Qué mejor placer que recorrer Salamanca de la mano de estas amistades, que hicieron de guías hospitalarios en un recorrido inolvidable por la bella ciudad charra, declarada Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco en 1988. Visitar Salamanca es encontrarse con una capital única, con un centro urbano semejante en su colorido, debido a la piedra de Villamayor de Armuña, que se adapta a la perfección al estilo plateresco, provoca en sus edificios una tonalidad similar, y convierte a la capital charra en “Ciudad Dorada”.
A mis amigos Manuel González Sánchez,
a su esposa Brigi, a Agustín Morín, y a
Francisca González del Castillo,
salmantinos de tronío.
Plaza y Ayuntamiento
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Placa conmemorativa del III Centenario de la muerte de Cervantes con texto del licenciado Vidriera. |
No hay más que acercarse a la Plaza Mayor, la Clerecía, las dos Catedrales, la Universidad o el Palacio de Monterrey para quedar impresionado por la belleza y singularidad de estos edificios.
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Foto de la plaza mayor |
La Plaza Mayor
Qué emoción pisar la plaza de las plazas, disfrutar de su ajetreo sentado en una terraza, para darte cuenta de que, sin duda, estás en la mejor plaza del mundo de estilo barroco y en el corazón de la ciudad. Un recinto que respira perfección y envergadura, que invita a recorrerlo palmo a palmo; detenerte en sus columnas y medallones; admirar esas uniformes y bellas balconadas, tan bien cuidadas con sus atractivos ventanales y sus cuarterones centenarios. En esta impecable plaza el turista pasa el tiemplo distraído, se recrea en la contemplación de un monumento único que se disfruta en toda su integridad. Continúa el placer si entras en el popular Café Novelty, el local con más solera que lleva en la Plaza Mayor, nada menos que desde 1905, y en plena guerra civil fue sede de Radio Nacional de España. El Novelty se cobija bajo los soportales que aguantan el edificio de la Casa Consistorial. Al entrar en el Novelty puedes saludar a Gonzalo Torrente Ballester, hablar con él, y ver cómo te mira impasible con sus gafas de culo de botella, apoyado en su cachaba. Qué placer conversar mentalmente con este escritor universal, gallego y salmantino que te habla y te recuerda a los “Gozos y las sombras”. Novelty huele también a Unamuno, a Umbral, y a Carmen Martín Gaite, me imagino sus tertulias de ambiente cargado por el humo de aquellos cigarrillos de petaca.
Contemplar de día la Plaza Mayor salmantina permite descubrir su cosmopolita belleza, más aún cuando se admira la magia del cambio de sus piedras al antojo de la luz. No es menos hermosa esta plaza cuando se ilumina al acabar el día, se transforma con el crepúsculo, mientras se encienden sus incontables farolas, cuya luminiscencia resalta en todas las edificaciones y en cada ornamento. Brilla de forma especial el edificio de la Casa Consistorial, sus banderas y sus edificios anexos.
El ayuntamiento
Es una gozada recorrer el ayuntamiento salmantino de la mano de Brigi, nuestra amiga, antigua trabajadora del consistorio. Nos espera su compañera y amiga que nos lleva a despachos, balconadas y buhardillas. Cuánto honor salir al balcón en el que se pronuncia el pregón, y se lanza el chupinazo que anuncia el inicio de las fiestas. Un privilegio contemplar desde esta balconada toda la Plaza Mayor, maravilloso regalo que mi mujer y yo nunca olvidaremos. Pero aún nos queda por ver la Sala de Visitas y el Salón de Plenos, y bajar y subir por esa imperial escalera que recuerda a Unamuno. Allí está su busto en un pedestal que parece observar y controlar a quien baja o sube. Señorial la Sala de Visitas, con óleos, esculturas, alfombra de gran belleza, un salón de película, que contrasta con la modernidad de su Sala de Plenos.
