Ramiro de Maeztu [Vitoria, 4 de mayo de 1874-Aravaca, 29 de octubre de 1936]
📘 curioson | De cien en cien

● “Me ha ocurrido que cuando la alabanza inglesa absorbía mi personalidad, alejándome de los vínculos espirituales que me ligan a la patria, he abandonado Londres más que de prisa, para ir a España ¡No, no!; ¡antes que nada, soy español!”

Sobre España y los españoles | +2.585👀



Botuca, cuento para los mineros

Estampa-Cuento para los mineros

Pina era la subida hasta llegar al "agujero", entre matorros, calicatas y escombreras seminegras, semiterrosas.



Pero no había más remedio. Había sonado "la berrona", como algunos llamaban a la estridente sirena que señalaba la hora de ir al trabajo y no había que esperar a más. Paso a paso, con la fatiga de los ancianos o de los asmáticos, el resollar del pecho, con la cara taciturna reflejo de desgana o de temor, así iban llegando al lado del castillete erguido sobre el pozo maestro por el que habían de descender. Allí se hacían los comentarios, se recibían las órdenes de capataces o vigilantes, fumando el último pitillo, mientras llegaba el turno de tomar "la jaula". No es la hora en que el minero se siente alegre ni más comunicativo. Parece sentir una preocupación, quizá la del peligro, quizá la del deber...

No en todos los rostros se observaba igual gesto. Los jóvenes, sintiendo su sangre moza, retozones y alegres, hablando de rapazas, de bailes y fiestas incansables. Para ellos la mina es otra novia; por eso luchan con ella con más denuedo, queriendo vencerla, dominarla con su ambición. Nadie mejor que ellos para celebrar esa lucha de enfrentarse con lo que otros no desean. Decir juventud es decir temeridad.

Botuca tenía alma joven. Unas canas en su barba no decían juventud, hablaban de un cincuentón. En la piel de sus manos y en su cara había carbón de todas las minas del país mezclado con su sangre; tatuaje impreso a golpes. Tales cicatrices llamábalas él con su buen humor "sus condecoraciones". Sentado sobre un montón de tablos, con una "racha" en la mano, miraba hacia el espeso y alto robledal en espera de la jaula. Se diría que estaba con su cuento de la lechera. Pensaba en sí, en su familia y se gozaba en sus pensamientos. Se iban a terminar los años duros. Iba a descansar. Iba a dejar la mina sin que a los suyos les faltase nada. Sus hijos tendrían un porvenir. La mujer viviría tranquila, gozaría del campo cercano a la casuca de adobe, atropando para los bichos que pudiera criar. A él, algo le cantaba el fuelle; tenía un dique de piedras en los pulmones. Le darían silicoso. Mañana un día más y después... que siga la vida. De su soliloquio le sacan unos compañeros.

—¡Va a ser la hora!. ¡Ya sube la jaula!.

"No lo pienses más, amigo, esto es lo de siempre: "Vamos p´adentro". Se levanta con lentitud aquella estampa de minero sobre "corochas", madreñas de altos "tarugos", su boina calada al entrecejo, enfundado su traje azul, chaquetilla y bombacho recogido, portando al hombro lo que él llamaba su "doble": su morrala y su botuca, la bota que le dio el apodo. Dicho fardelillo, oscuro, casi azul, anudado, que portaba el bocado y la pequeña bota con vino para remojarlo, eran cosas consustanciales con el tipo, atributos característicos. Ver a un minero sin ellos es verle falto de herramientas. En la enseña profesional, trípticamente representada por pala, maza y pica, había que añadir esa doble expresión señalada por Botuca pues sin él, no hay festejo, no se llenan vagones, no sale el carbón. Ya sabe Botuca que aquello es lo de siempre. De su filosofía saca enseguida la sentencia:

—¡Vayamos ya, que a mí me quedan pocas! Y en verdad que por un lado lo siento.

