Albanchez de Mágina tiene su propio léxico, su vocabulario idiosincrático que pasamos a recoger para que se garantice su permanencia como acervo patrimonial.
Q
Quebrá
Paraje de Albanchez de Mágina, al final del parque de doña María Arrans Díaz.
Quebrancía
Hernia inguinal.
Quebrao
Vago.
Querindongo/a
Amante.
Quinto
Persona llamada a filas de reemplazo para el Servicio Militar. Botellín pequeño de cerveza.
Quinta
Unidad de medida, edad/tiempo utilizada para comparar a personas nacidas el mismo año.
Albanchez de Mágina tiene su propio léxico, su vocabulario idiosincrático que pasamos a recoger para que se garantice su permanencia como acervo patrimonial.
P
Pachuelo
Apodo cariñoso con el que los albanchurrros mencionan a su venerado patrón San Francisco de Paula.
Paice
Parece.
Palojo
Refuerzo de madera en forma curvada que soporta el ubio. También se dice del esparto untado en liria utilizado para cazar pájaros.
Panciverde
Dícese por los albanchurros de los nativos oriundos de Bedmar, quienes disfrutan del sol desde su salida hasta la puesta como lagartos, y en contraposición al término “almentas” o los “del poyato” que los bedmareños panciverdes nos aplican a nosotros.
Pandera
Cuesta, pendiente.
Panfinflas
Botarate, persona de opinión inconsistente.
Panoja
Panocha.
Panzá
Atracón, hastada.
Parchajo
Mancha.
Parpagueo
Acción de parpadear.
Patín
Zona delantera de la casa cortijo.
Pava
Nombre con el que se conocía el autocar que trasladaba a los albanchurros desde Jaén a Madrid y a Pamplona. Dícese también, al montón de aceituna revuelta con hojas dispuestas a limpiar antes del cribado.
Pelón
Helada fuerte.
Pelitre
Persona de poca valía.
Pendón
Véase Perdulario.
Pepe
Coño, órgano sexual femenino.
Percudío
Tejido con suciedad muy añeja que no desaparece con el lavado.
Perdulario
Persona de vida alocada, disipada.
Perigallo
Coqueto/a, arreglado/a.
Perrengue
Enojo, enfado.
Perrilla
Moneda fraccionaria.
Pescuño
Trozo pequeño. Golpe cariñoso y ligero que se da en la nuca.
Picota
Nariz.
¡Picho!
Expresión para largar al perro.
Piduría
Acto de petición de mano previo al compromiso de boda.
Piejoso
Persona de malos hábitos.
Pilrreles
Barrio alto de Albanchez de Mágina.
Pingo
Mujer joven de conducta libertina o licenciosa. Patada o coz del burro.
Pin pín
Expresión alusiva a conducta pertinaz y reiterativa.
Pipante
Cigarro.
Pipirrana
Ensalada típica de tomate, pimiento y pepino aliñada con ajo, cebolla, aceite, sal y vinagre.
Estalayo recuerda el día que, en compañía de un hermano más pequeño, sin haber cumplido todavía los 10 años, les pillaron dos guardias pescando a mano debajo del puente de Tremaya.
Había dejado las truchas debajo de un espino. El sabía, porque lo había oído en casa, que estaba prohibido pescar truchas, pero pescar cangrejos no era una falta grave. Uno de los guardias dijo: ¡qué, chavales, pescando cangrejos, eh! Inmediatamente asintió con la cabeza mientras ellos seguían caminando por la carretera. Menos mal que no hablaron de truchas. Me tocó ver el momento exacto en que una culebra sacaba una trucha en su boca que todavía daba coletazos. Y uno más: al meter las manos por los dos huecos de la piedra, sentí que la trucha no era tan fina y se movía suavemente. Saqué las manos y metí un palo para ver cómo se iba una culebra. Todavía la siento en la yema de los dedos.
