorías como la de que la inscripción de ANOLL se refiere al nombre del Maestro y a la llave como su marca de cantería.


Y como allí nadie se ponía de acuerdo, tomamos camino de regreso. El caso es que indagando en los arcaicos caminos jacobeos de Aragón -en concreto el trayecto de Jaca a Berdún-,  reparamos en la zona conocida como la cuesta de Paco Mondano, denominación que resulta de una singular derivación fonética de su primigenio término: el opaco del Monte de Annol. –“Paco” equivaldría a opaco (umbría), mientras que “Mondano” es la contracción de Monte de Annol. Para facilitar el tránsito de los viajeros en tan montaraz lugar, se tuvo que excavar el camino jacobeo en la propia roca. Testimonio escrito de este ancestral camino, queda registrado en un documento de 1032 donde se anota una donación hecha por Godofredo al Monasterio de San Juan de la Peña: "... el de Aragon facit transitum ad Gradil de Monte Anulo et ascendit directum...”. Sabemos que Anoll en lengua catalana y en aragonesa de Huesca, significa la cualidad de añojo del ganado, por lo que nos ha resultado muy interesante conocer que, en las recientes excavaciones arqueológicas del paso del Gradil, se ha exhumado el graderío natural, un muro de contención y el estrecho que servía de contador de ganados.


Superado el paso del Gradil, ya en forma de ancho camino, seguía la vía pública por la actual “Peña del Hospital”, que toma hoy su nombre en referencia al casi desaparecido cerro (Monte Annol o Anulo) y que resultó disminuido en su altura por servir de cantera de piedra y al hospital de peregrinos que señoreaba el lugar, el Hospital de Anol. El hospital ya se menciona en el año 1200 cuando García de Ahonés le concedió varias rentas para contribuir a su mantenimiento.

A los pies del monte, se encuentra la cantera del monte Anoll o Anulo
  

 y el antiguo Hospital de peregrinos Annol.


Posteriormente, tras la Desamortización de Mendizábal, se convirtió en la venta de Esculabolsas y que pervive actualmente como Hotel Aragón. Ahí estuvimos para conocer el lugar, palpar sus vibraciones, saborear su menú que mantiene el nombre de Esculabolsas, y hablar con Jaime, actual regente del hotel, que nos contó muy amablemente la historia de este lugar y nos facilitó importante información que ayudo a dar luz a nuestras pesquisas.


Y en cuanto a la famosa llave, pues... ¡ tira p´arriba Mongui, que tú puedes!.


Entre la documentación que nos fue posible consultar sobre la historia del lugar, ninguna nos ha iluminado tanto como el Diccionario Histórico-Geográfico de la Diócesis de Jaca, donde consta registradas en Agüero gran cantidad de donaciones efectuadas por personas de prestigio y, de las cuales, destacamos la siguiente mención: "Don Bancio, don Lope, don García y don Galindo, que fueron de Agüero y entraron en San Juan (se hicieron monjes) dieron cada uno al monasterio varias heredades y viñas. (Año 1027)"

Tras ello, especifica dicho libro, que también hay registrada una relación de las compras hechas por los monjes en Agüero, al parecer para redondear las fincas de las anteriores donaciones, que suponemos,  complementaban su "dote de ingreso". Pero lo más significativo de estos nuevos monjes, es el oficio de uno de ellos: "A don Bancio se le llama "llavero del Rey".  O sea, su clavero/tesorero. El llavero o clavero que era escogido entre personas solventes e intachables se encargaba de gestionar los asuntos económicos. Vendría a ser para el Rey, como un homólogo de San Pedro, al que se le ha otorgado confianza y poder para abrir y cerrar las arcas

Y así, entre bocado y bocado volví a caer "emboscado".


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