Echaré de menos este hotel con tantos pisos y tantas habitaciones. Este es el hogar de las incomodidades y de las insuficiencias, de donde salen las suficientes comodidades para otros hogares. No habrá verano sin nosotros... cuando faltemos los mineros, habrá invierno para todos. Lo blanco es luz, también es frío, es nieve, es color de sudario mortuorio; lo negro es carbón, también es luz, es calor y frío. Es eterno. Tira Botuca el rachón que llevaba en la mano. Entre el grupo al que se acerca está su ayudante Nin. Antes de poner el pie en el ascensor, Botuca le pregunta si pasó por la enfermería a buscar el bisturí. Nin no conoce ni entiende el raro léxico de su compañero. En la mano trae la pica recién punteada por el herrero. También trae lámparas. Entrega la correspondiente a Botuca que le llama "amiga" y "luz de mis ojos"; pasa el gancho sobre el cuello y con esto se acomoda el primero en la jaula. Hecho el completo, el portero da los toques. Vertiginosamente desciende, quedando engullidos en las sombras. Al paso de los pisos se oyen voces y saludos. De vez en cuando las chapas de la jaula suenan retumbando como un gong. Ruído de timbal o batintín que resuena en el ingente vacío como un lúgubre anuncio de la llegada de aquella legión de topos humanos. Echaron los tacos y llegados ya, se despiden unos de otros camino de sus puntos. Andando va sobre el fango, bajo una sólida y pétrea bóveda, apercibiendo en el ambiente un fuerte olor a húmedo y a madera putrefacta. Al llegar a un travesal (transversal) les da alcance un vigilante: -Cuando llegues a la guía, no se te olvide desatrancar aquel coladero que tienes cerca. No hay tufo en él y en ti confío.

—Así se hará, es la respuesta.

Un caballista con su tren llega a su altura. El paso es estrecho y hay que pegarse a los cuadros. "Hala, Botuca, que vas despacio. No pareces el de otros días" -le dice el caballista, a la vez que sobre la panza del macho propina un buen palo. ¡Ánimo que mañana es día de paga y será un buen día!. ¡Habrá romería!.

El corte no estaba cerca. Ya en él, Botuca descuelga su doble y cuelga a su amiga de un cuadro. Lo primero es lo primero. El buen minero ha de mojar el garguero y, quitándole el tapón a su bota, la levanta en alto y con sus calludas manos, que casi anquilosadas por el uso de la herramienta están medio cerradas, comprime el lustroso pellejo y éste obligado expele un chorro vinícola que con ruido de surtidor riega la laringe del bebedor. ¡Con qué satisfacción lo paladea y relame! Parece que un elixir de vida le ha tonificado, dándole vigor.

Empieza la tarea. Su ayudante pelea en la esquistera dejando limpio para recibir el carbón que a la vista tienen. Es una capa muy rica y nueva. Se oye cantar la madera por lo que aprieta el terreno. En el rudo trabajo, medio de pie, medio sentado, Botuca canta y pica. Nin palea. Luego se disponen a poner la madera. Con manos expertas en breves minutos a golpes de hacha quedan preparados los asientos. En lo que Nin hace las balsas para empotrar el pie y el patuco, Botuca remata las trabancas, y con eso se ha ido el tiempo; poco después queda completado y firmemente acuñado el cuadro. Merece un trago la faena. Conversan sobre su labor. -Bien podían haber mandado la sonda pues me parece que este carbón se desgrana mucho y se podía desangrar. ¡Más vale prevenir que lamentar! Botuca era desconfiado pero prudente. Y cada vez tenía más miedo a que saliera "el paisano" como el llamaba al "grisú". No era la primera vez que se vio enterrado o que le sacaron medio asfixiado sufriendo una fuerte antrogemia (intoxicación por el óxido de carbono) que le tuvo sin ser hombre varios días, cuando no quedó aprisionado entre maderas y terrenos, esperando la salvación o la hora final. Hubo una vez que sintió hasta hambre y chupando madero y la correa del cinto esperó estoico. Menos mal que no le faltó agua y a mano estaba su querida botuca, que aunque pequeña era muy grande...

