Gregorio Marañón [Madrid, 19 de mayo de 1887-Madrid, 27 de marzo de 1960]
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El paso del tiempo en la obra de Llamazares


Julio Llamazares, leonés nacido en un pueblo sumergido hoy bajo las aguas, es una figura importante en el panorama de la Novela Española actual, aunque su primera incursión se produjo en el campo de la Poesía.


El paso del tiempo en la obra de Julio Llamazares

Nacido en 1955 en Vegamián, precisamente, en el corazón de esa naturaleza de su tierra, donde transcurren la prácticamente totalidad de sus obras. Aunque es licenciado en Derecho, dedicó su tiempo, desde un principio, al periodismo escrito, radiofónico, y televisivo: es autor de numerosos artículos y reportajes, así como de algunos guiones de cine (Los viajes occidentales, en colaboración con Felipe Vega), o de TV (Tiempos modernos, Entre líneas...).

Su poesía es profunda, solemne, conmovedora; tiene esa magia única e indefinible que caracteriza a los verdaderos poetas, y aunque su obra novelística está totalmente consagrada, yo le pediría que no se olvide de escribir versos, pues es un auténtico regalo poder leer esos largos versos, lentos y llenos de profundas reflexiones.

Recuerdo una anécdota que me produjo perplejidad por lo sincera, y por lo que implicaba: Me comentaba nuestro autor que hace años, en un colegio al que fue invitado, le preguntaron acerca del uso de la sinestesia (figura retórica que él utiliza mucho, el título de su mejor novela “La lluvia amarilla”, por ejemplo, es una sinestesia). Pues bien su respuesta “Sines...¿qué”? y su simpática confesión al contarlo, me hizo reflexionar sobre la esencia de lo poético, y llegar una vez más al convencimiento de que la poesía verdadera no sólo consiste en dominar el estilo a la perfección, sino en sentir la belleza, el sentimiento y la música de las palabras, y comunicar esos sentimientos al lector. Julio Llamazares cree que la Poesía hay que leerla olvidándose de quien la escribió, y sentirla simplemente. Recuerdo que casi se enfada al preguntarle su posible relación con el Existencialismo o con conceptos como el “Eterno Retorno” de Nietzsche, o con la poesía de Neruda. Me aseguraba no haber tenido en absoluto que ver con ellos, aunque sin embargo es clarísima la coincidencia en el tratamiento de algunos de esos temas. A propósito de esto, me contó que cuando iniciaba su andadura literaria, conoció a varios escritores leoneses con motivo de la concesión de un premio; uno de ellos se le acercó y le preguntó con mucha gravedad si había leído la obra de X, y él, perplejo, dijo que sí aunque nunca había oído hablar de él. El que se lo había preguntado se dirigió a los demás diciendo: “¿Veis? Ya os decía yo, tiene una huella clarísima...”

Asegura haber obrado intuitiva y sentimentalmente en la mayoría de los casos, más que guiado por el conocimiento de la técnica literaria. También sostiene que la mirada del escritor es radicalmente distinta de la del profesor y el crítico literario: la creatividad y la intuición son el instrumental del primero, al que a veces no tiene acceso el segundo. Cuando habla de su profesión, se muestra contrario a la mitificación de los escritores: él cree que se trata de hombres y mujeres normales cuya vida es normal, y es tajantemente opuesto al engolamiento y la frivolidad con que se mueven muchos compañeros de profesión. Pese a no haberse “gregarizado”, adoptando posturas independientes frente a grupos y publicidad, la crítica ha sido generosa con él, y el público también:

En 1978 recibe el Premio “González de Lama” por su primera obra "La lentitud de los bueyes". En 1982, el Premio “Jorge Guillén” es para su siguiente obra en verso "Memoria de la nieve".
Premio Ícaro de Literatura (Diario 16) en el 83; Premio “Salón del Libro” de Burdeos a la mejor novela extranjera traducida al francés, por "Luna de lobos" en 1986. Asimismo, en 1988 recibe el “Libro de Oro” de los Libreros Españoles, por su aportación innovadora a la Poesía y la Novela española contemporáneas. Y más recientemente, ya en 1994, recibe en Italia el reconocimiento por la que, sin duda, es su mejor obra (La lluvia amarilla), que es considerada la mejor novela del año 1993. También en el campo del periodismo ha recibido galardones: El Premio “Continente”, y el Premio “Correo Español el Pueblo Vasco”.

El gran tema de la obra de Julio Llamazares es la naturaleza, la tierra; y aunque el paisaje que él canta, añora o idealiza es uno bien concreto, el de sus montañas leonesas, sin embargo la emoción del paisaje y de la naturaleza que provoca en el lector es intensa, haciendo que cada uno de los que lo leen sepa trasladar ese sentimiento de la tierra a su propio entorno geográfico. Llamazares forma parte de una nueva oleada de narradores que inician su obra en el transcurso de los años 80. Son escritores cuya fecha de nacimiento se sitúa a partir de 1950, e irrumpen con fuerza en el mundo literario. (baste recordar nombres como Luis Landero, Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero, Javier Marías, Jesús Ferrero, Luis Mateo, José María Merino, o el propio Julio Llamazares). Reciben el nombre de “Los Nuevos”, es decir, posterior a “Los Novísimos”; también se les llama “Post-Novísimos”. Estos autores no ofrecen entre sí rasgos homogéneos, destacando la perspectiva personal desde la que abordan sus obras.

