100 DOSIS DE AMOR [71] [SAWABONA]

Suelen decir que quien persevera alcanza lo que sueña. Y es verdad que no hay nada imposible, pero cuando ves que el tiempo vuela y nada cambia, esa tormenta que no amaina en tu interior se va instalando para siempre. ¿Qué hace uno cuando le falta una pierna o, una mano o, cuando un ictus le ha tocado zonas vitales de su cuerpo? Intenta adaptarse y sobrellevarlo con el mejor humor posible. Cuando uno ama y no es correspondido, le falta todo, aunque algunos piensen que desborda alegría. Es como una enfermedad que te devora, de la que nadie conoce los síntomas, porque en cada uno se muestran de diferente forma. Y como, supuestamente, nadie se ha muerto de eso, tú serías un redomado cobarde si te atrevieras a morirte.

PREMIOS Y MENCIONES

Por iniciativa del diario digital NOTICIAS A TIEMPO, y en la categoría Arte, Cultura y Deportes, es premiada la pintora de Curiosón Paqui González del Castillo, en los premios anuales "Mujeres que dejan huella". El acto se celebró el 1 de mayo de 2026 en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca).

Mujeres que dejan huella

El Conde Aymary relata su viaje en diligencia desde Aguilar a Potes


Relato sobre el servicio de las diligencias, del francés Aymary
D´Arlot(*), conde de Saint-Saud, publicado en 1893 y donde se narra el viaje desde Aguilar a Potes de este montañero que viene a estudiar los Picos de Europa.

Aymary D´Arlot_conde de Saint-Saud
|     Aymar de Saint-Saud, Por Morburre - commons.wikimedia

El posadero de los calderos se arroja en nuestros brazos, él y su media naranja, una mujer dura y refractaria, que hace marchar la casa sujetando con mano firme de dueña las banderas heráldicas. Nos despiden también su bonita sobrina y todo el personal de la fonda. Se nos comprime en un coche desvencijado, unos arriba y otros abajo, y el vehículo comienza a subir bamboleándose por la carretera de Piedras Luengas. Subimos al galope una loma, descendemos al mismo ritmo por el lado opuesto, y seguimos, siempre al galope, a lo largo de un monótono valle. En derredor, grandes extensiones herbosas en las que ahúman aldeas muy diseminadas. A veces, las pobres bestias jadeantes tienen unos minutos de respiro a la puerta de una posada, donde aparece una sirvienta destocada. El cochero se apea, va a aplacar su sed, y vuelve con el gaznate bien preparado para reiniciar sus imprecaciones y sus latigazos. Aquéllas suben de tono por instantes. En la parte delantera de la lanza del coche hay un asiento, minúsculo como una seta, que es el refugio del conductor cuando el pescante va lleno. Nuestro hombre, para fustigar mejor su tiro, ocupa este puesto avanzado y desde allí golpea una y otra vez, hasta hacer correr la sangre de las mulas. Ultima parada en la última venta, regentada por una joven vivaracha, que sale con el cochero una vez que éste ha remojado el gaznate, cierra la puerta con llave y se instala también en el coche. Dejamos bruscamente los prados para entrar en un breve desfiladero calizo, de soberbio aspecto, en el que el camino se abre paso entre dos espléndidas murallas; al salir aparece el Collado de Piedras Luengas, que franquea a la Cordillera Cantábrica. Es el día de la fiesta en la aldea de Piedras Luengas. Todo el mundo baila en un prado, al pie del collado, bajo la paternal mirada del cura. ¿Puede un coche español pasar por delante de un baile y no detenerse? Ni hablar. El coche que nos precede se para. Nuestra diligencia hace lo mismo, de buena o mala gana, ya que todo un enjambre de alegres viajeras se ha incorporado a la fiesta y toma parte en aquel rústico baile, al son de una primitiva orquesta. Hacemos lo propio, y bailamos también con dos bellas jovencitas de Cervera que han venido charlando con los ingleses (que somos nosotros) desde la salida. El cochero llama, pero nosotros seguimos bailando jotas o fandangos. Donde fueres, haz lo que vieres. Pero el coche de la competencia ya se ha ido, y el honor de la Compañía está en juego, así que nuestro cochero toma una resolución heroica: usa el látigo y sale disparado. Ante este desastre, nuestros ánimos se vienen al suelo. Escapamos a la carrera del cura que nos saluda, de la orquesta que nos convida y de las mozas que nos reclaman, y saltando setos y piedras, con nuestras compañeras de viaje, corremos persiguiendo al coche, tanto más rápido cuanto que ahora va aligerado de nuestro peso Los parapetos, si existiesen, hubieran sido impotentes para conjurar el desastre. Los caballos, casi medio desbocados, saltan al galope por estas rampas sinuosas.