Terminado su yantar, Botuca cuenta a su pinche los deseos de abandonar la mina:

—Esto es para los jóvenes, para vosotros. Yo lo siento, no hubiera cambiado nunca pero ya no puede ser. Ya no volveré. Me quedaré para vivir, pondré un pequeño negocio si puedo, y tendré tiempo, criaré gallinas, conejos, o algo, pero tengo que ayudar a mi hijo a que se haga capataz. Quiero que sea minero, que se interese por esto, que aquí hacen falta hombres de saber. Mi Goro será capataz y mi Nela será maestra. Quizá sea mucho pedir, pero lo haré. Tengo mis planes y me saldré con la mía.

Esto no le gustaba mucho a Nin, porque él puso ya los ojos en Nela, rapaza hecha con sus diecisiete, núbil promesa para el mozuco palero que a la vez no quería que Goro montase por encima de él; que fuera minero sí, pero capataz, no; no si había de ser como alguno que pudo conocer. Algunos se endiosaban, no se acordaban de lo que fueron, se les sube a la cabeza el cargo y ya no son como los demás. Se puede ser emperador pero seguir siendo hombre sin soberbia. Para mandar no se debe olvidar y a Goro podía pasarle... Hoy, amigos; mañana, enemigos. No era envidia, era recelo y temor de la diferencia del tener o no tener, de ser más o menos y con ello ver perderse aquella ilusión, morena ilusión, ilusión minera.

Para cortar Nin preguntó la hora.

—.El guaje, que está en el primer testero de la rampa con Quico, tiene un reloj como una fiambrera de grande. Vete a preguntarle.

De dos saltos sube Nin a la rampa y trepando por frenos y tijeras arriba, llega a preguntar la hora. Pronto será el relevo.

Pero Nin no puede dar la respuesta. Algo inexplicable hacía sucedido. Un estruendo fragoroso, momentáneo, resonó.

Botuca, cumplidor, se había ido a desatrancar el coladero en tanto Nin volvía. Fue solo. No debió hacerlo. Pudo más el carbón, Se cegó. Sintió nublarse su vista. Pero, ¿por qué?, ¿acaso él padecía de esa enfermedad que ciega al minero? (nistagmo). ¿Era tal vez por la debilidad que hace tiempo venía sintiendo? Ello podía perturbar notablemente, sobre todo si era lo que él tenía entendido por anemia de los mineros (anquilostomiasis). Lo cierto es que quedó aplastado debajo de una piedra. Así remató su vida aquel pobre hombre. Todos lo sintieron cuando en una sangrienta camilla le condujeron al depósito del cementerio. De una de las manillas colgaba la morrala y la bota, aquel doble de Botuca que siempre le acompañó. Viéndolo colgar, nadie preguntaba ya. Era reconocido y sabido. o decía su emblema: era Botuca el muerto.

Ilusión con esperanza, habéis cambiado de color para brillar como el carbón: brillo negro, brillo de esperanza minera, como aquella ilusión que a Nin desvanecía. Nela sería para él y Goro sería su amigo. No sería capataz, sería minero.

Esto era lo de siempre. La viuda no tendría consuelo, no ayudaría a Botuca a atropar nada. Lo que ella atropase sería en las escombreras: perlas de sudor, gotas de sangre, rubíes de fuego nunca bien apagados, regando con lágrimas por el sudor de aquel que lo dio todo, que antes enfermó para sucumbir. Su gozo era ser silicoso o antracoso, porque en ello le parecía encontrar la recompensa, el pago a todos sus esfuerzos.

Pobre Botuca. Pobre minero. Tú y todos los que como tú lo dais todo para ayuda del progreso, nunca seréis bien pagados ni considerados lo bastante, para que el premio que merecéis alcance vuestras ilusiones.

Actualización febrero2026 | 💥+626👀

CUENTO
©Arturo Pérez González
Revista Literaria Pernía, Núm. 1 Octubre de 1984 Edita y Dirige: Froilán de Lózar


SOBRE ESTA BITÁCORA

Author image

Esta bitácora nace en noviembre de 2008 con el ánimo de divulgar historias curiosas y entretenidas. Son 19 años acudiendo diariamente a la llamada de amigos que vienen de todo el mundo. Con +9.412.500 visitas, un mapa del románico abierto a finales de 2023 que ya ha recibido +1.408.500 consultas y +6.100 artículos en nuestra hemeroteca, iniciamos una nueva andadura. Comparta, Comente, síganos por nuestros canales de Facebook y Wasap. Y disfrute. ¡Es gratis!

