100 DOSIS DE AMOR [41.1] [SAWABONA]

Ayer vi luz en tus ojos, aunque fuera un instante. Y me di cuenta de lo que te quería, de lo que te quiero, no importa con quién esté ni donde vaya. Tu siempre estás clavada ahí, en medio de todo, en medio de mi vida. Te dije que si aquello no llegaba a buen puerto sufriría de por vida ese tormento de esperar hasta el desaliento. Puedo estar equivocado pero soy así y así es como lo siento.

100 DOSIS DE AMOR [41.2] [SAWABONA]

Nada ha cambiado desde aquel día que te escribí una carta, ¿recuerdas? Ahora el destino juega con nosotros a encontrarnos. Cada encuentro es una llamada, una esperanza, un tic que pide algo. ¡Te añoro tanto! ¡Te echo tanto de menos! Ni en mis mejores sueños hubiera creído lo grande que puede ser el amor. ¡Cómo anhelo tus besos!

El mar de Ribadeo


Cuando viajo a Galicia elijo siempre la Autovía del Cantábrico. Elijo el mar, temática recurrente para escritores y poetas de todos los tiempos.


“Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías, 
antes que el tiempo se acuñara en días, 
el mar, el siempre mar, ya estaba y era”, escribió Borges.


“El mar. La mar. 
¡Sólo la mar!, 
¿por qué me trajiste, padre, a la ciudad?”, preguntaba Rafael Alberti.


Pero también Octavio Paz, Neruda, Benedetti, García Lorca, Machado, poetas eternos, se embelesaron y recurrieron en algún momento de su obra al sonido del mar, dejando estrofas que todavía resuenan en nuestro caminar diario.


El mar de Ribadeo_Viajando por Galicia

Desde que Juantxu decidió instalarse en Boiro, desde su mirador, la mar es el espejo que le devuelve a su vida de marino, cuando solo había cielo y agua en su trayecto. Un poco bajo de ánimo, por diversas circunstancias que no viene al caso citar aquí, decidí acompañarle a primeros de verano hasta aquel imaginario “puerto de Boiro”, donde atracó su vida, frente al mar.
Después de cinco horas de viaje, decidimos detenernos en Ribadeo, capital de La Mariña oriental, a cien kilómetros de Lugo. Mientras Juantxu buscaba un restaurante para comer por el casco antiguo, yo me hice un recorrido por el pueblo. Como se trataba de una parada de la que habíamos hablado antes de salir de Bilbao, busqué en la web algo más acerca de su historia, donde se habla de su momento álgido, cuando su puerto llegó a ser cabeza del comercio del Cantábrico con los países bálticos, a través del puerto de Riga. Uno de los productos estrella era el aguardiente, conocido como kúmel de Ribadeo. Me gustó Ribadeo. Mientras degustaba una buena ración de la paella de marisco, le hablo de las señales que quedan en su calles de aquel viejo esplendor. La Plaza de España, centro neurálgico; su corazón, o puerto de Porcillán; el Mirador de la Atalaya; La Calle de San Roque, lo que viene a ser el Ribadeo de los Indianos.

Imagino esa llave de oro que figura en su escudo, la llave que abre la puerta de Galicia en aquella desembocadura del río Eo.

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La Madeja
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2 comentarios en el blog:

  1. Un bonito canto a Ribadeo, Froilán, en tu viaje a Galicia que aquí nos narras hoy en las páginas de Diario Palentino. Un pueblo que guarda aún los vestigios de su rico pasado comercial para con el resto del mundo. Un relato del que siempre se aprende algo. Saludos.

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  2. Ribadeo es una buena entrada a mi tierra. Una ciudad forjada al ritmo de las mareas, de la pesca y del esfuerzo de muchos indianos que triunfaron en América y quisieron trasladar a su tierra natal lo que pudieron hacer ellos.
    En Galicia el poeta de la mar es Manuel Antonio. Un hombre que falleció con 30 años y que ya conocía los océanos


    Saludos

    ResponderEliminar

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