Mi padre, Simón
Mi padre, Simón, tenía una forma muy suya de mirar el mundo. Cuando los gitanos llegaban al pueblo de Tremaya, no veía primero la desconfianza ni el temor que recorría las casas; veía a los niños. Veía sus caras cansadas, el polvo en los zapatos, el hambre callada que se les notaba en los ojos. Y eso le bastaba.
Siempre les daba hospedaje. Abría la puerta de casa como quien cumple con algo natural, casi obligatorio para el corazón. Ellos prometían, a veces, que traerían una canasta de mimbre en agradecimiento, una promesa que casi nunca se cumplía. Pero eso nunca le importó a mi padre. Lo esencial no estaba en lo que pudieran dar, sino en ofrecerles un techo, un rincón donde guarecerse del frío y un suelo donde dormir sin miedo.
Mi madre, en cambio, les tenía miedo. Un miedo profundo, aprendido o heredado, no lo sé. Y creo que ese temor pasó también a mí. Yo no tendría más de siete años cuando algunas de mis pesadillas más angustiosas se repetían una y otra vez: los gitanos me perseguían y, por más que corría, mis piernas no avanzaban, el suelo parecía sujetarme, y el miedo me despertaba con el corazón desbocado.
Con los años entendí que aquellos sueños no hablaban de ellos, sino de mis propios temores infantiles, del contraste entre la compasión de mi padre y el miedo de mi madre, que convivían bajo el mismo techo.
Hoy, con mi padre ya fallecido, estoy seguro de algo: si aquellos gitanos regresaran a Tremaya, la puerta de casa volvería a abrirse. Él los hospedaría con el mismo cariño sencillo, con la misma humanidad silenciosa con la que lo hizo siempre. Porque para Simón, mi padre, dar cobijo nunca fue un acto extraordinario, sino una manera de estar en el mundo.
EL VÍDEO
SOBRE ESTA BITÁCORA
Esta bitácora nace en noviembre de 2008 con el ánimo de divulgar historias curiosas y entretenidas. Son 18 años acudiendo diariamente a la llamada de amigos que vienen de todo el mundo. Con +8.178.300 visitas, un mapa del románico abierto a finales de 2023 que ya ha recibido +1.104.300 consultas y +6.000 artículos en nuestra hemeroteca, iniciamos una nueva andadura. Comparta, Comente, síganos por nuestros canales de Facebook y Wasap. Y disfrute. ¡Es gratis!




















Bonito homenaje, Estalayo, éste que haces a tu padre en este artículo. Y le sitúas por encima del bien en esa relación de bondad y acogimiento que siempre tenía para con los gitanos cuando llegaban al pueblo, a los que incluso no dudaba en darlos hospitalidad en la casa, aun a sabiendas de que tu madre pensaba lo contrario. Y luego el vídeo sobre él, un bonito recuerdo en su mismo entorno donde vivió. Saludos.
ResponderEliminarAmigo Estalayo, qué gran padre tuviste. Tienes que estar orgulloso. Su generosidad con una minoría como la gitana es un modo de recordar a nuestra sociedad que los gitanos, los inmigrantes, los diferentes no son seres peligrosos per se, sino que merecen oportunidades para demostrar que tienen los mismos derechos y merecen el mismo respeto que cualquiera de nosotros. También pertenezco a esa generación en la que nos instruían de modo interesado y sectario sobre el mundo gitano, igual que ahora algunas mentes obtusas pretenden que inmigración y delincuencia sean sinónimos. Por fortuna, personas como tu padre permiten que nuestra sociedad no pierda el rumbo y se abra paulatinamente a la tolerancia y la convivencia, a pesar de los que pugnan por ser el polo opuesto a tu padre.
ResponderEliminar