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Las sirenas, en la simbología zoomórfica fantástica

(VII.9). SIMBOLOGÍA ZOOMÓRFICA FANTÁSTICA. 


...Y es que, cada sociedad genera a lo largo de su historia su propia visión del mundo, su marco referencial interior donde todas las cosas cobren sentido. Prejuicios, relaciones de poder, fantasía, vida social, influyen en la conformación de su cosmovisión. 
La expansión del cristianismo no sólo expulsó a las sirenas de los aires, sino que trastocó sus características para encajarlas en su maniqueísta división entre el Bien y el Mal.

Para ello utilizó la recuperación del imaginario de la antigüedad de manera meticulosa, tornando las antiguas divinidades en demonios y convirtiendo la mitología en lecciones moralizantes dirigida a los paganos. Los motivos antiguos son vaciados de sustancia adjudicándoseles otra significación. La sirena quedó en los mares, exiliadas, y jamás remontará vuelo

... hasta ahora.



In principio.


Según el Gilgamesh, Libro sagrado de la arcaica mitología sumeria, los dioses emergieron de un mar infinito y abismal, que representaba el caos primigenio. Lilith, cuyo nombre significa "Espíritu de la Noche", era parte femenina de uno de sus semidioses y se encargaba de guardar las puertas que separaban el plano espiritual del físico terrenal. Por eso, como guía hacia la sabiduría de la inmortalidad, se la representaba como una bellísima doncella alada que llevaba los anillos de Shem, los signos más antiguos que demuestran que que alguien ha cruzado hacia la inmortalidad y alcanzado la sabiduría del Árbol del Conocimiento.


Relieve de Burney, 2.000- 1.950 antes de nuestra era. (Wikipendia)

La influencia Asiria, acabaría eliminando el matriarcado e imponiendo una religión de dioses masculinos para centralizar el origen en hombres de estirpe real.

Paralelamente a la caída del matriarcado, se produce la eliminación de la fuente del poder sacerdotal femenino, el afianzamiento de un sacerdocio únicamente masculino provoca el despojamiento de la aureola semidivina de Liliht, quien continuará rígida y coronada, como "mano de Isthar" que vincula al ser humano con el misterio divino, y flanqueada por la lechuza, pájaro de la Sabiduría, pero demonizada y expulsada al desierto en donde encontrará armonía entre los chacales y el león, señor de las bestias.

La demonología mesopotámica (asiria y babilónica, por excelencia), ejerció gran influencia sobre la cultura hebrea, por lo que no resulta difícil comprender la profunda asociación de la Liliht sumeria con la bíblica, quien por considerarse creada con igual materia que Adán, se negó a yacer en postura reclinada que él le exigía ("por qué he de yacer debajo de tí?") y, tras pronunciar el nombre prohibido y mágico de Dios, se "elevó" por los aires y se retiro al Desierto del Mar Rojo donde se hundió en el mar. El aspecto negativo que los asirios impusieron a Liliht se asentó plenamente entre los griegos, quienes identifican a las lamias (derivación de lilistu) con las acompañantes de cortejo de Perséfone y qué, como ella, habitan en el mundo infernal.

En la interpretación helenística, los pitágoricos (Platón, Obras Completas 617b) se habían referido a las sirenas como las encargadas del movimiento de las esferas y de entonar el canto del cosmos, de las que resaltaban su faceta musical y eran concebidas como las encargadas de guiar las almas errantes de los muertos para que pudieran encontrar el camino, motivo por lo que era frecuente su representación en sarcófagos desde finales del s. II.

Si tenemos en cuenta todo ello, entendemos que desde el punto de vista histórico-mitológico, la sirena clásica respondería a una figuración inicial de mujer pájaro habitante de las profundidades abismales con una clara función conductora de almas, como lo constatan las obras clásicas desde Apolonio de Rodas, Higinio y hasta Ovidio, que serían retomadas en las "Etimologías" de Isidoro de Sevilla y en " De Universo" de Rábano Mauro, entre otros muchos.

