100 DOSIS DE AMOR [91] Froilán De Lózar [Para Sawabona, el amor de su vida]

Por más amigos y familia que uno tenga, está solo en muchas ocasiones. Sólo y sin saber a dónde dirigir sus pasos. Sólo frente a un mundo agitado, donde crecen cada día los sinsabores, donde te exigen celeridad para acabar lo que estás haciendo y meterte con la misma prisa en otra cosa. Hacer muchas cosas, no importa el resultado. A veces, un beso, una caricia, valen tanto como el resto del tiempo. Es un minuto, es un instante, pero es todo lo que necesitas para enfrentarte a la jornada o a la vida. Y no hay prisa por darlo. Y no hay prisa por desligar las bocas que lo anhelan y se recrean en el acto. Y no hay soledad en el Amor que no te lleve a un sueño. Y no hay sueño en soledad que no te muestre un camino cuando alguien te lo demuestra cada día, a veces con un ligero guiño, a veces con los gestos. Entonces, aquella sensación de soledad desaparece y nace un tierno canto.









Dulcinea de Campos

Julio César Izquierdo_Sábados al Sol


Tiburcio lo advirtió antes que nadie, porque sabe mirar en los recodos imposibles.




Tal es su precisión, que percibió un verso suelto, huérfano de cuaderno y dueño, prendido en el rabo del perro de San Roque. Sí, con un aire que arrastraba la cola hasta los alambres del cercado con partitura de pito jocoso. El animal, hasta entonces criatura de oficio y costumbre, empezó a moverlo con ademán ajeno. Era endecasílabo, con asonancia en i-a y pausa limpia en quinto pie. Mas nada ocurrió de golpe, que en los pueblos sin cartel lo extraordinario se cuece a calderadas. Primero cambió el trigo: brotó en octavas, se inclinó con cadencia de soneto cuando sopló el norte y cada espiga pareció consultar al vecino antes de rendirse. 


Después se alteró la lengua: en la plaza, las mujeres dejaron la prosa sin aviso y pasaron a la copla con naturalidad antigua; el panadero, hombre de harina y pocas frases, empezó a pesar hogazas en estrofas y devolver monedas concordadas. Entonces surgió Dulcinea de Campos, que llevaba cuarenta años siendo la misma sin más mérito que nombre. Amaneció distinta, sin corona ni aparato, con un aguacate en cada mano y una autoridad nueva que no rendía pleitesía. El carnaval, errante y sin calendario, la encontró y decidió quedarse. Fijaron fecha en abril, mes de contradicción, y aquello empezó a girar como noria sin agua ni feria. Tiburcio, desde la silla, entendió que aquello no era capricho altanero, sino rutina recién nacida. Los chopos trenzaron sonidos con pudor, el canal llevaba agua en alejandrinos y el can de San Roque sostenía su música prestada con paciencia de bolillera. Nadie pidió explicación ni la echó en falta. A saber, que nuestro protagonista, con todo, siempre fue más de gatos, criaturas que no versifican ni obedecen a métrica alguna y que, quizá por eso, saben mejor que nadie cuándo irse sin dar descuentos. Se dijo que aquel soplo no pedía venia y, sin embargo, todo parecía dispuesto a concedérselo: puertas entreabiertas, poltronas corridas un palmo, relojes con una ligera tendencia a demorarse. Hubo quien cambió el paso, quien afinó el oído y empezó a mirar de reojo, por si el mundo traía letra escondida. Esto nos dice en el café, mimando posos, dejando a cuenta el cuento.

Actualización may2026 | 💥+422 👀




Ahora también, la REVuelta de 
Tiburcio en libro, en
Amazon

SOBRE ESTA BITÁCORA

Author image

Esta bitácora nace en noviembre de 2008 con el ánimo de divulgar historias curiosas y entretenidas. Son 18 años acudiendo diariamente a la llamada de amigos que vienen de todo el mundo. Con +8.909.100 visitas, un mapa del románico abierto a finales de 2023 que ya ha recibido +1.303.300 consultas y +6.000 artículos en nuestra hemeroteca, iniciamos una nueva andadura. Comparta, Comente, síganos por nuestros canales de Facebook y Wasap. Y disfrute. ¡Es gratis!

2 comentarios en el blog:

  1. Y todo se trastocó de facto tras ese "verso suelto en el rabo del perro de San Roque", que el bueno de Tiburcio advirtió de pronto. Y al instante todo cambió de orientación en el pueblo, nada fue ya como antes; no sabría decir el personal si mejor o peor, pero diferente. Y así nos lo cuentas hoy, Julio César, en tu acostumbrada recreación del entorno rural. Para que luego digan que nada cambia.... Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Julio Izquierdo Pascua06 junio, 2026 09:21

    Ya sabes… cosas de Tiburcio. Un fuerte abrazo, amigo.

    ResponderEliminar

Puedes comentar libremente. Agradezco tu participación. Sé prudente y respetuoso al exponer tus juicios. Escribe en minúsculas. Puedes poner tu nombre o comentar como anónimo. Si no aparece tu comentario al momento, no te preocupes, es que ha pasado a moderación porque se trata de un post viejo, pero enseguida lo apruebo.

📒 EN PORTADA | MAESTRO GUZMÁN RICIS +868👀

No quiero tus avellanas

Ofrecerse y negarse avellanas es un buen pretexto para quererse, riñendo Estamos en Cervera. No hay otras breñas para avellanos. Ofrecers...