Gregorio Marañón [Madrid, 19 de mayo de 1887-Madrid, 27 de marzo de 1960]
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Los albores de la piratería

Los albores de la Piratería_Felix-Casanova


Cuando se menciona la palabra pirata, tendemos a pensar en un robusto marinero de sombrero emplumado, pechera con volantes, botas mosqueteras y un buen vientre cruzado por una bandolera sobre un chaquetón con alamares. 



O sea, la figura típica del corsario inglés de los siglos XVII y XVIII, encarnada por Francis Drake, Henry Morgan, o el legendario capitán Kidd. Sin duda, esos personajes y su época representan la Edad de Oro de la piratería en Occidente, que dio fama y popularidad a tan intrépido y arriesgado oficio. Sin embargo, su Historia había comenzado mucho antes, desde la más lejana antigüedad, en escenarios que abarcan casi todas las épocas y los diversos mares del mundo. Se consideraba como piratería todo acto delictivo en el mar, o también “desde el mar”, ya que a menudo los piratas desembarcaban para saquear poblaciones costeras e incluso llevaban sus tropelías a largas distancias tierra adentro. Sin embargo, la mayor parte de su actividad consistía en abordar y robar otras naves, en lo posible indefensas y con cargamentos valiosos. El término se aplica generalmente a los malhechores marinos que actuaban por su cuenta y riesgo, pero abarca también otras categorías, según época y lugar. Así los primeros piratas franceses del Caribe, que solían alimentarse de carne ahumada (viande boucanée) fueron llamados boucaners o “bucaneros”; los piratas a los que un rey o gobierno otorgaba patente de corso eran “corsarios”; los armadores y capitanes que pirateaban en nombre de un país pero con barcos privados, se denominaban privateers; y los marineros de diversas nacionalidades y etnias que se asociaban para navegar libremente en busca de un botín (booty) eran calificados por los ingleses de freeboters, voz que pasó al francés como flibustiers y al castellano como “filibustero”.


Los españoles, principales víctimas del auge de la piratería, no se detuvieron en estas distinciones y consideraron a todos como piratas, no sin bastante razón. Hubo así algunos piratas y corsarios que alcanzaron un gran ascendiente, riqueza y celebridad, gracias a su habilidad, osadía, ambición y, sobre todo, a sus buenos servicios al poder, ya fuera éste visible o invisible. Esos excepcionales hombres y mujeres (que las hubo) protagonizaron aventuras y hazañas que dieron pie a la leyenda romántica de la piratería.

La verdad es que los piratas reales no fueron tan seductores o tan execrables. Por detrás de los capitanes exitosos, la tripulación de piratas de a pie estaba formada por aventureros de poca monta, excombatientes, marineros amotinados, desertores, fugitivos de la ley o esclavos escapados, que buscaban un refugio y medio de vida en la piratería. Reclutados entre las capas más marginales, muchos esperaban hacerse ricos con los fabulosos botines de los relatos tabernarios, que en la realidad no eran tan abundantes ni tan fáciles de obtener.

Lo de los parches y garfios no se lo inventaron Stevenson en “La isla del tesoro” o James Barrie en “Las aventuras de Peter Pan”, sino que eran consecuencia de las mutilaciones en los combates cuerpo a cuerpo o por accidentes a bordo. Tampoco es pura literatura lo de la afición desmedida al ron, licor antillano de caña de azúcar muy fácil de elaborar y muy difícil de aguantar. Sus casi 75º de alcohol hacían estragos en organismos ya minados por la mala nutrición y las fiebres e infecciones tropicales.

No obstante esos marineros vulgares fueron, literalmente, la carne de cañón que hizo posible los enfrentamientos navales, los abordajes y saqueos que dieron fama a los grandes corsarios e incidieron en la política y la economía de esa época de la Historia.

Porque la piratería tenía para ellos dos grandes atractivos: por un lado, un estilo de convivencia y unas pautas de conducta más libres e igualitarias que cualquier legislación de la época; por el otro, el participar en un proyecto secreto para emancipar a la humanidad de sus miserias, un plan trascendente y oculto que no alcanzaban a conocer, pero que daba sentido a sus vidas. No obstante, ya hace más de cuatro milenios, las naves egipcias y fenicias solían ser blanco de acciones que podrían calificarse de piratería, pero la literatura invita a la leyenda…

Imagen: «Sir Francis Drake The Noblest Knight». Publicado bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons.

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Felix Casanova_Historias de Nuestra Historia


Historias de nuestra Historia

SOBRE ESTA BITÁCORA

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🔻 La barca de la maroma
📒Marta Redondo | Periodista | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒 La maroma era una soga que pasaba de un lado al otro del río, y que se ataba en una casa -de ahí su nombre- y a un árbol para que la gente pudiese pasar sin dificultad, salvando el agua. © curioson 👇

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🔻 Paseo en barca por el Canal de Castilla
📒 Eduardo Gutiérrez | Escritor y Fotógrafo nacido en Guardo | Escribe desde Palencia

📒En aquellos tiempos, cuando su precursor, el Marqués de la Ensenada -más bien ejecutor, pues algunos siglos antes ya consta la idea de realizar este ambicioso proyecto-, promovió esta ingente obra de ingeniería, por entonces básicamente para satisfacer necesidades comerciales, con seguridad, no era consciente de que su empeño, concebido a base de sangre, sudor y lágrimas de las gentes de la época, casi unos trescientos años después... © curioson 👇

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🔻 Derecho al secreto
📒 Fernando Martín Aduriz | Psicólogo | Alma del Ateneo de Palencia

📒Como esos niños que ocultan un mínimo juguete que han sustraído a otros en un juego y guardan celosamente para que nadie lo descubra, así nos comportamos con nuestros valiosos secretos, separándolos del mundo. © curioson 👇

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🔻 Basílica de San Juan de Baños
📒 Alfonso Santamaría Diez | Castrojeriz (Burgos). Vive y escribe desde Palencia

📒 Los palentinos podemos presumir de muchas cosas, una de ellas de poseer la iglesia más antigua de España. Es la Basílica de San Juan, que ocupa terrenos en Baños de Cerrato, pequeña localidad perteneciente a la ferroviaria e industrial Venta de Baños. © curioson 👇

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🔻 Cien años sin Joaquín Costa
📒 Beatriz Quintana Jato | Catedrática de Literatura

📒 Un español eminente que sin duda trabajó como pocos por sacar a España del desastre en que se encontraba. Fundador y figura clave del Regeneracionismo, intentó hallar la clave para transformar y mejorar aquella sociedad en crisis de finales del siglo XIX (tan parecida, por otra parte, en muchos aspectos a la actual). © curioson 👇

De la sección de la autora: Autores de Nuestra Historia | +686👀



🔻 Curioso canecillo
📒 Cristina Párbole | Historiadora | Escribe desde Aguilar de Campoo

📒En mi opinión las escenas eróticas responden tanto a un muestrario de lo cotidiano como a un intento por marcar el pecado de la lujuria, así lo vemos en uno de los canecillos del monasterio de San Salvador en Nogal de las Huertas que se conserva en el Museo Arqueológico de Palencia. © curioson 👇

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El Cares, ruta espectacular

Una de las rutas más espectaculares de los Picos de Europa