100 DOSIS DE AMOR [23] [Sawabona]Una de las entradas de curiosón, es la carta que le escribe Albert Einstein a su hija. A lo mejor es un hoax de esos que surgen a menudo en las redes sociales y que la gente comparte sin cesar buscando, me imagino, decirle al mundo que se desperece, que deje lo que está haciendo, que se olvide de buscar, porque aquí está lo que alimenta de verdad, lo que nos hace más humanos, lo que necesitamos practicar y difundir: ¡¡¡El amor!!!!! El Amor es luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere.
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El conde de Urgel
El más fuerte y el más temido era el conde de Urgel, no tanto por la mayor legitimidad de sus derechos, cuanto por su ingenio activo, impetuoso y osado, por los numerosos partidarios que le proporcionaban sus relaciones de parentesco y amistad con las principales familias de Cataluña, por el favor de que gozaban los Lunas de Aragón, y por la popularidad que tenía entre los valencianos.
Le favorecía además la circunstancia de que a la sazón de morir el rey, sus competidores, o contaban todavía con escasas fuerzas, o se hallaban distantes del reino. El duque Luis de Calabria era un niño, y sólo contaba con el apoyo de Francia: el duque de Gandía, don Alfonso, anciano y enfermo, y el hijo bastardo de don Martín de Sicilia, don Fadrique, aunque recién legitimado por el papa Benito, tenían pocos partidarios en el reino. Quedaba pues, por principal competidor al de Urgel el infante don Fernando de Castilla, por quien había mostrado decidida inclinación el rey don Martín, y en cuyo favor estaba el Justicia de Aragón, el arzobispo de Zaragoza, el gobernador Lihori, y el mismo Benito XIII, formando un numeroso partido, además de asistirle, como se vio después, el mejor derecho.
El de Urgel, ávido por otra parte de ceñir una corona, se presentó con resolución y osadía a sostener su pretensión con lar armas. Grandes perturbaciones y trastornos amenazaban y hubiesen sobrevenido a la monarquía aragonesa, si no hubiera habido tanta sensatez y cordura por parte del pueblo y de sus representantes. Pero el parlamento de Cataluña, único que entonces estaba reunido, deponiendo con noble patriotismo toda afección personal, y atendiendo sólo a lo que demandaba la justicia y el bien y la paz del reino, requirió al turbulento conde que se abstuviese de ejercer el oficio de lugarteniente y licenciase la gente armada, pues no podía consentir ni aquella actitud, ni el uso de aquella autoridad, siendo el reino el que había de fallar en justicia entre todos los pretendientes: intimación que desconcertó al conde, por los mismo que venía del Principado, donde él contaba con mayor apoyo.
Pero tampoco Cataluña quería decidir por sí sola un negocio que interesaba igualmente a los tres reinos de la corona aragonesa. Por lo mismo, y procediendo con mesura y con la mayor lealtad, envió a algunos de sus miembros a Aragón y Valencia para excitar a estos pueblos a que reuniesen sus particulares parlamentos, y después en uno general de los tres reinos se viese la manera mejor de poner fin al interregno, dando la triple corona de aquella monarquía a quien de justicia y por más legítimo y fundado derecho se debiese.
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El conde de Urgel, al decir del historiógrafo de don Fernando, Lorenzo Valla, en su furia contra el papa y contra el arzobispo, amenazó al primero con hacerle rasurar la cabeza, y al segundo con ponerle en ella un casco de fierro candente en lugar de mitra.
Edén en Cantamuga
"El templo de San Salvador de Campo de Muga con todos los términos hasta sus límites y pertenencias y posesiones que hoy tiene y posee y las que tuvo y poseyó en tiempos del Emperador Alfonso mi abuelo, y en tiempos de mi padre el rey Sancho, excepto las poblaciones de Camasores y los barrios de Risoba. El dicho monasterio de San Salvador enteramente lo dono y concedo y confirmo con toda su villa a Dios y a la iglesia palentina de S. Antonino, y a vosotros los muchas veces dichos, Don Raimundo que al presente es obispo, mi legítimo tío".
Colegiata de El Salvador
San Salvador de Cantamuga | Palencia
Así reza la escritura de donación que en 1181 realizara Alfonso VIII a favor del obispo palentino don Raimundo, en compensación por la disminución que éste había sufrido en la administración de la ciudad de su sede. Y a su tenor, deben desvanecerse discusiones fatuas entre su denominación Cantamuda ( con leyenda incluida de la muda que habló) o Cantamuga, campo de límite o frontera.
