100 DOSIS DE AMOR [24] [Sawabona]Algún año, dentro de mucho tiempo, cuando ya no estemos, al menos en este estado físico, se publicarán (ya no existirá el libro, pero habrá algún modelo de lector increíble e impensable hoy) estas cartas de amor que un tío locamente enamorado te escribió en un tiempo en el que el mundo andaba prisionero del miedo, en medio de varias guerras, donde cada vez importaban menos las personas y entre ellas se abría de continuo una muralla.... Será tarde para mirar atrás, pero mantenerse en este estado en el que vivo todo lo compensa. El Amor de verdad no entiende de renuncias. No hay vitamina mejor para combatir tanta injusticia.
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Edén en Crespos
Huyendo de la canícula sureña, en agosto de 2010 decidió reunirse con parte de su panda buscando amparo y fresco para mi maltrecha lengua seca en un pueblecito situado en el extremo Oeste de la provincia burgalesa, cerca de Palencia y en pleno Valle de Manzanedo, conocido como Crespo desde que en el Libro Becerro de las Behetrías se mencionara como “ logar de donna María, muger de Don Pérez Sarmiento”.
Templo Inmaculada Concepción
Crespos | Burgos
Su templo, dedicado a la Inmaculada Concepción, es uno de los mejores exponentes románicos de la escuela románica rural burgalesa de los Valles de Manzanedo, Valdebezana y Zamanzas y que se define por características constructivas y escultóricas esquemáticas, primitivismo en zarcillos de cimacios y cenefas y ruda labra en su temática animal y vegetal de capiteles y canecillos.
La portada de acceso, situada en un antecuerpo del muro meridional, es abocinada con arco de medio punto resaltado que incluye tímpano liso y que se rodea por dos arquivoltas y tres cenefas de las que la primera reposa en dos pares de columnas y las otras dos en jambas.
En los capiteles del lado izquierdo, leones afrontados y águila de alas abiertas.
Los del derecho, hojas nervadas que rematan en volutas
Remata el anticuerpo de la portada una tímida espadaña de dos vanos de finales del siglo XVIII.
Al exterior, un tambor absidal de tres paños delimitados por dos contrafuertes y dividido horizontalmente por dos impostas taqueadas,
se cubre por canecillos rudos de animales ( carnero, ciervo, liebre)
Exhibicionista pensativo
Un barrilero, etc..
Es precisamente en un sillar del contrafuerte meridional donde aparece grabada la fecha de la construcción del templo: “ El 5 de las calendas de mayo Pascasio plantó el huerto, en la era de 1181” ( 27 de abril de 1143).
El interior es de una sola nave y cabecera con ábside semicircular cerrado con bóveda de horno precedido por presbiterio de medio cañón con fajones.
En el arco triunfal dos capiteles: leones afrontados
Y mujeres con brazos en jarras
Mujer con barboquejo
Y pareja de águilas de alas explayadas en el lado de la Epístola.
No falta la mujer amamantadora de serpientes.
En las arquerías ciegas del piso inferior del hemiciclo presbiterial, columnillas con capiteles de águila con alas abiertas y leoncito
así como otro con cabezas humanas de hombre y mujer en la que ella hasta me enseñó los dientes.
En el sotocoro a los pies, su pila románica del siglo XII, de 68 ctms de alto, labrada a hacha y copa semiesférica que se decora con dientes de sierra.
Total, que visto el nulo interés que por mi se mostraba
decidí irme a dar una vuelta con mis coleguillas.
Gran Guía Templos Románicos
Valle de Pineda
Una de las principales actividades de los habitantes de la comarca en el siglo pasado, fue el pastoreo del ganado ovino trashumante. Así lo manifestaba ya Sebastián Miñano en su Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal (1826), refiriéndose explícitamente para los siguientes pueblos: Alba de los Cardaños, Arbejal, Estalaya, Herreruela de Castillería, Lores, Otero de Guardo, Piedrasluengas, Polentinos, Quintanaluengos, Redondo, Resoba, San Felices de Castillería, San Salvador de Cantamuda y Vidrieros, esto es, prácticamente la totalidad de los pueblos de los altos valles del Carrión y el Pisuerga.