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D'arlot Aymary, Conde De Saint-Saud. Geógrafo francés del s. XIX, nace en 1853. Colaborador de publicaciones como "Bulletin de Geographie Historique et Descriptive" y "Pyrenaica" con estudios sobre los Pirineos, tanto en los aspectos descriptivos como en los político-administrativos de las fronteras. Presidente de la sección del Sud-Oeste del Club Alpino Francés y miembro de honor de la Federación Vasco-Navarra de Alpinismo. Autor, entre otros trabajos, de 

—Excursion dans les Pyrénées Atlantiques, Burdeos, 1882;
—Campements et études sur la Frontiére Franco-Navarro Aragonaise, Pau, 1929
—Frontiére des deux Navarres, Aldudes, Roncevaux, Irati. Notes historiques, Burdeos, 1941.


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8 comentarios en el blog:

  1. Enrique de Guzmán01 mayo, 2026 08:48

    Solo se me ocurre decir: "¡pobres mulas!".

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  2. Tremendo relato de aquellos viajes en diligencia por aquellos caminos de Dios de aquel entonces, de duración eterna casi y donde el fustigar a los animales que tiraban del coche era lo que ponía aquello en marcha y acortaba el recorrido, que duraba días y días por las condiciones de los caminos y del terreno. Y en este episodio del relato se pone en clara evidencia. Un retrato de lo que fuimos en el pasado, y de lo que hemos evolucionado..., increíble. Saludos.

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  3. Fundación Herminio Revilla01 mayo, 2026 12:27

    Muy interesante el artículo de hoy Froilán, sobre todo para todas aquellas personas que algo hemos conocido. En este caso según el comentario, el viaje sería entre Aguilar de Campoo y Potes, pero la calzada o camino seguía de Aguilar hasta Burgos. A lo largo del trayecto, había una serie de ventas o fondas donde se podía pasar la noche y descansar caballerías y personas. En esas ventas había de todo, eran también cantinas, ultramarinos, ferreterías, en fin. Algo conocí y lo recuerdo con mucha satisfacción. Interesante Artículo Froilán.

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  4. Froilán De Lózar01 mayo, 2026 12:32

    @Enrique, cuánta razón, pobre animales. @Javier Terán, un cambio enorme. Y vamos a tal velocidad que ni me imagino lo que verán las próximas generaciones. @Herminio, hoy sale en mi columna de Diario Palentino el artículo referido a los viajes en diligencia por nuestra provincia. Mañana sale en Curiosón. Seguro que te gusta también y encontrarás detalles nuevos.

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  5. Me ha llamado la atención el contraste del relato. Por un lado, la belleza idealizada de las jóvenes; por otro, la crudeza con los animales; y en medio, el baile como un momento casi sagrado. Esa “orquesta primitiva” tuvo que ser, en cierto modo, un refugio: un instante donde todo se volvía ligero.
    Lo que yo viví en el S. XX, mi orquesta primitiva era una pandereta y una voz, que no es una versión pobre de la música. Es, en realidad, una de sus formas más puras. Muy cerca de lo que debieron de sentir en aquellos pueblos del S. XIX: que con casi nada… se podía hacer todo.
    No era música para escuchar: era música para vivir.
    Y ahí está lo importante. Esa “orquesta” no buscaba perfección, sino comunión. Bastaban dos o tres elementos para que surgiera algo más grande: el baile. Porque el verdadero instrumento era el cuerpo de la gente, girando, riendo, mirándose. La alegría no nacía de la riqueza musical, sino de la necesidad de celebrar la vida en medio de una existencia dura.

