Hay miles de recovecos, millones, tantos como individuos, pero el Amor al que yo escribo, el Amor que tú has soñado, el Amor que tú has vivido, aún distinto y diferente para cada una de las personas que lo protagonizan, es uno para todos. Cuando amas de verdad, lo entregas todo, lo dejas todo por amor y si, por cualquier circunstancia, no puedes avanzar, el amor será una rémora que te acompañará siempre. Nunca sabrás si aquello que anhelas es lo mejor, si aquella persona a la que amas es lo último que ocupará un puesto preferente en tu corazón herido. Tu renuncia por los motivos que fueren, dejará siempre en tu corazón un hueco inmenso.
En cuanto crucé las puertas de City of Hope, en Los Ángeles, sentí algo difícil de explicar. No era solo un hospital. Había en el aire una mezcla de silencio, lucha y, sobre todo, esperanza.
| Pensé, entonces, en los paisajes de robles y hayas, en el murmullo del Pisuerga, en el silencio de los chozos...
Caminé por sus pasillos con el corazón encogido, viendo a tantos niños pequeños, algunos con la cabeza cubierta, otros empujando sus sueros como si fueran juguetes silenciosos. Y, sin embargo, en sus ojos no vi derrota… vi una luz. Una luz que no debería caber en cuerpos tan frágiles, pero que allí parecía multiplicarse. Me detuve un momento junto a una sala donde unos niños dibujaban. Uno de ellos levantó la mirada y me regaló una sonrisa limpia, como de mañana de primavera en la Montaña Palentina. En ese instante comprendí que la vida, incluso en sus momentos más duros, se abre camino con una fuerza que no se puede explicar, solo sentir. Aquí, en este lugar, no solo trabajan médicos; trabajan manos que curan, voces que consuelan y corazones que no se rinden. Cada habitación guarda una historia, cada familia una batalla, cada niño un pequeño milagro en construcción. Pensé entonces en los paisajes de robles y hayas, en el murmullo del Pisuerga, en el silencio de los chozos en invierno… y me di cuenta de que la esperanza es como esos bosques antiguos: parece quieta, pero por dentro está llena de vida, resistiendo, creciendo, renovándose. Salí al exterior con una emoción difícil de contener. Este lugar no es solo un hospital. Es un faro. Un refugio donde la ciencia y el amor caminan de la mano, donde cada día se lucha por regalar tiempo, sonrisas y futuro. Y mientras me alejaba, comprendí que, aunque el dolor tenga aquí su espacio, la esperanza siempre encuentra la forma de ser más grande.
El Cuadro, fue encargado por el Gobierno de la República en 1935, por el que paga 150.000 pesetas de aquella época, pero cuyo nombre dista mucho de ser “Guernica”, sino que Picasso quiso homenajear a un gran amigo suyo y lo denominó “Recuerdo a mi amigo Sánchez Mejías”, el extraordinario torero que murió en 1934.
Cuando se produce el encargo, lo tenía ya finalizado en febrero del 37, y cuando ocurre el bombardeo de la ciudad de Guernica por la “legión Condor” Alemana, el cuadro ya estaba aposentado en la Expo de París, en el pabellón Español, el renombrar el cuadro fue una ocurrencia en el 37, del delegado de Cultura de la Generalitat de Cataluña, quién sustituyo el título de “Sánchez Mejías” por Guernica, por oportunidad política, nunca porque representara ninguna escena del mencionado bombardeo, por lo que como siempre se mezclan intereses políticos con los reales, y por eso mismo este cuadro debiera estar lejos de los peligros de la política que invaden hoy nuestro viejo País.
Yo tengo vivencias de esta gran pintura que os cuento. Conocí el cuadro ya en el Reina Sofía en 1990. Desde entonces le he visitado unas cuantas veces, pero lo extraordinario de esta Historia, ocurrió en 1.991, en la celebración de la Exposición de las Edades del Hombre celebradas en León.