La Casa Lis
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Casa Lis, Salamanca | Manuel González Sánchez |
Museo Art Nouveau y Ar Déco-Casa Lis
Desde la orilla del río impone la mole de un edificio de cuyo tejado sobresale la esbelta torre de la catedral Nueva, que cobija las campanas que al voltear se escuchan en toda la ciudad. Te acercas y puedes ver la peculiaridad de esta morada, de espléndidas y originales terrazas de doble planta, y esa original balconada que sobresale y enlaza con escaleras imperiales que te elevan a la entrada del edificio. Palacete de principios del siglo XX, que salvó el ayuntamiento de la ruina y convirtió en Museo gracias a la donación de Manuel Ramos Andrade, que legó a la ciudad su inmensa, espectacular y valiosa colección de artes decorativa, cuya inauguración tuvo lugar en el mes de abril de l995, como Museo Art Nouveau y Ar Déco.

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| Entrada de la Casa Lis | Manuel González Sánchez |
La entrada principal de este magnífico y original Museo se encuentra en la parte norte, la que guarda las espaldas a la catedral Nueva. Tras la entrada en el recinto resplandece la luz de la cúpula con una extraordinaria y original vidriera con vidrios emplomados tipo Tiffany, que recuerdan a la arquitectura modernista de Gaudí. Se inicia un recorrido de fábula, en el aprecio de la inusual belleza de todas las piezas, únicas en todas las salas, ninguna deja indiferente.

Se aprecian detallados matices en marfiles y movimiento de criselefantinas, bailarinas y personajes que parecen de juguete. Me encuentro con un idioma desconocido para mí solo entiendo de juguetes, de muñecas francesas y alemanas, de porcelanas y esmaltes, vidrios, y figuras, pero no sé nada de lo que pone en las vitrinas: chiparus, Art Déco, vidrios de la Escuela de Nancy, Hagenauer y criselefantinas. En cambio, aprecio las joyas, bronces, frascos de perfume, así como esas colecciones de abanicos, y los magníficos muebles de época.
No me canso de contemplar esas reliquias de coleccionista, esas maravillas que no podrás ver en ningún lugar del mundo. Me pasaría todo el día en la Casa Lis, sin temor a aburrirme y disfrutar horas y horas de esas piezas, de las esculturas y pinturas, de la bóveda tan bella, de esa cafetería que te traslada al cine clásico, a la Colmena, o al Café Gijón. Vistas increíbles desde la cafetería del viejo y nuevo Salamanca, sin dejar de prestar atención a esas mesas y sillas y mobiliario; y a esa cafetera tan antigua, de impecable perfección. Todo es mágico en esta casa, en la que me encuentro a mi primer jefe y su señora, y a dos concejalas del Ayuntamiento de Paredes de Nava, que vinieron de su pueblo para visitar esta ciudad única, y disfrutar de todo lo que ofrece.
La Hoja 21
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La Hoja 21 | Manuel González Sánchez |
El almuerzo
No hay más que acercarse a la Plaza Mayor, la Clerecía, las dos Catedrales, la Universidad o el Palacio de Monterrey para quedar impresionado por la belleza y singularidad de estos edificios. En el primer capítulo hice mención a la Plaza Mayor y al Ayuntamiento salmantino, en el segundo a la Casa Lis, y en este tercero al Restaurante “La Hoja 21”. Tras la visita detallada a la Plaza Mayor de Salamanca, a su ayuntamiento y a la Casa Lis y tomarnos un vino en el Novelty, disfrutamos allí de la presencia de Torrente Ballester y de la toma de “las jetas”, un manjar de aperitivo, que no es otra cosa que lo que en Palencia llamamos “careta de cerdo”.
No muy lejos de la Casa Lis, y en pleno centro, nuestros amigos reservaron mesa en el conocido Restaurante “La Hoja 21”, en la calle San Pablo, un lugar que me recordó a esas tascas divinas que recorrió el Lazarillo con su amo, que tal vez visitó La Celestina y Fernando de Rojas parió en “La Hoja” su mítica y mundialmente conocida novela.