Nos encontramos en los Puertos de Pineda, lugar de pastos alpinos estivales, que se extienden desde la Peña Bistruey a la Peña Larzón. Varios caminos nos conducen a este puerto. Por la pista de Casavegas se accede al lugar de Sierras Albas, localizando de camino el lugar de Cerraillo, a través de cuyo ojo tenemos una bonita panorámica del pueblo cántabro de Caloca. Los ganaderos también suelen utilizar el acceso de Lores, por la famosa cuesta "cansaburros".
Los pastores permanecían durante cuatro meses en estos pastos de montaña y los restantes ocho meses del año en Extremadura. En estos documentos se comenta que la propiedad de los puertos de Pineda correspondía a una Comunidad formada por 25 pueblos de La Pernía y 17 de Liébana, "el cual ha citado y esta en pacífica posesión de los mismos desde época ignorada, aunque no se ha encontrado título inscrito de su propiedad...".
Tipo: Pastos de montaña
Ubicación: Cantabria/Palencia
Alt. min. 1120 m
Alt. max. 1804 m
Coordenadas: 43°01'36?N 4°35'02?O
Lugares Montaña Palentina
Los pastores permanecían durante cuatro meses en estos pastos de montaña y los restantes ocho meses del año en Extremadura. En estos documentos se comenta que la propiedad de los puertos de Pineda correspondía a una Comunidad formada por 25 pueblos de La Pernía y 17 de Liébana, "el cual ha citado y esta en pacífica posesión de los mismos desde época ignorada, aunque no se ha encontrado título inscrito de su propiedad...".
CUADERNO DE ANOTACIONES
Tipo: Pastos de montaña
Ubicación: Cantabria/Palencia
Alt. min. 1120 m
Alt. max. 1804 m
Coordenadas: 43°01'36?N 4°35'02?O
EL VÍDEO
Actualización mar2026 | 💥+1033 👀
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Lugares Montaña Palentina
Tras las huellas de Juan de Santander de Cueto
Último libro de nuestra colaboradora en Santander
Elisa Gómez Pedraja
Conocer el Cerrato en bicicleta III
Conocer el Cerrato en bicicleta es descubrir una comarca con identidad propia dentro de nuestra provincia.
Pozo Curavacas y Laguna Negra
Otra forma de ver el Pozo Curavacas, de dimensiones parecidas, es viajar hasta la Laguna Negra, laguna de origen glaciar situada a 1750 metros, en la Sierra de los Picos de Urbión, al norte de Soria.
Iglesia de San Miguel | Valoria de Aguilar
Si nos atenemos a la toponimia podemos decir que nos encontramos en el "valle dorado".
Secundarios de Castilla
En mi atardecer, este extraordinario libro ha hecho que evoque felices recuerdos de mi infancia, pues viví muy unido al Tren Burra y a sus gentes, que me conocían como Julianín. También a las de Villafrades, donde muchos aún me saludan como “Juli, el de Inés la de Andrea y Julián el maquinista”.
El hombre del saco, el sacamantecas, el sacauntos...
Todos recordamos las amenazas más habituales de nuestra infancia: ¡Duérmete, qué si no te duermes, vendrá el hombre del saco y te llevará” ¡No te escapes por ahí que si te coge el sacamantecas, te lleva!. Seguramente, el pequeño asustado no se escapase pero dudo muchísimo que el pobre niño insomne pudiera conciliar el sueño con semejante amenaza… Pues resulta que sí se sacaron mantecas y untos de los cuerpos humanos desde tiempo inmemorial por lo que parece para usos curativos. Y naturalmente, se acarrearían en un talego, un saco. Veamos:
Elisa Gómez Pedraja
Miembro de Asociación Cántabra de Genealogía y del Centro de Estudios Montañeses
Hay referencias de qué en el siglo XVI, las tropas de Hernán Cortés en México, aprovechaban algunos cadáveres de sus enemigos vencidos y los abrían para extraerles la grasa, “el unto”, con el fin de curar a sus heridos, incluso las de sus muy apreciados y entonces escasos caballos. Cuenta Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España refiriéndose a los heridos tras la batalla contra los caciques de Tabasco:
“…esto ocurrido apretábamos las heridas de los heridos con paños, que otra cosa no había, y se curaron los caballos con quemalles las heridas con unto de un indio de los muertos, que abrimos para sacarle el unto”. Y más adelante, después de la batalla contra los tascaltecas,“…con unto de un indio gordo de los que allí matamos, que se abrió, se curaron los heridos, que aceite no lo había”.