Subamos pues al Condado de la Pernía creado en 1185 por Afonso VIII para disfrutar de esta abadía de renombre con dignidad en la mismísima catedral diocesana, recordando influencias asturianas y mozárabes. La Colegiata se debe a doña María Elvira, sobrina del rey Fernando I, como fundadora de su templo, en los que los volúmenes de su cabecera nos hacen pensar en una composición similar a la de los templos basilicales de tres ábsides, crucero y cimborrio prismático de sección cuadrangular, cuando el interior nos sorprende con una solución arquitectónica diferente en la que el cimborrio no tiene cúpula sino ojiva, lo que nos previene ya acerca de la fecha de su construcción poniendo en duda la frecuente y generalmente asumida fecha de 1181 para poder mantener que fuera alzada a partir del año 1200, pues la realización de ojiva desde los cimientos, los cañones apuntados y la nervadura del hemiciclo del ábside mayor dan suficiente apoyatura para comprender que no se trata de una reconversión sino inicial del propio e inicial proyecto.
El exterior se nos ofrece con un ábside seccionado por contrafuertes que a la altura de su imposta apoya en columnillas geminadas hasta el alero sirviendo de base a tres vanos, mientras que los absidiolos laterales repiten la misma construcción pero con un solo vano. El cuerpo cúbico del crucero, cubierto por tejado a cuatro aguas, sobresale de los ábsides y del crucero y se sostiene en alero decorado por canecillos de animales, barriles, frutos y personajes con armadura.
Otro cubo adyacente comunica el campanario a través de escalera de caracol.

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Cierro-Cirvuno
―c
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Una Investigación de Carlos Vielba
Cierro
1. m. Sebe | Cerca de una finca hecha con plantas secas o arbustos. [SRVP: Santibáñez de Resoba.]
Ciervo. ~ volante.
1. m. Ciervo volante | Insecto coleóptero de unos cinco centímetros de largo, parecido al escarabajo, de color negro, con cuatro alas, y las mandíbulas lustrosas, ahorquilladas y ramosas, como los cuernos del ciervo. (Lucanus cervus). SIN: cari, coca, gacho. [DRAE: s.v.]
Cierzo
1. m. (Viento) este. [ALCL: Villalba de Guardo.]
Cigarrillo
1. m. Cigarrillo | Cigarro pequeño de picadura envuelta en un papel de fumar. SIN: amarrado, caliqueño, cilindrín, explotapechos, mataquintos, plajo. [DRAE: s.v.]
Cigüeño, ña.
1. adj. Larguirucho | Se denomina al joven alto, delgado y descoordinado. [SRVP: Santibáñez de Resoba.]
Cijar
1. intr. Cejar | Echarse para atrás. [AYVB: Barruelo.]
Cilindrín
1. m. coloq. Cigarrillo | "...los desocupados señoritingos o zánganos colmeneros, “incineran cilindrines”, “vacían aire a los vasos”, “aceleran el cáncer” o “queman caucho al volante”. [SFBV: Barruelo.]
Cillero
1. m. Cajón situado delante del carro, donde se llevan ropas y alimentos. "Tampoco puede llevar a su hijo, demasiado pequeño para la nieve que hay y, encomendándose a San Lorenzo y San Andrés, patronos de Cardaño y de su pueblo, le deja allí, metido en el cillero, con la sola compañía y calor de los bueyes." [HYLP: Montaña.]
Cina
1. f. Hacina | Conjunto de haces colocados apretada y ordenadamente unos sobre otros. [ALCL: Otero de Guardo.] [ALCL: Villalba de Guardo.] [ALCL: Pomar de Valdivia.]
2. f. Tresnal | Tresnal (montón de haces). [ALCL: Villalba de Guardo.]
Cincarse
1. prnl. Pasar la bola por fuera de la caja. [VRGP: La Pernía.] [CPPC: La Pernía.]
Cincio
1. m. Envidia | Envidia infantil. Deseo impulsivo. "Javier era buen chico, aunque algo presuntuoso: siempre estaba alardeando de tener tales y cuales cosas y daba bastante cincio." [SVDS: Barruelo.] "¡Vaya cincio que me estás dando!..." [AYVB: Barruelo.]
Quitar el cincio.
1. loc. verb. Calmar un deseo. [AYVB: Barruelo.]
Cinco
(Del lat. quinque).
