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Almanzor y la toma de León | Curiosón

Almanzor y la toma de León

Reinaba en León Bermudo II, llamado el Gotoso, por la enfermedad de gota que padecía. Si antes había hecho el hijo de Ordoño III algún concierto con Almanzor, debió conocer ahora que no iba el guerrero musulmán dispuesto a respetar antiguas relaciones. Así hubo de persuadirle el nuevo monarca leonés, cuando se decidió a abandonar su apetecida capital y a refugiarse en Oviedo, llevando consigo las alhajas de las iglesias, las reliquias de los santos y los restos mortales de los reyes y sus mayores: triste y melancólica procesión, que recordaba los días angustiosos de la pérdida de España. 
EDAD MEDIA

Con todo eso no fue ni pronta ni fácil la toma de la ciudad, cuya defensa había quedado encomendada al valoroso conde de Galicia, Guillermo González. Eran ya los bellos días de la primavera de 984 cuando Almanzor, estrechando el cerco, hizo jugar incesantemente todas las máquinas contra los muros y puertas de León. Por espacio de algunos días fingió el caudillo mahometano atacar por la parte Oeste para simular el verdadero ataque que había dispuesto por el Sur. Logró derribar una parte de la muralla y las ferradas puertas comenzaban a bambolear. El conde Guillermo, enfermo y postrado, quebrantadas sus fuerzas con largas fatigas, avisado por los suyos del aprieto en que se veían, se hizo ajustar su armadura y conducir en silla de manos desde el lecho en que yacía a la parte más amenazada del muro y donde el peligro era mayor. Desde allí alentaba a los bravos leoneses a que defendieran con brío su ciudad, sus haciendas, sus vidas y las de sus hijos y mujeres. A sus enérgicas exhortaciones se debió la resistencia heróica de los últimos tres días.

Irritado Almanzor con la obstinación de aquellos valientes, ante cuyas espadas caían diezmados los soldados musulmanes, fue el primero que penetró dentro de la ciudad con la bandera en una mano y el anfalje en otra; le siguieron multitud de sarracenos. El brioso Guillermo pereció en su puesto al golpe de la cimitarra de Almanzor. Vino la noche y la pasaron los árabes sobre las armas sin atreverse a penetrar en el corazón de la ciudad.

A primera hora de la mañana siguiente comenzó el saqueo y el degüello general, de que no se libraron ni ancianos, ni mujeres, ni niños: jamás en dos siglos y medio de guerras desde que había comenzado la restauración había sufrido pueblo cristiano tragedia igual. Las bronceadas puertas fueron derribadas, y los macizos  uros en gran parte arrasados por orden de Almanzor.

Astorga, la segunda ciudad de aquel reino, fue también tomada, no sin porfiada resistencia. "Pero sus defensores -añade el historiador árabe- trabajaron en vano, pues Dios destruyó sus fuertes muros y gruesos torreones". Logrado su principal objeto, volvió Almanzor a Córdoba, destruyendo a su paso Exlonsa, Sahagún, Simancas y algunas otras poblaciones. Terrible en verdad había sido esta campaña para los cristianos.






La Historia General de España de Modesto Lafuente, es considerada el paradigma de la
historiografía nacional del pensamiento liberal del siglo XIX. 
Impresa en Barcelona por Montaner y Simón entre 1888 y 1890.


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