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Dónde voy triste de mi



Edgar Benito Pascua
Premio Provincial                                              

Año 2015
204 relatos cortos
12 cuentos al premio provincial
Pregonero literario: Luis Miguel Morán Bregel




"Pregúntale a tu padre y verás cómo te dice lo mismo que yo...  si no, es que no lo sabe". Esa frase de mi madre albergaba toda la filosofía que mi familia ha necesitado siempre. No hablaba en broma, estaba totalmente convencida de que la verdad funciona así. Y después de tantos años no me he atrevido a cuestionarla aún; la sombra de una madres es más alargada que la de los cipreses. Tu madre hace que tu vida le pertenezca como tu casa le pertenece al banco. Su frío es el tuyo, y sus miedos deberían ser los tuyos. Si al hacer una la maleta tu madre te dice: "que no se te olvide nada que te vaya a hacer falta" no queda otra que asentir con la cabeza mientras asimilas que esa intervención por parte de tu madre ha sido de gran ayuda. Eterna gratitud sería  una limosna despreciable ante tan valioso consejo y aún así merecerías alguna maldición gitana.

Una madre como la mía ha sacado una familia de cuatro hermanos a cada cual más cafre, un labrador, dos periquitos y a mi padre, que es para echarle de comer aparte. Una madre hace falta para que te diga lo que piensas antes de que te lo plantees. Una madre es necesaria para poder tener madre. Porque yo no tengo. La perdí en algún momento mientras estaba viendo la Campos por la tele. No la he perdido físicamente, sigue estando allí desde hace dos semanas, pero no la encuentro. Ni siquiera ella se encuentra. Sigue delante de la tele como si estuviera encendida.

Todo comenzó un domingo cualquiera. Era una tarde aburrida... de domingo. Estábamos en ese tiempo muerto en el que hace rato que la cocina está fregada pero todavía falta mucho para merendar. Todos deambulan pasillo arriba y pasillo abajo con desgana buscando algo que poder hacer, porque cuando parece que te apetece algo, antes de empezar a andar ya te has arrepentido y vuelves al principio: ¿qué puedo hacer? Por fin cada uno llega a una conclusión que no convence del todo; gana por descarte. Juanfra, el único de los hermanos que queda en casa además de mí, se pone a ordenar carpetas viejas y antiguos álbumes de cromos. Mi padre se pone a limpiar sus mocasines negros cuidadosamente con crema blanca. El labrador se ha tumbado en una manta y mi madre decide ver la tele. De los periquitos ni idea porque nunca les haga caso. Yo hace rato que estoy asomado en la ventana echando un cigarrito y ya tengo los carriles de la ventana marcados en los antebrazos. Todo transcurre normalmente hasta que viene mi padre muy preocupado: "Mira a ver que tu madre se ha quedado en standby". Entramos los dos en el salón y efectivamente pudimos comprobar que mi madre estaba allí pero no había nadie al volante. Mi hermano Juanfra la abanicaba con una revista, pero dejó de hacerlo poco a poco y tras n momento se largó de allí. Mi padre no hacía más que pensar mientras se atusaba la barba. Estaba tan nervioso que parecía que envejecía a cada segundo. También puede que fuera porque no había soltado la crema blanca mientras se atusaba la barba. No podría asegurarlo. Mi hermano volvió con un frasco y se lo puso a mi madre debajo de la nariz.

-¿Pero qué haces Juanfra?
-Agua del Carmen, que esto levanta a los muertos
-Esto es Carmen, ¡gilipocha! Ahora sabemos quién vacía los perfumes de Mamá
-Era San Valentín y no había comprado ná y rellené un bote ¡ya ves qué tragedia!
-Hmmmm - mi madre confirmaba que olía bien
-Perfume de señora pa una tía de veintitantos
-¡Casi treinta ya y lleva faldas largas con flores!
-¡Trae eso que atufa!
-Coño ¿tengo algo en la barba?

Necesitábamos un nuevo punto de vista, así que todos miramos a mi hermano Juli. Sé que antes dije que sólo quedábamos dos hermanos en casa, pero es que Juli tiene Whatsapp. Esperamos a que se acabara la batería del móvil y aprovechamos que tenía que moverse para atraer su atención. Lo único que pudo decirnos fue: "Ahora mismo... no se me ocurre nada. Me he dejado el cargador en el coche, a ver si en lo que subo y bajo me viene alguna idea". Todo parecía perdido hasta que mi padre quedó iluminado:

-Cuando erais pequeños y os entraba fiebre vuestra madre os daba un baño
-Llevo un rato pensando lo mismo
Y sin saber cómo Juanfra tenía una jarra de agua que vació encima de mi madre. No dio tiempo a que doliera. Todavía hay fundas de cojín tendidas.
-Creo que esa no era la idea que Papa tenía en mente
-Pues no se aleja mucho, la verdad -dijo mi padre, que aprovechó algunas gotas que quedaron en el sofá para intentar limpiarse la barba. No lo consiguió.

Juanfra desapareció del salón, sospecho que a buscar más agua y mi padre y yo intentamos razonar con mi madre. Le preguntamos si sabía quiénes éramos nosotros, le preguntamos qué sentía, si le dolía algo... La callada por respuesta. De repente entró en casa Miguel Ángel, el mayor de todos, con su mujer. Viene a cenar todos los días y los domingos se pasan antes para merendar. Todos nos sentamos en la mesa del comedor, pero se limitaron a preguntarnos los antecedentes sin dar ninguna solución. Hablaron horas y horas mientras mi padre y yo les mirábamos estupefactos; sin saber muy bien qué decir. Cuando llegó la hora de la cena les calenté algo de paella que había sobrado y cuando se la terminaron se fueron. Pasaron los días. Mi padre, apabullado por la situación, encontró una vía de escape y para despistar se independizó de mi madre. Ninguno nos olíamos la tostada cuando sentado al otro lado de la mesa del comedor nos lo comunicó. Nos quedamos con el culo torcido. Aunque en realidad divorciarse no se divorció, porque mi madre no tenía la capacidad suficiente como para decidir algo tan importante y mi padre la habría liado parda donde quiera que fuera, así que se puede decir que es un cese temporal de la vida conyugal. en el día a día lo notamos en que no tenemos que escuchar tantas tonterías a diario. Ahora sólo se reducen a la hora de las comidas, que mi padre siempre se pasa porque solo no se apaña. Pasan los días como i no ocurriera nada, como si todo se quedara en agua de borrajas, pero sigo desesperado porque no le veo solución. Quizá si alguno de nosotros cogiera el timón y llevara esta casa con mano firme y sin pensar en sí mismo... o si estuviera el abuelo. Todo esto sería diferente, pero ya no puede ser; lástima. Ahora tengo un circo distinto todos los días: por mi casa han pasado médicos especialistas belgas, analistas estadounidenses y alguna compañía china empeñada en patrocinar a mi madre con camisetas, porque mi madre está todo el día en la tele. No hay canal en el que no salga. Es un caso de tertulias e informativos, aunque las conexiones en directo siempre quedan un poco sosas, la verdad. Si mi madre supiera que ahora es ella la que sale en pantalla a la hora de la Campos...

@Grupo Literario Guardense

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