🔻 El Balcón derruido de La Ojeda
📒Marta Redondo | Periodista | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒 Una de las personas que actualmente está luchando para que nadie se olvide de la construcción románica es otro hijo de la tierra de la Ojeda, Amando Vega. Desde hace tiempo viene investigando el abandono, «creo que fue a finales de los años sesenta, pero la iglesia en el año 1975 estaba en perfecto estado. En esa época no faltaron gamberros y ladrones oportunistas que forzaban sistemáticamente puertas y ventanas para ver que había». © curioson 👇

De la sección de la autora: Una Mirada al Pasado +1066👀



🔻 Antonio Robledo, barbero
📒 Alfonso Santamaría Diez | Castrojeriz (Burgos). Vive y escribe desde Palencia

📒 Antonio Robledo Gómez, es el último barbero-peluquero de la capital palentina que, a pesar de haber cumplido 79 años sigue al pie del cañón por apego a su oficio y a sus clientes: “No valgo para pedir, nunca he pedido nada, siempre he corrido con mi riesgo. Ahora mismo no trabajo por dinero, sino porque disfruto cortando el pelo y tengo contacto con la gente” © curioson 👇

De la sección del autor: Palencia en mis recuerdos | +1.301👀



🔻 Arthur Rimbaud, mito de la literatura moderna
📒 Beatriz Quintana Jato | Catedrática de Literatura

📒 Compuso a los diez años su primer poema, y dejó de escribir a los diecinueve, cuando se encontraba en la cumbre de su genio; pero antes, a los ocho años recién cumplidos, escribía en su cuadernillo de notas: “¡Diantre! Yo seré rentista. No tiene nada de agradable eso de gastar los pantalones sobre los bancos de la clase...” © curioson 👇

De la sección de la autora: Autores de Nuestra Historia | +818👀



🔻 Concentración de románico en Palencia II
📒 Cristina Párbole | Historiadora | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒La particular situación geográfica en la que se encuentra el norte de Palencia es una de las principales causas de la gran cantidad de iglesias románicas. Palencia es el nexo de unión entre la extensa y llana Tierra de Campos y la escarpada Cordillera Cantábrica. Su cercanía con el mar será también muy importante e influirá en la concentración de románico. © curioson 👇

De la sección de la autora: Románico curioso | +1.360👀



🔻 La Bella Dama de La Peña Redonda
📒 Eduardo Gutiérrez | Escritor y Fotógrafo nacido en Guardo | Escribe desde Palencia

📒Dibuja orgullosa su alargada sombra proyectando su perfil sobre el horizonte montañoso del norte palentino; un lugar de ensueño, jalonado con el legado patrimonial y cultural que la historia le ha otorgado. El templo, bendecido a la Virgen de la Asunción, ofrece en agradecimiento a estas tierras de gentes austeras, sobrias y trabajadoras, siempre hospitalarias, su más imponente imagen, acuñada en tiempos del tardorrománico rural palentino. © curioson 👇

De la sección del Autor: Dentro de mi mochila | +2.160👀



🔻 Calmar la ansiedad
📒 Fernando Martín Aduriz | Psicólogo | Alma del Ateneo de Palencia

📒El intento es siempre singular, pero hay usos colectivos. Se trata de burlar la espera tanto como apaciguar ese tormento interior que a tantas personas impide hacer vida normal (si es que existe tal cosa). © curioson 👇

De la sección del autor: Mejor no comprender | +484👀



📒 EN PORTADA | UNA RUTA CADA DÍA +646👀

El anillo de Picos

El Anillo Vindio, la menos exigente de las opciones del Anillo de Picos, recorre el Macizo Occidental o Cornión, por parajes espectaculares....