100 DOSIS DE AMOR [35.1] [SAWABONA]

No sé si te imaginas lo que te he soñado, lo que te he deseado, cómo he pedido para verte, para tener tu boca, para estar a tu lado. Y sí, ya sé que todo tiene su fin, que tienes que aprender a dejar atrás momentos de tu vida y personas con las que te sentías francamente a gusto, a las que querías, en las que confiabas... Ya sé que el dolor más grande lo amortigua el tiempo, que el tiempo todo lo arregla, dicen...

100 DOSIS DE AMOR [35.2] [SAWABONA]

Pero será que el tiempo no pasa por aquí o que no pasa como pasa por el resto de puertas. Sé que esta situación me va minando, sólo me conduce a la obsesión, a la locura de desearte y no poder llegar a ti, pero no puedo evitarlo por más tranquilidad que ello me aporte. No puedo evitarlo, por más imposible que parezca, por más que el tiempo te vaya alejando a ti también de todo lo que soñábamos cuando lo vivíamos sin pensar. A veces tengo la impresión de que ya has cruzado al otro lado y que estás bien y que debo dejarte definitivamente, no importa el dolor que ello me cause.

El paseo


Sobre las casonas del Calero, las golondrinas describen incesantes curvas. Algunas bajan hasta el arroyo para rozar con sus picos el reflejo de las aguas.



Teo Revilla
Poeta - Pintor


Tras caminar un buen rato en compañía de mi madre en templada charla, llegamos a lo que fue en otro tiempo el barrio de Mercedes, hoy desaparecido. Como desapareció el boscaje de la ladera que lo protegía de vientos y nieves, debido a la acción devastadora y codiciosa de la última empresa minera. Un poco antes de llegar a Mercedes, nos detenemos en lo que fue la mina donde trabajó el abuelo Teodoro antes de la guerra civil, muerto en Vallejo de Orbó en el año cincuenta a consecuencia del desprendimiento de otra mina en esa localidad brañoserense. Recordamos al abuelo silenciosos un momento, y continuamos viaje. Un poco más allá, desviado del camino, un oculto sendero casi inapreciable entre arbustos y ramajes, nos conduce a una antigua fuente que aún pervive oculta entre piedras, hierbas y berros. Como otras veces que estuvimos en este lugar, mi madre me relata la historia de un asesinato pasional que se produjo en torno a la fuente siendo ella solamente una niña. Dejamos Mercedes, algo melancólicos, e iniciamos con tranquilidad la bajada.

Sobre las casonas del Calero, las golondrinas describen incesantes curvas. Algunas bajan hasta el arroyo para rozar con sus picos el reflejo de las aguas. Volvemos a detenernos. En este caso, ante el plantel de lo que fue la casa familiar de los abuelos Marcela y Felipe. Hoy el sitio está irreconocible, una islita de restos cubierta de ortigas y de espinos entre foscas espesuras. Ante nuestra presencia intrusa, conmoviendo y alborotando la tarde, disparada rumbo a los cielos saliendo de los setos, vuela una estruendosa bandada de pájaros. El tiempo empapa de silencio los manzanos y perales que aún crecen descuidados entre derruidos cercos de granito a unos metros de lo que fue la entrada de la casa. Más allá, tras la mina, se extiende el bosque impenetrable. De entre el espejismo que el sol al irradiar inventa, destacan las luminosas piedras de lo que fue muro, las zarzas, los abrojos, yerbas y cardos, los maillos con sus frutos agrios, todo eso que sobresaliendo del olvido revelan familiares recuerdos.
Descendiendo camino, dejamos el Arroyo el Mazo y más abajo el Barrio de Helechar, monolitos de un tiempo minero vencidos por el abandono, la ausencia y el silencio.
 
Planea por los cielos el milano. A ratos revolotean grajos y otras aves difíciles de distinguir. Una luz de azufre zigzagueante de tenue fulgor amarillo, como hilo casi inapreciable escapa hacia las cimas. Es el atardecer en los espesos montes palentinos envolviendo de sombras, tras el recodo andado, un collado diminuto y desolado por donde ni los animales pastan. Sentada sobre unas piedras en un rincón de fresca y fragosa verdura, una niña ya anciana siente que prevalecen como espejismos imborrables los años, la casuca nunca olvidada donde nació, el hábitat febril y jubiloso de los juegos, la impenetrable espesura, la bajada al colegio de las monjas a Barruelo, la desoladora Guerra Civil y el peregrinaje al exilio, la vuelta al cabo, el amor nacido a gritos por los senderos lúdicos de El Calero, y siente cómo aún huye de sí en ese mismo instante reflejado en los ensombrecidos ojos del cansado corazón y del recuerdo, la misma vida.

EL AUTOR

Teo Revilla, poeta y pintor

Nací en Barruelo de Santullán, provincia de Palencia, España.
La atmósfera norteña, los colores del campo y de la sierra, la naturaleza siempre esplendorosa de los contornos cántabros, unido al ambiente rudamente minero, vidas marcadas entre la esperanza y la angustia, hicieron brotar en mí la sensibilidad que muy temprano me llevaría a la poesía y a la pintura como forma de expresión y sentimiento. Más tarde llegaría la posibilidad de que alguno de esos poemas fueran editados en revistas y en algunos libros de antología poética, siendo "Luces y Sombras" un libro de recopilación que ahora presento a través de Bubok.


👉 Libro "Callados Silencios"
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Actualización mar2026 | 💥+577 👀


SOBRE ESTA BITÁCORA

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