Pero será en la gran difusión oral del Canto duodécimo del episodio de la Odisea en el S. VII a. C., cuando se produce la evolución en el concepto homérico de las sirenas. En el momento en que las despechadas sirenas fijas en las rocas se arrojan al mar tras su fracasada seducción al astuto Ulises, la literatura mitológica las convierte, muta y transforma en seres pisciformes adaptados a su nuevo hábitat acuático. Aquí se produce una variación en la imagen popular y nace, pues, la Sirena-Pez.


No obstante, será a partir del s.XI cuando se va a producir la definitiva mutación, tanto formal como simbólica.

A través del arte carolingio, el proceso alegorizador de la mitología clásica se convierte en vehículo fundamental para la expresión religiosa del arte románico y, desde entonces, la sirena pisciforme se convierte en uno de los emblemas iconográficos más evocados para los fines catequizadores de la Iglesia.


En un capitel de la iglesia de Sant Pere Galligans (Girona), hay representada una sirena que se yergue poderosa y majestuosa sobre su cola de pez. Se muestra sujetando unos peces en cada una de las manos, mientras mantiene los brazos elevados y separados del cuerpo. Apoyando su cabeza y a modo de tocado, se representa una plataforma donde aparecen esculpidas unas estrellas en formación de semicírculo.


Y es en esta imagen románica, donde podremos comprobar unas curiosas similitudes con la antiquísima representación del relieve de Burney:


Las garras de la Lilith sumeria se unifican en cola de sirena formando una nueva imagen y los anillos de Shem, representativos del transito de un mundo a otro son sustituidos por peces, animales de las profundidades oceánicas y de una fuerte tradición psicopompa.


En esta extraña y única imagen, se retoma su significado positivo para adecuarla al Emblemata María, y que a modo de columna coronada aparece erguida y majestuosa, para enfatizar en su firmeza y estabilidad que la hace mantenerse en los momentos adversos. “Hanc mare sed fortem sors inimica beta” (Aunque haya tempestad en el mar, ella se mantiene fuerte e inalterable).

*La sirena rompía la adversidad, confiando en su valor.

La sirena queda, aquí, exenta de connotaciones tentadoras y vuelve a ser portadora de la sabiduría del submundo, el lugar desde el que con su cola de pez se endereza para ascender hasta el cielo estrellado, uniendo los dos mundos y figurándose como el medio de acceso de un ámbito al otro.

Sin embargo, rara resulta ser esta consideración de la sirena medieval como ser benévolo, pues cuando la cultura cristiana "cosifica" a la mujer y la pliega a la voluntad del hombre educando su mentalidad para ser su servidora, la concepción moral religiosa inclina la percepción de la sirena como símbolo de pecado, y más cuando esa extremidad marina sencilla y única (melusina), se bifurca en dos para responder a las exigencias impuestas por la simetría (ley del marco) o simbología hermética (dos vías).

El inicio de este símbolo bífido y ambivalente se origina con un intencionado cambio en la dirección de los peces psicopompos sujetados por la sirena.


La posición ascendente del pez se invierte para conseguir que sus cabezas queden unidas a las aletas de la cola. La sirena esta aún erguida, pero en preludio de división.

El simbolismo de la trascendencia del mundo subterráneo hacia la manifestación retoma una connotación negativa, el folklore religioso-popular considera como las propias extremidades de la sirena a esos dos peces que unen sus bocas, y que, amén de su fuerte significado alquímico, hacen resurgir el interesado mensaje pecaminoso de lujuria y vanidad que da especial impulso al efectismo perseguido al rematarlos a modo de sujetas colas que se desparraman como melenas abiertas.


Nace así la sirena de doble cola, emblema de lujuria, pecado y perdición.


Sin embargo, paralelamente, en el mundo bizantino es donde se produce otra gran metamorfosis simbólica que sigue manteniendo el significado positivo de la capacidad fortaleza y estabilidad, la imbatible columna coronada o Emblemata María.

Podemos observar perfectamente en los relicarios o enkolpiones bizantinos (s.X-XI).