Yo había conocido al que después ha sido uno de mis amigos más queridos en la UNED, a D. Primo Lucio Panera Burón, Doctor en Derecho Canónico y en Derecho Mercantil, profesor en la Sede Universitaria de Palencia, natural del pueblo de León Villomar, Canónigo y Dean de la Catedral de León y Juez de la Santa Rota Romana, hombre de una cultura tremenda y gran experto en códices antiguos. Primo Lucio, fue nombrado Comisario de las Edades de León, esa exposición llena de música y de luz, a través de esas impresionantes vidrieras perfectamente diseñadas desde el punto de vista astronómico para crear una atmósfera perfecta. Pues bien, llegamos a la Catedral leonesa, un grupo de la Universidad Palentina, con nuestras respectivas consortes, y visitamos toda la gran exposición, y algunas cosas que no eran visitables para el gran público, una preciosidad. En un momento determinado a nosotros dos nos llevo a una Sala llamada de “Códices”, donde cogió un libro del Siglo XII, con las pastas de pergamino, de 50 X 60 aproximadamente y lo abrió por su zona central, y nos lo mostró.
El dibujo mostrado era prácticamente idéntico al del Pintor malagueño, sin la bombilla, y los trazos en tinta roja oscura, aunque pudiera ser por oxidación del tiempo, pero hasta el toro era idéntico, el comentario de D. Primo fue:
—En la Historia todos han copiado.
Y aquí esta la prueba. Lo curioso sería saber como llegaron a conocer esta información, ese es el misterio, pero la política en la actualidad quema todo. El cuadro fue bautizado como “Sánchez Mejías” y rebautizado por la política como Guernica, cuando, curiosamente, puede tener un origen del Siglo XII, o incluso anterior, nunca se sabe.
Aclaración
Hay quién dice que esta pintura, siempre se llamó Guernica, en recuerdo del ataque realizado por la Legión Condor Alemana y la Aviación Italiana. Sí es cierto y contrastable que se probaron los prototipos de los mejores aviones de la Luftwaffe alemana y de la Regia Aeronáutica Italiana. También me aseguran que no hubo cambio de nombre en el Guernica, y no se quiso recordar al gran torero Ignacio Sánchez Mejías. Otro seguidor asegura que está documentado con las cartas del pintor al Museo de Nueva York... En fin, lejos de disputas y sometiéndome totalmente a la historia escrita por historiadores, dejo a cada uno que beba de las fuentes que más le gusten, eso sí, hoy mi experiencia sigue viva, y ha sido, El Códice Leonés que nos fue mostrado. Aquellas imágenes han quedado para siempre retenidas en mi cerebro y en aquellos que lo vieron. Nunca me cansaré de dar las gracias por aquella preciosa mañana de un domingo de junio de 1991, cuando D. Primo Lucio Panera Burón, con sus conocimientos, ilustró nuestra mente. Gracias, querido amigo y compañero de muchas tardes de Universidad.
EL VIDEO
Para saber más:
Picasso se pudo inspirar en una Biblia del siglo X para pintar el Gernica Los expertos descartan que el parecido entre las dos obras sea fruto de la casualidad 🔗La Nueva España
León se despide de Primo Lucio, el histórico canónigo de la Catedral
En 1979, los argentinos León Gieco, que supo combinar el género folklórico con el rock; Víctor Heredia, nacido en el barrio de Monserrat de Buenos Aires y Mercedes Sosa, conocida durante mucho tiempo como La Voz de América Latina, destacando con canciones como Alfonsina y el mar o Solo le pido a Dios unían sus voces para recordarnos que, “nos vamos poniendo viejos, no hay remedio a esta verdad, cada vez nos cuesta menos aceptar la soledad”.
