100 DOSIS DE AMOR [43] [SAWABONA]

No sé si somos conscientes de que la vida es un instante. Que la vivimos mal, atropelladamente, con una buena dosis de inconformismo. Y esa insatisfacción, buscando siempre más arriba, más lejos, más de todo, aunque todo nos sobre para vivir este instante de nada que vivimos, nos hace infravalorar esas pequeñas cosas con las que salvaríamos con buena nota nuestro paso por ella, que es lo que me aconseja siempre mi fiel seguidora y amiga Marga en su sección "mi dios de las pequeñas cosas". Para justificarlo, digo con Pablo Neruda: "Bien vale haber vivido si el Amor me acompaña."

París Palais Royal


El viajero encuentra cada verano la coartada perfecta para salir a renovar el apetito de soledad y también, por qué no, a ejercer de solitario social. Este verano vuelvo a El infinito viajar, del gran Magris, de nuevo, y obtengo allí autorización para escribir de lo que veo en los viajes, y del punto en que el viajero que escribe es capturado. Claudio Magris compuso una obra maestra con el relato de sus viajes. Y los grandes escritores, si algo tienen, es su capacidad para arrastrar a otros a seguir su pista de rastreo. Trataré de seguir este verano su ejemplo y escribir cada semana una columna relativa a un punto del viaje.

 

Soportales del París Palais Royal_París

Fernando Martín Aduriz

Así que aquí estoy, hoy, jueves 5 de julio y a las cinco de la tarde, en los soportales del Palais Royal parisino. El viajero, un palentino que ha paseado la Calle Mayor tantos días, tantos años, en tantos momentos, nunca se siente extraño bajo los soportales del Palais Royal ni de paseo veloz, como es mi caso, ni contemplando escaparates. No se ve 'Diario Palentino', pero una pequeña imprenta o algo así lo evoca, tampoco 'Lobato', pero sí una similar tienda elegante de ropa. Un café trae a la memoria el señorial 'Alaska', también entrado en años y a la vez vitalista.

Total, que el viajero busca lo nuevo, y se topa con su memoria. Viajamos para escapar y resulta que de lo que no podemos huir es de nuestro imaginario, con su catálogo de recuerdos, y de olvidos. Se diría que lugares como el Palais Royal nos evocan un conocido deseo, el deseo de ser deseado, como si pretendieran vivir de su suficiencia, acrisolada con los años. Antigualla, que a la vez, como la cinematográfica Calle Mayor, dan cuenta de una actualidad, de una modernidad que no conoce el paso del tiempo y permanecen de moda, y así, hace unos años comenzaron a pulular los 'bobos', los burgueses bohemios, la penúltima fauna urbana con su estética de estar de vuelta de la necesidad de ser mirados.

Vila-Matas acertó al escribir su París no se acaba nunca, pues aquí en Paláis Royal se podría emular a Robert Walser en su obra El paseo, y pasear sin rumbo, como el viajero sueña para este verano. El mejor viaje, sin programa. Como la vida.

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Fernando Martín Aduriz



Mejor no comprender

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