Especial categoría tiene este establecimiento de entrañable atención, reclamo de viandas y comensales, con dos comedores a tope. Nos sentamos en la mesa y apareció Cristina, la camarera con la carta y su sonrisa, esa que da confianza y presientes que sus recomendaciones van a triunfar en tu paladar y en tu estómago. Demostró la diestra camarera de “La Hoja 21” maestría y temple con la muleta de la carta, supo recomendar lo que más te va a gustar en esa amplia muestra de viandas, porque me da la sensación de que Cristina estuvo en los fogones y comanda de la cocina. Diálogo exquisito, fina educación y una pose que enamora al respetable, más aún cuando te recomienda el vino, un vino rosado de Miranda de Castañar de nombre “El Astronauta” que hizo las delicias por su afrutado paladar, vino muy apropiado para nuestro menú.
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La Hoja 21 | Manuel González Sánchez |
Mientras esperamos que Cristina nos haga llegar las viandas, nos espera un pan candeal espectacular, no pensé que en Salamanca pudiera haber una hogaza de tanta categoría como la de Palencia, que invita a comerte un mendrugo, aunque no tengas con qué untar. Otro dato a destacar de este local es que hace esquina a dos calles, y puedes observar quién viene, o quién va, o un desfile de tractores, conducidos por agricultores que protestan por el maltrato de la Comunidad Europea y del Gobierno de España.
Comentamos, mientras llegan las viandas, todo de lo que hemos disfrutado en la Plaza Mayor, Ayuntamiento y Casa Lis y comenzamos a yantar. Veo que entra en el comedor mi amigo Santi Hidalgo, secretario del Ayuntamiento de Tariego de Cerrato, acompañado de su mujer, hermano, y otros familiares. Cuando estás fuera de casa y encuentras a algún conocido, lo saludas con más afecto que si lo encuentras en Palencia.
El secretario de Tariego eligió el mismo menú que yo, todo igual menos el vino. Me dijo Santi que comió de forma divina, al igual que sus acompañantes, seguro que cuando vuelva a Salamanca volverá a almorzar en “La Hoja 21”.
Tras los postres y cafés partimos al encuentro de Ierónimus, la magia de la catedral y de Salamanca a vista de pájaro, tema del que hablaré en el próximo capítulo.
Las Caballerizas
Hay una cafería-restaurante en la zona de la Universidad que lleva el nombre de su antiguo destino, que si no es por mis amigos no lo habría sabido. Hablo de la antigua cuadra de la Universidad de Salamanca, convertida en la cafetería y restaurante de la Facultad de Filología. Si no eres de esta ciudad será difícil que vayas a las Caballerizas, a no ser que te lo comente alguien de por aquí, tampoco es fácil encontrar la puerta de entrada, escondida en una calle apenas transitada.
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| Las Caballerizas | Manuel González Sánchez |
Un privilegiado me sentí al entrar en este peculiar lugar bajo tierra, la antigua cuadra donde se guardaron tantos caballos. Lo primero que llama la atención es esa inacabable bóveda de ladrillo macizo, que te traslada a otra época, ni más ni menos que al siglo XVII, época en que se construyó como cuadra para albergar los caballos de la Universidad. Otro uso tuvo durante la Guerra Civil, que sirvió como refugio antibombas. Con el tiempo sirvió de almacén, hasta que en 1970 se restauró todo el edificio, y se adaptaron las antiguas cuadras del sótano como cafetería, después como restaurante, con la peculiaridad de que se dejó el ladrillo visto y sus características bóvedas.
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Las caballerizas | Manuel González Sánchez |
Recorrí con agrado el local y vi muchas fotografías que inmortalizan a personajes de la farándula y algunos públicos. Pero para mí lo importante es que por las Caballerizas pasaron los poetas José Hierro y José Luis Ledesma, además del gran Joaquín Sabina.
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Entrada al local | Manuel González Sánchez |
El local de Las Caballerizas me recuerda al desparecido Mesón El Arriero de Dueñas, o a la Sinagoga de Amusco, ambos bajo tierra. Me asombra los arcos y contrafuertes, además de las ventanas, más bien respiraderos, la belleza del lugar es evidente, se asemeja a una de las grandes bodegas terracampinas o cerrateñas, hay ambiente en la antigua cuadra, el horario invita a tomar un vino con jeta, esas marranadas tan ricas, a un pincho o raciones, a embutidos salmantinos o jamón de Guijuelo. Es la hora de comer y qué mejor que probar un menú. Amabilidad palpable en el personal, dan ganas de hablar con todos los que se encuentran en el local, invita a ello la disposición de las mesas.