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  6. Amigo Froilán: Imagino lo felices que habrás hecho a muchos de tus paisanos mayores, cuando hayan leído este antiguo relato y el que hoy publicas en el Palentino, sobre las diligencias por vuestra querida montaña, ambos tan bella y literariamente resueltos. Les habrá hecho recordar, pienso que con cierta nostalgia, sus andanzas por aquellas entrañables fiestas y costumbres populares. Felicidades por ello y un abrazo

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  7. Alfonso Santamaría Diez01 mayo, 2026 22:30

    Sin duda un gran relato este del conde Aymary en su viaje en diligencia de Aguilar a Potes. Según leía el relato en mi imaginación han surgido imágenes, como si de una película se tratase, en el duro y angosto camino hacia Piedrasluengas, y peor aún en el descenso de esos 30 kms. de puerto. Yo que he subido y bajado ese puerto en bicicleta, que no sufre como las mulas, lo único que sufre en el ascenso es tu cuerpo, sobre todo si subes de Potes a Piedrasluengas y continuas hasta Cervera.
    El relato me gusta mucho y llama mi atención la forma de contar el viaje, con el empleo de frases propias de un gran escritor, como esta: “A veces, las pobres bestias jadeantes tienen unos minutos de respiro a la puerta de una posada, donde aparece una sirvienta destocada”. Encuentro también meritorias presentaciones, como esta de “Una mujer dura y refractaria”, un “Coche desvencijado”, o “En derredor”. Un cochero que se sienta en un asiento como una seta y emplea juramentos y golpea una y otra vez a las mulas hasta hacer correr su sangre.
    Un escrito lleno de drama y miseria, pero también de humor: ¿Puede un coche español pasar por delante de un baile y no detenerse? Ni hablar. “Todo un enjambre de alegres viajeras”. “Bailamos con dos jovencitas de Cervera, hasta el punto de que “el cochero nos llama, pero nosotros seguimos bailando jotas o fandangos, así que el cochero usa el látigo y sale disparado. “Ante este desastre, nuestros ánimos se vienen al suelo”.
    Genial este último párrafo: “Escapamos a la carrera del cura que nos saluda, de la orquesta que nos convida y de las mozas que nos reclaman, y saltando setos y piedras, con nuestras compañeras de viaje, corremos persiguiendo al coche, tanto más rápido cuanto que ahora va aligerado de nuestro peso”.
    En fin, no tengo remedio, es más largo mi comentario que el propio escrito.

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  8. Froilán De Lózar02 mayo, 2026 13:06

    @Estalayo, como buen montañés, haces una análisis profundo de este francés que viene a estudiar los Picos de Europa. Fíjate que es breve, pero te fijas en la música, en la alegría de la gente, frente a la miseria y los probemas que los envolvían entonces.
    @Julián, me alegra que sigas detrás de la pantalla, buscando historias que ayuden a recordar. Precisamente, he abierto de nuevo tu cuaderno "De Vuelta", con tantas cosas que nos llevan a otros momentos de la historia sobre las que tú haces un guiño en esta bitácora desde León. Voy a ir recuperándolas en los próximos meses para aquellos que no lo vieron entonces. Un abrazo grande para los dos.
    @Alfonso, yo hablé del relato de Aymary en el libro de Cervera, pero he querido actualizarlo. No te preocupes por extenderte en tus apreciaciones. Tú también tienes una sección que vuelvo a menear en las diapositivas, pues son historias siempre vivas. Te esperamos con nuevos relatos. Un abrazo grande.

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