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A quien cuece y amasa no le burles hogaza
Denota este proverbio que al experimentado y práctico en alguna cosa no se le engaña en ella fácilmente.
Cervantes usa el refrán tal como aparece en la Colección de Zaragoza. Hernán Núñez dice:
—Al que cuece y amasa, no le hurtes hogaza.
La Academia, suprimiendo el artículo, escribe así:
—A quien cuece y amasa no hurles hogaza.
El placer de viajar por el mundo
No sé cuándo empecé a disfrutar viajando. Desde que descubrí ese mundo, la historia de otros pueblos me ha deparado un bienestar que no sé como definirlo; no es que te aísles por completo de los problemas que te ocupan en tu actividad diaria, sino que los apartas por un tiempo, sorprendido ante la belleza de tantos lugares por los que pasas.
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| Krimml (Austria) | @Curiosón |
Y no hay que ir muy lejos; a veces, las sorpresas saltan a pocos kilómetros de tu residencia y te ayudan a valorar también lo que destaca en tu comunidad. Tampoco digo que estés poseído por lo que ahora se denomina wanderlust, pulsión que viene a considerar el viaje como un nutriente esencial para el espíritu. Yo creo que cuando viajas, a mi me pasa, te transformas. Encuentras significado a muchas cosas, valoras el mundo en el que te encuentras y, de alguna manera, entiendes mejor el mundo en el que vives. Pero no quiero liarme, ni liar a nadie, que estamos en agosto. Aquí les dejo un resumen de muchos viajes que imaginamos y algunos que realizamos. Seguro que no les deja indiferentes.
EL VÍDEO
Actualización Sep2025 | 393👀
Ciudades del Mundo
Vía de la Plata | Salamanca
💨 La Vía de la Plata es uno de los caminos más famosos de la península, que conecta el norte y sur de España por la parte oeste.
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Entrada a la ciudad por el puente romano de Salamanca | Lápices de colores Francisca González del Castillo |
Aunque la creación de la calzada es anterior, fueron los romanos quienes hicieron un camino perfectamente empedrado de gran valor histórico-artístico mejorando mucho su pavimento. Los romanos adecuaron su trazado con el objetivo de transportar mercancías, incentivar el comercio, las tropas militares o el pastoreo. Para eso construyeron puentes que cruzaban ríos, crearon ciudades, circos, templos, acueductos, puentes, fortalezas, y además favorecieron el desarrollo de la civilización en general a su paso.
Esta vía, en su origen, partía de Mérida y finalizaba en Astorga, pero, con el tiempo, sirvió también como camino de peregrinación hacia Santiago de Compostela desde el sur. Actualmente, apenas quedan restos de la calzada, para hacer el camino se puede utilizar la autovía A-66, conocida como autovía de la Ruta de la Plata, desde Sevilla a Gijón.
La vía penetra por el sur en la provincia de Salamanca desde Peñacaballera y cruza toda la provincia hasta Zamora, en este tramo salmantino es donde más elementos de origen romano se aprecian en el camino. Han pervivido miliarios, algunas alcantarillas y puentes, encontrándose un total de 28 miliarios en la Vía, la mayoría de la época de Trajano y Adriano.
El tramo salmantino se divide en dos, el norte y el meridional, este último desde el Puerto de Béjar a la capital salmantina, que fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1931. En esta zona meridional de la vía hay tramos transitables a pie, así ocurre en Puerto de Béjar, en el Puente de la Malena de Béjar, en Palacios de Salvatierra o cerca de Salamanca en el paraje de El Zurguén. En el Puerto de Béjar se encuentra el Camino de los Miliarios que lleva hasta Montemayor del Río, un sendero señalizado que descubre uno de los mejores tramos, allí se encuentra el Puente de la Malena, rincón emblemático de la Vía, pues en su entorno se localiza una gran acumulación de miliarios, como lo es también el puente romano de Salamanca, paso imprescindible para avanzar hacia el norte.
El tramo norte, desde la ciudad salmantina hasta Zamora, atraviesa campos de cereal y los restos son escasos, salvo algunos miliarios en Calzada de Valdunciel y una estela funeraria romana reutilizada en la llamada Fuente Buena.
Es la Vía de la Plata un recorrido de gran valor histórico, monumental y paisajístico pues la historia y el arte se unen a los grandes paisajes llenos de robles, castaños y encinas de la Sierra y del Campo Charro, un paisaje que merece la pena visitar y contemplar porque además, a lo largo del camino, existen ramales que nos llevan a una serie de interesantes pueblos declarados patrimonio.
Esta vía, en su origen, partía de Mérida y finalizaba en Astorga, pero, con el tiempo, sirvió también como camino de peregrinación hacia Santiago de Compostela desde el sur. Actualmente, apenas quedan restos de la calzada, para hacer el camino se puede utilizar la autovía A-66, conocida como autovía de la Ruta de la Plata, desde Sevilla a Gijón.
