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Chuzo-Cinco
LÉXICO MONTAÑA PALENTINA
San Román de Entrepeñas | Palencia
Se trata de uno de los emplazamientos medievales más importantes de la Montaña Palentina.
Levada das 25 fontes | Portugal
💫Rutas por Madeira
División en Provincias (II)
Los trece reinos tienen nombres grandes e históricos; son propios de un país viejo y monárquico, no de una flamante y vulgar democracia sin hechos de renombre. Llenan la boca al nombrarlos y sugieren mil reflexiones sobre los tiempos más gloriosos del poder floreciente de España, cuando eran gigantes en el mundo, no pigmeos con paletot de París, cuya única ambición es imitar al extranjero y rebajarse y desnacionalizarse a sí mismos.
Richard Ford, 1846
Castilla adorna con dos coronas las sienes reales, a saber: la de la Vieja, donde nació la monarquía, y la de la Nueva, conquistada después a los moros. La parte novena es la desolada Extremadura, que sólo tiene el título de provincia y está poblada de langosta, ganados trashumantes, cerdos, y aquí y acullá algún bípedo humano. León, reino muy honrado en otro tiempo, se extiende más arriba, con sus llanuras de cereales y sus venerables ciudades, hoy silenciosas como tumbas, pero antaño teatro de la caballería medieval. El reino de Galicia y el principado de Asturias constituyen el litoral del oeste y forman el malecón de España contra el Atlántico.
No es cosa fácil averiguar la población exacta de un país, mucho menos de uno donde no existen registros públicos. En términos generales, las gentes, que encuentran pocos encantos en el estudio de la estadística y economía política, consideran como de mal agüero cualquier tentativa para contarlos. Contar la gente era un crimen en Oriente, y en España se encuentran muchas dificultades morales y materiales para hacer un censo.
Así, mientras algunos escritores con estadísticas fantásticas esperan halagar a los poderes públicos exagerando brillantemente la fuerza nacional «alardear de ella, dice el duque, es la debilidad nacional», la mayoría, suspicaz por otro lado, está dispuesta a ocultar y disfrazar la verdad. Por nuestra parte siempre pondremos en entre dicho lo que oigamos acerca de población, comercio o rentas de España en el presente o en el pasado. Las clases elevadas tenderán a presentarlo todo floreciente con objeto de engrandecer a su país, y los pobres, por el contrario, se inclinarán a ver las cosas siempre peor de lo que en realidad son. Nunca proporcionarán un dato, siquiera sea indirectamente, que sirva para hacer empadronamientos o reclutas.
Imagen: Igualeja, Ronda, Jesús Beltrán para Curiosón
1846 Cosas de España
Encajes de Acebo, Camariñas y Almagro
Almagro, Camariñas y Acebo son tres lugares de España en los que el encaje de bolillos se ha comercializado por su calidad. En Almagro se utilizaba hilo muy fino y las labores, primorosas, eran disputadas para ajuares de novia y regalos. Los de Camariñas se tejen con hilo de diferente grosor, hilo de encaje, bobinas blancas como la nieve.
Los encajes de Acebo usaban bobinas del número 60, perfectas para trabajar, y hacían que la labor pareciese almidonada y nívea. Cuando se trabajaba en invierno el encaje solía quedar más oscuro, de ahí que las encajeras aprovechasen el buen tiempo para, reunidas en los corrales o en las calles, arrimadas a las casas, pasar las tardes trabajando y, de paso, estar entretenidas con sus conversaciones. Los matrimonios jóvenes salían del pueblo, en el coche de línea, con una maleta bien llena de ellos para venderlos. Era frecuente, también, en los pueblos sobre todo, vender puntilla por metro porque se regalaban a la iglesia cosida en primorosos pañitos con algún bordado a cadeneta o festón, para las peanas de la Virgen o de los santos y, ¡cómo no! quiero recordar a la señora María, aquí en Palencia, madre de tres hijas peluqueras, una de ellas, Presen, me peinó hasta su jubilación en su peluquería en la Calle de Colón. En Valladolid, la encajera Julia, mi madre, en el paseo de Zorrilla, junto a la Plaza de toros. Recuerdo haber conocido a Mary en Cubillas de Santa Marta porque era clienta de mi madre, y miren por dónde, una tarde, ya casada y viviendo en la calle de La Paz, nos encontramos en la piscina del Campo de la Juventud, y ella recordaba a mi madre como una persona “encantadora y dulce”. La verdad es que, la persona que compraba alguno, se hacía clienta y amiga para siempre.
En Madrid, vendía encajes, mantelerías de Lagartera y mantillas granadinas Concha, casada con un hermano de mi abuela, Gregorio. En Lugo, mi tía Concha, que enseñó durante muchos años a hacer el encaje en un centro social. En Barcelona, mi tía Marciana. En Irún, mi tía Petra, junto al marido que regentó el bar Cid. En Orense, mi tía Aniceta y en Salamanca, tía Arsenia. Mi abuelo Deogracias, al quedarse viudo con cinco hijos, también eligió el oficio de vendedor de encajes. Salía a los pueblos en su carrito tartana y se llevaba a los hijos mayores. En casa, al cuidado de alguna buena vecina quedaban los otros dos. Y los sacó adelante. Fueron muchas las encajeras que salieron de Acebo, valientes, decididas a que sus hijos tuviesen mejor oportunidad. Lo consiguieron.
