Así habló Florentino
Cuando oí por casualidad la conferencia de prensa de Florentino Pérez, aparte de sentir estupefacción, me vino a la memoria la obra de Nietzsche Así habló Zaratustra. En este libro el profeta Zaratustra se presenta como un superhombre con inmensas ansias de poder, aparte de como el hombre más sabio de la tierra. En seguida reconocí cierto paralelismo con el señor Pérez (don Florentino), si nos atenemos estrictamente a sus declaraciones.
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||||| Florentino Pérez Rodríguez (Madrid, 8 de marzo de 1947) es un empresario, ingeniero, dirigente deportivo y expolítico español. ||| Barcex - commons-wikimedia. |
O estás conmigo o estás contra mí, y si estás contra mí te vas a enterar de lo que vale un peine. Mientras Zaratustra vivía paupérrimamente en una cueva de una montaña, reflexionando, Florentino Pérez lleva muchos años, tal vez demasiados, anclado a un poder fáctico de primera magnitud, el Real Madrid, viviendo a tope el mundo de la farándula, de los restaurantes de lujo y de los negocios de toda índole. En eso se ha convertido el Real Madrid, en cuyo palco no se habla de fútbol sino de compras de empresas, de inversiones millonarias, de obtención de pingües beneficios, de fondos buitre y otras pequeñeces. El fútbol se lo dejamos a los crédulos aficionados, dicen. El palco, mientras permanezca Florentino Pérez en el poder, seguirá reservado a la nobleza, a los banqueros y a los directivos del IBEX, que son los que mueven el país (lo dicen y se lo creen) y, además, no tienen ni idea de fútbol porque sus intereses son otros y no el balompié.
Afirma el señor Pérez (don Florentino) que él ha sido el mejor presidente del Real Madrid, lo que constituye, aparte de un grave pecado de vanagloria, una inexactitud manifiesta. Fue don Santiago Bernabéu, en los años cincuenta, quien transformó un club aldeano e insignificante en una organización modélica, a pesar de que el régimen franquista no solo no lo apoyó, sino que le puso numerosas trabas. La leyenda de que Bernabéu fue íntimo amigo de Franco es mendaz e interesada. Era, eso sí, un hombre sencillo con una personalidad arrolladora por la que obtuvo el reconocimiento internacional. Don Santiago transformó un erial en lo que hoy es la Castellana en un campo de fútbol colosal para ciento veinte mil espectadores, cuando en España se jugaba al fútbol en alpargatas. Y lo logró con apoyos empresariales y préstamos cuando no había ni contratos televisivos ni nada parecido. Poco después creó la Copa de Europa, germen de lo que hoy es la Champions League. Y la creó él, fue un visionario, y todos los dirigentes europeos se subieron al carro, porque ese carro era el futuro. Todo lo que ha hecho posteriormente el señor Pérez (don Florentino) no tiene ni la cuarta parte de mérito que aquello, pues se encontró un club rico, ya organizado, con un estadio consolidado, con millonarios apoyos televisivos y empresariales. Comparar a don Santiago Bernabéu con el señor Pérez es como comparar a Maradona con un jugador de la Cultural Leonesa.
Florentino Pérez no es precisamente un Demóstenes ni un Cicerón, ni tan siquiera un Jorge Valdano, si nos atenemos a su rancia capacidad verbal, preñada de inexactitudes y vulgarismos impropios de todo un ingeniero de Caminos. Si a ello añadimos su pronunciación borbónica, muy similar al del por tantas cosas denostado rey emérito, convendremos que su rueda de prensa fue un fracaso absoluto, en el fondo y en la forma. Tuvo la desfachatez de atacar de forma rústica y delicuescente a periodistas de ABC, Cadena Cope y Cadena SER por el delito de criticarlo. Viva la libertad de expresión. El señor Pérez (don Florentino) prefiere a los periodistas paniaguados que le ríen las gracias y le cantan a coro tú eres el mejor. Tal es el caso de Tomás Rocero (Diario AS) o Josep Pedrerol, alejados del periodismo de verdad, conspicuos exaltadores del presi y hagiógrafos a su persona.
El presidente del Real Madrid ha permitido sistemáticamente que jugadores altaneros, ricachones, insolidarios, vagos y, en algunos casos violentos, pululen por los campos de fútbol españoles imponiendo la dictadura de la mala educación y la chulería en detrimento de los entrenadores y cuerpo técnico. Se han convertido en los dueños del club, mientras el señor Pérez miraba a otro sitio. Sus negocios, su influencia social nunca han estado en peligro, de ahí su pasotismo institucional. Si pretende que el mundo esté a sus pies, está totalmente equivocado y no es muy difícil pronosticar que terminará cayendo en el ostracismo, como todos los trileros de la política, de la economía y del deporte. Los socios tienen la palabra, y los periodistas, la obligación de contar la verdad, sin miedo a las amenazas del pequeño Napoleón madridista.