1. f. pl. Merienda, comida ligera que se hace a media tarde antes de la cena. [SRVP: Santibáñez de Resoba.]
4. m. Cinco | En el juego de bolos, el que ponen delante de los otros, separado de ellos. SIN: miche, michi, michin. [DRAE: s.v.]
Cingar
1. tr. Mover cosas continuamente de un sitio. [SRVP: Santibáñez de Resoba.]
Cinto
2. m. Risco | Peñasco alto y escarpado. "En un instante ambos estaban completamente empapados, mientras corrían hacia un cinto próximo donde guarecerse debajo de alguna roca." [SVDS: Barruelo.]
Tirar al ~cinto.
1. loc. verb. Aluchar | Esta expresión equivale a luchar, de forma similar a la lucha leonesa. [EHCR: Camporredondo.]
Cinturón
1. f. Cinturón | Cinto que sujeta el pantalón a la cintura. SIN: badana, petrina. [DRAE: s.v.]
Cipia
1. f. Mojadura | Mojadura de agua de lluvia. "Hemos cogido una cipia tremenda con la nube que nos pilló en la pradera." [DMSH: Dehesa de Montejo.]
Cirbunal
1. m. Lugar donde crece la cirvuna. "Sigue la peña del Águila, que a los Cirbunales mira, llamada así porque en ella fuertes águilas anidan." [TEPB: La Pernía.]
Cirigüeña
1. f. pl. Cebolleta | Cebolleta silvestre. "Arrancar cirigüeñas que viene Mayo." [EHCR: Camporredondo.]
Cirineo. como un ~.
1. loc. adj. Sucio. [PCVM: Menaza.]
Cirolar
1. m. Terreno o finca en donde hay muchos ciruelos. [RCML: Rabanal de los Caballeros.]
Cirriones
1. m. pl. hollín | Sustancia negra que deja el humo. [ALCL: Villalba de Guardo.]
Quitar los ~Cirriones.
1. tr. Deshollinar | Quitar el hollín de la chimenea. [ALCL: Villalba de Guardo.]
Cirrios
1. m. pl. Hollín | [ALCL: Lores.] [ALCL: Otero de Guardo.] [ALCL: Pomar de Valdivia.]
Quitar los ~Cirrios.
1. tr. Deshollinar | Quitar el hollín de la chimenea. [ALCL: Otero de Guardo.]
Cirvuna
1. f. Hierba dura y espinosa desechada por el ganado. (Nardus stricta). [EHCR: Camporredondo.]
Cirvuno, na.
1. adj. Atravesado | Relativo a personas: de mal carácter. [EHCR: Camporredondo.]
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Si quiere acceder a la bibliografía
Una Investigación de Carlos Vielba
San Román de Entrepeñas | Palencia
Se trata de uno de los emplazamientos medievales más importantes de la Montaña Palentina.
Levada das 25 fontes | Portugal
💫Rutas por Madeira
División en Provincias (II)
Los trece reinos tienen nombres grandes e históricos; son propios de un país viejo y monárquico, no de una flamante y vulgar democracia sin hechos de renombre. Llenan la boca al nombrarlos y sugieren mil reflexiones sobre los tiempos más gloriosos del poder floreciente de España, cuando eran gigantes en el mundo, no pigmeos con paletot de París, cuya única ambición es imitar al extranjero y rebajarse y desnacionalizarse a sí mismos.
Richard Ford, 1846
Castilla adorna con dos coronas las sienes reales, a saber: la de la Vieja, donde nació la monarquía, y la de la Nueva, conquistada después a los moros. La parte novena es la desolada Extremadura, que sólo tiene el título de provincia y está poblada de langosta, ganados trashumantes, cerdos, y aquí y acullá algún bípedo humano. León, reino muy honrado en otro tiempo, se extiende más arriba, con sus llanuras de cereales y sus venerables ciudades, hoy silenciosas como tumbas, pero antaño teatro de la caballería medieval. El reino de Galicia y el principado de Asturias constituyen el litoral del oeste y forman el malecón de España contra el Atlántico.
No es cosa fácil averiguar la población exacta de un país, mucho menos de uno donde no existen registros públicos. En términos generales, las gentes, que encuentran pocos encantos en el estudio de la estadística y economía política, consideran como de mal agüero cualquier tentativa para contarlos. Contar la gente era un crimen en Oriente, y en España se encuentran muchas dificultades morales y materiales para hacer un censo.
