100 DOSIS DE AMOR [38] [SAWABONA]

En muchas ocasiones me he preguntado, si por algún extraño efluvio a mí se me hubiera negado el derecho a ser feliz, y un día, no hace mucho, encontré en una tiendecita un cartel que rezaba: "Atención, la felicidad existe". Me lo compré encantadísima, como si fuera un seguro a todo riesgo, y con esa misma ilusión lo coloqué una mañana en mi despacho; ese mismo día, no creo que lo olvide jamás, recibí la primera cuenta de un rosario de desgracias que me abatieron, y he llegado a la armónica conclusión de añadir a mi cartel reivindicativo que sí, que la felicidad existe, pero que se vende muy cara. Es posible que con el amor ocurra igual."

Fernando Zamora, ‘cirujanopoetapintor’


Al presentar su obra poética cuenta que publica su primer poemario en 1994, cuando “ya era una persona bien vivida”. Se refería a que su obra pictórica y literaria había ido esperando. ¿Esperando a qué? Sospecho que la idea de este palentino, polifacético vecino ilustrado, es que se requiere haber vivido lo suficiente para decir mejor, para expresar mejor, y también para callar mejor. De hecho habla de su poesía como poesía silenciosa.


Fernando Zamora, ‘cirujanopoetapintor’_Vecinos-Ilustrados

Quizá tampoco hallemos mejor definición de un cirujano: dícese de aquel cuyo hablar es silencioso. Médico cirujano es lo que Fernando Zamora ha sido en toda su vida laboral. Y seguramente no haya mejor elogio de alguien que decir que es silencioso, lo que cuanto menos quiere decir que no inunda a los otros con su ruido. La sabiduría de una obra artística silenciosa parece estar al alcance de unos pocos. Porque la cuestión perenne es cómo transmitir lo inefable, cómo expresar lo que no va a poder decirse nunca, y cómo fracasar a la buena manera en ese intento de nombrar lo imposible, lo que sabe muy bien tanto el poeta como el pintor. La sucesión de fracasos anima a intentarlo de nuevo, al menos a quienes no se hacen un ‘Bartleby’ y al preferir no hacerlo publican una sola obra, o pintan ‘el’ cuadro, o escriben un único poema. Otro modo de decir esto creo haberlo encontrado en el título de otro libro de Fernando Zamora: “Libro para quemar”. No solo porque es verdad que ha sido una constante la quema de libros, barbarie frente a civilización (cuando quemaron los libros de Freud, éste dijo irónicamente que la humanidad avanzaba pues en la Edad Media le hubieran quemado a él), sino porque el resto, el poso que nos queda tras leer un poema, el saldo que nos llevamos tras contemplar una obra pictórica, es lo genuinamente agalmático, y también, como expresa Fernando Zamora, los libros permiten “sacar las llamas” de allá donde estuvieran. Conocer la obra pictórica y poética de este cirujano de las palabras es la asignatura a aprobar por quienes pretendemos estar cerca de “personas bien vividas”.

Imagen: Fernando Zamora en Carrión digital

Actualización feb2026 | 💥+399 👀




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