100 DOSIS DE AMOR [41.1] [SAWABONA]
Ayer vi luz en tus ojos, aunque fuera un instante. Y me di cuenta de lo que te quería, de lo que te quiero, no importa con quién esté ni donde vaya. Tu siempre estás clavada ahí, en medio de todo, en medio de mi vida. Te dije que si aquello no llegaba a buen puerto sufriría de por vida ese tormento de esperar hasta el desaliento. Puedo estar equivocado pero soy así y así es como lo siento.
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Casa de Palencia en Madrid
En junio de este año, hace unas semanas, viajé a Madrid en compañía de José Luis Estalayo. Íbamos al encuentro de Miguel De Santiago, laureado poeta y miembro de la Tello Téllez que organiza en la Casa de Palencia en Madrid las correspondientes jornadas culturales. Allí nos encontramos con paisanos de la montaña, con amigos de Soria, en cuya casa tiene su voz ahora Palencia, a la espera de unas obras que mejoren el local y acojan, si se organiza bien, que sería lo suyo, al resto de provincias de la Comunidad.
Antes de dar paso al vídeo hice un recorrido por los libros publicados. Damián, oriundo de Lores, traía en su bolso un libro que había adquirido en la Feria de Madrid, “La más bella canción de la Naturaleza”, donde hacemos un recorrido por los 250 pueblos que integran nuestro territorio y que se publicó también cada domingo, durante tres años , en Diario Palentino.
Unos años después volvimos semanalmente con los lugares de la montaña palentina, repetimos con los templos del norte y no contentos, Jorge Cancho, que había estudiado y corregido nuestros envíos, nos lleva este año como director a la contraportada con la semblanza de un buen número de animales que componen la Fauna de la Montaña Palentina. Aquella tarde recordé a Félix Buisán, Gonzalo Ortega Aragón, Antonio Álamo Salazar, periodistas que estaban al frente del diario cuando yo logré poner un pie en él, motivado por una gran nevada y nuestro compromiso de llegar como fuera hasta la mina Eugenia para dar de comer a las mulas que hacían su vida bajo tierra, ayudando a sacar a la rampa los vagones de carbón. Recordé también a Claudio Prieto, Luis Guzmán Rubio, Miguel Ruiz Ausín y Felipe Calvo, compañeros de jurado en el Primer Festival de Canciones y Bailes de La Montaña Palentina celebrado en Cervera de Pisuerga a finales de la década de los ochenta. Y dije lo que pensaba de nuestra sociedad que tantos frutos ha sembrado para que germine esa historia que decoramos con palabras e imágenes y sirva de empuje para quienes todavía nos desconocen.
Estamos contentos de estar disfrutando de nuestro tiempo y haciendo disfrutar a nuestros seguidores de todo lo que nos ofrece nuestra tierra, nuestra montaña palentina. Y eso sí que nos convoca ahora, eso nos trae aquí y eso nos lleva al encuentro de la gente que recuerda y añora su tierra. Ahí sí que insistimos y resistimos.
Unos años después volvimos semanalmente con los lugares de la montaña palentina, repetimos con los templos del norte y no contentos, Jorge Cancho, que había estudiado y corregido nuestros envíos, nos lleva este año como director a la contraportada con la semblanza de un buen número de animales que componen la Fauna de la Montaña Palentina. Aquella tarde recordé a Félix Buisán, Gonzalo Ortega Aragón, Antonio Álamo Salazar, periodistas que estaban al frente del diario cuando yo logré poner un pie en él, motivado por una gran nevada y nuestro compromiso de llegar como fuera hasta la mina Eugenia para dar de comer a las mulas que hacían su vida bajo tierra, ayudando a sacar a la rampa los vagones de carbón. Recordé también a Claudio Prieto, Luis Guzmán Rubio, Miguel Ruiz Ausín y Felipe Calvo, compañeros de jurado en el Primer Festival de Canciones y Bailes de La Montaña Palentina celebrado en Cervera de Pisuerga a finales de la década de los ochenta. Y dije lo que pensaba de nuestra sociedad que tantos frutos ha sembrado para que germine esa historia que decoramos con palabras e imágenes y sirva de empuje para quienes todavía nos desconocen.
Estamos contentos de estar disfrutando de nuestro tiempo y haciendo disfrutar a nuestros seguidores de todo lo que nos ofrece nuestra tierra, nuestra montaña palentina. Y eso sí que nos convoca ahora, eso nos trae aquí y eso nos lleva al encuentro de la gente que recuerda y añora su tierra. Ahí sí que insistimos y resistimos.
