100 DOSIS DE AMOR [46] [SAWABONA]

Quien no tiene las ganas o la capacidad para sentir así el Amor, no entenderá jamás toda la batalla desatada en quien lo vive apasionadamente. Hay quienes habiendo pasado toda su vida al lado de alguien te dicen que el amor no existe. Que eso que te pasa a ti, sólo pasa en las películas. Y tú intrigado de que la gente se siente ante una pantalla para verlo, porque les emociona, y no intenten llevarlo al plano de sus vidas. Pero, en cualquier caso, no es como lo ven los demás, es como lo sientes tú. Y no se cura con las mismas armas. Se dice, a mí también me pasó, pero cada caso requiere de un estudio y no hay cortafuegos que lo arregle todo.

Carnaval en Venecia


A cuerpo gentil y sin máscara alguna porque, en realidad, ya no nos hacían falta. Así nos presentamos tú y yo al día siguiente; luego de aquel episodio del encuentro casual en aquella fiesta del famoso baile de Máscaras del Carnaval de Venecia, en el que participábamos cada uno de nosotros independientemente como uno de los atractivos más de aquel viaje de placer a aquella bella ciudad italiana.



Carnaval en Venecia | Por Frank Kovalchek commons.wikimedia

Nuestras respectivas máscaras nos hacían irreconocibles a primera vista. Tú ibas de bella dama y figura estilizada a más no poder. Y yo, de simpático bufón, a secas; ambos, con colores vivos a rabiar en nuestros respectivos disfraces. Pero así, de esta y parecida guisa disfrazadas, había infinidad de personas más. Y ciudadanos de los países más remotos hablando idiomas diferentes en medio de aquellos grandes salones que nos daban acogida; bajo el denominador común de la diversión a raudales que nos proporcionaba aquel gran baile de Máscaras de Carnaval de aquel año.


Por lo que resultó una verdadera casualidad nuestro encuentro. Algo, que sería propiciado por un motivo tan simple como caballeroso; como fue el hecho de cederte el paso en el momento de cruzar de un salón de baile a otro. Quizás tu disfraz de dama de alta alcurnia te daba un cierto privilegio sobre mí, pobre bufón de corte; por lo que yo accedí gustoso a cederte el paso.


Y fue al salir de tu boca aquel “¡gracias, gentil bufón!”, tremendamente sensual para mí, en agradecimiento al gesto, cuando noté que algo invisible me traspasaba y me hacía detener el paso. Y apenas si pude reaccionar contestando apresuradamente un “¡no hay de qué, bella dama!”. Aunque lo que sí me salió con meridiana claridad fue la invitación que te hice a continuación: “Pues este gentil bufón, le invita a Vd., bella dama, a tomar un refrigerio en el cálido ambigú del salón de baile, si a Vd. le place”, y te hice una especie de reverencia a la antigua usanza. Tu aceptación y el posterior tiempo de conversación; eso sí, con las respectivas máscaras adornando siempre nuestros rostros, no en vano se trataba de un baile de máscaras, marcaron el principio de algo que prometía continuidad. Y llegó un momento en el que, de común acuerdo, decidimos salir al exterior y pasear por las calles de Venecia nuestra reciente amistad y nuestros disfraces todavía impecables e intactos a la contemplación.


Tomados del brazo, recorrimos un sinfín de calles, deteniéndonos de común acuerdo en cada puente que cruzaba un canal diferente, para regalarnos un prolongado y sensual beso. Y de esa guisa, se nos pasaron algunas horas, todas las horas... Hasta que, de pronto, intuimos que, simple y llanamente, nos habíamos perdido, no sabíamos en qué parte de la ciudad nos encontrábamos y tampoco sabíamos regresar al lugar de partida… Y es que la ciudad bullía de gentes de fiesta y disfrazadas para la ocasión. Por lo que, sin pensarlo dos veces, nos unimos a un grupo que pasaba por los alrededores. Y con ellos continuamos la fiesta durante toda la noche. Eso sí, sin olvidarnos del beso, cálido, sensual y profundo, al cruzar un nuevo puente sobre un nuevo canal. Al día siguiente, y sin máscaras ya que ocultasen nuestros rostros, el paseo por la ciudad nos trajo recuerdos de la noche anterior; donde el hecho de habernos perdido en plena Venecia, no hacía otra cosa que hacer buena la tradición general que así lo recuerda.

Y como cruzábamos un nuevo puente, nos regalamos un nuevo, sensual y prolongado beso...

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2 comentarios en el blog:

  1. Alfonso Santamaría Diez07 febrero, 2026 20:14

    No te imagino, J. Javier, vestido de bufón y menos en el Carnaval de Venecia, pero tú si lo has imaginado, y nos lo cuentas en tu relato, que nos traslada a la bella ciudad italiana, tan poética, tan de película, tan disfrutada, tan original, y digna de visitar.

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    1. Pues dices bien, Alfonso, yo tampoco me imagino vestido así; pero, como apuntas en el comentario, se trata de una recreación solamente. Un relato imaginado con esta bella ciudad italiana de fondo, donde su Carnaval tiene fama internacional. Estuve en Venecia, sí, pero no en su Carnaval. Saludos.

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