.............................Pliska (Bulgaria) s. X



Observamos en el aparente faldón de la Virgen, y de forma muy evidente, unos pliegues de sospechosa similitud a la cola de pez y que se yergue hasta el vientre de una María, que aparece ostentando una tiara de tres peces como participe de los tres mundos, cielo, tierra y profundidades marinas, portando los peces psicopompos en su manos.

Aquí, la mutación formal y simbólica, propicia una evolución interesada de una mujer tentadora, a una diosa-madre, concebidora y gestante de Iesus Xhristus (pez).


Cruces: con agradecimiento a Fíbula y foro numismático

Posteriormente, ese mismo arte, propiciará, en los mismos medios, la evolución de la imagen hacia una desaparición paulatina de la cola de la sirena-pez en su variante fecundadora, y se precipitará hacia el signo de gestación en el vientre, como punto central.


La inscripción, con su nombre, sustituirá a la tiara; los peces adquieren forma humana, pero tanto en ellos como en la Virgen pervive ese recuerdo de ámbito subterráneo en el trazado escamoso de su cuerpo-vestido. El punto central ya adquiere la forma de su futura manifestación, el Hijo de Dios.


Finalmente en la figuración bizantina de la Orante o Virgen del Signo, la tiara se convierte en nimbo de luz y los peces que portaba en las manos en la personificación de Gabriel y Miguel, los arcángeles que, al igual que lo anillos de Sem o los peces psicopompos, conductores de almas de un ámbito a otro.


Así, la Liliht de la desolación, la lamia griega, la Eva hebrea, la Artemis helénica, la Innanna íbera y la Afrodita romana, quedan desprovistas, en sus manos, de instrumentos de sensualidad y medios para ofrecer el mal (aros y triángulos de la Inmortalidad y manzana del Conocimiento) para mantener -sin variar la disposición oferente de sus brazos- los frutos de la redención cristológica a través del martirio en la cruz.


La sirena de las profundidades, se transforma en Virgen-diosa-María, que aparece como Platytera en el reverso de la cruz, referente importado y mutado de dos aspectos universalmente inseparables: luz-oscuridad; mundo-submundo; vida-muerte; principio y fin.



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Regeneración de un Concepto:
El cuento de la Syrenita románica (II):

Ninguna otra representación de sirenas ha conseguido, hasta ahora, alcanzar la atracción que sentimos por la esculpida en el interior del templo románico de San Pere de Galligans (Girona).

Normalmente acostumbramos a percibir en el mundo de la imagen gran variedad de representaciones simbólicas que suelen corresponder a una misma intención, aunque de todas ellas, no hay ninguna que insista y persista tanto como la de instruir al hombre en el secreto de su completa regeneración.

Unificar en una sola esencia las dos naturalezas antagónicas de las que estamos formados es vital para conseguirlo, y la sirenita de Galligans nos lo comunica encarecidamente.

Esta admiración que experimentamos tras la percepción de su mensaje, es la que nos mueve a continuar este estudio a partir de su fascinante y exclusiva representación.


La sirena en actitud solemne se mantiene erguida sobre su cola de pez, en ambas manos sujeta un par de peces manteniendo una equilibrada posición de brazos que nos recuerda a la conocida iconografía del “orante”. Su cabeza toca a una elevada plataforma con estrellas esculpidas que simulan su corona.

Tras la descripción literal de la imagen intuimos que hay una lectura alegórica del mensaje con una serie de percepciones vinculadas a la metáfora que son fácilmente entendibles: con su cola de pez -atributo característico de los habitantes del mundo de las profundidades-, la sirena arranca desde la base del capitel alzándose verticalmente hasta unir su cabeza con la zona superior, el ámbito celeste y estrellado.

Sin duda, la composición del personaje nos transmite su labor de enlace entre el ámbito de las aguas subterráneas o inferiores y el de las superiores o celestes, el canal que conecta los dos mundos, algo parecido a la función de la escalera mística o de Jacob que une el bajo mundo con el superior, o el cielo con la tierra.

Dicho concepto nos remite también a la figura de la Virgen María, -considerada como el conducto entre Dios y los hombres-, según la relación que algunos Santos Padres aplicaban al simbolismo de la escalera y a la Santísima Virgen.