Ante el cuadro de Félix de la Vega
“OJOS PARA MIRAR”
Primero fue el hombre Félix. Un día, sintió la fuerza ineludible del amor corriendo por sus venas y dejó que llegase hasta su corazón para alzarse grande y distinta, renacer río de agua y viento, camino perpetuado en otros ríos de sonrisas que hoy acompañan nuestro vivir. Y supo, tocado por los dioses, que el hombre es más grande cuando el fuego que bebe en sus venas se transforma en arte y luz, en llama que alienta los ojos y hace brotar emoción entre quienes, absortos, buscan el íntimo descubrimiento de la belleza creadora, contenida en sus cuadros, en cada uno de ellos. En esos amaneceres personales del pintor Félix de la Vega.
Fundación Díaz Caneja | Momento-compartido-Óleo-sobre-táblex-144x122-2004
Firmeza sabia en la obra de artista consumado.
Energía que abarca los límites del lienzo.
Locura de colores para saciar el ansia creativa del descubrimiento,
Ilusión en su paleta de colores.
Xilófono en manos del viento sus pinceles.
Félix de ingenio y de verdades,
creador de seres que regalan sus miradas,
plenas de ternura y sensaciones.
Muy juntos, quizá para quitarse el miedo del vivir, arropándose uno al lado del otro, tal vez porque el calor es mínimo y grande la necesidad de robarle al sol cada uno de sus rayos. Nunca descubriremos la decisión íntima y personal, la que llevó al pintor a elegir, con acierto, uno a uno estos personajes. Es posible dejar que nuestra imaginación vuele para aventurarnos en tu obra, mínimamente, Félix, y pensar que necesitabas perpetuarte en ese mundo de seres singulares, en quienes nos has dejado una parte de ti mismo, un regalo para todos nosotros que ya, para siempre, amigo, nos pertenece mientras oímos la música del concertista que busca en su piano poner en alto la alegría que se volvió pequeña con tu marcha, demasiado temprana cuando la vida te era, nos era, tan necesaria.
Energía que abarca los límites del lienzo.
Locura de colores para saciar el ansia creativa del descubrimiento,
Ilusión en su paleta de colores.
Xilófono en manos del viento sus pinceles.
Félix de ingenio y de verdades,
creador de seres que regalan sus miradas,
plenas de ternura y sensaciones.
Muy juntos, quizá para quitarse el miedo del vivir, arropándose uno al lado del otro, tal vez porque el calor es mínimo y grande la necesidad de robarle al sol cada uno de sus rayos. Nunca descubriremos la decisión íntima y personal, la que llevó al pintor a elegir, con acierto, uno a uno estos personajes. Es posible dejar que nuestra imaginación vuele para aventurarnos en tu obra, mínimamente, Félix, y pensar que necesitabas perpetuarte en ese mundo de seres singulares, en quienes nos has dejado una parte de ti mismo, un regalo para todos nosotros que ya, para siempre, amigo, nos pertenece mientras oímos la música del concertista que busca en su piano poner en alto la alegría que se volvió pequeña con tu marcha, demasiado temprana cuando la vida te era, nos era, tan necesaria.
Historia de un amor de verano
Huyendo un poco del calor asfixiante de aquel verano en la Meseta, pero también otro poco tratando de encontrar un tiempo para la reflexión, luego de un agitado y acelerado año laboral, recalé por aquellos días en un pueblo de costa a orillas del Mediterráneo.
Benidorm, sobre foto original de Alfonso Santamaría
Digamos, que abría así las puertas de mi casa al campo y al mundo exterior, y huía de mi realidad en busca de algo novedoso que pudiera ser que la vida me tuviese reservado. Y ha sido justo en un lugar que tú y yo -¡cuánto tiempo sin vernos!-, conocemos muy bien; y que llevaremos grabado siempre en el recuerdo con extraordinaria nitidez. Y es que en él daría los primeros pasos aquel recién estrenado amor de juventud, el primero de nuestras vidas –según nos confesamos-, en aquel verano de todavía feliz recuerdo; aún después del tiempo transcurrido.
