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25 años haciendo bolillos

Desde siempre había deseado aprender a hacer bolillos. Mi origen galaico y el haber escuchado de pequeña el sonido rítmico e incitante de los bolillos, sin entender muy bien su significado pero sintiendo una especie de fascinación cuando veía a aquellas mujeres sentadas con ellos, horas y horas, creo que tuvo mucho que ver en ello.




Los avatares de la vida me trajeron a Palencia, y aquí, por esas cosas caprichosas del destino, alguien me dijo que se podía aprender a hacer bolillos en unas clases patrocinadas por el Ayuntamiento, y allí me fui…
Desde el primer día –y ya hace unos cuantos años de esto-, me encontré con un grupo de mujeres acogedoras y amables, comprensivas con mi falta de tiempo, con mis prisas y mis ausencias.
Esas mujeres, de varias generaciones, hacen arte con sus manos y lo proyectan con cariño en sus seres queridos: “estos guantes para la boda de mi hija, este pañuelo para mi sobrina, aquel pañito para una amiga…”
Con sus manos y su ilusión, fabrican alegría y dan mucho de sí mismas. Ahora que formo parte de ellas, veo que estas clases son una forma admirable de conservar una hermosa tradición y de unir, además, a varias generaciones de mujeres que tenemos en común el activo movimiento de nuestras manos y la charla animada o el silencio mientras trabajamos.
Pero hagamos un poco de historia y remontémonos al origen del encaje de bolillos, que se fija a mediados del siglo XVI y se disputan su origen venecianos y flamencos; aunque también se sabe que a finales del siglo XV ya se realizaban estas labores en varias localidades españolas, y es casi seguro que su procedencia fuesen los conventos de monjas.
España, Italia y Flandes, se disputan, pues, el gran honor de haber inventado el encaje de bolillos.
A partir del siglo XVII esta tradición se extendió rápidamente por toda Europa, teniendo su máximo esplendor en las golas o gorgueras, cuellos, vuelillos de bocamangas (“puñetas”), cortinajes, y también en las maravillosas mantillas de blonda, hechas de bolillos, que estuvieron de moda en el siglo XVIII.
La palabra “ENCAJE” aparece documentada en la primera mitad del siglo XVI, y significa “labor tramada, encajada entre dos telas”.
En España, hasta los años cincuenta era frecuente enseñar estas técnicas a las niñas en las escuelas, aunque el aprendizaje se hacía en el propio hogar y pasaba de madres a hijas.
La actividad, como ahora, se hacía en común, en la calle cuando las temperaturas lo permitían, y era un lugar de encuentro y un pretexto de charla para las mujeres.
El sonido de los bolillos cuando se trabaja con ellos es claro y limpio, con un suave ritmo interno que me encanta…
Acabemos con una definición que me parece muy acertada: “El encaje de bolillos es una de las expresiones más bellas del arte decorativo y también es una muestra de la mentalidad más refinada que ha presentado hasta ahora la historia social” (C. Carlier).

Imagen:
De User: Blahedo - commons




Sección para "Curiosón"
de Beatriz Quintana Jato.


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