Y esta fue la peor para mí. Unos kilómetros arriba de Santa María de Redondo, fui con la bicicleta que manejaba a la perfección, con manos y sin manos. Pesqué dos manojos de truchas que llevaba en cada mano. Estaba en traje de baño. También aquí estaba por debajo de los 10 años. En una pendiente, al ir sin manos, pues las tenía ocupadas con las truchas, la rueda delantera agarró una piedra y patas arriba. Lo peor se lo llevó el codo, sangrando llegué a casa y me hicieron una cura al estilo de aquel tiempo. No hubo puntos ni médico. Hasta el día de hoy tengo la cicatriz de varios centímetros. También en el sur se pescaban truchas. En Palencia, hace años, cuando se podía pescar sin muerte había mucha afición a la pesca de la trucha en el sur de la provincia, sobre todo en el Coto de Manquillos y Palenzuela, a los que se acercaban muchos aficionados de Valladolid. La trucha asalmonada tiene un valor especial, su carne nada tiene que envidiar al salmón.
Cotos de Pesca en el norte de la provincia
—Cardaño – Velilla del Río Carrión. Entre la desembocadura del arroyo de Vallejo y el puente sobre el río
—Vidrieros. Cervera de Pisuerga. Entre las ruinas del puente Teblo y el refugio de pescadores en el término de Vidrieros.
Es la primera vez que he cocinado las truchas de río y gracias a los consejos y recomendaciones de Ángeles y los buenos amigos y excelentes pescadores de río, puedo compartir con vosotros el contenido de esta sencilla receta de truchas fritas en aceite de oliva virgen extra y un poquito de unto rancio.
Ingredientes: Truchas de río, Tiras pequeñas de tocino casero, Pimentón agridulce de La Vera, Sal, Aceite de oliva virgen extra y Unto rancio.
Cuaderno de anotaciones
@ En Palencia tenemos dos Piscifactorías, una en Velilla y otra en Aguilar.
@ La piscifactoría de Campoo se encarga de todo el proceso de cría de la trucha arcoiris. Desde su nacimiento en las instalaciones de Villafría de la Peña hasta su recolección cuando están listas para el consumo.
@ En "vivapradanos" el autor aconseja a sus paisanos con vocación de pescadores sobre la licencia de pesca fluvial, un documento nominal, individual e intransferible, cuya tenencia es necesaria para poder pescar dentro de la Comunidad Autónoma. Esta licencia de pesca autoriza a los interesados a ejercer la pesca en los ríos y masas de agua (lagos, embalses, estanques, etc) clasificados como ‘zonas libres’.
@ Mi amigo Alfonso Santamaría, cuenta que su suegro era capaz de pescar hasta 50 en una mañana, en aquellos años que no había cupo. Su suegra las preparaba en cazuela de barro, como si fueran pescadillas. Asegura que estaban riquísimas y a su suegro le gustaba comerlas con los amigos.
@ Dichosa Inteligencia Artificial, que todo lo sabe. Le pregunto por las truchas en la montaña palentina y me dice: "En Palencia, la pesca de truchas se practica en aguas trucheras como el río Carrión, especialmente en tramos autorizados para pesca y en el período de la temporada de pesca, que puede variar anualmente, pero comienza en marzo en las zonas del norte de la provincia.
@ La Inteligencia Artificial seguro que lo ha visto en algún sitio escrito y me insiste: "Son conocidas por su sorprendente capacidad de camuflaje, siendo llamadas el "camaleón de los peces" debido a su habilidad para cambiar de color para mimetizarse con su entorno."
@ En flycastingart escriben que la trucha no tiene escamas durante el primer mes de vida.
@ Las truchas están estrechamente relacionadas con el salmón y tienen ciclos de vida migratorios similares.
@ Lidia Fernández, en el Diario de Valderrueda, escribe sobre La Montaña Palentina, el desconocido paraíso para la pesca de trucha. Sus ríos son esconden -asegura- buenas poblaciones de estos salmónidos, a lo que ha contribuido el fin de la minería y la introducción de prácticas como la pesca sin muerte.
