100 DOSIS DE AMOR [91] Froilán De Lózar [Para Sawabona, el amor de su vida]

Por más amigos y familia que uno tenga, está solo en muchas ocasiones. Sólo y sin saber a dónde dirigir sus pasos. Sólo frente a un mundo agitado, donde crecen cada día los sinsabores, donde te exigen celeridad para acabar lo que estás haciendo y meterte con la misma prisa en otra cosa. Hacer muchas cosas, no importa el resultado. A veces, un beso, una caricia, valen tanto como el resto del tiempo. Es un minuto, es un instante, pero es todo lo que necesitas para enfrentarte a la jornada o a la vida. Y no hay prisa por darlo. Y no hay prisa por desligar las bocas que lo anhelan y se recrean en el acto. Y no hay soledad en el Amor que no te lleve a un sueño. Y no hay sueño en soledad que no te muestre un camino cuando alguien te lo demuestra cada día, a veces con un ligero guiño, a veces con los gestos. Entonces, aquella sensación de soledad desaparece y nace un tierno canto.









Leyendas de Galeones


El “San José” era un macabro ataúd de cadáveres, perlas y seda… y fue real, no una leyenda.


En las largas travesías por el Pacífico, cuando tenían que soportar días y días perdidos por calmerías que parecían interminables, surgía la oportunidad de contar cuentos y leyendas, hablar de galeones fantasma, de barcos desaparecidos incluso tragados por monstruos marinos.


💬También se hablaba de islas imaginarias que hoy no pueden ser localizadas por lo que han pasado a engrosar la lista llamada de The lost islands.


El San José era un macabro ataúd de cadáveres, perlas y seda… y fue real, no una leyenda

Una de estas islas es la de María Laxara, entre Hawaii y California que ha figurado en los mapas desde que la describió Gemelli Careri en el siglo XVII en su Giro del Mondo y ha constado así hasta mediados del XIX. Cabe la duda de que sea una de las islas de Bonin, en la misma latitud pero no hay certeza. Doña María de La Jara era una joven dama española, quizá nacida en Filipinas que a finales del siglo XVI, en su largo viaje de regreso a Nueva España parece que muy accidentado no pudo soportar más y se arrojó por la borda. Los marinos contaban su suicidio a media voz cuando no tenían otra cosa que hacer o cuando pasaban cerca del supuesto lugar del hecho.

Otro motivo de conversación era el de “el Galeón fantasma”. Contaban que a mediados del siglo XVII unos pescadores de la costa mexicana que salían con su barquita a faenar, vieron cómo se acercaba un Galeón, con todas las velas desplegadas al viento, algunas muy deterioradas. Hicieron señas y como no les contestó nadie se acercaron y subieron a bordo. Se encontraron con un número indeterminado de cadáveres y un magnífico cargamento en perfectas condiciones. Se trataba del “San José”, un Galeón que había zarpado de Manila hacía más de un año y que se había dado por perdido. El “San José” era un macabro ataud de cadáveres, perlas y seda… y fue real, no una leyenda.


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Historias de Galeones

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