Edén en Revilla de Collazos
Habituado, como estaba a las canículas augustinas almerienses, aquel verano palentino de 2010 me resultó soportable.
Templo de San Andrés
Revilla de Collazos | Palencia
Decidí conocer un lugar que siempre me había resultado enigmático para intentar explicar y explicarte los interrogantes que me suscitaba para explicarme y explicártelo como nadie, nunca jamás, te lo ha contado.
Mi primera duda surge de la denominación del propio pueblo porque nunca debió ser apellidado y poder gozar de nombre propio, pues Revilla nunca fue de Collazos, sino “ Ribiella çerca de Collaços”, tal y como lo define el Libro Becerro de las Behetrías.
La segunda duda que se me plantea es respecto a la advocación de su templo románico a San Andrés. Si te fijas y reparas, nada en su construcción refleja ni contiene motivo que justifique o represente al santo a quien se dedica. Fue el imaginario popular quien, en su corta ilustración y desmedida fe, quiso ver en las lanzas cruzadas de un capitel historiado, la cruz en aspa del episodio martirologio del santo hasta que el inconmensurable García Guinea reparó por vez primera, en su representación e interpretación, la escena sobre la leyenda de la ascensión de Alejandro Magno a los cielos que la moralidad eclesiástica medieval contribuyó desde el púlpito a relacionarlo como indicio a un carácter orgulloso, ambicioso y soberbio del “Exemplum superbiae” con el que combatir el pecado del orgullo.
Y así fue hasta que autores posteriores, estudiando su contexto de capitel enfrentado al positivo de la Pax Dei y Tregua Domini, recalaron en un sentido simbológico positivo en el que, denostando referencias al rey sumerio Etana, Nemrod o la griega de Belerofonte y Pegaso, acuden a las representaciones positivas bizantinas donde esta representación es considerada como la carrera de un cristiano ejemplar en su búsqueda laudable para conocer las cuestiones celestiales y la profética prefiguración de la resurrección de Cristo como ejemplo de la aspiración del alma a entrar en la Jerusalén celeste.
Significado ambiguo que enfrenta el gesto macedonio temerario para vencer la soberbia ( “osadía humana vencida por los dioses”) frente a la alegoría del alma que busca y aspira a la salvación con la ayuda de animales apotropaicos, protectores y custodios (grifos) como psicopompos que ayudan a conducir el alma de los bienaventurados en su camino al Más Allá..
Y en ello me ayuda mi mascota humana recordando el pasaje del Libro de Alexandre de Pseudo-Calístenes ( Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia II, 41) leyéndome parte de su pasaje: “ Luego de nuevo reflexioné, hablando conmigo mismo, si allí estaba verdaderamente el confín último de la tierra por donde se encurva el cielo y quise investigar la verdad. Eran aves blancas, grandísimas, muy poderosas y mansas. Algunos soldados se habían subido encima de ellas agarrados a sus cuellos y las aves habían echado a volar llevándolos sobre sus lomos. Habíamos capturado dos de ellas y ordené no darles alimento en plazo de tres días. Al tercer día dispuse que prepararan un madero en forma de yugo y que lo ataran a sus cuellos. Luego hice preparar la piel de un buey en forma de cesto y yo me metí en él llevando en la mano una lanza como de siete codos de larga que tenía en la punta el hígado de un caballo. Enseguida echaron a volar las aves para devorar el hígado y yo ascendí con ellas por el aire, de tal modo que ya me parecía estar cerca del cielo”.
Reconfortado íntimamente en esta resolución, me propuse abordar mi tercera duda que no era sino la de interpretar el elemento románico más famoso y referente románico de este templo cual es el de su estatua-columna que, procedente de una columna de la primitiva ventana exterior del ábside, es ahora reutilizada con función de atril expuesta de modo exento en el antepecho del altar.
Mide 1,20 metros de alta y se compone de basa sobre plinto con toro inferior con cabeza de felino. En el fuste, aparece representada la figura de un músico barbado y larga cabellera de ojos almendrados que vestido con túnica y sayón de ondulados pliegues, sujeta en sus manos una viola de arco.
Se ha venido y viene identificando con la representación del rey David y a mí, perrito inconformista, me sugiere dudas la certeza de esta identificación, porque si bien es cierto que ya en la Biblia tenemos constancia de la habilidad musical de David (1 Samuel, 16:14-23 y 2 Samuel 6:14-15 y Salmo 57) y de hasta la organización de un coro de levitas para alabar y adorar al dios, no hay que dejar en reparar que David tocaba el arpa, la lira y la flauta, mientras que el resto de los miembros de su coro, Asaf, Hemán y Jedutún se encargaban de platillos, arpas y liras, por lo que la figura representada en esta estatua-columna de Revilla de Collazos, carente de lira y arpa y de atributos de realeza ( corona y túnica) y sobre todo – y esto es lo más decisivo para mí– la postura de las piernas no dobladas en forma de 4, me inclinan a pensar y proponer su lectura y comprensión como el retrato de un famoso tañedor de viola de la época y del lugar antes que atribuirla al segundo rey de Israel.
Y ahora, por fin, hablemos del templo.
Se distinguen dos fases, la románica de finales del siglo XII y las reformas del XVI y XVII de lo que resta de lo original es el ábside y el presbiterio rectangular con el exterior en tres calles con contrafuerte divido en dos pisos exteriores con triple hilera abilletada.
Interiormente, hemiciclo de cascarón apuntado y arco triunfal descansado sobre columnas. Naves rectangulares con bóvedas de crucería fruto de la reforma y sobre el cuerpo occidental, torre campanario de torre cuadrada.
Se accede a él mediante escalera de caracol.
Altar protogótico con capiteles vegetales y pila bautismal gótica de copa troncocónica lisa de 125 centímetros de diámetro y 92 de altura decorada con sogueado y trono de leones.
Bueno, ¡ya está!. Ahora vas y lo cuentas.




