En otro lugar, un poco más adelante, el 6 de marzo de 1521, ya llegada la expedición de Magallanes a las Islas de Los Ladrones y considerándose robados por los nativos, Pigafetta nos cuenta que:
“… en el momento que saltamos a tierra para castigar a los isleños, nuestros enfermos nos rogaron que si matábamos a alguno de los habitantes de las islas les llevásemos sus intestinos, pues estaban persuadidos de que les servirían para curarse en poco tiempo”.
(Recordemos que Antonio Pigafetta era de Vicencio, hablaría relativamente poco castellano y para colmo, en las naos iba embarcada gente de mar de múltiples nacionalidades. Por todo esto, no es seguro que los enfermos pidieran intestinos u otros entresijos…) Ya Magallanes muchos años antes, hacia 1505, sirviendo en el Índico al rey Manuel de Portugal, el especiero, había visto curar las heridas de su capitán Joao Serrao con grasa de tocino aplicada por un físico, tras el ataque a Mombasa. Sabemos que con aceite hirviendo se curaban heridas. Y con hierros candentes. Y aplicando emplastos y cataplasmas de productos extrañísimos… quizá con muchas otras cosas. Y desde luego, con diferentes grasas hirvientes. Y así debió de seguir siendo el arte de curar hasta casi nuestros días. Si encontramos descritas estas prácticas curativas en América, África y Asia, nada tiene de sorprendente que esto fuera mucho más habitual de lo que suponemos en todo el mundo entonces conocido.
Albarelo y pote de cerámica artesanal conteniendo grasa humana.
Picada por la curiosidad me he puesto a buscar y he encontrado muchas más referencias al uso de grasa humana con fines curativos:
En Perú, Cristóbal de Molina refiere que
“…los indios tenían la creencia de que los españoles habían sido enviados para recolectar grasa de los indios y curar una enfermedad de su rey para la cual no existía otra cura”.
Otra versión en la que involucraban especialmente a los frailes, era que “atraían a los indios para sacarles las enjundias y hacer manteca para las boticas de Su Majestad”. Tenían incluso un vocablo en quechua que lo definía: PISTAC: cortar en tiras o cortar en trozos. Pero en Europa existe el conocimiento de que muchos verdugos extraían y vendían la grasa de los pobres ejecutados por ellos, cadáveres que nadie reclamaba, lo que suponía una importante fuente de ingresos para sus mermadas economías. Parece que también traficaban con otras partes de los cuerpos… La grasa humana estaba especialmente indicada en tratamientos para curar el dolor de huesos, de muelas, la gota, la tuberculosis, la artritis reumatoide… También se daba un posterior destino a la grasa de los cadáveres en general: en París, en 1786, al tener que clausurar el cementerio de los Santos Inocentes, los restos humanos fueron exhumados y trasladados a las Catacumbas. La grasa hallada entre los restos fue recogida y convertida en velas y jabón. ¡Eso sí que era reciclaje! A finales del siglo XIX se produjo y se ofreció al consumidor grasa humana estéril, licuada, en ampollas para inyecciones, bajo el nombre de Humanol que desde 1909 se utilizó en tratamientos quirúrgicos de cicatrices y heridas. Se pasó de moda hacia 1920 dadas las bajas tasas de curación y el conocimiento de haberse producido embolias grasas. En algunas regiones americanas aún persiste la idea de que “…las campanas engrasadas con unto humano suenan mejor…”
Esto de la sonoridad de las campanas no debe de tener el menor fundamento. En el Valle de Mena, en tiempos tan cercanos como el año 2017, unos mangantes, por decirlo suavemente, se llevaron las campanas del Santuario de Ntra. Sra. de Cantonad. Las arrojaron desde lo alto de la torre causando un socavón y las debieron de vender como chatarra. Los feligreses de la Virgen de Cantonad, con su párroco a la cabeza, reunieron el dinero necesario y repusieron unas campanas nuevas el día 8 de mayo de 2019. No consta en absoluto que estén engrasadas con ningún unto especial, pero puedo dar fe de su magnífica sonoridad: su responsable nos ofreció un glorioso repique que resonó en todo el valle haciendo que esa visita resulte inolvidable.
En este ambiente de negocios curativos y sonoros con unto humano no es de extrañar que fueran surgiendo leyendas sobre los temidos sacamantecas y que las madres y abuelas de niños gorditos anduvieran vigilantes por si el hombre del saco los arrebataba para sacarles los untos y comerciar con ellos. El terreno estaba bien abonado.
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