La vía penetra por el sur en la provincia de Salamanca desde Peñacaballera y cruza toda la provincia hasta Zamora, en este tramo salmantino es donde más elementos de origen romano se aprecian en el camino. Han pervivido miliarios, algunas alcantarillas y puentes, encontrándose un total de 28 miliarios en la Vía, la mayoría de la época de Trajano y Adriano.
El tramo salmantino se divide en dos, el norte y el meridional, este último desde el Puerto de Béjar a la capital salmantina, que fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1931. En esta zona meridional de la vía hay tramos transitables a pie, así ocurre en Puerto de Béjar, en el Puente de la Malena de Béjar, en Palacios de Salvatierra o cerca de Salamanca en el paraje de El Zurguén. En el Puerto de Béjar se encuentra el Camino de los Miliarios que lleva hasta Montemayor del Río, un sendero señalizado que descubre uno de los mejores tramos, allí se encuentra el Puente de la Malena, rincón emblemático de la Vía, pues en su entorno se localiza una gran acumulación de miliarios, como lo es también el puente romano de Salamanca, paso imprescindible para avanzar hacia el norte.
El tramo norte, desde la ciudad salmantina hasta Zamora, atraviesa campos de cereal y los restos son escasos, salvo algunos miliarios en Calzada de Valdunciel y una estela funeraria romana reutilizada en la llamada Fuente Buena.
Es la Vía de la Plata un recorrido de gran valor histórico, monumental y paisajístico pues la historia y el arte se unen a los grandes paisajes llenos de robles, castaños y encinas de la Sierra y del Campo Charro, un paisaje que merece la pena visitar y contemplar porque además, a lo largo del camino, existen ramales que nos llevan a una serie de interesantes pueblos declarados patrimonio.
Quien las sabe las tañe
Es más frecuente decir, El que las sabe las tañe. Al observar don Jerónimo a Sancho que el autor del falso Quijote le pinta comedor y simple, y no nada gracioso y muy otro del Sancho que en la primera parte de la historia de su amo se describe.
Sancho le contesta: «Dios se lo perdone; dejárame en mi rincón sin acordarse de mí, porque quien las sabe las tañe, y bien se está San Pedro en Roma (núm. 94),» dando a entender con esto que nadie debe meterse en lo que no entiende.
Puede usarse también este refrán en el mismo sentido que el anterior.
En el Coloquio de los perros de Mahudes encontramos otro proverbio que puede considerarse como el reverso de los dos últimos:
—Quien necio es en su villa, necio es en Castilla.
Actualización Sep2025 | +248👀
Los Refranes del Quijote
Poemas y pensamientos de Manuel Lozano Gombault, XIX
POESÍA
No son los ojos, esos planetas extraviados
en la aurora inconclusa.
Es la mirada
quien te incluye en el martirio
y la gloria.
Manuel Lozano Gombault
-Derechos registrados-
JIM MORRISON
a Claudia Martini
¿Ya volaron las desesperadas erinias?
Que el alimento se convierta en grito.
Me inclino sobre los féretros de tu mente.
Voy a velarlos
en una tina de sangre
recubierta de alabastro.
Manuel Lozano Gombault
-Derechos registrados-
PENSAMIENTOS DE MANUEL LOZANO GOMBAULT
"Sólo la sangre desmedida es un madre".
"Excedo el todo. Excedo presencias. Excedo universos".
CORRESPONDENCIA
"DE ALFREDO ALCÓN (EL MÁS GRANDE ACTOR ARGENTINO)
PARA MANUEL LOZANO GOMBAULT"
"Nunca creí en la originalidad, esa suerte de impostora que, como un uroboros, se muerde la cola y despedaza, pero sí en el talento de artistas que nos permiten resucitar cada día. Manuel Lozano Gombault no es meramente un genio. Es más que un genio. El es un taumaturgo que rompe contra toda repetición o previsibilidad literaria. Jamás vi, lo admito, a alguien que creara con tal intensidad y relevancia obras para la inmortalidad, inmortalidad que frecuento y me frecuenta."