Así, mientras algunos escritores con estadísticas fantásticas esperan halagar a los poderes públicos exagerando brillantemente la fuerza nacional «alardear de ella, dice el duque, es la debilidad nacional», la mayoría, suspicaz por otro lado, está dispuesta a ocultar y disfrazar la verdad. Por nuestra parte siempre pondremos en entre dicho lo que oigamos acerca de población, comercio o rentas de España en el presente o en el pasado. Las clases elevadas tenderán a presentarlo todo floreciente con objeto de engrandecer a su país, y los pobres, por el contrario, se inclinarán a ver las cosas siempre peor de lo que en realidad son. Nunca proporcionarán un dato, siquiera sea indirectamente, que sirva para hacer empadronamientos o reclutas.
Imagen: Igualeja, Ronda, Jesús Beltrán para Curiosón
1846 Cosas de España
Encajes de Acebo, Camariñas y Almagro
Almagro, Camariñas y Acebo son tres lugares de España en los que el encaje de bolillos se ha comercializado por su calidad. En Almagro se utilizaba hilo muy fino y las labores, primorosas, eran disputadas para ajuares de novia y regalos. Los de Camariñas se tejen con hilo de diferente grosor, hilo de encaje, bobinas blancas como la nieve.
Los encajes de Acebo usaban bobinas del número 60, perfectas para trabajar, y hacían que la labor pareciese almidonada y nívea. Cuando se trabajaba en invierno el encaje solía quedar más oscuro, de ahí que las encajeras aprovechasen el buen tiempo para, reunidas en los corrales o en las calles, arrimadas a las casas, pasar las tardes trabajando y, de paso, estar entretenidas con sus conversaciones. Los matrimonios jóvenes salían del pueblo, en el coche de línea, con una maleta bien llena de ellos para venderlos. Era frecuente, también, en los pueblos sobre todo, vender puntilla por metro porque se regalaban a la iglesia cosida en primorosos pañitos con algún bordado a cadeneta o festón, para las peanas de la Virgen o de los santos y, ¡cómo no! quiero recordar a la señora María, aquí en Palencia, madre de tres hijas peluqueras, una de ellas, Presen, me peinó hasta su jubilación en su peluquería en la Calle de Colón. En Valladolid, la encajera Julia, mi madre, en el paseo de Zorrilla, junto a la Plaza de toros. Recuerdo haber conocido a Mary en Cubillas de Santa Marta porque era clienta de mi madre, y miren por dónde, una tarde, ya casada y viviendo en la calle de La Paz, nos encontramos en la piscina del Campo de la Juventud, y ella recordaba a mi madre como una persona “encantadora y dulce”. La verdad es que, la persona que compraba alguno, se hacía clienta y amiga para siempre.
En Madrid, vendía encajes, mantelerías de Lagartera y mantillas granadinas Concha, casada con un hermano de mi abuela, Gregorio. En Lugo, mi tía Concha, que enseñó durante muchos años a hacer el encaje en un centro social. En Barcelona, mi tía Marciana. En Irún, mi tía Petra, junto al marido que regentó el bar Cid. En Orense, mi tía Aniceta y en Salamanca, tía Arsenia. Mi abuelo Deogracias, al quedarse viudo con cinco hijos, también eligió el oficio de vendedor de encajes. Salía a los pueblos en su carrito tartana y se llevaba a los hijos mayores. En casa, al cuidado de alguna buena vecina quedaban los otros dos. Y los sacó adelante. Fueron muchas las encajeras que salieron de Acebo, valientes, decididas a que sus hijos tuviesen mejor oportunidad. Lo consiguieron.
Yo conservo bastantes encajes. Mi madre hizo para cada nieto un juego de cama, luego, para los biznietos. Recuerdo a mi abuela Natividad, allá por los años cincuenta, en nuestra casa, el ventorro Porora, a la bajada del Puerto de Perales cuando, en el zaguán, hacía encaje protegida de los rayos de sol que, a las cuatro de la tarde del estío extremeño, aún pugnaban por hacerse dueños de aquella frescura y semioscuridad. Yo no podía salir a jugar. “El sol derrite los sesos” ,me decía, y yo, cuatro años mal contados, preguntaba ¿por qué abuela? Y los porqués se hilvanaban con la santa paciencia de quien compartía conmigo soledad hasta la llegada del abuelo Antimo a la hora de la cena, o de alguno de los pastores que, camino de la montaña palentina, solían pernoctar. Pero no voy a dejarme invadir por la saudade, que diría Rosalía de Castro. Si lo vivido fue bueno, que permanezca alegre en el corazón.