Por las Caballerizas pasa a diario un importante flujo de personas a desayunar, tomar unos vinos y sus exquisitos pinchos, almorzar, o tomar café. Buen trato y amabilidad y un buen menú, a buen precio y alta calidad, acorde con el buen nombre de la Universidad y de la ciudad.
Las dos catedrales
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Las dos catedrales |
Las catedrales de Salamanca y “Ieronimus”.-
Salamanca dispone de un peculiar tesoro que se aprecia cuando vas llegando a la “ciudad dorada”. Un conjunto único formado por dos catedrales que se dan la mano, cada una con dos estilos bien definidos.
La catedral Vieja
La catedral Vieja es románica, con bóvedas de transición al gótico. Destaca por su peculiar cimborrio, conocido por Torre del Gallo, cubierto de escamas y coronada por la veleta del gallo. Goza esta Vieja catedral en su interior de capillas y antiguas salas capitulares, pinturas murales y el claustro que forma un conjunto de extraordinaria belleza de lo que parece se concibió como una fortaleza almenada compuesta de dos torres, la Mocha y la de las Campanas, que identifican a esta catedral de los siglos XII y XIII.
La Catedral Nueva
La Catedral Nueva de estilo gótico está adosada a la Vieja, contó con la promoción de los Reyes Católicos, y en ella intervinieron maestros arquitectos de la categoría de Juan y Rodrigo Gil de Hontañón, Juan de Álava, o los hermanos Churriguera. En las portadas de la Catedral Nueva destaca el estilo plateresco, que junto con la Universidad es el no va más de este estilo que dibuja las figuras y las labra como un impresionante tapiz de piedra. Destaca la fachada principal de la Catedral Nueva con magníficos relieves platerescos y soberbias esculturas de los siglos XVI y XVII, que provocan la sorpresa y admiración de quien contempla tanta belleza tallada en las piedras de Villamayor de Armuña. No menos interesantes son las portadas labradas en la misma piedra, que todo el mundo admira, incluido al moderno astronauta, añadido de la restauración de 1993. De gran interés y categoría son también las portadas del crucero. En el interior de la Catedral Nueva destaca el Coro de los Canónigos, considerado uno de los mejores conjuntos barrocos españoles. La Capilla Mayor cuenta con una fastuosa bóveda policromada y dorada y dieciocho capillas que circundan la iglesia, con un crucero espectacular por su luminosidad y amplitud; con el Patio Chico y las sacristías, auténticos museos. No se puede entender la belleza de esta catedral sin admirar la espectacularidad y amplitud de su órgano en el que a lo largo de los siglos actuaron los mejores músicos.
Ierónimus
Ierónimus, es la novedad de la visita a las catedrales y permite una escalada real por las Torres Medievales de la catedral y ascender a los cielos de la seo Nueva para contemplar la Vieja, además de los cielos de la ciudad y todo su casco urbano tras recorrer todo el perímetro de la catedral nueva. Admirar desde los cielos tanta belleza hace que te sientas dueño de una esencia única, el espíritu divino se apodera de mi mente, no me puedo explicar cómo surgen esas sensaciones mágicas, todo es hermosura lo que tengo a mi alcance.
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Catedral Vieja |
Disfruto en cada escalón cuando subo y alcanzo nuevas alturas en esos escalones de fácil ascenso, capaces de no atormentar mi corazón, ni provocar cansancio en la subida a los tejados de esa Catedral Nueva y bella, que permite casi tocar la bella y Vieja. Se sube sin tortura esos escalones que te llevan al encuentro de la primera sala, antigua estancia carcelaria de la que se podía entrar, pero no salir. Un amplio aposento en el que se exponen en vitrinas piezas de gran valor, legados y tallas de belleza inusual. Las maravillas están a nuestro alcance, un descanso sentados en los bancos, y la contemplación de tanto arte nos anima a seguir la escalada ya cercana para coronar los tejados y descubrir esas torres inmortales, como son la Torre Mocha y la de las Campanas, y divisar el interior de la catedral desde las alturas. Es un lujo pasear por los tejados de la catedral.