Pero hoy, anocheciendo ya y sentado en el espigón del puerto, desde donde se domina buena parte de la bahía en una dirección, y con el faro que ya ha comenzado a proyectar su luz sobre la bocana del puerto, en la opuesta; sin puertas por delante que cierren mi perspectiva de la ciudad, he querido buscar tu imagen entre tanta gente como atraviesa ahora por estos alrededores. Pero a pesar de no tener límites en la observación, todo parece haber sido en balde. Ninguna de las personas que por aquí transitan me ha recordado a ti. Bueno, siendo sincero, a excepción de alguien que parecía tener tus mismos rasgos físicos –al menos los que yo recordaba de ti-, mas al instante he rechazado la semejanza; aunque reconozco que me ha quedado la duda por algunos segundos.
He tomado algunas instantáneas del lugar y te las haré llegar en algún mensaje posterior. Como verás, poco queda de todo aquello que conocimos en el pasado; y se advierten unos signos de cambio y modernidad en todo el pueblo que, con el paso de los años, se ha convertido en una verdadera ciudad con ingentes cantidades de veraneantes por doquier. Aquella noche, tras cerrar la puerta de mi apartamento y retirarme a descansar, he de reconocer que soñé nuevamente contigo. En esta ocasión, habitábamos juntos una gran casa en un indeterminado pueblo de la costa. Me llamó la atención la gran cantidad de puertas que disponía nuestra mansión; cada una de ellas daba acceso a una estancia diferente. Y cada una de las puertas respondía a un color diferente, que se repetía en el interior de la habitación a la que daba acceso. Luego, con el nuevo amanecer, he de reconocer que no supe interpretar mi sueño… Así las cosas, al atardecer del nuevo día regresé instintivamente al mismo punto de observación de la jornada anterior y me volvió a visitar el recuerdo de aquellos inolvidables días; que he estado rememorando paso a paso mientras contemplaba la impresionante bahía con el sol declinando ya y escondiéndose tras los grandes edificios de apartamentos. Pero sin dejar de observar, a mi vez, el continuo fluir por el lugar de gentes de las más diversas nacionalidades. Y, de pronto, he notado cómo el corazón me pegaba un vuelco, porque he creído verte caminar con tu elegante prestancia de entonces entre las gentes del paseo… ¿Será ella?, me he preguntado... Desde luego que sí, me he contestado a mí mismo a continuación con una claridad meridiana y convertido en un manojo de nervios. Me he levantado de un salto para dirigirme hacia ti y, ¡oh casualidad!, he visto que tanto tu mirada como tus pasos se dirigían hacia mí sin ningún género de duda…
Las farolas del paseo comenzaban a encenderse ahora una tras otra, justo en el mismo momento en el que una gran ilusión volvía a prender en lo más profundo de mi corazón, que abría así una puerta al reencuentro, luego de unos cuantos años de distanciamiento. ¿Tendría algo que ver el sueño de ayer, con aquella gran casa donde destacaban el número tan elevado de puertas que daban acceso a otras tantas habitaciones?...
Edén en Olorón
Al volver de las Cruzadas de Jerusalén, Gastón IV, vizconde de Bearm, ordenó su construcción.
Cathédrale Sainte-Marie
Olorón (II) | Francia
Contar el románico francés de Olorón me llevaría ladrando dos días y medio y una noche, pero como el motivo de esta Guía es ayudar y mostrar posibilidades a seguidores amantes de este Arte sagrado, intentaré ser breve y conciso dando protagonismo a imágenes que os despierten el deseo de contemplarlo por vosotros mismos.
Destruida parcialmente por los incendios de los siglos XIII y XIV, el edificio de estilo románico y gótico fue reconstruido y ampliado en el XVIII.
El pórtico románico de la Catedral de Santa María es obra de calidad mezclando la fineza, inspiración y conocimiento de los escultores de la época. Es un Libro de Fe de la época de las cruzadas y la reconquista en España donde el maestro creó talleres en el Camino de Santiago como evidencia Uncastillo.
Portada y tímpano
Capiteles, esculturas en saliente, metopas con los Ancianos apocalípticos, escenas de la vida trabajos cotidianos: caza del jabalí, corte de pan y queso, pesca del salmón….
El interior con ábside en gótico radiante reconstruido en el siglo XIV con girola y cinco capillas.
Columnas repletas de esmerados capiteles.
Pila benditera de los Argotes.
En el entorno, campo santo con estelas y estatua que vuelve a retomar la leyenda del designio marcado por el animal en los casos de disputa para depositar los restos.
Actualización feb2026 | 💥+388 👀
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