100 DOSIS DE AMOR [15] [Sawabona]

A veces pienso que estoy viviendo en otra dimensión diferente. Ese es el dilema en el que se desenvuelve otro de mis invitados, que le escribe a la mujer que se ha ido de su lado: "Atrapaste mi vida para siempre, o sea que no tendrá remedio cuantas fórmulas utilice para alejarme de ti. No tengo nada que reprocharte. Todo es agradecimiento, en unos momentos en los que ya el amor para ti no es lo primero, cuando sabes que a mí sólo el amor me compensa de todas las amarguras de este mundo... Pero todo te lo explicaré con tiempo, si aún me escuchas, si aún me esperas, si algún día te apetece venir a traerme tus besos que tanto me llenaron de ilusión y energía... Tal vez de otro vuelco la vida y pueda ser lo que soñamos, aunque pase lo que pase, siempre en mi corazón, porque siempre en mi mente, porque sólo tú me llenaste hasta el extremo de no desear a nadie más.

Francisco de Quevedo


Actualidad de un hombre del Barroco


«Don Francisco de Quevedo, hijo de sus obras, padrastro de las ajenas, hombre de bien, nacido para mal, hijo de algo, señor de nada».


Beatriz Quintana Jato
Catedrática de Literatura, Miembro de la Institución Tello Téllez de Meneses.


Francisco Quevedo, actualidad de un hombre del barroco
Francisco de Quevedo y Villegas, atribuido a Juan Van Der Hamen

La época de Quevedo es el siglo XVII, el siglo del Barroco, un siglo que evoca inevitablemente en nosotros ideas como decadencia, derrota, retroceso...

Podríamos añadir también palabras como corrupción, ineficacia y favoritismo en los que gobernaban, y es triste reconocer que el panorama se asemeja bastante al actual.

Para completar el retrato, hay que recordar la terrible situación que soportaba la mayor parte de aquella sociedad, provocada por varias epidemias de peste, períodos prolongados de sequía, y un continuo aumento de los impuestos para mantener las constantes guerras.

Francisco Quevedo, actualidad de un hombre del barroco

Placa dedicada a El Buscón de Segovia

Por otra parte, el XVII es un siglo de grandes desigualdades sociales, en que convivían el hambre y los derroches más escandalosos, un siglo en que la apariencia valía más que la realidad, y en que era necesario sorprender siempre retorciendo la realidad y las palabras.

En medio de esa sociedad, en la misma Corte, en 1580, vino al mundo Francisco de Quevedo, de familia noble. Poco agraciado físicamente, combatía esos defectos con un carácter violento tras el que se ocultaba un hombre tímido y sensible que, según se decía, tenía que burlarse de sí mismo para poder soportarse. Así se describe: «Don Francisco de Quevedo, hijo de sus obras, padrastro de las ajenas, hombre de bien, nacido para mal, hijo de algo, señor de nada». Participó activamente en política como consejero del Duque de Osuna en Sicilia, y sufrió el destierro al caer en desgracia Osuna y ser procesado. En 1639 fue detenido y encarcelado en el convento de San Marcos de León, donde permaneció cuatro años soportando las más duras condiciones. Salió de allí «con más señales de difunto que de vivo», desengañado y enfermo, y a los dos años fallecía. La causa de su prisión fue la denuncia de espiar para Francia, acusación totalmente infundada. A pesar de tener una visión medieval de la sociedad y de no comprender los grandes cambios históricos que estaban produciéndose, la suya fue una voz apasionada y sincera que denunciaba casi todo. Su obra, que muestra un dominio absoluto del lenguaje, abarca prácticamente todos los géneros litera-rios y todos los temas: didáctico-morales, satíricos, patrióticos, amorosos, y hasta una novela picaresca escrita en su juventud. Quevedo expresa como nadie la angustia y las contradicciones del hombre barroco, como queda patente en algunos de sus versos:

«Ayer se fue; mañana no ha llegado; 
hoy se está yendo sin parar un punto; 
soy un fue, y un será, y un es cansado».

Sentía con dolor la ruina de su país, él, que desde niño vivió los enredos de la Corte; con el tiempo se fue agudizando su pesimismo, y podemos concluir que su sarcasmo no es sino la máscara de su cansancio y su desengaño.

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2 comentarios en el blog:

  1. Querida Beatríz: me gusta tu modo de enfocar la personalidad de don Francisco de Quevedo
    Un hombre que sacaba humor o sátira según de quién hablaba. La inteligencia iba como bandera destacada en toda su obra. Espero tu próxima entrada en Curiosón. El libro publicado lo merece. Un fuerte abrazo.

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  2. Alfonso Santamaría Diez10 noviembre, 2022 08:02

    Brillante biografía de un mito de las letras de la mano de una estupenda escritora que tenemos la suerte de tener en Palencia, como académica de la Institución Tello Téllez de Meneses. Quintana Jato siempre brillante con la pluma como el ilustre Quevedo.

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