100 DOSIS DE AMOR [27] [Sawabona]
"Espérame, mi niña. Volveré pronto. Te estaré soñando de lejos". -escribe otro de mis entrevistados a su chica-. Tan convencido está de que aquella sigue enamorada, que no se detiene a dudar un momento. ¿Tú sabes de alguien que le moleste que le quieran? Y aunque no lo creamos, también hay personas que sufren porque no pueden corresponder al otro, como entienden que el otro necesita y se merece que le quieran. El otro cierra los ojos y me muestra el final de la carta de amor que le escribió aquel día. "¡Te quiero tanto! Es dolor y es amor que me escuece, a veces intensamente. Pero todo merece la pena y, si es verdad, como creo, que hay un karma, se nos devolverá con creces.

Por el camino de Asia

El camino que utilizaban los pasajeros del Galeón de Manila era el conocido como Camino de Asia


El camino que utilizaban los pasajeros del Galeón de Manila para trasladar todas las mercancías y equipajes desde Acapulco hasta Ciudad de México era llamado “Camino del Asia”. 


Era un camino de herradura, poco más ancho que un sendero peatonal, completamente inadecuado para carretas, que transcurría por la Sierra Madre del Sur, atravesando barrancos, ríos y sorteando peñas y fangales.

En este recorrido podía tardar el pasajero y su equipaje yendo todo bien, sin incidentes importantes entre doce y catorce jornadas. Recuas de docenas de mulas conducidas por arrieros nativos hacían este duro recorrido transportando todo lo que llegaba en el Galeón.

Sencilla reproducción casera de una jangada: entramado sobre calabazas.

Los arrieros y pasajeros debían atravesar los ríos Papagayo y Mexcala que a veces descendían bastante crecidos. Tenían que cruzarlos varias veces con sus enseres y equipajes instalados y bien asegurados sobre numerosas jangadas, balsas muy rusticas sin proa ni timón, de aproximadamente 1X2 metros, “…hechas con un entramado de cañas sobre 24 calabazas silvestres de un pie de diámetro”, preparadas para tales travesías. Cuatro nativos  uno en cada extremo las dirigían al tiempo que las impulsaban nadando con los pies. A veces era tan grande la crecida que había que esperar varios días a que el curso del río se normalizara.

Por este mismo sistema de jangadas y recuas de mulas combinadas debían de transportarse todas las mercancías que llegaban en el Galeón. A uno y otro extremo había que abonar una cantidad por cada animal pequeño, fardo o pasajero transportado. Según Humboldt en calidad de portazgo o arancel se pagaba “... un real por mula o caballo y medio real por cada equipaje menor o cabeza de ganado vacuno en las balsas de caña”. También según Humboldt, “…la dificultad del sendero era tal que había gran mortandad de bestias”. Cabe preguntarnos cuantos tesoros irían a parar al fondo de estos ríos a pesar de los desvelos y cuántas vidas humanas se perderían, que Humboldt no menciona.
Un mercader florentino, Francesco Carletti cuenta “…que tardó quince días hasta México, teniendo que nadar a veces”. Y el canónigo aragonés  Pedro Cubero, en enero de 1679 escribe que “…al ir llegando a Ciudad de México, después de tan tremendo viaje, desde un alto, la campiña le pareció que estaba contemplando la Vega de Granada”.  Para él debió de ser como llegar al cielo…

Imagen: Serpenteante “Camino del Asia” de Acapulco a Ciudad de México. A. Von Humboldt, Biblioteca Hispánica, Madrid.

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Historias de Galeones

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