Para escribir un solo verso
Marcelino García Velasco fue invitado innumerables veces a dar lecciones prácticas sobre qué es y qué no es la poesía, en Mesas redondas, en Colegios, en Conferencias...
Se acercaba al público de manera sencilla: aclaraba la diferencia que existe en la rima -que podemos hacer todos- con facilidad y que, suele proporcionar a su autor, cuando se convence a sí mismo de que ha nacido un gran poeta, una especie de alegría, creyendo que está en el camino de lo -bueno o lo mejor- y comienza a publicar pensado que ha descubierto Jauja. Se equivoca. Nunca será un buen poeta. Piensen con calma y opinen si me equivoco. Lean, tranquilamente, a un hombre que jamás presumió del talento que -agradecía con humildad- y con el que trabajó para dejar a sus hijos, a su esposa, a sus amigos un canto de amor a su tierra, una voz profunda en la que cantaba a la infancia que todos perdimos, a los seres queridos que dejaron de acompañarle al emprender el camino sin vuelta , a su tierra a la que amó y no quiso abandonar jamás, a pesar de los consejos de sus buenos amigos, Vicente Aleixandre, Claudio Rodríguez, Jesús Hilario Tundidor, García Nieto, Pepe Hierro, Pepe Ledesma... Y muchos otros: estar cerca de las tertulias literarias madrileñas, le hubiera llevado a cosechar aún más éxitos y a obtener premios en los que él tenía fe porque su calidad literaria era innegable y, en los que siempre quedó finalista o premiado con un accésit. Nunca fue vanidoso. De ahí que los palentinos valoren su persona y le recuerden. Carmen Arroyo.
En este recorrido personal por mi poesía trataré de hacer exposición de intenciones desde el cuerpo de mis delitos -los poemas- aunque sé que a uno le es casi imposible acercar- y mucho menos reproducir- el clima en el que he ido moviéndome en el tiempo. Cierro los ojos y reconozco que hice cosas y que en algunas ocasiones estuve en poeta, pero no descubro si acerté al transcribir el estado de tal. Reconozco, también, que escribí para seguir viviendo sin renunciar a mí mismo, aunque no me importó nunca le sirviera a otros de consuelo, guía, apoyo y comunión. No sé lo que es la poesía. Sé, eso sí, qué hago, y esto se nutre de dos elementos, o fuentes, básicos: memoria y testimonio. Memoria del tiempo en que vivo y testimonio de lo que veo durante ese tiempo en la tierra en que vivo. Soy, por lo tanto, rico pues poseo: memoria, tiempo y tierra y lo que en ellos cabe, siendo el paisaje un elemento integrador de emociones. El poema, no podía ser por menos, se nutre de vida personal, es decir: la vida del poeta que está compuesta, como la de todo ser, de tiempo.
Será inevitable, con estos elementos, que el poeta cante y cuente de mí mismo pues es lo único que de verdad conozco o que mejor conozco. Lo autobiográfico se hace, por consiguiente, obligado, porque recuerdos, experiencias, sentimientos han de ser personales. Nadie puede dar autenticidad a lo que le es ajeno, y al canto, si no es auténtico, no crea emoción, y sin emoción, posiblemente, no haya poesía. Estética sin humanidad se queda solo en arte para los ojos, no para el espíritu. Pienso que el poeta se va realizando en el tiempo y solo tiene para materia de canto lo que ve, o lo que vive, que, a veces, puede ser, también, lo que otros viven. En el testimonio se puede ir de un yo a un nosotros en la memoria. No todo poema es una creación. Y hemos de borrar la imagen de que crear es conseguir que aparezca algo en donde nada había. Para la creación artística es necesario un poso de años, un sabor reposado, nunca una mínima seña. Todo poema es un acarreo de experiencias llevado a cabo por una persona como cualquier otra, que, además, hace versos. Rilke afirmaba que los versos no son más que la expresión de experiencias personales. Para escribir un solo verso, hacen falta años de mirar las cosas, los campos, las ciudades, los hombres, los animales, las plantas; repasar lo visto, volver a actos ya vividos, -a los agradables y a los dolorosos- a la infancia, al mar, a la noche, a la mujer y a la muerte, por ejemplo. Y almacenarlo todo, dejar que repose, que crie madre, como el vino en la cuba, y esperar, sin impaciencia, a que de todo ello, un día, pueda salir un poema.
La poesía en palabras de Marcelino García Velasco
||||||| Marcelino García Velasco
En este recorrido personal por mi poesía trataré de hacer exposición de intenciones desde el cuerpo de mis delitos -los poemas- aunque sé que a uno le es casi imposible acercar- y mucho menos reproducir- el clima en el que he ido moviéndome en el tiempo. Cierro los ojos y reconozco que hice cosas y que en algunas ocasiones estuve en poeta, pero no descubro si acerté al transcribir el estado de tal. Reconozco, también, que escribí para seguir viviendo sin renunciar a mí mismo, aunque no me importó nunca le sirviera a otros de consuelo, guía, apoyo y comunión. No sé lo que es la poesía. Sé, eso sí, qué hago, y esto se nutre de dos elementos, o fuentes, básicos: memoria y testimonio. Memoria del tiempo en que vivo y testimonio de lo que veo durante ese tiempo en la tierra en que vivo. Soy, por lo tanto, rico pues poseo: memoria, tiempo y tierra y lo que en ellos cabe, siendo el paisaje un elemento integrador de emociones. El poema, no podía ser por menos, se nutre de vida personal, es decir: la vida del poeta que está compuesta, como la de todo ser, de tiempo.
Será inevitable, con estos elementos, que el poeta cante y cuente de mí mismo pues es lo único que de verdad conozco o que mejor conozco. Lo autobiográfico se hace, por consiguiente, obligado, porque recuerdos, experiencias, sentimientos han de ser personales. Nadie puede dar autenticidad a lo que le es ajeno, y al canto, si no es auténtico, no crea emoción, y sin emoción, posiblemente, no haya poesía. Estética sin humanidad se queda solo en arte para los ojos, no para el espíritu. Pienso que el poeta se va realizando en el tiempo y solo tiene para materia de canto lo que ve, o lo que vive, que, a veces, puede ser, también, lo que otros viven. En el testimonio se puede ir de un yo a un nosotros en la memoria. No todo poema es una creación. Y hemos de borrar la imagen de que crear es conseguir que aparezca algo en donde nada había. Para la creación artística es necesario un poso de años, un sabor reposado, nunca una mínima seña. Todo poema es un acarreo de experiencias llevado a cabo por una persona como cualquier otra, que, además, hace versos. Rilke afirmaba que los versos no son más que la expresión de experiencias personales. Para escribir un solo verso, hacen falta años de mirar las cosas, los campos, las ciudades, los hombres, los animales, las plantas; repasar lo visto, volver a actos ya vividos, -a los agradables y a los dolorosos- a la infancia, al mar, a la noche, a la mujer y a la muerte, por ejemplo. Y almacenarlo todo, dejar que repose, que crie madre, como el vino en la cuba, y esperar, sin impaciencia, a que de todo ello, un día, pueda salir un poema.







