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Interior de la catedral visto desde la pasarela |

Transitamos por esos pasadizos en otro tiempo secretos que nos llevan a contemplar desde los cielos, como si fuéramos un dron toda la hermosura de la iglesia, sus retablos y órganos, sus bancos, columnas, capiteles y todo el esplendor de este monumento único a vista de pájaro. Increíble perspectiva en la que gozan los sentidos, un balcón privilegiado desde el que no te cansas de admirar lo que hay debajo. Impresionante y único, como divisar los tejados de ambas iglesias, toda Salamanca, desde el centro a los extrarradios, además del río Tormes y sus puentes. Nada escapa a los ojos del turista, sorprende la estupenda torre gallonada de la catedral vieja, que tenemos tan cerca, que casi tocamos. Tocar las campanas es el siguiente reto, más altura, más belleza, en un día que invita a disfrutar de esa tarde que se alarga, en la que Salamanca se tiñe de color rojizo, ese que provoca el sol en sus piedras extraídas de las canteras de Villamayor de Armuña, un espectáculo precioso y único, como lo es un recorrido nocturno por Ierónimus.
La Universidad
No podía faltar en mi visita a Salamanca el encuentro con su Universidad, una de las de mayor prestigio del mundo, que destaca por su impresionante belleza y singularidad y forma parte de ese conjunto monumental único que convierte a Salamanca en “Ciudad Dorada”.
Impresiona ver el mundo estudiantil en la universidad de universidades, que cuenta con unos edificios propios donde se imparte la docencia pública. En ellos deslumbra la piedra de Villamayor de Armuña, que se adapta a la perfección al estilo plateresco como todo el conjunto monumental de la ciudad, desde su imponente fachada a todos sus edificios, que muestran un poderío arquitectónico de una belleza singular.
Recomendable extasiarse con la increíble fachada de la Universidad, considerada la máxima expresión del estilo Plateresco Español, esa que admira desde su estatua Fray Luis de León, quien sin duda no pierde de vista la figura de la rana, no sea que vaya a saltar. Buscar la rana es una tradición para quien contempla por primera vez esta impecable portada plateresca, y para quien la vuelve a contemplar, antes de adentrarse por estas edificaciones únicas y descubrir toda su belleza.
No es gratuita la entrada al conjunto monumental de la Universidad salmantina, pero bien merece la pena pagar para disfrutar de tanto arte desde que entras hasta que sales. Impresiona el interior del edificio que pertenece a las antiguas Escuelas Mayores, donde se estudiaban los más altos grados, y que solo conocía por imágenes de cine y televisión, como ese bello zaguán gótico y sus impresionantes bóvedas en las que está representado el escudo de la Universidad. Desde el zaguán vemos el patio, en torno a él se distribuyen las aulas.

La primera aula que sale a nuestro paso está dedicada a Dorado Montero, prestigioso catedrático de Derecho Penal que consiguió la renovación de la ciencia jurídica en España, en los ámbitos de Derecho Penal y Filosofía del Derecho. Junto a ella encontramos el Aula Unamuno, dedicada a una de las figuras universales de la Universidad de Salamanca, catedrático de griego y dos veces rector de la Universidad, entre los años 1900 a 1914, y desde 1931 a 1936. Al entrar en la mítica y austera Aula Fray Luis de León, la más emblemática de la Universidad, parece que el tiempo se ha detenido porque el aula se conserva tal como era, con esos bancos de madera. Me vinieron a la memoria las célebres palabras que pronunció el maestro agustino religioso, profesor y gran humanista y escritor tras su vuelta de su condena después de cinco años encarcelado por la Inquisición, “Decíamos ayer”, dijo tras su vuelta a la docencia.
