100 DOSIS DE AMOR [27] [Sawabona]
"Espérame, mi niña. Volveré pronto. Te estaré soñando de lejos". -escribe otro de mis entrevistados a su chica-. Tan convencido está de que aquella sigue enamorada, que no se detiene a dudar un momento. ¿Tú sabes de alguien que le moleste que le quieran? Y aunque no lo creamos, también hay personas que sufren porque no pueden corresponder al otro, como entienden que el otro necesita y se merece que le quieran. El otro cierra los ojos y me muestra el final de la carta de amor que le escribió aquel día. "¡Te quiero tanto! Es dolor y es amor que me escuece, a veces intensamente. Pero todo merece la pena y, si es verdad, como creo, que hay un karma, se nos devolverá con creces.

La mujer esclava

La mujer trata de emanciparse de la tutela masculina y vivir del propio trabajo_Anarquismo

Rene Chaughi


Siempre sucedió lo mismo: los nobles no querían que los burgueses se emancipasen, se creían superiores a ellos; los burgueses no quieren que los trabajadores se emancipen, también se creen superiores; los militares quieren elevarse sobre los hombres civiles; lo mismo piensan los curas sobre los laicos; los civilizados miran despreciativamente a los salvajes sin tener en cuenta que la distancia que les separa es cuestión de tiempo, un simple accidente de la evolución general. Cada nación se cree superior a las otras, cada uno de nosotros se juzga más sensato que el resto de los humanos, y la creencia del hombre en su superioridad sobre la mujer no tiene más serio fundamento: es una mezcla del error egocéntrico y del deseo de dominio.

Sí, sobre todo del deseo de dominio. A la simple lectura del Código se ve claramente que los hombres han hecho las leyes: la manera con que los legisladores hablan de los derechos y de los deberes de cada uno de los esposos, el diferente modo con que consideran el adulterio del uno y de la otra, las disposiciones relativas a la madre soltera y al hijo natural, resultan verdaderamente chocantes, producto de un egoísmo necio que casi es perdonable por lo cándido. Así, por ejemplo, mientras el poder legal del marido es casi ilimitado, el de la esposa es nulo; ella le pertenece, pero él a ella no; del capricho del hombre depende que la mujer sea feliz o desgraciada por toda su vida, porque la ley que la entrega no la defiende, pudiendo decirse con toda verdad que la mujer del día, lo mismo que la de las edades prehistóricas, no es una persona sino una cosa apropiada. Para que el amor nazca y persista entre ese amo y esa sierva son necesarias circunstancias bien excepcionales; a falta de ellas, casi nunca hay amor, sólo hay cambio de dos deseos momentáneos, u otra cosa peor: brutalidad y sumisión.

Huyendo del estado humillante de cosa poseída, la mujer trata de emanciparse de la tutela masculina y vivir del propio trabajo, pero también en este punto se encuentra en frente de su arrogante amo que, en pago de trabajos pesadísimos, le ofrece salarios miserables. ¡Siempre el fuerte esclavizando al débil! ¡Siempre subsistente la vieja tradición simia!

Cada vez que la mujer trata de emanciparse y quiere salir del estado de cosa para elevarse al de persona, el hombre se esfuerza por impedirlo; no quiere que desarrolle sus facultades para convertirse en su igual. Los diputados no quieren mujeres electoras ni elegibles; los magistrados rechazan las abogadas; los médicos no gustan de profesoras ni agregadas; en la Escuela de Bellas Artes los alumnos han obligado a despedir a las alumnas, y, no obstante, a pesar de tan obstinada resistencia y de tantas dificultades, no pocas mujeres cultivan las ciencias, las letras y las artes, y a veces mejor que los hombres.

No hay que disimularlo: en el fondo el hombre desprecia a la mujer y la galantería que con ella usa no pasa de abominable hipocresía, destinada a disfrazar la condición de esclava en que con tanta crueldad la mantiene. Bajo cierto barniz aparatoso se halla siempre el amo vil y feroz.

Actualización Jul2025 | 578👀
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Henri Gauche (1870-1926), escritor anarquista francés, conocido también por sus pseudónimos literarios René Chaughi y Henri Chaughi. Preocupado por la situación de la mujer e influido por el neomalthusianismo, publicó varios artículos y ensayos anarcofeministas de los que destacan Immoralité du mariage (1898), Les Trois complices (1899) y La Femme esclave (1900).

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