En cuanto crucé las puertas de City of Hope, en Los Ángeles, sentí algo difícil de explicar. No era solo un hospital. Había en el aire una mezcla de silencio, lucha y, sobre todo, esperanza.
 |
| Pensé, entonces, en los paisajes de robles y hayas, en el murmullo del Pisuerga, en el silencio de los chozos... |
Caminé por sus pasillos con el corazón encogido, viendo a tantos niños pequeños, algunos con la cabeza cubierta, otros empujando sus sueros como si fueran juguetes silenciosos. Y, sin embargo, en sus ojos no vi derrota… vi una luz. Una luz que no debería caber en cuerpos tan frágiles, pero que allí parecía multiplicarse. Me detuve un momento junto a una sala donde unos niños dibujaban. Uno de ellos levantó la mirada y me regaló una sonrisa limpia, como de mañana de primavera en la Montaña Palentina. En ese instante comprendí que la vida, incluso en sus momentos más duros, se abre camino con una fuerza que no se puede explicar, solo sentir. Aquí, en este lugar, no solo trabajan médicos; trabajan manos que curan, voces que consuelan y corazones que no se rinden. Cada habitación guarda una historia, cada familia una batalla, cada niño un pequeño milagro en construcción. Pensé entonces en los paisajes de robles y hayas, en el murmullo del Pisuerga, en el silencio de los chozos en invierno… y me di cuenta de que la esperanza es como esos bosques antiguos: parece quieta, pero por dentro está llena de vida, resistiendo, creciendo, renovándose. Salí al exterior con una emoción difícil de contener. Este lugar no es solo un hospital. Es un faro. Un refugio donde la ciencia y el amor caminan de la mano, donde cada día se lucha por regalar tiempo, sonrisas y futuro. Y mientras me alejaba, comprendí que, aunque el dolor tenga aquí su espacio, la esperanza siempre encuentra la forma de ser más grande.
Actualización abr2026 | 💥+155 👀
Mundos para Interpretar
City of hope, Ciudad de la Esperanza. En este paseo que nuestro amigo y colaborador hace por Los Ángeles, se detiene en el hospital del cáncer. Y busca en los recovecos de su mente un poco de aire, impresionado por lo que allí ve, por la energía de los niños, por la fuerza que denotan quienes están amenazados. Y para buscar un respiro, el vuelve sus ojos a su montaña palentina. Una curiosa reflexión para este último día de abril.
ResponderEliminarUn lujo Jose Luis leer tu artículo relacionado mucho de el con nuestra montaña palentina. Me ha encantado y emocionado las comparaciones que haces de esos niños y el hospital, admiro mucho vuestros escritos, y por supuesto todas las documentaciones en videos y fotografías. Una gran lotería tener a personas como tú que estáis en otro mundo y nos mostréis las bellezas que tenemos en nuestra montaña palentina. Gracias amigos por vuestros esfuerzos.
ResponderEliminar