Ésta (la Virgen) es la escalera de Jacob, que tiene doce peldaños, entre los dos lados..El lado derecho es el desprecio de sí mismo por el amor a Dios, el lado izquierdo es el desprecio del mundo por amor al Reino..Por estos peldaños suben los ángeles y son elevados los hombres..." (San Bernardo- Sermo ad Beatam Virginem 4).

Es a través de esta lectura moral o teológica que podemos acceder a otro escalón diferente del símbolo cuyo mensaje abarca una gran magnitud. Es una enseñanza que trasciende creencias y culturas porque va arraigado en lo más profundo del ser humano, algo que se lleva implícito por naturaleza y que sólo se puede entender bajo una mentalidad hermética del símbolo, en concreto, la visión alquímica.


(Fulcanelli. Moradas Filosófales- Alegoría de la Alquimia:-
Una sedente figura femenina cuyos pies reposan en la base, toca con su cabeza el ámbito celeste, ejerce de conducto entre el plano inferior y el plano superior, sujeta en ambas manos los libros del conocimiento y la vara de la maestría)

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Es así que, percibiendo la sirena erguida de Galligans como símbolo de enlace por el cual se puede ascender desde nuestro estado animal (inferior) hacia la comprensión divina (superior), observamos que dicho cuerpo está formado por una naturaleza doble, dos sustancias en una, separadas pero juntas, como las dos caras de una moneda o como la personificación del atanor alquímico.



Los dos peces o leones, -en cada caso-, simbolizan las dos propiedades de nuestra materia, azufre y mercurio. También es el “solve et coagula” alquímico, necesario para conseguir la unión de los dos principios de la Obra. En dicho proceso se vela por mantener dentro del atanor y de forma constante, el fuego de la transformación, cuyo calor ascendente hará posible la fusión de estas dos naturalezas en una de sola.

A la altura de la cintura es donde las dos cualidades del ser mixto se unen, indicando el lugar sagrado donde radica la capacidad de generar forma. Es allí donde se gestará ese cuerpo puro que llegará a poseer una cualidad perfecta que le será propia.


"La hermana liberara a la hermana, y el Niño misterioso nacerá de la única Madre"(MR.IV,96´)


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Foto: Naturaleza de Aragón

Por otra parte y siguiendo con la mítica personificación de la sirena, ya indicábamos en el artículo anterior que la aparición de su cola bífida fue originándose tras la progresiva unión del extremo de su cola a los peces representados a ambos lados de la sirena.

El resultado tras la imagen derivada fue el predominio de un mensaje negativo que aunque de superficial significado, se hizo altamente popular.

Nosotros preferimos desestimar este último, pues pretendemos acercarnos a la simbología primigenia, con la que, y gracias a algunas representaciones que han resistido hasta nuestros días, podemos apelar a la claridad de mente que desplegaban ciertos artistas de antaños.

Un ejemplo muy claro de esta mudanza en cola bífida lo tenemos en el artesonado gótico-mudéjar en Santa Maria de Lliria.



Foto: Galeón

En las dos primeras pinturas, se aprecia perfectamente cómo una mujer con una corona de tres penachos sujeta dos grandes peces que quedan simétricamente encarados. La percepción de la composición, aunque ingenua, nos transmite majestuosidad.

En cuanto a la tercera y última imagen, las cabezas de los dos peces han sido totalmente fusionadas apareciendo así dos colas de pez, de una figura femenina que ya carece de corona, y que con toda seguridad, no gozará del valor positivo de la imagen anterior.

Otro ejemplo de este tipo de transformaciones y que guarda un valor altamente positivo, lo encontramos son la siguiente representación:


Foto: Julianna

Aquí, la división de ambos peces en su unión con el torso femenino está especialmente acentuada dejando visible la parte central del cuerpo donde se exhibe la forma de la escalera, aludiendo a ese canal que enlaza el mundo oculto o inferior y el visible o superior.