@ Entre marzo y abril se inicia el periodo autorizado para la pesca en los diversos cotos de la Comunidad.
@ El Centro de Interpretación de la Trucha de Velilla del Río Carrión se emplaza en la margen derecha del río Carrión, en la antigua "Casa del Guarda" que tradicionalmente tuvo la localidad.
@ El 16 de mayo de 2022, Diario de Valderrueda se hace eco de la captura en Velilla de una trucha de 4,2 kilos y 76 cts. Isidro Rodríguez capturó entonces el ejemplar de trucha más grande de su vida como pescador en el Río Carrión a su paso por la Montaña Palentina.
Cuatro arquitectos palentinos, Cándido García Germán, Antonio Font de Bedoya, Ambrosio Arroyo Alonso, Luis Carlón Méndez-Pombo, y el tolosano Fermín Azcue Zabala-Anchieta fueron los encargados del proyecto para la construcción de “152 pisos de renta reducida que se construirían en la Avenida de Valladolid, en terrenos cercanos al colegio de los Maristas adquiridos por el Hogar Nacional-Sindicalista.
Para intentar paliar el acuciante problema de la escasez de viviendas en Palencia, se esbozaron los primeros dibujos del grupo de viviendas, cuyo anteproyecto fue suscrito en 1938 por la Sección de Arquitectura de los Servicios Técnicos de F.E.T. y de las J.O.N.S., para la construcción del Conjunto Residencial “Casas del Hogar”, compuesto inicialmente por 152 pisos, con el proyecto de los arquitectos palentinos mencionados, a los que se unió el arquitecto procedente de Tolosa.
“La actuación se planteó en la zona de ensanche de Palencia, junto a la principal vía de acceso a la ciudad desde el extremo sur, la avenida de Valladolid, ocupando una extensión superficial de 38.000 m2. Contemplaba la construcción de 16 bloques de viviendas, y un equipamiento comunitario formado por un mercado, un dispensario y un grupo escolar, y se previó su ejecución en 3 fases”. “La primera fase fue inaugurada el 3 de octubre de 1946 por el general Franco”.
José A. González Delgado, autor del libro Arquitectura Racionalista en Palencia
“En el proyecto de la 2ª fase (1949) y el de la 3ª fase (1952) se variaría la disposición, acometiendo 10 bloques y construyéndose como edificios dotacionales un grupo escolar y una iglesia”. La construcción de las Casas del Hogar supuso un hito en la ciudad. Era la primera vez que se llevaba a cabo una intervención de esa envergadura. “Se erigía en la ciudad un nuevo paisaje urbano, un paisaje racionalista. Su construcción introducía formas y conceptos muy distintos a los entonces vistos en la ciudad, expresión de modernidad que vería la luz en los primeros años de la dictadura franquista, dentro de la política que el estado emprendía para la reconstrucción del país, en la que la arquitectura debía convertirse en un elemento esencial de propaganda”
José A. González Delgado, autor del libro Arquitectura Racionalista en Palencia
La construcción de “Las Casas del Hogar” “encierra una clara paradoja, porque el diseño de la primera fase del conjunto residencial se concibe bajo un lenguaje racionalista. ¿Por qué pasó, entonces, el filtro de la Dirección General de Arquitectura?”, “porque en su composición no sólo recurría al funcionalismo de la vanguardia europea, sino que también acusaba una clara influencia de la vertiente clásica de la arquitectura fascista italiana desarrolladas durante el gobierno de Mussolini.
José A. González Delgado, autor del libro Arquitectura Racionalista en Palencia
“Los integrantes del equipo de arquitectos que redactó el conjunto residencial en 1942 pertenecían a una misma generación y tenían en común su origen local, excepto Fermín Azcue (primer presidente de la Delegación en Palencia del colegio de Arquitectos, entre 1931 y 1939), que era de Tolosa (Guipúzcoa), los demás eran palentinos. Esa proximidad ayudaría a explicar la sintonía entre los cinco arquitectos para redactar el proyecto de aquella gran actuación, si bien finalmente, Cándido García Germán (3), sería el único arquitecto encargado de dirigir la mayor parte de las obras y que acometería el diseño de los dos equipamientos comunitarios”.