Yo conservo bastantes encajes. Mi madre hizo para cada nieto un juego de cama, luego, para los biznietos. Recuerdo a mi abuela Natividad, allá por los años cincuenta, en nuestra casa, el ventorro Porora, a la bajada del Puerto de Perales cuando, en el zaguán, hacía encaje protegida de los rayos de sol que, a las cuatro de la tarde del estío extremeño, aún pugnaban por hacerse dueños de aquella frescura y semioscuridad. Yo no podía salir a jugar. “El sol derrite los sesos” ,me decía, y yo, cuatro años mal contados, preguntaba ¿por qué abuela? Y los porqués se hilvanaban con la santa paciencia de quien compartía conmigo soledad hasta la llegada del abuelo Antimo a la hora de la cena, o de alguno de los pastores que, camino de la montaña palentina, solían pernoctar. Pero no voy a dejarme invadir por la saudade, que diría Rosalía de Castro. Si lo vivido fue bueno, que permanezca alegre en el corazón.
Yo conservo bastantes encajes. Mi madre hizo para cada nieto un juego de cama, luego, para los biznietos. Recuerdo a mi abuela Natividad, allá por los años cincuenta, en nuestra casa, el ventorro Porora, a la bajada del Puerto de Perales cuando, en el zaguán, hacía encaje protegida de los rayos de sol que, a las cuatro de la tarde del estío extremeño, aún pugnaban por hacerse dueños de aquella frescura y semioscuridad. Yo no podía salir a jugar. “El sol derrite los sesos” ,me decía, y yo, cuatro años mal contados, preguntaba ¿por qué abuela? Y los porqués se hilvanaban con la santa paciencia de quien compartía conmigo soledad hasta la llegada del abuelo Antimo a la hora de la cena, o de alguno de los pastores que, camino de la montaña palentina, solían pernoctar. Pero no voy a dejarme invadir por la saudade, que diría Rosalía de Castro. Si lo vivido fue bueno, que permanezca alegre en el corazón.
Justicia mayor del reino
Habiendo procedido el rey a ordenar y proveer los oficios de su casa, tomaron de ello ocasión los altivos catalanes para querer resucitar uno de los abolidos privilegios de Alfonso III, y congregándose el parlamento en Molins de Rey, despacharon comisionados a Valencia, donde el monarca se hallaba, para que juntos con los de Valencia y Zaragoza le expusieran la doble pretensión de que no confiriese oficios ni empleos sin consentimiento y aprobación de las cortes, y de que despidiesen a los castellanos que tenían en su casa.
Un tanto desasosegadas otra vez las posesiones de Cerdeña, de Córcega y de Sicilia, el apaciguarlas del todo y completar la obra de su padre era empresa digna del ánimo levantado de Alfonso V, y podía ser ocasión y principio de otras mayores. Así, mientras sus hermanos los infantes don Juan, don Enrique y don Pedro inquietaban la Castilla y movían los disturbios y alteraciones que dejamos referidos, don Alfonso con más nobles aspiraciones preparaba su expedición, armaba y abastecía sus naves, juntaba sus gentes, y dejando encomendado el gobierno del reino a su esposa la discreta y prudente doña María, con su consejo de prelados, caballeros y letrados de juicio y autoridad, se proponía alejar del país, llevándolos consigo para emplearlos y distraerlos en las cosas de la guerra, aquellos magnates más dados a bullicios y novedades y a acaudillar banderías. Dio motivo a que se demorase algún tiempo su embarcación un incidente grave, propio de la singular constitución aragonesa, y fue el siguiente.
Era Justicia mayor del reino, y lo había sido mucho tiempo, Juan Jiménez Cerdán, varón muy notable y de grandes prendas, muy relacionado y muy influyente en el reino. Este supremo magistrado, siguiendo la costumbre de otros, había hecho cierto pacto con el rey de renunciar su dignidad siempre que a ello le requiriese. Deseaba don Alfonso dejar a su partida provisto aquel cargo en Berenguer de Bardají, el hombre más eminente de su tiempo, y en quien más confianza tenía. En su virtud requirió a Jiménez Cerdán que renunciase a su oficio, mas como éste rehusase cumplir lo pactado, el rey determinó proceder contra él hasta declararle público perjuro, pregonándole privado de su empleo y mandando que nadie obedeciese sus provisiones (marzo, 1420). El destituido Justicia hizo su reclamación de agravio, y le fue otorgada su firma de derecho para ser oído y amparado en su posesión. A pesar de este recurso, la reina, como lugarteniente general del reino, confirmó la destitución, la mandó publicar a pregón y notificar a todos los tribunales. Tan violenta y desusada medida, empleada con un funcionario que las leyes y las costumbres aragonesas consideraba como la primer defensa y amparo de sus privilegios y libertades, produjo general escándalo grave y disgusto y turbación en el reino, y hubiera dado ocasión a más serias demostraciones sin la abnegación loable de Cerdán, que al fin hizo su renuncia en manos de la reina, quedando reconocido como Justicia Berenguer de Bardají.
Actualización: Agosto2025 | 521👀
La Historia General de España de Modesto Lafuente, es considerada el paradigma de la historiografía nacional del pensamiento liberal del siglo XIX.
Impresa en Barcelona por Montaner y Simón entre 1888 y 1890.
Edén en Canillo
Siempre fue por libre. De las alternativas que le ofrecí en el Principat d´Andorra (esquiar o lavar su dinero negro en paraíso fiscal), optó por gastar en ver románico. Nunca llegará a ser rico.
Chuparrada-Chutar
LÉXICO MONTAÑA PALENTINA
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