Edén en Pospozuelo
A las afueras del pueblo y a una distancia de unos 800 metros, en el margen derecho de la carretera que conduce hasta Sacramenia se nos aparece de pronto la inolvidable imagen de la ermita de San Vicente, que fuera el templo parroquial del despoblado segoviano de San Vicente de Pospozuelo que se extendía en las proximidades de esta ermita y sobre el que se extendió un enorme lapso temporal que intentamos recuperar en nuestra visita de aquel lejano noviembre de 2009.
Ermita de San Vicente mártir
San Vicente de Pospozuelo | Segovia
Se trata de un edificio que desde su origen románico de la segunda mitad del siglo XIII que aparenta incompleto en su erección como demuestra el arranque del muro norte, soterrado en la carretera. La bondad de la construcción como el lugar en que se levantó, a la orilla misma del soto del Arroyo de la Rodera, hace de esta construcción una de las de mayor encanto de la provincia segoviana y cita obligada para el viajero.
La ermita se levantó en estilo románico tardío, del que se conserva el total de la cabecera y parte del muro meridional, pero probablemente quedó inconclusa, y hubo de cerrarse en el siglo XVII con una techumbre de madera a una sola agua hacia el oeste. La ermita fue restaurada en el siglo XIX, pero volvió a hundirse posteriormente. Por fortuna fue restaurada definitivamente a finales del siglo pasado (1989) por la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León, en un acertado proyecto dirigido por el arquitecto Ángel Egido Martín. Se compone de una galana cabecera dotada de tramo recto y curvo absidal a los que se adosa una ínfima nave que no llega a serla. Sobria construcción cuyo tambor absidal se levanta sobre pequeño zócalo articulado por cinco tramos mediante semicolumnas que parten del basamento hasta el podio.
En lo arquitectónico y escultural la ermita de San Vicente presenta directas analogías con la no muy lejana emita de San Miguel de Sacramenia. El material empleado es sillería de piedra toba muy porosa y ligera salvo las columnas, el alero y los ventanales que son de piedra caliza más resistente y más adecuada para tallar. A pesar de su carácter tardío esta construcción conserva un elegante ábside como marcan los cánones románicos. Tiene cuatro columnas entregas que dividen verticalmente el ábside en cinco paños, los tres centrales más anchos que los contiguos al presbiterio. Los capiteles de estas columnas presentan dos grandes hojas que semejan helechos superados por ramificaciones en espiral.
Estas tres calles centrales del muro, sobre los segmentos segundo, tercero y cuarto, tienen sendos ventanales muy parecidos entre sí. Cuenta cada uno con una aspillera rodeada por una estructura constituida por una arquivolta de aristas vivas sobre una pareja de columnas con capiteles también vegetales similares a los de las columnas entregas. Sobre la arquivolta hay una elegante chambrana ajedrezada. Estos ventanales están construidos con sillares de piedra caliza compacta que se integran con el resto de sillería de piedra toba mayoritaria en la construcción.
La corona de canecillos es de proa de nave, lo que unido a la simplicidad de las tallas vegetales nos habla de una construcción tardía y rural que, aún perteneciente al taller de Fuentidueña, comienza a asumir la sobriedad cisterciense influida por el cercano monasterio de Santa María de Sacramenia.
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Sorprende la dificultad con la que nos premian las redes sociales, entretenidas en darle voz a tanta gente que se limita día tras día a contar sus glorias y penurias. Es una pena que le pongan tantas trabas a contenidos como este que suponen mucho tiempo de trabajo. Lo digo porque hoy ha sido imposible compartirlo en los grupos de románico. Estupenda visita, Mongui.
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