Asimismo la corona trilobada que ostenta la sirena apuntando al ámbito celeste, es análoga a la tiara de peces en el enkolpión mariano y a la diadema de estrellas de la sirena del templo de Galligans.

Y es precisamente en este mismo templo de Galligans -esta vez en su claustro-, que de nuevo encontramos otra sirena que nos llena de asombro, tanto por la belleza de su composición como por el sutil mensaje alquímico que engloba:



Tras la primera impresión no parece haber duda que se trata de una habitual sirena de dos colas, pero si observamos un poco mejor, advertimos que en realidad las líneas ovaladas que adornan el inicio de las colas, son los ojos de los dos peces, que unidos en la boca marcan el punto de encuentro desde donde emerge el cilíndrico torso humano. Es el atanor donde se gestará el misterio inconcebible que dará paso al nacimiento del Niño Luminoso.


También Lambsprinck, como buen filósofo en el arte hermético, nos lo indica en su “Pequeño tratado sobre la Piedra Filosofal” : “…los filósofos dicen comúnmente que hay dos peces en nuestra mar, los dos, en verdad, sin carne ni espinas son cocidos en el agua que les es propia. Entonces saldrá de ellos la gran Mar (o gran obra, es decir, el primer embrión de nuestra piedra que llegará a ser azufre perfecto) que ningún hombre puede describir. He aquí lo que por esto entienden los filósofos: Se encuentran dos peces, pero los dos no son sino uno, dos, sin embargo, y, no obstante uno solo.”


Foto: Kiedrich, Rheingau, Germany

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Es por ello que encontramos frecuentemente la sirena de dos colas indicando entre firmeza esa perfecta simetría, con los mismos elementos a uno y a otro lado, sugiriendo el equilibrio, esa vía recta, el camino del medio.

La idea del “camino del medio” entre las dos variables naturalezas se suele encontrar desde tiempos antiguos bajo apariencias más esquemáticas.



Foto: iespaña.es

Un ejemplo que nos resultará más familiar de dicha intención, lo tenemos en las catacumbas de los cristianos, cuyo esbozo intercambia la figura de nuestra sirena erguida por un áncora.

Hay quienes ven la relación en algunas citas bíblicas que hacen mención a este objeto como alegoría de la esperanza:

"...los que buscamos un refugio asiéndonos a la esperanza que tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma..." (Hb 6, 18-19).

Hoy en día el ancla es un signo que sigue persistiendo, pues su imagen sigue siendo utilizada en heráldica y en áreas eclesiásticas, aunque lamentablemente valorado bajo un pequeño aspecto de su auténtico significado:


Es fácilmente reconocible la semejanza sintética del ancla con la sirena bífida.


Pero el ancla visualizada como la esperanza del buen cristiano en la llegada a buen “puerto”, no solamente es eso.

En realidad, el ancla también es asociada a la misma alma y la fuerza de su símbolo radica en su resistencia. Su imagen nos muestra que el ancla es firme e inalterable, tal como debe mantenerse el alma ante la fluctuación de las dos vías (peces).


Toledo. Iglesia de San Cipriano.

No obstante, siempre nos sorprenderá encontrar un símbolo náutico en la fachada de una iglesia, y más en una ciudad sin puerto ni mar.

Y es que el áncora, ya sea como signo de la esperanza o concebida como resonancia del alma humana, va aún más allá, pues ancla y Virgen comparten el mismo significado y es en las representaciones de muchas iglesias que su iconología así lo demuestra.


Ingenuamente esquematizada aparece en la portalada de San Millán de Almendres (Burgos) el concepto del ancla-virgen.

El personaje central -con insinuada aureola sobre su cabeza-, controla y estabiliza las dos fuerzas invisibles simbolizadas por dos largos peces que emergen del abismo para equilibrarse con el tronco central, que inamovible, las contiene tras su manifestación.


Otro ejemplo con una bella composición lo encontramos en el tímpano del Santuario de la Virgen del Mar (Almería). Dos delfines, mercurio doble, presencian surgir entre las olas de la mar, inhiesta, a una virgen negra que porta un niño.