José A. González Delgado, autor del libro Arquitectura Racionalista en Palencia
“Con esta exquisita pieza de claro sabor racionalista, Cándido García Germán culminaba una de las actuaciones residenciales más importantes que se desarrollaron en la ciudad de Palencia durante el siglo XX. En ella dejó impresa algunas de las constantes que definirán su dilatada y fructífera trayectoria profesional”.
José A. González Delgado, autor del libro Arquitectura Racionalista en Palencia
El conjunto de las Casas del Hogar irrumpe en este popular barrio de la ciudad, parece una ciudad dentro de la ciudad, con su propio colegio, su iglesia, que adquiere un protagonismo especial, y el conjunto de viviendas, prácticamente en el campo, tan solo a unos metros se encontraba la Prisión Provincial (edificio de finales del siglo XIX), y la Fábrica de Armas (1922), fuera de la ciudad también estaba la fábrica de Mantas La Julia (1876), la Lanera Palentina (1753), Mantas David Rodríguez (finales del siglo XIX), Mantas Casañé (1903) y la Yutera Palentina (1936).
Fotos: José Antonio González Delgado
La presente reseña está basada en el libro de José Antonio González Delgado
Allí donde la carretera traza una curva antes de adentrarse en el casco urbano de Cervera de Pisuerga, justo allí, se levantaría en los años 60 una grandiosa construcción, novedosa para aquella época y dotada de las técnicas y materiales más modernos existentes en el mercado para aquellos años.
Sería el conocido como Colegio de los Padres Alemanes que, en sus mejores momentos, albergaría hasta cien alumnos cada año distribuidos en tres cursos, que en aquellos tiempos se denominaban: ingreso, primero y segundo; con unas edades de los alumnos en torno a los 13 a 15 años. Y allí, por azares de la vida, pasé como alumno interno tres años de mi etapa de estudiante, en una pre adolescencia o fase temprana, que marcaría de alguna manera el espíritu y el carácter personal de una forma entiendo que bastante efectiva cara a sentar las bases de un posterior desarrollo de la personalidad. Según regían las normas no escritas, pero sí suficientemente asentadas en el ambiente y pensamiento de quienes dirigían los internados, y para tratar de encontrar la llamada vocación religiosa –aquello para lo que básicamente estábamos en el internado-, la existencia ordinaria de cada día obedecía a unas pautas de vida y convivencia bastante estrictas, con unos mínimos de conducta de obligado cumplimiento. Claro que, visto desde otro punto de vista, cómo podía regirse a diario una comunidad de en torno a cien chavales de esas edades, llenos de vida y ávidos de descubrir nuevas experiencias en la vida, cuantas más mejor, si no era con una gran disciplina general.
