El chisme de los pastores del Valle Estrecho
Dicen que hace unos años, en pleno verano, cuando los pastores subían a los pastos altos del valle Estrecho, ocurrió un episodio que todavía se rumorea por las brañas, aunque nadie lo admite en voz alta.
—Mis ovejas me hacen caso como si fuera su hermano mayor. ¡No se me escapa ni una!
Tarsicio, sin levantar la vista del queso que estaba cortando, murmuró:
—Ya veremos.
Al día siguiente, temprano, los pastores comenzaron a subir hacia las camperas. Pero cuando llegó el momento de contar el ganado, Ovidio frunció el ceño. Le faltaban tres ovejas. Él, rojo de vergüenza, empezó a buscar desesperado por los piornos. Nada. Tarsicio lo miraba de lejos, con esa calma de quien se sabe mayor que el monte.
Al rato, uno de los mozos que ayudaban en verano apareció con una sonrisa sospechosa.
—Ovidio, creo que tus ovejas están buscando al “hermano mayor”…
Y las señaló. Las tres ovejas estaban dentro del redil de Tarsicio, que fingía sorpresa con una sutileza digna de teatro:
—Mira tú por dónde… Parece que mis ovejas han hecho amigas nuevas.
Los demás pastores estallaron en carcajadas. Ovidio, colorado hasta las orejas, intentó justificarlo:
—Sería el viento… o que olieron sal…
Pero ya nadie le escuchaba.
Desde entonces, cada vez que Ovidio abría la boca para presumir, alguien le decía:
—No hables muy alto, no sea que se te escapen…
Y todos se entendían sin necesidad de más palabras.

SOBRE ESTA BITÁCORA
Esta bitácora nace en noviembre de 2008 con el ánimo de divulgar historias curiosas y entretenidas. Son 19 años acudiendo diariamente a la llamada de amigos que vienen de todo el mundo. Con +9.412.500 visitas, un mapa del románico abierto a finales de 2023 que ya ha recibido +1.408.500 consultas y +6.100 artículos en nuestra hemeroteca, iniciamos una nueva andadura. Comparta, Comente, síganos por nuestros canales de Facebook y Wasap. Y disfrute. ¡Es gratis!



























Siempre es agradable leer este tipo de historias, porque parece que te lo están contando al calor de la lumbre.
ResponderEliminarEsta y otras historias de parecida temática, que están en la mente de nuestros mayores de nuestros núcleos rurales, están llamadas a olvidarse, si no es que alguien, con cariño por su tierra, las escribe sobre el papel, como es el caso de Estalayo. Y luego se las pasa a Froilán, otro entusiasta de su tierra, para que a través de Curioson vean la luz y pasen a ser de dominio público, que es de lo que se trata a fin de cuentas. Bonito tándem hacéis en este sentido. Saludos.
ResponderEliminar