Su simbología nos traslada a la manifestación de lo oculto, a la Venus hermafrodita que encierra la virtud fermentativa, a la sustancia húmeda, espíritu universal del mundo. El Alma Mundi.


Virgen de la Esperanza en Blanes (Barcelona)

Más actual y posiblemente renovada, la Virgen de la Esperanza en sigue guardando los principales atributos que la identifican como receptáculo del conocimiento hermético: sobre su cabeza el signo astral por excelencia, las doce estrellas o cinturón zodiacal y bajo sus pies se ha ubicado el ancla para argumentar el contacto y dominio de la Virgen sobre las aguas profundas y subterráneas, fuente y raíz de toda manifestación de vida.

La posición equilibrada de sus brazos nos remite a las imágenes anteriormente expuestas, la Madre Santa que abarca toda manifestación.

Y así es como el Ancla en su significado más encubierto esta vinculada a la Santísima Virgen, y en concreto, bajo su expresión de Virgen de la Esperanza o mejor entendido: de la “buena esperanza”.


Una Virgen que es la heredera legítima de la mujer vestida de Sol de Ap.12, que con la luna a sus pies y coronada con doce astros evoca ese principio de conexión entre el mundo de lo oculto y la manifestación visible.

La Mujer que en la angustia de dar a luz protagoniza la escena más misteriosa y comentada del Apocalipsis, el secreto más fuerte que la razón no puede descubrir.


Virgo paritura

Es la Virgo paritura. El principio femenino fecundo por sí mismo, signo inequívoco del más auténtico origen de la vida, la madre cósmica desde donde la vida brota de su propio impulso creador.

Es la fuerza innata y eterna, que evoluciona con clara comprensión y aceptación de su cambio: el Alma Mundi arcaica y gestante.


Tanto Solve como Coagula son operaciones que están "a mano" de esa sirena, de ese cuerpo mixto de pez y virgen que actúa de conexión entre las dos naturalezas.

Solve y Coagula no es más, en esencia, que la misma operación. Un flujo de continuo y eterno ciclo entre las dos naturalezas, la sutil y la material. Por ello, estas dos operaciones son representadas iguales, con la misma figura en equilibrio, en ambos extremos de los brazos de la simbólica balanza.

Y es en la conjugación de esos conceptos, en el centro, punto de unión entre las naturalezas (Fijo y Volátil) y entre operaciones (Solve y de Coagula), donde se fragua la mágica excepcionalidad de la generación del Ser, el concepto al que llamamos generación de vida, de forma o de universo. Tal vez, en ese centro del atanor, se gesta la Sal, fruto de la fusión de las dos eternas naturalezas duales.


Foto: Dr. Jesús Oliver Bon-Joch

Y donde lo dicho hasta ahora ha sido compendiado con todo lujo de detalles es en esta excepcional figura que encontramos en el Palacio Comunal de Pola (Croacia). Nosotros la definimos como el “eslabón perdido” y en ella vemos como confluyen las características de representaciones anteriormente mostradas:
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Erguida sobre su cola acuosa fundamenta una columna perfecta que concluye en la corona de tres picas que ciñe su cabeza, he aquí, la "Columna Coronada". En cuanto los peces sujetados se testimonian perfectamente en las aletas y colas de sus cuerpos, los que, uniéndose a la sirena confluyen en el punto donde sobresale el manifiesto abombamiento gestante.
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En esta imagen de forma muy explicita se condensa todo el itinerario de lo anteriormente expuesto y como un objetivo visual cumple su cometido, la sirena como paradigma del cuerpo mixto se muestra como símbolo de esa escala que une la zona abismal con la superior, a la vez que se revela como el único recipiente apropiado para abarcar y contener a las dos fuerzas antagónicas, cuya unificación precipitará el estado de “buena esperanza” el embrión del Niño Luminoso o Piedra Filosofal por medio del cual conoceremos la ciencia de la regeneración física y completa del hombre.


He ahí el canto de la sirena, capaz de iniciar en los misterios a quién es capaz de escuchar y no sucumbir!!.



Sección para "Curiosón" del grupo "Salud y Románico".

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