Se trata de un vano en
arco de medio punto con
cimacios ajedrezados que apoyan en dos columnas rematadas en sendos
capiteles decorados con dos ángeles y bola el de la derecha y una
arpía y un león el de la izquierda.
En el fuste de la derecha, una
Virgen coronada que porta en su mano una
flor de lis teniendo en su regazo un Niño.
El fuste de la izquierda, un personaje con túnica corta porta un objeto en la mano.
Si tienes la tentación de comprobar su interpretación en redes sociales o alguna publicación al uso, encontrarás interpretaciones como éstas: “Parte izquierda de la ventana. En el fuste izquierdo, observamos un personaje con un objeto en la mano, tal vez una ofrenda. El capitel se decora con un león y una arpía” O éste: “Virgen con el Niño”. Y así, por el estilo… A mí, como perrito “Curioson” un día que quise conocer el
templo románico de Teza de Losa, su cura jubilado me impuso una condición para acompañarnos: que teníamos que intentar explicarle la simbología completa de la ventana del
templo de San Andrés de Pedrosa. Y allí nos fuimos. Cumplimos con nuestra promesa y mi madrina Laura le envió, por escrito, el “recao”. Nuestro criterio que no afirmo que sea mejor ni peor que los existentes, al menos intenta abordar el mensaje del contexto arquitectico en su totalidad. Y ahí lo tenéis por si tuvieseis curiosidad de conocer nuestra opinión:
“En el fuste derecho, muy toscamente labrada, aparece la representación de la Virgen y el Niño. La corona de la Virgen esta sencillamente perfilada, en cuanto la del Niño apenas se distingue. La Virgen rodea con su brazo derecho al Niño, mientras sostiene en la mano izquierda una flor de lis. El Niño, cuyos pies se aprecian bajo el brazo que lo sujeta, levanta el brazo en señal de bendición, y en la otra mano parece distinguirse una especie de esfera.
En el fuste izquierdo esta tallado un hombre que viste corta túnica con básicos pliegues, sujeta en la mano algo parecido a un cofrecillo.
Por la equiparación de las dos figuras, seguramente se trate de la
adoración de los magos, aunque aquí –por problemas de espacio-, sea escenificado sólo uno. Encima de cada fuste se ha trabajado una sencilla banda esculpida con animales fantásticos de ánimo ornamental. En definitiva, lo más seguro es que se trate de una primitiva y esquemática representación de la
Epifanía, obra de un cantero del que no se conocen otros ejemplos, tosco y elemental, que a buen seguro corresponde al candor y a la ingenuidad propia del artista”.