Y eso era lo que primaba, una estricta disciplina en el diario acontecer de los días y las horas; desde el muy temprano amanecer hasta el súbito finalizar el día con la reclusión en el dormitorio para el pertinente descanso. Unas horas que, extendidas en el tiempo dentro del recinto colegial, daban para mucho, desde los grandes espacios de la mañana dedicados a las clases diarias y el correspondiente período de estudio de la tarde, hasta las siempre gratificantes horas de recreo, entremezcladas entre el resto de actividades, con el fin de proporcionarle a la jornada un sabor más llevadero aderezado de edulcorantes que, desde luego, no nos pasaban desapercibidos. Y que siempre añorábamos fuesen mucho más prolongados. Y, aunque toda nuestra vida así planificada, se realizaba dentro del recinto colegial, había no obstante una excepción donde de manera efectiva tomábamos contacto con la realidad exterior que nos envolvía y pasábamos a ser conscientes de que habitábamos un espacio determinado dentro de un pueblo, Cervera de Pisuerga, donde sus gentes, por su parte, tenían su propia vida y caminaban por otros espacios bien diferentes a los nuestros; con los que no interactuábamos ni nos cruzábamos nunca; salvo que coincidiésemos tangencialmente en el momento puntual de nuestros paseos y excursiones por los alrededores de la localidad. Eso sí, enmarcada en un lugar prodigioso en cuanto a espacio paisajístico, y que tantas veces recorreríamos en grupo; sin ser conscientes de que, de alguna manera, estábamos iniciando y poniendo la primera piedra de lo que luego, tras ponerse en valor todo aquello, pasaría a convertirse en un turismo de masas. Y ahí sigue, ganando adeptos cada año y con un mayor número de visitantes cada vez. Como también nuestro Colegio de aquellos años sigue ahí, justo allí donde la carretera de acceso a Cervera traza una curva antes de adentrarse en el casco urbano de la localidad.
Me encuentro en un lugar muy bonito, rodeado de gente espléndida, de esas que te hacen sentir en casa aunque estés lejos. Aquí disfruto de paisajes maravillosos que me llenan el alma, pero, aun así, hay algo dentro de mí que me recuerda constantemente a Tremaya, el pequeño pueblo de la Montaña Palentina donde nací. No sé qué tiene la tierra donde uno ve la luz por primera vez, pero se queda grabada en el subconsciente como una semilla que nunca deja de brotar, por más lejos que uno viva.
Volver a ver lo que nuestros ojos, los de nuestros abuelos y padres, contemplaron alguna vez, tiene un encanto difícil de explicar. El amanecer dorando las montañas, los cielos profundamente azules, las hojas de robles y hayas tiñéndose de fuego en el otoño, las nubes blancas contrastando con el azul limpio del cielo… Todo eso se convierte en una especie de diálogo silencioso con el pasado.
Oler lo que de pequeños olimos —la hierba recién cortada, las flores del campo, el cocido en el hogar, con la lumbre alimentada por maderas de roble— despierta recuerdos que no sabía que seguían vivos. Y probar los frutos silvestres, aquellos que recogíamos con manos manchadas de mora, tiene hoy un atractivo especial, como si cada sabor trajera de vuelta una tarde de infancia.
También los sonidos tienen su propia nostalgia: el canto de los pájaros al amanecer, el ladrido de los perros, el balar de las ovejas, el mugido de las vacas, el cacareo de las gallinas… incluso el maullido del gato que solía haber en cada casa. Todos esos ecos parecen aún flotar en el aire de Tremaya, esperándome.
Y cuando cierro los ojos, puedo sentir otra vez la caricia del aire fresco en las mejillas y el agua del Pisuerga corriendo limpia entre las piedras. Ya murieron los abuelos y los padres, pero todavía resuena en mí el consuelo de su voz, el brillo de sus miradas, la ternura de sus gestos.
Quizás por eso, aunque esté lejos y la vida me haya llevado por otros caminos, cada vez que pienso en Tremaya siento que una parte de mí sigue allí, enredada entre los montes, respirando el mismo aire que ellos respiraron, mirando el mismo cielo que alguna vez los miró.
El Vídeo
Nota sobre al autor del Video
Asier nació en Bilbao, donde creció como un niño encantador, alegre y siempre rodeado de afecto. Realizó todos sus estudios en la capital vizcaína, ciudad a la que debe buena parte de su formación y de sus primeras experiencias vitales. Sin embargo, nunca olvidó sus raíces en la Montaña Palentina, ese territorio que marcó su infancia y donde descubrió el valor de la naturaleza, la calma de los pueblos y el calor de la familia. Tremaya, el pueblo de su madre, ocupa un lugar especial en su corazón. Allí pasó largas temporadas de niño y, aún hoy, continúa regresando con regularidad, buscando el paisaje, los recuerdos y la esencia de un lugar que siempre le acompaña.