Pablo Milanés - mercopress
Un año más tarde Pablo Milanés, uno de los fundadores de la trova cubana, reflexiona con aquella misma sintonía sobre el envejecimiento y la evolución del amor con el paso del tiempo. La letra, que vale para cualquier momento y para cualquier lugar, invita a la nostalgia y a la madurez, explicando cómo aquella pasión inicial va dejando paso a la armonía. El autor de Yolanda, letra que tanto nos cundió, escribió aquella canción en homenaje a Yolanda Benet, su segunda esposa, madre de sus tres hijos, siendo consciente de que el tiempo pasa y que nos vamos poniendo viejos. Un día tomamos conciencia de esa velocidad a la que vamos por más inventos que pronostiquen de que la vida humana se prolongará mucho más tiempo y llegar a los cien años será un paseo. Hace unos días, un experto contaba en un programa matutino que a los cien años estaremos como ahora a los treinta. Dejen que mantenga muchas preguntas y muchas dudas al respecto. Yo siempre pongo como ejemplo a la tecnología. Cada día surge un aparato nuevo. El mercado no da abasto con todo lo que llega, que indica que seguimos progresando, que seguimos innovando, que todo va viento en popa, vamos, que no hay prisa en ponerse viejos, pero llega un día que decimos basta, por más estímulos y ejercicios que nos sugieran para estar en sintonía con el mundo. Es como si el botón para actualizarnos hubiera perdido también la orientación ante tanta demanda. Lo que sí es cierto, como dice el cantautor, es que cada vez nos cuesta menos aceptar la soledad, que por más prácticos que nos pongamos hemos cubierto el ciclo sin saber cómo es volar, sin degustar esa felicidad que tanto se pregona, alejados por tonterías de aquellos a los que consideramos amigos, soñando en secreto con el verdadero amor de nuestra vida.
La despoblación rural es un asunto que lleva años preocupando y ocupa un lugar prioritario en las agendas políticas y sociales, al afectar al desarrollo sostenible de grandes territorios como el nuestro de Castilla y León.
Pero lo más grave es el goteo poblacional incesante. Los pueblos de alta montaña, sobre todo, se encuentran en una situación cada vez más comprometida, sin apenas estrategias que auguren un cambio significativo y una invitación a vivirlos.
José Antonio López es el autor de un estudio sociológico publicado en 2005, que aborda los cambios de la sociedad rural. Como quedan los pueblos después de esa migración masiva hacia las ciudades, un goteo constante que hemos experimentado en nuestras carnes, ya sea abandonando el lugar para buscar sustento lejos o aguantando con lo puesto.
En un viaje reciente al pueblo burgalés de Santa Gadea del Cid, ahora en la lista de los pueblos más bonitos de España, yo pensaba, mientras lo recorríamos, en que no desmerece tampoco la historia de los nuestros. Donde no hay castillo, hay una ermita románica, como la de Santa Eulalia o Vallespinoso de Aguilar; una iglesia románica, como nuestra colegiata de San Salvador, Ventas como la de Urbaneja o la Morena, puentes como el de Nestar o el aclamado Rojadillo de Valberzoso; casonas con sus escudos y grabados como la de Lores o la de Camasobres; picos como el Curavacas o Espigüete, santuarios y monasterios que siguen testimoniando nuestro extenso y variado patrimonio. También parece obligado citar en esta tarea, Ayuntamientos como el de Brañosera, que cada aña nos recuerda el inicio de la repoblación en aquellos lugares, cuando empezaban a nacer los pueblos y se constituye uno de los primeros ayuntamiento de España. ¿Por qué no se ha frenado la despoblación en los últimos años?, se preguntan los investigadores y sociólogos. En un informe de Santa María la Real se dice que la montaña Palentina ha perdido un 25% de población en las dos últimas décadas. No estamos hablando de la sangría inicial, sino de la que subyace entre los escasos habitantes que la pueblan y que buscan el amparo de los pueblos más grandes. Soy parte de esa minoría que piensa en una nueva repoblación, tal vez nosotros no lleguemos a verla, pero se hace necesario insistir para posibilitar un crecimiento. Como decía Castelao, "la ciudad cree que fuera de ella no hay más que paisajes, patatas y leche; ignoran que también existe una cultura noble, antiquísima e insobornable."
Cada vez se está poniendo más difícil el hecho de viajar para el mortal corriente. La gasolina apenas nos da un respiro, los viajes en avión hay que programarlos con mucha antelación si queremos precios interesantes y la estancia: casas rurales, hoteles y comida, se han puesto por las nubes.
El lunes he vivido un momento histórico que no olvidaré. Los Reyes Don Felipe y Doña Letizia han visitado Brañosera para presidir el acto de celebración del 1.200 aniversario del Fuero de Brañosera, considerado el primer Ayuntamiento de España gracias a su Carta Puebla del año 824.