Alfredo Alcón, Buenos Aires, 14 de enero-1999
DE ADOLFO BIOY CASARES, PARA MANUEL LOZANO GOMBAULT
"Cada vez que leo un libro de Manuel Lozano Gombault, me enfrento al espléndido asombro del descubrimiento de una obra consumada. Son como soles o joyas que nos ultiman o nos nacen en una atmósfera que sólo un escritor genial puede hacerlo. Cada vez resulta más dificil hallar un escritor genial. Y Manuel Lozano Gombault, más acá de las supercherías de la juventud que nunca convoco como argumento, es el más genial." -
Adolfo Bioy Casares, Premio Cervantes, 1992
"LO QUE MARCO DENEVI ESCRIBIÓ SOBRE MANUEL LOZANO GOMBAULT"
Si el destino no me hubiera deparado ser escritor y hubiera sido, por ejemplo, un artista plástico, habría pintado innumerables retratos de la obra de Manuel Lozano Gombault. No me queda más remedio que recurrir o convocar a otra magia acaso más íntima: la de la palabra. Cuando lo descubrí (porque a Manuel Lozano Gombault hay que descubrirlo), experimenté lo que Paul Verlaine ante Rimbaud. Une saison en enfer volvía a encarnarse, esta vez no en Francia, sino en una de las ciudades que se llaman Buenos Aires (porque a Buenos Aires también es necesario descubrirla en las múltiples caras de un prisma). Los textos de este autor son juguetes salidos del infierno. ¿Qué es el infierno para él? No son los otros, como proponía Sartre; ni siquiera un establecimiento ultraterreno o místico para castigar la desobediencia, lo cual nos remitiría a una lectura harto lineal de su obra. Lozano Gombault inventa infiernos concéntricos y espiralados, con cercano parentesco a los de Akutagawa, pero los dota de una extraña particularidad: son infiernos celestes, túneles y laberintos donde la palabra se transfigura en la más desmesurada fiesta de espejos. "¿Cómo entrás en ellos?", le pregunté el otro día. Y me contestó de una manera por demás genial y literaria: "A través de intersticios, a plena luz del día y con una lupa en la mano. Esos intersticios son las palabras que forman mi idioma, pero también me conforman". Manuel Lozano Gombault entra en la fiesta de los espejos para exhumar el más espléndido de los idiomas. El mismo es ya un idioma que perdurará para siempre en la literatura del mundo.
Marco Denevi, Buenos Aires, 1995
"Nunca creí en la originalidad, esa suerte de impostora que, como un uroboros, se muerde la cola y despedaza, pero sí en el talento de artistas que nos permiten resucitar cada día. Manuel Lozano Gombault no es meramente un genio. Es más que un genio. El es un taumaturgo que rompe contra toda repetición o previsibilidad literaria. Jamás vi, lo admito, a alguien que creara con tal intensidad y relevancia obras para la inmortalidad, inmortalidad que frecuento y me frecuenta."
Alfredo Alcón, Buenos Aires, 14 de enero-1999
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| Adolfo Bioy Casares, Premio Cervantes 1992 |
DE ADOLFO BIOY CASARES, PARA MANUEL LOZANO GOMBAULT
"Cada vez que leo un libro de Manuel Lozano Gombault, me enfrento al espléndido asombro del descubrimiento de una obra consumada. Son como soles o joyas que nos ultiman o nos nacen en una atmósfera que sólo un escritor genial puede hacerlo. Cada vez resulta más dificil hallar un escritor genial. Y Manuel Lozano Gombault, más acá de las supercherías de la juventud que nunca convoco como argumento, es el más genial." -
Adolfo Bioy Casares, Premio Cervantes, 1992
"LO QUE MARCO DENEVI ESCRIBIÓ SOBRE MANUEL LOZANO GOMBAULT"
Si el destino no me hubiera deparado ser escritor y hubiera sido, por ejemplo, un artista plástico, habría pintado innumerables retratos de la obra de Manuel Lozano Gombault. No me queda más remedio que recurrir o convocar a otra magia acaso más íntima: la de la palabra. Cuando lo descubrí (porque a Manuel Lozano Gombault hay que descubrirlo), experimenté lo que Paul Verlaine ante Rimbaud. Une saison en enfer volvía a encarnarse, esta vez no en Francia, sino en una de las ciudades que se llaman Buenos Aires (porque a Buenos Aires también es necesario descubrirla en las múltiples caras de un prisma). Los textos de este autor son juguetes salidos del infierno. ¿Qué es el infierno para él? No son los otros, como proponía Sartre; ni siquiera un establecimiento ultraterreno o místico para castigar la desobediencia, lo cual nos remitiría a una lectura harto lineal de su obra. Lozano Gombault inventa infiernos concéntricos y espiralados, con cercano parentesco a los de Akutagawa, pero los dota de una extraña particularidad: son infiernos celestes, túneles y laberintos donde la palabra se transfigura en la más desmesurada fiesta de espejos. "¿Cómo entrás en ellos?", le pregunté el otro día. Y me contestó de una manera por demás genial y literaria: "A través de intersticios, a plena luz del día y con una lupa en la mano. Esos intersticios son las palabras que forman mi idioma, pero también me conforman". Manuel Lozano Gombault entra en la fiesta de los espejos para exhumar el más espléndido de los idiomas. El mismo es ya un idioma que perdurará para siempre en la literatura del mundo.
Marco Denevi, Buenos Aires, 1995
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