Sería conveniente, por otro lado, que el Real Madrid pusiera en práctica la Ley para la Memoria Histórica y se reconciliara con (todo) su pasado. Así, a muchos nos gustaría que se reivindicase la figura de dos expresidentes madridistas, Antonio Ortega Gutiérrez y Rafael Sánchez Guerra, ambos represaliados por el franquismo, el primero ejecutado al final de la guerra (in) Civil y el segundo torturado y encarcelado hasta que consiguió exiliarse. Cómo han cambiado los tiempos. Antes podía ser presidente del Real Madrid cualquier persona de izquierdas y sin más ingresos que un sueldo medio; hoy, por desgracia, es preciso ser millonario, muy millonario, y ser de derechas. Desde luego, con Florentino hemos llegado al límite. Que pase el siguiente.
Afirma el señor Pérez (don Florentino) que él ha sido el mejor presidente del Real Madrid, lo que constituye, aparte de un grave pecado de vanagloria, una inexactitud manifiesta. Fue don Santiago Bernabéu, en los años cincuenta, quien transformó un club aldeano e insignificante en una organización modélica, a pesar de que el régimen franquista no solo no lo apoyó, sino que le puso numerosas trabas. La leyenda de que Bernabéu fue íntimo amigo de Franco es mendaz e interesada. Era, eso sí, un hombre sencillo con una personalidad arrolladora por la que obtuvo el reconocimiento internacional. Don Santiago transformó un erial en lo que hoy es la Castellana en un campo de fútbol colosal para ciento veinte mil espectadores, cuando en España se jugaba al fútbol en alpargatas. Y lo logró con apoyos empresariales y préstamos cuando no había ni contratos televisivos ni nada parecido. Poco después creó la Copa de Europa, germen de lo que hoy es la Champions League. Y la creó él, fue un visionario, y todos los dirigentes europeos se subieron al carro, porque ese carro era el futuro. Todo lo que ha hecho posteriormente el señor Pérez (don Florentino) no tiene ni la cuarta parte de mérito que aquello, pues se encontró un club rico, ya organizado, con un estadio consolidado, con millonarios apoyos televisivos y empresariales. Comparar a don Santiago Bernabéu con el señor Pérez es como comparar a Maradona con un jugador de la Cultural Leonesa.
Florentino Pérez no es precisamente un Demóstenes ni un Cicerón, ni tan siquiera un Jorge Valdano, si nos atenemos a su rancia capacidad verbal, preñada de inexactitudes y vulgarismos impropios de todo un ingeniero de Caminos. Si a ello añadimos su pronunciación borbónica, muy similar al del por tantas cosas denostado rey emérito, convendremos que su rueda de prensa fue un fracaso absoluto, en el fondo y en la forma. Tuvo la desfachatez de atacar de forma rústica y delicuescente a periodistas de ABC, Cadena Cope y Cadena SER por el delito de criticarlo. Viva la libertad de expresión. El señor Pérez (don Florentino) prefiere a los periodistas paniaguados que le ríen las gracias y le cantan a coro tú eres el mejor. Tal es el caso de Tomás Rocero (Diario AS) o Josep Pedrerol, alejados del periodismo de verdad, conspicuos exaltadores del presi y hagiógrafos a su persona.
El presidente del Real Madrid ha permitido sistemáticamente que jugadores altaneros, ricachones, insolidarios, vagos y, en algunos casos violentos, pululen por los campos de fútbol españoles imponiendo la dictadura de la mala educación y la chulería en detrimento de los entrenadores y cuerpo técnico. Se han convertido en los dueños del club, mientras el señor Pérez miraba a otro sitio. Sus negocios, su influencia social nunca han estado en peligro, de ahí su pasotismo institucional. Si pretende que el mundo esté a sus pies, está totalmente equivocado y no es muy difícil pronosticar que terminará cayendo en el ostracismo, como todos los trileros de la política, de la economía y del deporte. Los socios tienen la palabra, y los periodistas, la obligación de contar la verdad, sin miedo a las amenazas del pequeño Napoleón madridista.
Sería conveniente, por otro lado, que el Real Madrid pusiera en práctica la Ley para la Memoria Histórica y se reconciliara con (todo) su pasado. Así, a muchos nos gustaría que se reivindicase la figura de dos expresidentes madridistas, Antonio Ortega Gutiérrez y Rafael Sánchez Guerra, ambos represaliados por el franquismo, el primero ejecutado al final de la guerra (in) Civil y el segundo torturado y encarcelado hasta que consiguió exiliarse. Cómo han cambiado los tiempos. Antes podía ser presidente del Real Madrid cualquier persona de izquierdas y sin más ingresos que un sueldo medio; hoy, por desgracia, es preciso ser millonario, muy millonario, y ser de derechas. Desde luego, con Florentino hemos llegado al límite. Que pase el siguiente.
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Enrique de Guzmán Mataix es seguidor de Curiosón y escribe desde Almería.
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🚩Su paisano, el periodista Matías Antolín, en el artículo "El linchamiento a Calderón" escribe entre otras cosas: "La verdad es la noticia, pero a veces se usa la forma más rastrera de fomentar rumores dando al lector carnaza putrefacta. Han puesto en la diana a Calderón, que tendrá que exclamar aquello de Gregorio Marañón: «¡Perdón por haber vencido!».
Actualización jun2026 | 💥+202 👀

