📍 Brañosera, Montaña Palentina | 3 de junio de 2025
A pesar de tener contacto directo con el alcalde, Jesús Mediavilla, no fui informado de que era necesario inscribirse previamente, no solo para subir al autobús desde Barruelo de Santullán, sino también para acceder a las conferencias que se celebran en una carpa instalada en el pueblo. Lo intenté por varios medios, incluso, caminando, pero los controles fueron muy estrictos. Cuando ya quedábamos muy pocos esperando, conseguimos finalmente llegar a Brañosera. Justo a tiempo: los Reyes llegaron al filo de la 1 de la tarde y nos saludaron con una cercanía y una generosidad que les honra. Fue un momento breve pero muy especial.
Mientras los veía acercarse, me vinieron dos recuerdos muy vivos:
🟡 El primero, de hace muchos años, cuando el Rey tenía solo nueve años. Yo vivía entonces en Huaraz, una ciudad en los Andes peruanos, y formé un pequeño equipo de fútbol con niños de su misma edad. No tenían uniformes, así que escribí al entonces Príncipe Felipe. Un mes después, aquellos niños estaban orgullosamente uniformados. Fue un gesto que nunca he olvidado.
🟡 El segundo, en México, donde visité a una niña que estaba gravemente quemada y llevaba mucho tiempo hospitalizada. Le pregunté qué le gustaría hacer en la vida, y me respondió: “Ver a los Reyes”. Conseguimos que fuera recibida en el Palacio de la Zarzuela. Recuerdo el momento con una emoción difícil de describir: la Reina se agachó para saludar a la niña, y esta, con toda la inocencia del mundo, le preguntó: ”¿Dónde está la corona?” Tal vez ella pensaba en los Reyes Magos… Fue un instante de ternura pura.
Como cierre inesperado de este día lleno de emociones, finalmente he podido encontrarme cara a cara con el Rey Don Felipe. Lo saludé con gratitud y le recordé personalmente la ayuda que me prestó en aquella ocasión en Huaraz. También tuve la oportunidad de saludar a la Reina Letizia, muy amable y cercana. Le pedí que saludara a la Reina Sofía, quien me conoce bien. Además, saludé al presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, a la presidenta de la Diputación de Palencia, Ángeles Armisén, y al alcalde de Brañosera, Jesús Mediavilla. El ambiente fue finalmente acogedor y cercano. Tras verificar mi identidad con el DNI, me permitieron acceder a la zona reservada donde fuimos agasajados con una variedad de pinchos. Un cierre digno para una jornada que empezó con dificultades, pero que terminó con gratitud, reencuentros y mucha emoción.
Adriano Domínguez era mi amigo, y me dolió la noticia. Adriano Domínguez era mi admirado amigo y cuando un amigo mío es maltratado me indigno, grito, me rebelo, y escribo. Adriano llevaba unos meses en León, después de una desafortunada caída que le impidió seguir disfrutando de su apartamento en Madrid y de todo lo que la capital implicaba para él: allí estaban sus amigos, sus compañeros de profesión y sus recuerdos más queridos.
Adriano Domínguez Fernández (León, 4 de enero de 1920 - Madrid, 9 de mayo de 2008) fue un actor español, con una larguísima carrera en el teatro, cine, televisión y doblaje. Imagen vista en "Todo Colección".
León lo acogió con cariño porque un hijo suyo eminente volvía a sus raíces. Su estancia en una flamante Residencia para Mayores de la capital leonesa era todo lo agradable que pueden serlo estos lugares, -melancolías y silencios, pasos lentos y días que se suceden con la esperanza de ver aparecer en el umbral de la puerta a alguien que ayude a desperezarse de la monotonía…
La soledad en esos lugares es lo más terrible, pienso yo; y, si como él, se goza de la más absoluta lucidez, pues peor.
Allí había encontrado una amistad entrañable, con la que compartía charlas y atardeceres, paseos y recuerdos…
El tiempo transcurría más acogedor, pero a alguien no le pareció bien y se encargó de separarlos. Y de forma injusta y cruel, se les prohibió sentarse juntos a la hora de comer, y luego, le fue comunicada a mi amigo la irrevocable resolución de que tenía que abandonar la Residencia… Vamos, que lo echaron como a un perro, a él, a una de las figuras más eminentes que ha dado León, a quien deberían agradecer los leoneses horas y horas de magistrales interpretaciones haciendo revivir en escena pasiones, amores y muertes en nuestro teatro y en nuestro cine.