Yo conservo bastantes encajes. Mi madre hizo para cada nieto un juego de cama, luego, para los biznietos. Recuerdo a mi abuela Natividad, allá por los años cincuenta, en nuestra casa, el ventorro Porora, a la bajada del Puerto de Perales cuando, en el zaguán, hacía encaje protegida de los rayos de sol que, a las cuatro de la tarde del estío extremeño, aún pugnaban por hacerse dueños de aquella frescura y semioscuridad. Yo no podía salir a jugar. “El sol derrite los sesos” ,me decía, y yo, cuatro años mal contados, preguntaba ¿por qué abuela? Y los porqués se hilvanaban con la santa paciencia de quien compartía conmigo soledad hasta la llegada del abuelo Antimo a la hora de la cena, o de alguno de los pastores que, camino de la montaña palentina, solían pernoctar. Pero no voy a dejarme invadir por la saudade, que diría Rosalía de Castro. Si lo vivido fue bueno, que permanezca alegre en el corazón.
Justicia mayor del reino
Habiendo procedido el rey a ordenar y proveer los oficios de su casa, tomaron de ello ocasión los altivos catalanes para querer resucitar uno de los abolidos privilegios de Alfonso III, y congregándose el parlamento en Molins de Rey, despacharon comisionados a Valencia, donde el monarca se hallaba, para que juntos con los de Valencia y Zaragoza le expusieran la doble pretensión de que no confiriese oficios ni empleos sin consentimiento y aprobación de las cortes, y de que despidiesen a los castellanos que tenían en su casa.
Un tanto desasosegadas otra vez las posesiones de Cerdeña, de Córcega y de Sicilia, el apaciguarlas del todo y completar la obra de su padre era empresa digna del ánimo levantado de Alfonso V, y podía ser ocasión y principio de otras mayores. Así, mientras sus hermanos los infantes don Juan, don Enrique y don Pedro inquietaban la Castilla y movían los disturbios y alteraciones que dejamos referidos, don Alfonso con más nobles aspiraciones preparaba su expedición, armaba y abastecía sus naves, juntaba sus gentes, y dejando encomendado el gobierno del reino a su esposa la discreta y prudente doña María, con su consejo de prelados, caballeros y letrados de juicio y autoridad, se proponía alejar del país, llevándolos consigo para emplearlos y distraerlos en las cosas de la guerra, aquellos magnates más dados a bullicios y novedades y a acaudillar banderías. Dio motivo a que se demorase algún tiempo su embarcación un incidente grave, propio de la singular constitución aragonesa, y fue el siguiente.
Era Justicia mayor del reino, y lo había sido mucho tiempo, Juan Jiménez Cerdán, varón muy notable y de grandes prendas, muy relacionado y muy influyente en el reino. Este supremo magistrado, siguiendo la costumbre de otros, había hecho cierto pacto con el rey de renunciar su dignidad siempre que a ello le requiriese. Deseaba don Alfonso dejar a su partida provisto aquel cargo en Berenguer de Bardají, el hombre más eminente de su tiempo, y en quien más confianza tenía. En su virtud requirió a Jiménez Cerdán que renunciase a su oficio, mas como éste rehusase cumplir lo pactado, el rey determinó proceder contra él hasta declararle público perjuro, pregonándole privado de su empleo y mandando que nadie obedeciese sus provisiones (marzo, 1420). El destituido Justicia hizo su reclamación de agravio, y le fue otorgada su firma de derecho para ser oído y amparado en su posesión. A pesar de este recurso, la reina, como lugarteniente general del reino, confirmó la destitución, la mandó publicar a pregón y notificar a todos los tribunales. Tan violenta y desusada medida, empleada con un funcionario que las leyes y las costumbres aragonesas consideraba como la primer defensa y amparo de sus privilegios y libertades, produjo general escándalo grave y disgusto y turbación en el reino, y hubiera dado ocasión a más serias demostraciones sin la abnegación loable de Cerdán, que al fin hizo su renuncia en manos de la reina, quedando reconocido como Justicia Berenguer de Bardají.
Actualización mar2026 | 💥+575 👀
La Historia General de España de Modesto Lafuente, es considerada el paradigma de la historiografía nacional del pensamiento liberal del siglo XIX.
Impresa en Barcelona por Montaner y Simón entre 1888 y 1890.
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