En el extremo opuesto, destaca el juicio descalificador de quien está ya en la cumbre (“No los leo, ni creo que haya más de dos o tres que queden dentro de un tiempo. Hay alguno inteligentes, pero, en general, me parecen novelistas de catequesis, muy disciplinaditos, muy obedientes, con la mano siempre extendida para ver si el Estado les da unas perras...”) Duras palabras que Cela les dedica, y que merecen una dura contestación de Llamazares, por cierto, en su artículo El arzobispo de Manila. Dice Llamazares que cada novela “es una reflexión sobre sí mismo”, y esta frase ratifica la idea de que el sujeto que más a mano tiene el escritor, es precisamente él mismo. Centrándome ya en su obra, La lentitud de los bueyes se publica en 1979, y su tono épico reside sobre todo en su deseo de rescatar una memoria colectiva, una sabiduría ancestral. Destaco las palabras del propio autor, a propósito de este primer libro, suficientemente elocuentes: “Yo pienso que todo lo que he escrito y todo lo que voy a escribir en mi vida, es el primer verso de mi primer libro de poesía: Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora. / Todo es tan lento como el pasar de un buey sobre la nieve”.

La lentitud de los bueyes es una reflexión sobre el tiempo y la soledad, sobre el sentido de la vida y de la muerte, la lentitud inexorable de la existencia...

Su música interior y las referencias constantes a los sueños parecen transportarnos al leerlo, así como su gran lirismo. Es evocada la íntima historia de su tierra, el barro, los árboles y los hombres que la poblaron a lo largo de los siglos, vislumbrándose ya el ruralismo nostálgico que empapará cada página de sus obras siguientes. El tema principal de Memoria de la nieve (1982), su siguiente obra, es la memoria:

Se trata de recuperar un mundo inalcanzable.

El invierno y la nieve son elementos importantes en el libro; la nieve es a veces el medio de enlace con el pasado (“Ahora ya la nieve sustenta mi memoria”); pero también es la que destruye los recuerdos (“Nieva implacablemente sobre los páramos de mi memoria”). En otros casos, la nieve es la muerte, el tiempo destructor (“La nieve está en mi corazón, como el silencio en las habitaciones de los balnearios”). En 1985 se publica Luna de lobos, historia de cuatro maquis acorralados en las montañas del Norte al acabar la Guerra Civil, y a través de su difícil supervivencia, estos hombres van dejando su vida por el camino, y también sus ideales y sus sentimientos. Acosados por sus perseguidores y por la misma naturaleza, esos cuatro hombres se vuelven alimañas, y se embarcan en una lucha brutal en la que matan para no morir, hasta el punto de que el último superviviente acaba como un lobo solitario que teme ser cazado igual que los lobos... En 1988 aparece La lluvia amarilla, en la que se nos habla de esa lluvia de hojas secas otoñales, equiparándolas en su caída, a las personas y las cosas que van siendo destruidas lentamente por el tiempo implacable. Está contada por Andrés, el último habitante de un pueblo abandonado del Pirineo, que nos irá describiendo detalladamente todos los pasos de destrucción y abandono, incluyendo el suicidio de su mujer, la muerte de la perra y la de él mismo, recibida pacientemente y casi con alivio.

El estilo de la novela es deslumbrante, cargado de metáforas, sinestesias y belleza; hay una constante simbología entre el color amarillo y la muerte (“La muerte es una lluvia paciente y amarilla que apaga los fuegos más violentos poco a poco”, e incluso al final, ve los reflejos de los chopos en el río “como columnas amarillas bajo la luz mortal y helada de la luna”...). Se trata, en resumen, de una lucha perdida de antemano contra el tiempo y su implacable celeridad al apoderarse de personas y cosas. En 1990 aparece publicado El río del olvido, relato de un viaje a pie hecho por el autor varios años antes, a lo largo del río Curueño, “el solitario y verde río que atraviesa en vertical el corazón de la montaña leonesa”, volviendo a encontrarse con viejos lugares y personas que poblaron su infancia. Otras obras han ido saliendo, como En Babia (1991), que incluye artículos de opinión sobre diversos temas, auto describiéndose como “escéptico, sosegado y apacible, salvo que alguien se empeñe en buscarle las cosquillas”. Una de sus últimas obras, se titula Escenas de cine mudo, y estamos ante una breve novela en que el protagonista recuerda su vida mientras observa los fotogramas del vestíbulo de un cine...

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🔻 La barca de la maroma
📒Marta Redondo | Periodista | Escribe desde Aguilar de Campoo

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🔻 Paseo en barca por el Canal de Castilla
📒 Eduardo Gutiérrez | Escritor y Fotógrafo nacido en Guardo | Escribe desde Palencia

📒En aquellos tiempos, cuando su precursor, el Marqués de la Ensenada -más bien ejecutor, pues algunos siglos antes ya consta la idea de realizar este ambicioso proyecto-, promovió esta ingente obra de ingeniería, por entonces básicamente para satisfacer necesidades comerciales, con seguridad, no era consciente de que su empeño, concebido a base de sangre, sudor y lágrimas de las gentes de la época, casi unos trescientos años después... © curioson 👇

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🔻 Cien años sin Joaquín Costa
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🔻 Curioso canecillo
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El Cares, ruta espectacular

Una de las rutas más espectaculares de los Picos de Europa