Intervino en más de 130 películas, figuras míticas como Olivia de Havilland, Lee Remick, Brigitte Bardot o Alfredo Kraus fueron sus compañeros y amigos (una no se cansaba de oírlo cuando nos contaba anécdotas de su vida brillante con aquella memoria portentosa, y su voz suave y contundente a la vez…)
Pues bien, a él, a mi amigo Adriano Domínguez le echaron de la Residencia “por problemas de convivencia”, según se quiso justificar. Pero por debajo subyace la verdad, y la verdad tiene nombres concretos: egoísmo, inexplicables intereses, injusticia y crueldad con una persona que dio todo lo mejor y entonces no puede defenderse, y lo peor de todo, ingratitud… Viene a mi memoria la imagen de Miguel de Cervantes, quien en sus últimos años vivía con gran pobreza y abandono, a pesar de ser conocida su figura internacionalmente. Pues bien, cuando fue visitado por un embajador francés, éste quedó perplejo al ver su situación y se preguntó cómo era posible que un hombre como aquel “no estuviera protegido del erario público, y con todo tipo de honores”. Sobran los comentarios y los símiles.
Llevo cuarenta y cinco años colaborando en prensa. Y se va acercando el momento de cerrar esta madeja definitivamente. Aunque ya he tenido sonoros tirones de orejas por los colaboradores de este diario, no han faltado felicitaciones de amigos desde todos los ámbitos, sin imaginar que esto fuera como un cumpleaños o un aniversario de bodas.
Lo cierto es que, los compañeros de la empresa de deporte donde he trabajado los últimos quince años, que son como hijos para mí, decidieron hacerme una despedida. ¡Te vamos a llevar a Canarias! No, olvidaros que yo no voy a ningún lado. Comemos en algún sitio, vamos a bailar al Moma y con eso ya me doy por satisfecho. Que va. Ellos a lo suyo. Tú prepara la maleta con algo de ropa, coge un bañador y allí ya tendremos lugares para comer y bailar. Yo intuía que aquel viaje no iba a producirse, pero algunos son muy traviesos y no las tenía todas conmigo. Ahora ya saben que las despedidas se celebran lo más lejos posible, y aunque les dejé claro que yo no era un muñeco, ellos siguieron amenazándome a diario con un viaje. El 12 de abril, un sábado cualquiera, yo me levanté a las nueve como cada día de mi nueva vida, bajé a desayunar y después me fui a hacer mi paseo diario de 5 kilómetros, que es lo que me mantiene en forma. A las 14, cuatro compañeros a la puerta de casa. Coge la bolsa que nos vamos. No tengo ninguna bolsa. En San Mamés, después de sortear a otro grupo que venía con una pancarta para desearme buen viaje, bajamos al andén y cogimos el autobús al aeropuerto. No lo tenía claro, porque me dijeron que otros dieciséis compañeros viajaban con nosotros. La duda crecía porque me iban ofreciendo rutas por Canarias y centros de ocio para los cuatro días. Pero bueno, se arrepintieron y nos apeamos en la Plaza Moyua, porque llegaba la hora de comer y ahí quedó el sueño tan amenazante de Canarias.
Por qué les cuento esto. Pues sencillo. Estamos hartos de ver cada día puñaladas, muertes sin sentido, odio por doquier, rivalidad política. Y esto me pareció la gloria. Llegar a Indautxu y encontrarme a mogollón de amigos y compañeros fue mejor que cualquier viaje a ningún sitio. Allí estaban los que se fueron a otras instalaciones, los que cambiaron de trabajo y quienes siguen en Azkuna actualmente. Ya se pueden imaginar ustedes la sensación tan placentera encontrarte con tantas personas que te valoran y te quieren. Quiero desde esta madeja dar las gracias por tanto cariño, por tanta amistad, por tanto amor. Es evidente que os quiero un montón. Sois mis hijos. Perdonar los días que no estuve a la altura. A vuestro lado he vivido los mejores momentos y así no cuesta ir a trabajar. Que os quiero, coño. Que sois el mejor equipo que uno podría tener. Que la vida sin estos detalles no tendría aliciente. Gracias.