Me impresiona el Paraninfo donde se celebran los actos académicos más importantes de la Universidad, ceremonias de graduación, apertura y clausura del curso académico y la proclamación de los doctores honoris causa. El Paraninfo está presidido por un gran dosel con las armas pontificias, símbolo de la Universidad, de gran valor artístico y donado a los estudiantes por el príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos. Destacan los tapices bruselenses del siglo XVII y un cuadro de colores blanco, negro y gris en la que están representados los Reyes Católicos. Sobresale un retrato de Carlos IV del taller de Goya, una reproducción del original del Museo del Prado. Tras la visita al Paraninfo pasamos por la puerta de otras aulas: el Aula de Francisco de Vitoria, considerado el padre del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos, y la dedicada al rey Alfonso X el Sabio, que tanto contribuyó a la divulgación de las artes y las ciencias, y el Aula Salinas, dedicada al famoso músico catedrático contemporáneo de Fray Luis de León.
Obligada entrada a la Capilla de San Jerónimo, donde se encontraban las pinturas del Cielo de Salamanca, trasladadas a una de las salas del patio de las Escuelas Menores, que también forman parte de la Universidad. Cuenta esta capilla con un retablo barroco, aquí se celebran bodas de alumnos de la Universidad, y está enterrado Fray Luis de León.
Tras visionar todas estas aulas y la capilla, que pertenecieron a las antiguas Escuelas Mayores, procedemos al ascenso a la segunda planta del edificio por la Escalera del Conocimiento, del siglo XVI. Mientras subes se aprecia su alto valor artístico y lo que simboliza, que no es otro que el ascenso al conocimiento, mientras contemplas la bella decoración plateresca, y cómo debe caminar el estudiante para dominar sus vicios y pasiones, y alcanzar la sabiduría, en una representación fantástica de la vida, en el que la juventud, la madurez y senectud, con todos sus riesgos, están representados de forma clara.
Todo el edificio llamó mi atención, pero fue encontrarme con la puerta de la Biblioteca, y quedar prendado de sus estantes, a pesar de que estaba cerrada y no es de extrañar, porque allí se aposentan, se custodian y conservan los manuscritos e incunables de la Universidad de Salamanca. Esta Biblioteca General Histórica fue fundada por el rey Alfonso X el Sabio en 1254, y está considerada como la primera biblioteca pública de Europa.
Antes de la salida del edificio de las Escuelas Mayores pasamos por la tienda oficial de la Universidad, con el nombre de
Mercatus. Allí puedes adquirir recuerdos de tu paso por la Universidad Salmantina.
También llamaron mi atención los distintos “vitor”, que me pude encontrar en la Universidad, emblemas conmemorativos de quienes adquirieron el título de doctor honoris causa, de tantos grandes personajes, escritores y literatos de todo el mundo, entre ellos recientemente figura el otorgado, a título póstumo, a Don Miguel de Unamuno.
Palacio de Monterrey
En este paseo por la ciudad charra y a tan solo cincuenta metros de la Plaza Mayor me sorprendió encontrarme con un palacio que llamó mi atención, el Palacio de Monterrey. Me entero de que es una de las obras más representativas del Renacimiento Español, a pesar de estar inacabado porque solo se edificó un lateral.
El centro de Salamanca es sorprendentemente bello, más aún cuando todos los edificios, tanto religiosos como civiles, parecen del mismo colorido, la clave es su piedra, que procede de Villamayor de Armuña, pueblo salmantino cercano a la capital.
No es de extrañar que el Palacio de Monterrey haya sido un palacio muy admirado e imitado para la construcción de otros palacios, tanto en Hispanoamérica como en España, y de que diese nombre al estilo Monterrey o
neoplateresco. En él se fijaron diversos arquitectos, como el de la diputación de Palencia, el del Museo Arqueológico de Sevilla y varios de la propia Salamanca. Su emblemática torre me recuerda a las torres del Palacio de la Diputación de Palencia, a pesar de que el de Palencia es un edificio modernista y el de Monterrey renacentista. El palacio es propiedad de la Fundación Casa de Alba, que lo posee como uno de sus lugares de residencia. Cuenta en sus torres con espectaculares miradores desde las que se divisa el centro de la ciudad. No me extraña que Don Miguel de Unamuno pasara a diario por delante del palacio para admirar su torre señorial.
Merece la pena visitar su interior y admirar los numerosos escudos de diferentes familias nobles mecenas de la ciudad, sus valiosas obras de arte, tanto en muebles como en tapices, porcelanas, lienzos y esculturas de grandes artistas.
