Calle Mayor
I
Cuando Palencia era una ciudad haciéndose a sí misma, es decir, hace un montón de años, toda la vida transcurría por la calle Mayor, la principal, no la otra que, por antigua, a pesar de ser mayor, un mal día le cambiaron el nombre por otro de un señor con estrellas en la visera que coronaba su uniforme y sus hombreras. Eran tiempos nuevos y ya se empezaba a no respetar la antigüedad de las arrugas.
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| Palencia y su Calle Mayor |
En la calle Mayor se daban los desfiles, civiles y religiosos, léase procesiones, la salida de los toreros del Gran Hotel Central Continental - ¡ele el nombre!- y hasta la limpieza de los zapatos, o de los botines de los señoritos, porque en ella tenían aposento o asentadero para el trabajo los limpiabotas, que, siempre, por aquello del ahorro -de lo que en esta tierra había miles de seguidores- se quedaban en “limpias”. Ellos daban betún, conversación y lustre, y tenían clientela fija. Entonces la distinción de una persona empezaba en los pies. Como la ciudad era pequeña y le habían quitado, demolido la murallas-tan limpias que las cantó Góngora- las puertas de entrada y el arco del Mercado, levantado en honor de un rey en su visita, y de nombre Carlos III, que, por muerto, ya había perdido el honor, a la calle Mayor se podía llegar por cualquier otra adyacente, o vaya usted a saber si confluente. Al derribador, a pesar del informe de conservación de la Academia de San Fernando, le concedieron de premio poner su nombre en una calle. Eso sí, tenía apellidos de los más sonoros de la ciudad y un valor de aquí te espero para desafiar a los técnicos del Arte. Lo que son los siglos y la fantasía de los novelistas, por más que quisieran desde el Romanticismo ser realistas. Tal es el caso de Pedro Antonio de Alarcón a su paso por Palencia, porque debió asustarle la longitud de la calle Mayor y la cantidad de columnas de los soportales, por más que entonces los hubiera también en algún tramo de la acera de la izquierda. Vean lo que nos cuenta, y piensen conmigo si alguna vez esta visión pudo responder a la realidad.
“Cerca del anochecer llegué a la antiquísima ciudad de Palencia, cuya calle Mayor pudiera compararse en longitud -ya que no en hermosura- a la calle Rivoli de París. Toda es de columnas y pilastras, que forman soportales de forma irregular. Pasarán de mil estos informes pilares de piedra que sostienen casas cargadas de escudos heráldicos.”
¿Se imaginan mil columnas y casas cargadas de escudos heráldicos en una ciudad menestral y sin nobleza porque el señor de la misma había sido siempre el Obispo? En un punto sí que es veraz: “andando por las iluminadas calles hice la observación de que en Palencia son las mujeres más guapas que en otros pueblos de Castilla.” Era el año 1858 y la diligencia en la que había llegado le llevaba al valle de Buelna, en Cantabria, y lo refleja en el libro Viajes por España. Cuando más adelante la pisó Alfanhuí, esa figura andariega que creó Rafael Sánchez Ferlosio, y acabó, o empezó otra vez, a andar Carrión arriba, le dejó, por su estancia en ella y aprendizaje del oficio de herborista, el mejor piropo conocido. Era el año 1950 del siglo pasado, diciembre para ser exactos, y también antes porque entonces comenzó a cambiar Palencia, que sí era hermosa y personal, y la describe como nadie lo había hecho, antes de la eclosión del estraperlo.
“Palencia era clara y abierta. Por cualquier parte tenía la entrada franca y alegre y se partía como una hogaza de pan. La calle Mayor tenía soportales de piedra blanca y le daba el sol. Las torres también eran blancas, bajas y fuertes y, el río, maduro y caudaloso. Al otro lado del río estaba la vega poblada de viñas, hortalizas y árboles de frutas; surcada por canales.”
Actualización abr2026 | 💥+200 👀
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Desde el lunes, 27 de abril, una de las salas de estudio de la biblioteca del Centro Cultural Lecrác de la ciudad lleva el nombre de Marcelino García Velasco, en recuerdo y homenaje al maestro, poeta y académico palentino fallecido en 2023.
ResponderEliminarCarmen Arroyo, que está al cuidado de la obra de Marcelino, nos invita a reflexionar hoy en torno a la Calle Mayor de Palencia, que Marcelino retrató con exquisito tacto. Queremos que su obra sirva para el estudio y la promoción de nuestra tierra.
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