Edén en Ribas de Sil
Fue uno de los más importantes monasterios de la Ribeira Sacra durante la Edad Media como lo atestiguan los vestigios de las vías de comunicación medievales de la zona, restos de calzadas y el Puente de Forcas.
Ribas de Sil | Lugo
Era la segunda vez cuando en 2013 volví a ese paraje espectacular de souto de Merilán, al ladito del rio Sil desde donde la torre campanario rematada en forma piramidal, vigilante altiva y defensiva, hoy te da la bienvenida.
Por bula de León X se convierte en priorato del Monasterio de Santo Estevo, hoy magnífico Parador que tuve el honor de inaugurar con mi mascota humana en la primera visita, y cuando San Estevo se hace cargo, se reforma el claustro de Santa Cristina.
La fachada se divide en dos cuerpos en el que el interior abre la portada. Abocinada, con arquivoltas escalonadas de dentro hacia fuera con molduras ajedrezadas que apoyan en capiteles de cabecitas y vegetales.
En el otro cuerpo, el superior, se encuentra el maravilloso rosetón que para mí es un caleidoscopio que cambia cada reflejo de luz conforme avanzas por la nave, como se avanza y cambia cada momento de la vida.
La cabecera tiene tres ábsides semicirculares orientados al este, que albergan tres capillas y que el mayor, precedido de tramo recto, se cubre con bóveda de cañón y remata en cuarto de esfera.
Se decora interiormente con pinturas del siglo XI con Santo Domingo, San Antonio Abad, San Francisco y Santo Tomás abajo y Santa Lucía y Santa Bárbara, en la superior.
En la capilla lateral, el original altar románico.
La nave longitudinal de cinco tramos por arcos de medio punto semicirculares y apuntados para sostener su cubierta de madera que descansa en muros de granito.
Crucero de medio cañón sobre columnas adosadas que adornan capiteles ornamentados.
Alero con canecillos.
Haciendo ángulo recto con la fachada del templo, encontramos la portada del monasterio propiamente dicho. Es de una sola arquivolta con moldura en zig-zag y figuras sedentes con libro abierto y los símbolos de los evangelistas.
Sólo conserva el monasterio dos alas con galerías renacentistas.
En la primera, ventanas con asientos parladoiros. Siéntate, habla y escucha.
En sus paredes, lápidas sepulcrales de algunos de sus abades.
Nos retuvo mi mascota en el lugar más de medio día, pues no contento con su visita nos obligó a saludar a los únicos habitantes del monasterio: los murciélagos de herradura (Rhinolophus hipposideros) llamadas así por la forma de su nariz y que con sus cinco centímetros y cinco gramos de peso, llegan a vivir 20 años.
Y no contento, a visitar el Árbol de San Benito, un castaño lleno de tradición. “ San Benito glorioso. Por esta tu bendita imagen en el castañeiro, cures nuestros males si nos conviene y guíanos por el buen sendero”
Actualización jun2026 | 💥+606 👀
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Monasterio en perfecta conjunción con la naturaleza que lo aloja.
ResponderEliminarLo visitamos hace años pero sólo el exterior. Aún así, las castañas cayendo de los árboles y la luz de la tarde conformaron un momento mágico.
Como lo es el de la luz tamizada del rosetón, que os ilumina.
Guauuuu! Gracias querido amigo. La sacralidad de este arte siempre arranca del lugar escogido.
ResponderEliminarYo lo visité en 2022, haciendo la ruta de la Ribeira Sacra. Esto me sirve para detenerme en detalles en los que no te detienes. Gracias, Mongui, por este viaje que nos devuelve el recuerdo de aquella tierra maravillosa.
ResponderEliminarYa, ya, socio. Me dijeron que a aquella visita ibas "recomendado". Gracias, Froi
ResponderEliminarCuántos datos históricos y qué buen trabajo de redacción,Mongui.El lugar,tan emblemático y mágico ,lo merece . Mención,además,especial para las fotografías,todas,pero especialmente a las del interior,con esa luz tan reveladora.
ResponderEliminarMuchas gracias,doggie.💚
De todo el artículo, Margarita, eres la única que reparas en las líneas que dedico a la luz como elemento arquitectíctonico y simbológico romanico. No en vano, eres esa "polilla" que corroe lo superficial para alimentarte de la esencia. Todo un lujo tenerte
EliminarLo has captado fotográficamente de forma espectacular y me han recordado mi visita a la Ribeira Sacra tres días antes del encierro por el COVID. Estuvimos en el parador, en el viejo San Estevo, y lo recordaba cuando aquello era una ruina. Lo han arreglado bien, aunque tengo serias dudas sobre la gestión y de algún personal de los paradores.
ResponderEliminarExcelente receta, doctor Krapp. Me la pido en farmacia con tu permiso. Pero seguramente no tendrás dudas sobre sus dos claustros, con el viejo de los siete obispos, ni con la comida en el comedor en la cilla ascensor abajo. Lamentocitos.
ResponderEliminarTuve dos ocasiones de conocer la Ribeira Sacra en grupo. En las dos, por imprevistos, no pude ir. Asignatura pendiente que ya no voy a poder aprobar, otro suspenso más a la mochila. El monasterio de Santa Cristina era uno de los atractivos del viaje. Afortunadamente nos lo describe Mongui con el gracejo que le caracteriza. De todo el encanto que describe, incluyendo la capilla con el conservado altar románico, me quedo on ese rosetón caleidocópico que también encanta Mongui.
ResponderEliminarGuauuu, Antonio!. Me encanta remediar el fracaso ofreciendo la posibilidad de "recuperación" de esa mochila PAU, aunque no creo que la necesitaras vista tu brillante trayectoria, doctor. Lametones con gracejo andaluz.
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