Convento de San Esteban
Salamanca goza de bellos monumentos en los que el plateresco labrado en la piedra de Villamayor de Armuña deslumbra en toda la ciudad, una de estas fachadas es la del Convento de San Esteban, que impresiona por su abundante decoración y belleza singular, bien puede parecer la cuarta catedral de Salamanca, tras la nueva, la Vieja y la Clerecía. De hecho, los salmantinos lo consideran como otra catedral. Es la iglesia del Convento de San Esteban uno de los edificios religiosos más importantes de Salamanca y, por tanto, visita obligada por ser su fachada una de las más bellas del plateresco, auténtico retablo al aire libre. Si la Clerecía es propiedad de los jesuitas, San Esteban es de los dominicos, órdenes con mucha rivalidad, incluso en la actualidad. Es sede de la Pontificia Facultad de Teología.

San Esteban de día es como ver un lienzo labrado en piedra, con filigranas, luces y sombras que por la noche impresiona la luminosidad del edificio, impresionante por fuera y por dentro. Sorprende su única nave y más aún el incomparable Retablo Mayor, obra de Churriguera y sus tres claustros.
Por este convento pasaron grandes personajes de la historia de España: Colón, Santa Teresa, San Ignacio de Loyola, Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria y el Gran Duque de Alba, a quien se dio sepultura en un sepulcro.
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Calle Palominos. Al fondo, San Esteban. |
El convento me trae recuerdos de la boda de mis amigos salmantinos, hace 40 años, cuando mi mujer y yo nos sorprendimos de ese colosal monumento elegido para la ceremonia, un edificio emblemático de Salamanca que quedó para siempre en nuestra memoria.
Escultura de El Lazarillo, Puente romano e Iglesia de Santiago

Es difícil explicar lo que se siente al cruzar el puente romano que se refleja en las aguas del Tormes a la vez que contemplas a las catedrales de fondo. Ahora peatonal, siempre fue la puerta de entrada en la ciudad. Sorprende como este puente a pesar de su ajetreo, las embestidas del río, y los intentos de demolición ha aguantado el paso de los siglos desde la época del emperador Trajano, y ser paso obligado de la Vía de la Plata, con origen en Mérida y final en Astorga. Puente que tantas veces cruzó el Lazarillo de Tormes. Puente muy querido por los salmantinos que lo llevan en el escudo de la ciudad. Puente en el que se celebra, desde el siglo XVI, en sus inmediaciones la famosa y concurrida fiesta del Lunes de Aguas, en la que se come el típico hornazo charro.
En el comienzo del puente te encuentra un verraco de piedra que representa la estatua más antigua de la ciudad y el Lazarillo de Tormes que también tiene su estatua. Cruzar sus más de 300 metros y los 26 arcos da una idea de la longitud del monumento, que te permite el encuentro con gente que pasea, hace deporte, va de compras o de asuntos varios. Pasear por el puente es saborear la ciudad en la distancia, solo tienes que atravesarlo y ya estás en el centro monumental de la ciudad.


Salamanca tiene otros monumentos de importancia para visitar, como La Casa de las Conchas y su biblioteca, y diversos palacios entre los que destacan el Palacio de la Salina y el Palacio de San Boal.
Ha sido un placer pasear con mis amigos por una ciudad que no solo es Patrimonio de Castilla y León, sino también es Patrimonio de la Humanidad, y descubrir la belleza que atesora esta ciudad. Visitar Salamanca es encontrarse con una capital única, con un centro urbano semejante en su colorido, debido a la piedra de Villamayor de Armuña, que se adapta a la perfección al estilo plateresco, refleja en sus edificios una tonalidad similar, y convierte a la capital charra en “Ciudad Dorada”. No hay más que acercarse a la Plaza Mayor, la Clerecía, las dos Catedrales, la Universidad, el Palacio de Monterrey, el convento de San Esteban y cruzar el río por su puente romano para quedar impresionado por la belleza y singularidad de estos edificios.
Volveremos cuando podamos.
Para saber más, en Curiosón
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